UNA ESPINA CLAVADA

por ALEDA M.

Capítulo 4: La lucha de Zeros

 

  

  Filia se levantó de la cama sobresaltada, aún era de noche, un presentimiento de que iba a ocurrir algo malo la envargaba, después del episodio con Zeros en Shilon no lograba conciliar bien el sueño. Hacía varios dias que había regresado y se había encerrado en casa. No deseaba hablar con nadie, solo estar con el pequeño Val, al que colocó el amuleto protector que le había regalado Reena.

La hechicera y los demás se sintieron extrañados ante la actitud de Zeros, sólo Ameria pudo intuir que lo que sufría el demonio eran celos.

Como Filia no lograba animarse pese a los intentos de sus amigos se marchó a buscar a  Valgarv,   era lo único que le podia hacer sonreir. Antes de partir escuchó los consejos de Zelgadis y de Reena para que tuviera cuidado con el demonio. Muy agradecida, se marchó no sin prometerles que se verían pronto de nuevo.

 

 Como esa sensación de malestar con la que se había despertado no desaparecía, fue a ver si Valgarv se encontraba bien. Cuando entró en la habitación escuchó la respiración pausada del pequeño.

-   Duerme. No hay de que preocuparse. Últimamente me alarmo por todo.- pensó Filia aliviada.

 Decidió entonces bajar a  la cocina a prepararse un té, mientras lo hacía pensaba en como salir adelante. No sabía si estaba siendo buena madre para Valgarv, no se lo perdonaría si le sucediera algo. Tenía que tener fe y ser fuerte.

Después sus pensamientos le llevaron a Zeros, cada vez que pensaba en él se sentía inquieta. Parecía que él no se había tomado demasiado bien que ella lo hubiera intentado apartar de su vida, tampoco entendía porque la humilló de esa forma en Shilon. Pensó en que ella estaba predestinada a que Zeros no la dejase hacer su vida ni en dejar de molestarla. Ni contigo ni sin ti. También reflexionó en la posibilidad de que el demonio intentase hacer daño a Valgarv.

- No- se dijo- no debes pensar en ello. No ocurrirá.

 

Así pasaron varios minutos, cuando Filia escuchó un estruendo atronador en la parte superior de la casa. Sus sentidos se agudizaron. El ruido provenia del cuarto del pequeño. Recordó sus últimos pensamientos mientras blandia su maza y se dirigia veloz al cuarto de Valgarv.

La furia la cegaba, ¿quién se atreve a hacerle daño a mi pequeño?- pensó roja de ira. Al abrir la puerta gritó:

- ZEROS!-pero enseguida se calló y empezó a asimilar la escena que veía.

Un par de demonios que no conocía estaban intentando matar a Valgarv mediante hechizos poderosos que lanzaban uno tras otro, el dragoncito lloraba asustado.

Filia observó que el amuleto lo estaba protegiendo de los hechizos repeliéndolos.

- Gracias Reena- pensó.

Entonces se dispuso a atacar, lanzó un conjuro que los demonios, que hasta entonces no habían reparado en ella, esquivaron sin dificultad.

Los demonios se rieron y golpearon fuertemente a Filia, que quedó maltrecha y casi inconsciente en el suelo.

-   Son muy poderosos- pensó- no creo que pueda hacerlo yo sola.

      Se levantó como pudo y volvió a la carga preparando otro hechizo más poderoso que el otro. Mientras, los demonios se habían olvidado de ella y no paraban de lanzar conjuros contra el pequeño,  al mismo tiempo la fuerza del amuleto crecía creando un escudo protector alrededor de Valgarv.

Filia lanzó la Corona del Caos, esta vez si les alcanzó, más de la mitad de la pared se derrumbó, los demonios quedaron tirados por el suelo y mirándose el uno al otro decidieron que el dragón antiguo era secundario, ahora tenían que acabar con la muchacha que les incordiaba.

No tuvieron compasión, Filia no tuvo tiempo a reaccionar, mientras uno la golpeaba y le lanzaba descargas electricas el otro la cogía del cuello para lanzarla luego a través de la ventana.

Filia cayó en un descampado a veinte metros de la casa. El golpe había sido demasiado  fuerte. Su cuerpo yacía inerte boca abajo.

 

 

    Desde el día del último encuentro en Shilon Zeros solía rondar la casa de Filia. Lo hacia a una prudente distancia  para que ella no pudiese interceptar su presencia. Dejando otros argumentos al lado, la razón principal de porque lo hacía era porque su ama le había comunicado que demonios comandados por Dynast Grausherra estaban detrás de Valgarv para darle muerte.

 Había dejado de guardar la casa para recibir ordenes de Zellas en Wolfpack, por ahora no entraba en los planes de su ama eliminar al único dragón antiguo que quedaba en el planeta, sino protegerlo, pensaba que le podría ser útil en un futuro.

