DIABLESA

 

 

                Han pasado tantisimos años desde que desperté siendo lo que soy, que he perdido la cuenta.

He contemplado el paso de grandes desastres... desastres que han estado a punto de barrer a esa raza idiota de este mundo.

                Me han dado miles de nombres, los antiguos egipcios me llamaron Bab, otros me llamaron Lilith, también he sido conocida como Diosa de la muerte o, simplemente, Muerte... nombres distintos, distintos rostros... pero siempre la misma alma atormentada.

                Es amargo recordar mi inocencia y fe en Dios antes de convertirme en lo que soy.

¡Era tan feliz! Tenía 18 años, varios muchachos guapos me cortejaban, mi familia y yo vivíamos bien, nos queríamos...

Pero de pronto, todo cambio. Aún recordar como los encontré hace que mi cuerpo sea recorrido por mil escalofríos. Era una imagen truculenta, ver como los habían acuchillado, violado a mi madre y mi hermano y separado sus cabezas de sus cuerpos...

Verdaderamente, se podría decir que fue una especie de milagro que yo no estuviera ese día allí.

Estaba tan furiosa, que sentí que Dios me había vuelto la espalda. Así que yo también se la volví... recite antiguos hechizos negros.

A cambio del poder necesario para vengarme, debería entregar mi alma.

Tengo que reconocer que soy un tanto especial, en vez que vender mi alma, lo que vendí fue mi mortalidad y mi capacidad para sentir. El demonio que había respondido a mi llamamiento me convirtió en lo que él era.

                Pero él no me explico en que consistía ser alguien de su raza. Hasta que fue demasiado tarde, no supe que no solo había perdido mi cuerpo, mi capacidad para discernir entre el bien y el mal y mi libre albedrio. También mi corazón y alma se habían llenado de una profunda oscuridad.

                Aunque tampoco debería quejarme, mi deseo se cumplió... Que cierto es eso de tener cuidado con lo que deseamos.

                Y en el tiempo que paso desde esa amarga noche, he visto y hecho tanto...

                Como los humanos se iban volviendo más malvados sin intervenir nosotros. Quienes han dicho que los seres con cuernos son los que hacen que ocurran todas las cosas malas en este mundo, estaban muy equivocados.

                En primer lugar, nuestra apariencia es incluso más bella que la del mortal más hermoso, no tenemos cuernos ni rabo, ni pezuñas. Además, nos concentramos en matar provocando grandes catástrofes meteorológicas.

                Con la oscuridad que hay de por si en los humanos, no es necesario que intervengamos...

                Siempre me he burlado de ellos, y continuare haciéndolo. Es lo único que me da un poco de alegría en esta fría vida.

Cuándo se quedan mirando a los cielos y murmuran: “Dios mío, ayúdame”, ¿de verdad esperan alguna respuesta?

                Están muy equivocados al dedicarle a Él sus preguntas... ni tan siquiera a intervenido cuando la raza humana fue exterminada...

                Aunque si esperaran respuesta,  harían mejor en dedicárnosla a nosotros. Al fin y al cabo, deberían comprender que Dios esta muy ocupado... no les ayudara.

                Aunque nuestro precio sea caro, siempre los oímos... y muchas veces, solo lo hago para reírme de ellos. Recordando una época en la que yo era igual.

                Después de ser convertida en lo que soy, viaje por todo el planeta, encontrando que esa raza siempre esperaría una respuesta a preguntas para las que no las hay.

                Sus tontas ideas sobre la vida, harían que me revolcara por los suelos de la risa...

                Pero a pesar de que parte de mi piensa así, aún ahora, mientras contemplo como una de las ciudades más importantes del mundo arde en llamas, no puedo evitar preguntarme: ¿Valió la pena el precio que tuve que pagar por mi venganza?

¿Era verdaderamente tan estúpida esa raza o... fue mi mente la que lo penso para que mi transito hacia ser demoniaco fuera más fácil?

Tal vez, solo tal vez, el ver a una mujer tratando de proteger inútilmente a su hijo de la muerte ha sido lo que me ha traído estos recuerdos... esta nueva “humanidad”.

 

 

Fin