Danielle
Zeros
está sentado sobre una saliente de una de las montañas que da al valle. Junto
a él hay alguien. Una mujer.
Su
amiga es un personaje misterioso, él no la conocía hasta hace unos cuantos días
y aún no pudo descifrar si pertenece a la raza de los demonios o a la de los
dioses. De lo único que está seguro es de que no es humana. Cabello oscuro,
piel blanca, ojos grandes y brillantes. De todos modos su aspecto físico
importa poco. No es su verdadera forma. Hay un poder muy grande oculto en ella.
Nadie
sabe quién es. Entre los demonios se dice que fue enviada por el mismísimo Señor
de las Pesadillas. También que es algún tipo de dragón que busca venganza...
Zeros espera. Su misión por ahora es averiguar su identidad. Su nombre es Danielle, pero ese tampoco es su verdadero nombre. Tal vez no debería intentar ahondar más en su persona. No hace mucho que la conoce pero llegó a agradarle su presencia... tiene algo... y siente que cuando descubra el misterio ella se irá.
Por ahora se encuentran día tras día en el mismo lugar. La
saliente de la montaña, con el valle, de un color verde brillante. Un arroyo lo
corta justo por el medio, pero antes pasa por un bosque con árboles no muy
altos, que forman como una loma de color oscuro. La naciente del arroyo está a
pocos metros del lugar en que se encuentran Zeros y Danielle. Se sientan uno
junto al otro y observan. Ella, el mundo a sus pies. Él, a ella. Sólo se
concentra en analizar cada uno de sus movimientos y palabras. No son muchos,
pero cada vez que habla lo hace de una manera que le hace dudar si es real o es
una aparición. Trata de encontrar pistas.
Un
día ella no llegó. Le costó trabajo encontrarla.
Estaba en el bosque, junto al arroyo. La luz del sol se filtraba entre
las hojas creando miles de reflejos dorados que rebotaban en el agua y la bañaban.
-
¿Qué haces?- preguntó él.
-
Escucha... hasta hace un rato había mucha paz en este lugar, pero ahora todos
se han puesto nerviosos. – y agregó con tono irónico - ¡Creo que te tienen
miedo, amigo! – y desapareció.
-
Definitivamente no es demonio – dijo Zeros para sus adentros. - ¿Dragón...?
Mmm... Si fuera dragón debería conocerme.
Los dragones no ocultan tanto sus sentimientos... No, no es dragón...
¡¿Paz?! Ahjjj. – dio media vuelta y se fue. Alguien lo llamaba.
-
¿Para qué me buscas? – dijo Zeros mientras entraba a una habitación amplia,
pero muy oscura y llena de humo -.
-
Recibí información procedente del golfo de Schildt. Hubo movimientos en el
lecho del mar y hay algo, un objeto, no me dijeron bien, pero emite gran
cantidad de energía. Lo quiero. Tráelo.
-
¿El golfo de Schildt? Ahí no hay nada.
-
Ahora sí. Ve a buscarlo.
-
Pero... ¿qué hay de Danielle?
-
Después.
-
Bien...
-
El golfo de Schildt... veamos... es cierto... allá... – se dirigió a la
costa, al lugar de donde sentía que emanaba la energía, pero algo lo distrajo,
una sombra que pasó rápidamente a su lado. Y ya no pudo sentir nada más. - ¿Qué...
Se
dio vuelta y a la distancia, en un acantilado vio a Danielle. Sí, era ella. Lo
miró, se sonrió, dio media vuelta y bajó en dirección opuesta. Para cuando
Zeros llegó al lugar ya había desaparecido.
-
Muy bien, amiga – dijo Zeros – creo que buscamos lo mismo, pero obtendré lo
que quiero a cualquier precio. Por ahora perdí el rastro, pero ya te distraerás.
– y se ocultó entre unas rocas, a esperar.
Ya
era de noche, no había luna y el cielo estaba despejado, por lo que las
estrellas brillaban con toda su intensidad.
-
Estrellas... – se decía Zeros – . Nunca entenderé por qué les gustan
tanto.
-
Es lo que representan. – era Danielle- Representan los sueños, los
imposibles, las ilusiones.
-
Sueños...
-
Sueños. – dijo sentándose a su lado - Y observándolas los seres sienten que
están más cerca de sus propios sueños.
-
Los humanos se alimentan de sueños.
-
Los humanos y muchas otras criaturas... Tú también los tienes, amigo.