Aquella noche Zellas le indicó que había recibido noticias de servidores  que habían visto que los seguidores de Dynast Grausherra se acercaban a la región donde Filia y Valgarv vivían.

Al escuchar esto, Zeros se despidió presto de su ama y se transportó al lado de la casa de Filia.

- Debo protegerla.- pensó.

Pero con lo que vió mientras se suspendia en el aire, deseó no haber llegado demasiado tarde. Algo ocurria en la parte superior de la casa, se estaba librando una dura batalla.

Al aparecerse en la habitación vio que dos demonios estaban intentando matar a Valgarv, pero Valgarv tenía un escudo protector proveniente de un extraño amuleto. De Filia ni rastro.

Zeros sonrió maliciosamente. Los mataría, no sabían con quien se enfrentaban. Había combatido durante los últimos tiempos con enemigos muy poderosos.

-   ¿Qué se supone que estáis haciendo aquí?- preguntó Zeros abriendo los ojos amatista  con expresión amenazadora.

Los demonios se percataron de su presencia. Se sobresaltaron, Zeros no era el enemigo con el que deseaban enfrentarse.

-   Zeros...lo mismo digo. ¿Tú que crees que hacemos?.Vamos a matar a este dragón.-dijo uno de los demonios.

-   No te interpongas en nuestro camino.- exclamó el otro lleno de furia mientras preparaba otro hechizo para lanzar a la cuna de Valgarv.

Zeros rió.

-   Chicos...¿ de verdad creeis que podéis hacer algo contra mi?. Yo de vosotros empezaría a correr. Os voy a dar ventaja antes de alcanzaros: 10, 9, 8, 7....-dijo burlón Zeros.

-   Cállate estúpido y lucha!- interrumpió uno mientras se lanzaba hacia Zeros para atacarle.

Los músculos de Zeros se tensaron, apretó los dientes y con un grito de furia blandiendo su báculo atravesó al demonio con él.

         El demonio yació tendido en el suelo desangrandose, pero aún no estaba muerto. Zeros lo miró y sonriendo lo atravesó de nuevo, esta vez por el cuello.

Cuando estuvo satisfecho y habia absorvido energías negativas suficientes, alzó la mirada y vió que el otro demonio había huido por la hendidura de la pared. Zeros se dispuso a seguirlo no sin antes cerciorarse de que Valgarv estaba bien.

Se lanzó por la ventana hacia fuera suspendiendose en el aire y pudo ver la sombra a lo lejos del otro demonio que huía. Sonrió.

- Hoy me voy a divertir.

Pero algo borró la sonrisa de su cara, divisó una silueta blanca que yacía varios metros  abajo de dónde el se encontraba. No se movía.

Se olvidó del demonio y se precipitó hacia donde se encontraba el cuerpo inerte. Sus temores se confirmaron. Era Filia. Desesperado Zeros, la cogió en sus brazos y dandole la vuelta vió que Filia no se movía, su cara estaba totalmente cubierta de sangre. La llamó por su nombre para ver si reaccionaba, pero nada parecía evidenciar que se encontraba en el mundo de los vivos.

 Zeros lanzó un grito de dolor.

-   No puede ser , Filia...no, no es cierto...he llegado tarde.

 De pronto sus pensamientos se dirigieron hacia el demonio que había huido y  Zeros se transformó, el gesto se le encrespó, respiraba con la boca abierta, los musculos se le agarrotaron, sentía la lengua seca...

Solo tenía una idea en la cabeza: matar.

 

Acomodó  a Filia en el suelo, y una nube negra lo envolvió. Nunca había estado tan furioso. La venganza iba a ser terrible.

Enseguida alcanzó al demonio y lo destruyó hasta desintegrarlo, no sin antes torturarlo de las formas más dolorosas que conocía. Nada podía pararlo.

 

Cuando acabó con él tardó unos segundos en reaccionar y en volver al lado de Filia. Ya no sentía la furia incontrolable que había sentido momentos atrás, sino un dolor inmenso. Mientras, apretaba a Filia contra él. Se la habían arrebatado.

 

Así permaneció Zeros durante unos instantes, maldiciendose a si mismo por haber sido tan confiado y haberla dejado sola.

De repente algo le sobresaltó

- ¿Estoy en lo cierto?- pensó sobrecogido. Zeros creia  haber escuchado un suspiro de Filia.

Zeros no pudo reprimir un grito de alegria.

- Filia estás viva!, aún respiras! Mi Filia hermosa...- murmuró Zeros.

Pero con gesto de preocupación observó de nuevo a la dragona.

-Debo darme prisa, si me demoro demasiado entonces si que será demasiado tarde- reflexionó cargando a Filia en sus brazos y despareciendo para luego aparecer en el cuarto de ella.

La arropó en la cama y dándole un último vistazo  pensó mientras desparecia:

-Debo ir en busca de la única que puede ayudar a Filia en estos momentos. No me lo perdonaré si no llego a tiempo.

Mientras, Filia agonizaba.

 

Capítulo 5