La conspiración

Capítulo 1

Los tres diablitos: El regreso de Danielle

 - Esto ya me cansó, ¿por qué tengo que hacerlo yo? – protestaba Zeros mientras un chiquito que aparentaba unos 4 ó 5 años se le colgaba de la capa. – “Llévalos contigo”, ¿Llevarlos conmigo? ¡¿Ahora soy niñera?! ¡¡¿Por qué?!! .... ¡HEY! ¡YA BASTA! – gritó cuando el nene torcía su cuello para sujetarse y tratar de no caerse.

Corriendo a su alrededor había dos niños más, de la misma edad que el anterior.

- Cosas tan pequeñas y tan molestas...  Zellas dijo que tenían que aprender y que debía llevarlos conmigo para enseñarles... Como no pude conseguirle la piedra aquella vez ahora dice que no sirvo más que como tutor de estos chicos... Cuándo me va a dejar tranquilo...

- ¡Tengo hambre! - chilló uno de los niños que corría alrededor de Zeros.

- ¡Yo también! ¡Quiero comer! - continuó el otro.

- Ay... está bien.. vayamos al pueblo, ahí podrán comer lo que quieran...

- ¡Síii! - gritaron los tres al unísono - el que estaba colgado del cuello de Zeros bajó de un salto y los tres corrieron por el camino que bajaba por la colina.

- Uff - dijo Zeros agarrándose la cabeza con una mano.

 

 

Ya en la hostería del pueblo los tres chicos estaban terminando de comer, uno de ellos, el mismo que casi decapita a Zeros, comenzó a correr alrededor de la mesa. De entrada Zeros no decía nada, esperando que, si lo ignoraba, el niño se calmara, pero no tuvo suerte.

En cuanto se levantó para buscarlo los otros dos saltaron de sus sillas y empezaron a saltar sobre la mesa.

- Está bien, ustedes lo buscaron - dijo Zeros, y tomó a los dos que estaban en la mesa por la camisa, sosteniéndolos en el aire, uno en cada mano.

- ¡Aaay! - se escuchó detrás.

Cuando se dio vuelta una mujer había sujetado el otro chico.

- ¿Necesitas ayuda?

Era Danielle.

- ¿Qué haces aquí? No esperaba volver a verte.

- ¿Qué hacemos con esto?- preguntó Danielle, sujetando al niño, que pataleaba y se quejaba, en el aire.

- Mejor salimos.

Dejó unas monedas sobre la mesa, para pagar los daños y salieron arrastrando a los tres chiquitos.

Cuando se alejaron lo suficiente del pueblo Zeros utilizó la magia para sujetar a los tres chicos a un árbol.

 

Los tres tenían la misma altura y corte de pelo, bien corto, pero desparejo. Parecía los dientes de una sierra desafilada. Se llamaban Cir, Apu y Ret.

Cir tenía el cabello y los ojos rojos, y tres pecas en cada mejilla. Era el más travieso de los tres y parecía ser el líder. El cabello y los ojos de Apu eran verdes. Disfrutaba aplastando plantas e insectos y cumplía al pie de la letra lo que le ordenaba Cir. En cambio Ret, con su cabello y ojos azules, era el más callado de los tres, salvo en los momentos en que tenían ganas de molestar, en que los tres eran igual de ruidosos.

Algo raro había en ellos, Cir y Apu parecían niños normales, aunque un poco malcriados, pero en los ojos de Ret había un brillo muy extraño, y su forma de observar a quienes lo rodeaban...

Mientras Zeros los ataba, Ret y Danielle cruzaron sus ojos. En ese momento Danielle no tenía la mirada dulce y alegre que Zeros recordaba. Y en los de Ret... percibió una chispa de temor... Cir y Apu directamente no la miraban.

 

- Esta vez es a ti a quien le tienen miedo - le dijo Zeros a Danielle cuando se alejaron un poco de los chicos.

- ¿Hace cuánto que están contigo?

- Casi una semana... y así son siempre...

- ¿Por qué viajan juntos?

- Tengo que enseñarles, pero no logro que presten atención a nada de lo que yo les muestre. Están más interesados en molestarme.

- ¿Saben algo de magia?

- Si, y eso es lo que no entiendo, si saben magia ¿qué tengo que enseñarles yo?

- ¿Quién les enseñó?

- No sé, no me dijeron ni quiénes son, ni de dónde vinieron, ni quiénes son sus padres.

¿Tú los conoces de algún lado? Digo... por la forma en que se miraron...

- No, no los conozco, pero no me gustan, son extraños...

- No, yo también lo noté... Ese enano de pelo azul no se comporta como un niño normal. ... Los otros dos sí, aunque por momentos me desconciertan...

- ¿A ti...? - y en medio de un ataque de risas le dijo - cuando te vi... en la hostería... no tienes pasta para padre, amigo.

- ¿Quién te dijo que yo quería ser padre? ¡Es contra mi voluntad que vienen conmigo!... Por cierto.. ¿qué viniste a hacer? ¿o sólo estás de paseo?

- Oooh, amigo, eso es un gran secreto.

