EXCEPCIÓN A LA ACEPCIÓN

 

por H.J. Maps

 

 

1) Pena por estar ausente de la patria, del hogar o de los seres queridos.

 

2) Tristeza melancólica que causa el recuerdo de algún bien perdido.

 

Aunque conozco el significado, no pude resistirme a consultar en un diccionario la palabra nostalgia. Estas fueron las dos acepciones que encontré.

 

A modo personal, puedo aplicarlas en situaciones ejemplares que, a la vez, están íntimamente relacionadas:

 

1.- Extraño el lugar donde nací. Extraño a mis padres, muertos en las Guerras Kouma. A mi raza que fue casi extinta en esa misma lid. A quienes me educaron para ser sacerdotisa, y que hoy ya no existen en este mundo. Mis deudos. También echo de menos a cierta hechicera maleducada, al despistado espadachín, a la princesa justiciera y a la quimera que consagra su vida para recuperar su verdadero aspecto. Mis amigos. Mis seres queridos.

 

El hecho de salir por mi propia voluntad a explorar el vasto mundo y no volver a mi tierra me convierte en una autoexiliada. ¿para qué volver, si soy la única sobreviviente de un pueblo fantasma? Con ello muere no sólo un lazo tan estrecho, sino además una amarga verdad oculta por siglos... quién pensaría que detrás de esa fachada de perfección consagrada al servicio de las criaturas vivientes se escondía una insaciable sed de poder y sangre? ¿Que los Ryuuzoku, mi raza, eran capaces de traicionar a seres similares a fin de obtener una hegemonía tergiversada de paz?

Mi vida como sacerdotisa de Vulabazaard terminó allí, para dar surgimiento a una nueva Filia, llena de deseos de cambiar el destino y corregir los errores.

 

¿Sería este paso lo que me llevaría a la segunda acepción de la nostalgia?

 

2.-Tenía una misión: salvar al mundo de la destrucción sin control de un Dark Lord de otra dimensión. El camino no fue sencillo: los héroes de la historia resultaron ser un grupo de desorganizados, volubles y carismáticos humanos, que torcieron la mano al oráculo, escrito con tinta sangre, que estaba condenado a sucumbir por fin al Caos, con su reserva inagotable de positivismo y energía.

 

Pero los humanos no fueron los únicos que aseguraron el triunfo para el equipo de Ceiphied. Yo puse mi pequeña cuota... al igual que él... qué irónico...

 

Ese irritante demonio en eterno estado de evasión de realidad, con su característica cara de cumpleaños, hasta en los más tensos momentos... que huía cuando más se le necesitaba, y aparecía cuando nadie le llamaba.

 

Que su pseudo-altruista deseo era salvar el mundo... aunque fuese sólo para destruirlo después.

 

No le he vuelto a ver desde entonces.

 

En cierto modo, me había acostumbrado a sus maneras, a sus bromas, su carácter ligero y despreocupado...

 

Cada tarde observo por la ventana el árbol frente a mis casa, conservando una esperanza inútil de encontrarlo allí, espiando todos mis movimientos.

 

¿Acaso Zeros es el "bien" perdido, que está provocando en mí una melancólica tristeza?

 

Debo reconocerlo. Dejando a un lado mi terquedad y orgullo propios de mi raza...

 

Lo extraño...