Hay que quererte mucho
por Lilith
Unos tristes ojos azules contemplaron la bella cascada que se oía desde su casa. Ese sonido la hacía recordar... recordar tantas cosas... que sin darse cuenta empezó a tararear una canción.
No terminaba de comprender el motivo, pero esa melodía le recordaba su vida. Una vida que siempre fue una mentira.
¿Cómo se podría considerar si no lo que había sido su vida? Creyendo que los “buenos” eran realmente ellos.
¿Buenos? No lo creía. No cuando habían matado por el poder. Los servidores de los dioses habían hecho algo más propio de los seres de la oscuridad más absoluta...
Un llanto la saco de sus pensamientos. Se acerco hasta la cuna y tomo al bebe entre sus brazos.
Aunque sus ojos se veían tristes, no era porque pensara que su vida había sido siempre una mentira. No, no era por eso.
Se había enamorado de un ser que la podría destruir sin que ella hiciera nada para impedirlo...
- Sshh... cálmate, pequeño. Val-chan –murmuro mientras acercaba la tetina de un biberón a la boca abierta del hambriento bebe –te cantare un poco... pero cálmate, mi niño.
Su voz era dulce mientras seguía entonando la melodía.
Ella, la ultima sacerdotisa del D. Dragón de Fuego, había cometido la mayor locura de todos los tiempos. Se había enamorado de su enemigo natural.
Era para reírse... de no ser que ese motivo le daba ganas de llorar sin parar.
Una ryu enamorada hasta la medula de un mazoku. Más aún, de Zeros Metallium, el destructor de su raza.
Destructor de los dragones dorados. ¿Pero como condenarlo a él, que estaba en su naturaleza, cuando seres que tenían una naturaleza pura también habían cometido grandes crímenes?
Y el bebe que estaba entre sus brazos era la prueba viviente de ello.
Y tener el corazón de piedra,
Ella no se atrevía a soñar siquiera con un destino juntos. Seguro que si él se enteraba se moriría de la risa.
Pero había algo aún más cómico, ella había jurado que le destruiría aunque fuera lo ultimo que hiciera.
Eso había sido cuando aún sus maestros no habían matado la fuerza y la valentía de su corazón. Pero lo lograron... y ahora se había enamorado de él.
¿Cómo poder cumplir entonces la palabra dada por una niña?
Un hombre de ojos amatistas y cabellos violetas oscuros contemplaba la escena asombrado. ¿Por qué ella estaría cantando algo tan triste?
Sabía que en cuanto lo viera pondría el grito en el cielo, como siempre... pero valía la pena por ver esos ojos azules intensos.
Siempre había presentido que su corazón no era como el que él veía. Creyó que ella era un ser distinto a los dragones que había conocido... pero era como todos ellos.
Se creía por encima de los humanos y todos los otros seres por ser una ryu. De lo que no se daba cuenta ella era de que los humanos vivían hasta el ultimo instante de sus vidas con pasión. ¿Ella cuando había mostrado pasión?
Pero mejor sería que le hiciera notar su presencia...
- ¡Hola labios de lagartija!
Un estremecimiento recorrió la espalda de ella.
- Hola Zeros, ¿qué haces aquí? ¿Ordenes de tu Ama... o es un secreto?
- ¿Cómo me has llamado?
- Por tu nombre, ¿o acaso no te llamas Zeros Metallium?
- Bien sabes que sí... pero es que me extraña que no me hayas intentado dar con tu querido mazo o me hayas llamado namagomi...
- No te puedo dar con el mazo por un motivo muy simple –dijo mientras se levantaba con el bebe todavía en brazos –Tengo a Val-chan en brazos... y no me apetece pelear...
- ¿Tu no quieres pelear conmigo?
- No... hoy no.
- Te pasa algo... ¿me lo quieres decir?
- Si te lo contara solo conseguiría dos cosas...
- ¿Qué?
- Primero, te reirías de mi. Segundo, los pocos de mi raza que quedan me matarían... y no precisamente seria una muerte rápida...
- ¿Qué traición has cometido para que ellos te hicieran eso de enterarse?
Filia lo contemplo... era tan bello, que verlo le hacía daño. Lo amaba tanto... ¿pero como decírselo? Mejor trataría de saber lo que penso de ella cuando la conoció...
Hay que quererte mucho.
- Zeros... ¿qué pensaste de mi la primera vez que me vistes?
- Mm... que eras una ryu normal y corriente. En ese momento no vi en ti nada especial...
- No, ¿verdad? Yo, que apenas he vivido, creyéndome superior... creyendo que mi raza era la buena, ¡Dios!, que equivocada estaba. Yo nunca supe porque habían perecido los dragones antiguos. Jamás, y nunca lo pregunte... ¿si lo hubiera preguntado, que crees que me hubieran contestado?
- Pues, o te habrían mentido o te habrían dicho que lo habían hecho por el bien de nuestro mundo.
- Ajá, exacto. Todos los actos que cometes que no son buenos, enmascarados tras una mascara de querer proteger este mundo. Al menos vosotros no ponéis excusas...
- No, pero nuestros crímenes son peores.
- Ya lo sé. Pero también sé que esta en vuestra naturaleza. Que equivocada estaba en tantas cosas...
- No comprendes ahora tu mundo, ¿no?
- No es solo eso. Es que...
- ¿Si? –aunque Zeros sabía que la curiosidad mato al gato eso no impedía que el fuera muy curioso.