-
¿S...S...Sueños? – volteó para mirarla, pero ella tenía la mirada perdida
en el cielo- ¿Yo? ¿Qué estás diciendo?
-
Lo que digo. Sueños. Tú los tienes. En el fondo de tu corazón, porque también
tienes corazón, si no lo sabías. – lo miró y luego volvió a mirar el cielo
- Y cada uno de tus actos está dirigido a alcanzar tus sueños, aunque no lo
creas.
-
Si tú lo dices – dijo Zeros de mal humor.
Se
quedaron observando las estrellas. Luego de un rato Danielle dijo, sin mirarlo:
-
Sé a qué vienes.
-
Tú también lo quieres.
-
Debo llevármelo.
-
¿Si? Pues lo lamento mucho, querida amiga, pero cumplo órdenes y no dejaré
que te lleves nada que yo quiera.
Ella
miró a Zeros por un momento, luego desvió la mirada
y dijo:
-
No entiendes.
-
No, no entiendo – respondió él con tono cortante, fijandole la mirada – y
como no entiendo me limitaré a cumplir con lo que se me ha ordenado, porque no
tengo razones para no hacerlo.
-
Es peligroso que eso quede aquí. Mucho más peligroso si cae en manos como las
de tu jefe.
-
Me gusta el peligro. Con eso no me convencerás.
-
O sea que debo convencerte... – dijo ella mirándolo.
-
Puedes intentarlo.
Hicieron
silencio. Sólo se oían los silbidos del viento y las olas al romper contra el
acantilado. Al cabo de un rato Zeros preguntó:
-
¿Qué es?
-
Una piedra.
-
Una piedra... Mmm... ¿qué la hace
especial?
-
Su origen... Es un trozo de cristal que alguien alguna vez olvidó por error en
este lugar. No debería estar aquí. Los que lo encontraron lo sabían y lo
sellaron, pero su magia perdió efecto.
-
¿Cuánto hace de eso?
-
Fue poco después de la creación del mundo.
-
Un sello desde la época de la creación... ¿Qué hace?
-
¿Qué...?
-
La piedra... ¿qué hace?... algo debe hacer o no estarías buscándola.
-
No te lo puedo decir.
-
Ahh... Entonces no te la puedes llevar. – al rato preguntó – Ni tú ni la
piedra son de este mundo ¿verdad?
-
No.
-
Y te irás en cuanto la recuperes...
-
Sí.
-
Mmm... No. Todavía no me convences.
Danielle
rió. Sin decir una palabra se levantó, fue hacia el mar y se internó en él.
Después de unos momentos salió. Algo brillaba entre sus manos. Era lo que
buscaban. Se acercó a Zeros y dijo:
-
¿Ves? El origen de los sueños. – Le mostró un cristal con una luz muy
brillante en su interior. -
-
¿Es un trozo de estrella?
-
No. Pero es el origen de todo lo creado, así que también es el origen de los
sueños. – se volvió a sentar -
-
...
-
Se suponía que debíamos ayudar en la creación, pero sólo existe un ser capaz
de dar vida, así que Él nos confió un poco de su poder, y lo encerró en
estos cristales para que pudiéramos usarlo a medida que lo necesitábamos.
Cuando terminó nuestro trabajo en este lugar debíamos llevarnos todos los
cristales. Pero todos cometemos errores alguna vez, y éste quedó. Los antiguos
dragones lo encontraron y lo sellaron, para que los demonios no lo alcanzaran,
pero después que fueron eliminados el sello comenzó a debilitarse. Recién
ahora nosotros pudimos encontrarlo y yo vine a recuperarlo.
-
Con ese cristal se puede dar vida a cualquier cosa...¡Uf!
-
Sí, si sabes como usarlo... No vas
a detenerme ¿verdad?
-
Mno..., no lo creo. Me parece que eso es algo que mi ama no debería tener. Además,
verla rabiar cuando le diga que te lo llevaste será más divertido que verla
usarlo.
-
No eres tan malo después de todo. – dijo Danielle, sonriendo.
-
¡Hey! ¡No arruines mi reputación!
-
Me alegra haberte conocido.
Se
puso de pie y volvió al mar. De pronto un halo de luz la rodeó. Extendió unas
hermosas alas color plateado. Su cabello también se volvió plateado. En unos
segundos alzó vuelo y desapareció entre las estrellas.
- No me dijiste quién eras... A ver qué le invento a Zellas.