- ¡Q...q...qué! ¡Hey! ¡No te robes mis frases!

- Es que esto de cumplir misiones de incógnito de empezó a gustar... Además, el que seamos amigos no implica que te tenga confianza... Vas a  tener que hacer muchos méritos para que te diga a qué vine.

- Intenta no meterme en problemas esta vez... por tu broma anterior ahora me tengo que aguantar a estos críos.

- ¡Un momento! Lo mío no fue broma, en todo caso eras tú el que estaba de más...

 

La discusión se cortó cuando escucharon una explosión desde donde estaban los chicos. Corrieron al lugar y encontraron a los tres alrededor de un hueco, en el lugar donde debía estar el árbol.  Ni bien los vieron llegar, los niños corrieron en dirección opuesta.

- ¿Cómo se soltaron? Nadie había podido deshacer mi hechizo antes.

- Ya van a volver – dijo Danielle – Ellos están más interesados en ir contigo que tú en ir con ellos.

- ¿Cómo lo sabes?¿Sabes quiénes son?.

- No, es un presentimiento.

- Zellas los hizo venir conmigo, pero no confío en nada que ella haga.

- Ustedes los mazoku son así, en cuanto tienen oportunidad le dan puñaladas por la espalda a quienes dicen ser sus amigos. Por eso siempre están desconfiando de los demás.

- Por eso siempre estamos prevenidos y no nos toma por sorpresa una traición.

Danielle no dijo nada, lo miró, luego miró hacia el lugar por donde habían desaparecido los niños, dio media vuelta y desapareció.

 

- ¡Ja! Creo que la ofendí.

Zeros dio la espalda a los chicos y comenzó a andar por el camino, en dirección opuesta al pueblo del que habían salido. Había caminado solo alrededor de media hora cuando Apu, Cir y Ret lo alcanzaron. Apu corrió para adelantarse al grupo, Cir reprochó a Zeros el haberlos dejado atrás, pero Ret se mantuvo unos metros por atrás. Zeros se dio vuelta y notó que el chico lo había estado observando, analizando. En ese momento Ret desvió la mirada y alcanzó Apu, que iba adelante. Cir lo siguió.

Zeros los observó alejarse por unos momentos y se desvaneció.

 

Ahora se encontraba en la habitación oscura en la que siempre le daban las malas noticias, pero esta vez entró con otra actitud.

- Zellas, quiero saber quiénes son esos niños.

- ¿Y tú desde cuándo me vienes a exigir cosas? Los encontré vagando por ahí.

- Tú no traes aquí a todos los que encuentras vagando.

- ¿Por qué me estás pidiendo explicaciones? No tengo por qué contestarte. Sólo eres un sirviente, limítate a cumplir mis órdenes... ¡Aaaah!...  Ya que estás aquí... Me enteré que volvió esa chica amiga tuya, ¿cuál era su nombre...? ¿Danielle...? Sí.. esa. Procura que no te distraiga de tus obligaciones como antes. Si vuelve a hacerte desobedecerme tendré que sacarla del  medio.

- ¡¿Hacerme desobedecerte?! Yo no desobedezco. Siempre hice lo que me pediste... y si sigues con  el asunto ése de la piedra... ya te lo dije, no pude conseguirla. Si no me crees haz lo que quieras, ¿crees que me importa lo que le pase?...  ni siquiera la conozco.

- No me tomes por estúpida, Zeros. No sé bien qué está pasando por tu cabeza, pero últimamente estás actuando muy extraño. Desde que empezaste a frecuentar a esos humanos, Rina y los demás, estás muy cambiado. No me respetas como antes. Creo que algunos siglos sin salir al mundo de los humanos no te vendrían mal... piénsalo la próxima vez que hagas algo.

Zeros se alejó. Zellas siempre lo había tratado así, y eso siempre lo había divertido, así era ella. Pero esta vez había en su tono de voz y en sus actitudes algo que lo hizo darse cuenta de que estaba solo, tenía que arreglárselas por sí mismo. En ese momento envidió a los humanos que había conocido, que siempre contaban con alguien a quien pedir ayuda. Y ahora él la necesitaba. Zellas estaba en su contra, lo sabía, y así no podría obtener información de ella, hasta era probable que la misma Zellas estuviera organizando algo en contra de él, pero era inteligente, no lo iba a hacer abiertamente. Él no era tan débil. Tal vez Filia podría ayudarlo... No, ella podría llegar a compadecerse de él, pero haría tal escándalo cuando se cruzara con un demonio que echaría todo a perder... Rina... sólo era humana... no podría descubrir más que él. En los demás mazoku no podría confiar, algunos no tenían buenos recuerdos de él... y los demás se alejarían por las dudas.  Le quedaba Danielle... ella parecía tener poder, no sabía cuánto, pero tal vez valiera la pena averiguar... pero... ¿hasta dónde podría confiar en ella?... ¿cómo saber si lo que venía a hacer esta vez no era destruir a todos los demonios?... si él se confiaba podría ser el primero, con lo que todos saldrían ganando, menos él...

- Primero debo averiguar si me ayudará... 

Capítulo 2