UNA ESPINA CLAVADA
por ALEDA M.
Capítulo 2: La nueva vida de Filia
Había pasado un año desde la última aparición de Zeros y Filia había asistido a uno de los acontecimientos más importantes de su vida, el nacimiento de Valgarv. Tenía la forma de bebé humano con el cabello y los ojos verdes. No se podía valer por si solo por lo que Filia tenía que estar muy pendiente de él, de alimentarle. Estaba muy orgullosa de su pequeño dragón. Hacía renacer toda la ternura y la fuerza que había dentro de ella. Fuerza para luchar por el futuro en paz del pequeño, para darle otra oportunidad.
En el pueblo, los vecinos que estaban acostumbrada a verla sola se sorprendieron al verla de pronto con un bebé, pero Filia les contó que lo había adoptado porque necesitaba a alguien a quien poder cuidar. Todos le creyeron, para ellos Filia era una buena muchacha.
Filia al principio tardó en asimilar la total ausencia del demonio, pero el nacimiento de Valgarv y el volcarse en su tienda le habían ayudado a salir del bache.
Además Filia pudo añadir un argumento más a su lista de inconvenientes acerca de tener a Zeros cerca: no había venido a ver a Valgarv después de su nacimiento; después de dos años con sus idas y venidas continuas, Filia había albergado la esperanza de que quizás él podría ser alguien para el pequeño. A Filia se le encogía el corazón sólo con pensarlo. Ahora sabía que era imposible, era un maldito demonio.
Últimamente había un muchacho en el pueblo que se interesaba por ella, se llamaba Bastian, al principio Filia no entendía porque frecuentaba tanto la tienda, luego comprendió. Bastian tardó poco en mostrar sus intenciones, la obsequiaba con flores, la invitaba a dar paseos. Filia al principio rehusó de las invitaciones, pero no de las flores, le encantaban, nadie en su vida le había regalado flores. Bastian era sincero con ella, paciente, sabía que Filia necesitaba tiempo, ella se lo agradecía obsequiándole con jarrones.
Realmente Filia estaba muy emocionada con la llegada de Bastian a su vida, le hacía sentir especial, adoraba los largos paseos por la playa, podía desahogarse con él contándole todos los temores que tenía con Valgarv y su futuro. El escuchaba atento, eran compañeros.
Pero Filia tenía demasiados fantasmas en su interior, Bastian era un humano, ella un dragón dorado que contaba con más de cinco siglos de vida, demasiadas vivencias y secretos. Por supuesto que Bastian ignoraba este último aspecto. Él envejecería hasta morir y ella conservaría el mismo aspecto que ahora. Eso la atormentaba. También el recuerdo de Zeros.
Así transcurrian los dias de Filia. Un día recibió una carta de Ameria, era una invitación para todo el grupo a Shilon, pensaba reunirlos a todos, hacía demasiado tiempo que no se veían. Filia no pudo reprimir un grito de la emoción, era genial poder ver otra vez a Reena y compañía. ¿Qué nuevas aventuras habrían vivido Reena y Gaudy?.¿Habría encontrado la cura Zelgadis?.¿Habría crecido mucho Ameria?.
- Dulce Ameria, ella si que sabe como hacer que la gente se sienta feliz.- pensó.
Empezó a hacer el equipaje de inmediato, realmente no tenía mucho que llevar: unas mudas, su maza y unos cuantos jarrones de obsequio para sus amigos. Pensó en Valgarv, era demasiado pequeño para llevarlo de viaje, le rondó por la cabeza dejarselo a Bastian pero no estaba segura de que é l se desenvolviera bien con el pequeño, era un favor bastante grande.
Luego cayó en la cuenta de que podría recurrir a Jiras y su familia, el pequeño Pall y su madre para que cuidaran del dragón. Sabía que podía confiar en ellos, Jiras adoraba a Valgarv.
Filia había dejado ir a Jiras y a Gravos, al principio habian estado empleados en su tienda; sabía bien que Jiras tenía un pequeño zorro esperándole y Gravos también debía seguir su camino.
Aquella tarde dió un paseo con Bastian por la playa, después esperó a Jiras que se llevó al pequeño muy agradecido por la confianza que había depositado en él su jefa.
Al día siguiente Filia cogió todos sus bartulos y partió.