- No te rías de mi, por favor. Me he enamorado de mi enemigo.
“No puede ser. Mi Filia enamorada... ¿quién es su enemigo? Esta enemistada con los dragones... pero no creo que se refiera a eso”, penso Zeros.
- ¿Estas enamorada de un dragon? –pregunto mientras los celos caían en su estomago como un acido corrosivo.
- No, es peor aún. Me he enamorado de un ser que sus crimenes jamás podran ser narrados por completo. De un ser al que apenas conozco. Pero que fue capaz de salvar la vida a alguien que es su enemiga.
“Así que se ha enamorado por gratitud. ¡Maldito sea ese ser! He de descubrir quien es... pues morira a mis manos”
- ¿Qué crimenes ha cometido? –pregunto cuando en realidad quería saber el nombre de ese hombre.
- Miles de muertes... tantas que no sé cuales son con exactitud. Pero si se que han sido muchas. Pero he sido capaz de perdonarle por todo lo que ha hecho cuando me di cuenta de lo que sentía hacia él.
- Mm... ¿lo conozco? –dijo mientras pensaba “Y yo por cumplir ordenes siempre me has odiado”
- Lo conoces mejor de lo que nadie lo podrá conocer nunca.
- ¿Cuál es su nombre?
- Su nombre... Zeros, el hombre al que amo eres tu.
- ¿Yo!
- Si... mira que te tengo que parecer cómica. Yo que nunca te he podido soportar... me he enamorado de ti.
- Pero... ¿cómo es eso posible?
- No lo sé. Nunca entro en mis planes. ¿Sabes que cuando era pequeña me jure destruirte? Eso fue antes de que mis profesores mataran una parte de mi. Pero esa parte tu la hiciste regresar... y en vez de querer destruirte, me he enamorado de ti.
“Soy yo... ¡L-Sama, gracias! No sé como nos las apañaremos pero...”
- Ahora, tu tienes en tus manos una información que si llega a manos de los de mi raza, yo seré destruida. Pero no solo yo, sino también Valgarv.
- Lo de que a ti te destruirían, lo comprendo, ¿pero al bebe por qué?
- Porque mientras yo este viva no pueden ir contra alguien a quien yo he dado mi protección, pero si la hija de Cephied cometiera el error de traicionar a su raza... entonces, irían contra nosotros.
- ¿Qué! Eres hija de...
- Sí. Su primogénita y su única hija.
- Bueno, eso a mi no me importa...
Por la mente de Filia paso una única y descorazonadora idea... el la destruiría con sus propias manos por su atrevimiento.
- Si deseas destruirme, solo te pido una cosa. Que Val-chan nunca llegue a manos de los dragones dorados.
- ¿Yo matarte! Si se puede matar a alguien a besos... entonces sí.
- ¿Cómo?
- Zeros... ¿te das cuenta de lo que estas diciendo?
- Claro que me doy cuenta. Pero es la verdad, y yo nunca miento. Eso es lo que a mi me hace especial. Igual que hay miles de cosas que a ti te diferencian de los demás ryuzokus.
Filia dejo al bebe en la cuna, se acerco a Zeros, puso una mano en su pecho y murmuro contra sus labios:
- No me estas mintiendo... porque has de saber que si lo haces... soy capaz de destruirte. O al menos intentarlo.
- No. Yo no miento, eso lo sabes –le dijo mientras ponía una mano en su cintura y la apretaba contra él.
Y mañana apenas me recuerdas.
Zeros acerco su boca al oído de Filia mientras le decía una y otra vez lo que sentía hacía ella. Sabían que no sería fácil, ambos eran de un carácter difícil y cuando se juntaban saltaban chispas.
Pero bienvenido el fuego que quemaba sus almas con ese amor inmortal. Ese amor por el cual estaban a punto de desafiarlo todo.
Zeros cogió en brazos a su amada y la acerco al lecho. Entonces le hizo una única pregunta, pero que se dividía en dos respuestas.
- ¿Estas segura de lo que vas a hacer?
- Sí, en todos los sentidos. Nunca he querido traicionar a mi raza, pero te amo tanto que sin ti a mi lado me muero. Así que adelante... y no me importan las consecuencias.
Zeros beso tiernamente los labios de ella. Aunque él había tenido a miles de mujeres en su cama, nunca una fue como la que tenía entre sus brazos en esos momentos.
Ninguna tubo fuego en su alma, ni estuvo dispuesta a todo por él.
Mucho tiempo después, Zeros se hizo una promesa. Una promesa que ni la misma muerte podría romper.
“Siempre te protegeré, a ti, al pequeño... y los hijos que podamos tener. Jamás nadie podrá dañaros. Yo, Zeros Metallium, te lo juro”
Y aunque el futuro se veía incierto, ellos sabían que serían capaces de enfrentarlo todo y a todos.
Lilith: Termineeeee!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Después de dos días he terminado... y la verdad es que me gusta el resultado. Aunque para ser un songfic me ha salido muy largo, 21 paginas, eso es extraño en mi... pero bueno.
La canción es “Hay que quererte mucho”, de José Luis Rodríguez, el Puma.
Un cantante que, aunque sea de la época de mis padres, me llego al alma.
Para mi gusto, la canción se adapta muy bien a esta pareja. Hay que querer mucho a Zeros para poder perdonarle todo lo que ha hecho, pero él tiene esa personalidad que nunca pasa desapercibida... y que te llega al alma.