Imagíname sin ti...

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Este songfic es una fantasía basada en la canción 'Imagíname sin ti', interpretada por Luis Fonsi....

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Allí estaba. Era ella.

Durante más de setecientos años la había buscado, y la había encontrado sólo en sus sueños. Sólo el dedicarse por entero a su misión y aferrarse secretamente a la esperanza  de que existiera de nuevo en el mundo real lo habían mantenido vivo. Sabía que ella volvería.

 Mientras brillen las estrellas

y los ríos corran hacia el mar

Nunca había podido olvidarla y por eso la esperaba pacientemente. Ella venía a él en sueños... nunca hablaban, pero sus cuerpos y sus gestos hablaban por ellos. Cuando se encontraban, cuando él la tocaba, sentía que algo ardía en su ser; algo que no podía describir con palabras. Amor. Esa palabra no existía en el mundo de los demonios, era una palabra humana; era un recuerdo de su otra vida, una espina clavada en su ser, atormentado por esa otra emoción humana llamada remordimiento.

hasta el día en que tú vuelvas

sé que no te dejaré de amar.

Ella era tan dulce y paciente, y a la vez tan apasionada como lo había sido en aquel tiempo, en el mundo real...  ¿Habría entendido que el ser que la amaba había sido dominado por un poder temible, al que era imposible resistirse? ¿lo habría perdonado?

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Mil años atrás...

Erin miró a su amado Diarmid con incredulidad.

-¿Piensas que habrá guerra entre los demonios y los dragones de nuevo?

- No sólo lo pienso, estoy seguro. Los presagios y las visiones que he tenido sólo tienen una interpretación, y es ésa -respondió su compañero, preocupado. Era un joven alto, de lacios cabellos negros cortados a la altura del hombro e intensos ojos color violeta; lucía una túnica blanca ceñida con un cinturón dorado, la vestidura tradicional de los sacerdotes, y una gran capa azul oscuro sujeta por un broche cuajado de piedras preciosas.

- Pero eso no nos afectará a nosotros, no tenemos nada que ver en esa guerra, somos pacíficos, inofensivos....

- No tenemos nada que ver, pero igual nos veremos involucrados, Erin. ¿Crees que su campo de batalla será sólo el plano astral? Pues no. Vendrán aquí a destruir nuestras vidas, nos usarán como instrumentos en su maldita guerra.

- ¡No es justo!- exclamó la joven con rebeldía, pero luego se quedó muy quieta.

El hermoso rostro de Erin se ensombreció, y a Diarmid le pareció como si de pronto el sol se ocultara. Ella era su sol; incluso lo parecía, con su carita graciosa, su sonrisa luminosa y su larga cabellera dorada. Sus ojos azules eran profundos como el mar, pero refulgían con alegría y amor.     

Si escucharas mi lamento

si me vieras, volverías

Él estaba seguro de que la guerra entre demonios y dragones iba sólo a traer desgracias a la raza humana. Sus vidas se verían trastornadas, podían incluso  morir a manos de cualquiera de los dos bandos, para los que una vida humana más o menos no significaba absolutamente nada. Él lo sabía.

Su propia vida no le importaba, pero si perdía a Erin... la sola idea era capaz de hacerle sentir enloquecer de dolor; sabía que no podría vivir sin ella. Aunque en esta vida no pudieran unirse, el poder hablarle, verla todos los días, sentirla cerca, era la razón de su vida.

Él no pertenecía a ninguna raza; por sus venas corría sangre de humano, demonio y dragón, a pesar de que su aspecto era totalmente humano. Esa circunstancia le había alejado de cada una de esas razas, condenándolo a la soledad, pero al mismo tiempo le había dotado de poderes increíbles. En vista de su potencial, había pasado a servir como sacerdote en el templo del Dragón del Mar, constantemente vigilado y puesto a prueba dada su sangre de demonio. Allí había conocido a Erin, una chica que vivía en el pueblo cercano y que participaba en los ritos formando parte del grupo de doncellas que servían en el templo.

ya he pagado un alto precio

por el mal que yo te hacía.

Desde el primer día se habían sentido atraídos, y Diarmid aguardaba con impaciencia el momento de ser liberado de sus obligaciones diarias para encontrarse con Erin en los jardines del templo, para hablar o simplemente pasear. También solían discutir acerca de temas interesantes como la magia, y a veces ella perdía la paciencia y acababa gritándole o dejándole solo, porque a pesar de toda su dulzura también tenía un carácter muy fuerte; y él, siendo algo bromista, solía provocarla.  Pronto habían reconocido su mutuo amor, y sus relaciones dejaron de ser amistosas para convertirse en una unión apasionada de cuerpos y almas. Ya nada sería igual para ambos, porque no podían vivir el uno sin el otro, aunque su unión pública fuera imposible.

Pero ahora vendría la guerra, y con ella la desgracia. Y Erin estaría en peligro. Erin, Erin, la luz de su vida...

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El cielo se oscureció. Erin, aterrada, detuvo su loca carrera hacia el templo para ver partir al inmenso ejército de dragones. Iban a la guerra, que se había extendido por casi todo el mundo, y en cuyas primeras batallas ya habían muerto muchos dragones, demonios... y más de un humano, inmolados en esa guerra que no era suya.

Ella iba en busca de Diarmid. No había sabido nada de él desde hacía tres días, cuando la guerra había comenzado y los dragones habían sacado a todas las doncellas del templo, preparándose para la batalla. Estaba angustiada porque no sabía de qué manera podían decidir los dragones que Diarmid les sirviera en la guerra; podían enviarlo a combatir y seguramente moriría, porque aunque poseía grandes poderes, éstos no serían suficientes para enfrentarse a los demonios más poderosos.

Soy culpable, ya lo sé

y estoy arrepentido,

te pido...

Llegó al templo, jadeando por el esfuerzo y la angustia, y fue recorriendo sala tras sala sin encontrar a nadie. Al fin, al penetrar en el sanctasanctórum, encontró al más anciano de los sacerdotes del templo orando frente al fuego del altar sagrado.

- ¿Cómo te has atrevido a entrar aquí, mujer? ¿Qué quieres? ¿Qué buscas?- la chica cayó de rodillas, más por el cansancio que la invadía que por la cortesía y el respeto debidos al anciano. 

- Venerable... anciano, busco... al sacerdote... Diarmid...- explicó con voz entrecortada.

- ¿El mestizo? A fe mía que ese traidor debe haberse unido a las huestes de los demonios...

Erin lo miró sin comprender tamaña monstruosidad.  

- ¿Acaso no entiendes lo que te digo, muchacha? Ese miserable desapareció del templo el mismo día que comenzó la guerra. Seguramente debe estar ayudando a los demonios.

- Pero... ¡él no es un traidor! Él... él no sería... capaz...

- Sal de aquí, muchacha. Búscale en otra parte, si tanto le quieres.

El edificio se estremeció por la fuerza de varias explosiones, y la chica comprendió, aterrada, que la batalla había llegado a las puertas mismas del templo. Los dragones debían de estar perdiendo.

Corrió de nuevo hacia el exterior, y vio el espectáculo dantesco de los cadáveres de  dragones chamuscados y desmembrados cayendo del cielo a su alrededor. No había dónde esconderse, porque no quedaba ya un sólo árbol ni una sola casa  en pie en las cercanías del templo.

Su mirada se dirigió hacia lo alto de la colina en cuyas faldas se encontraba el templo; allí se erguía una figura amenazante, envuelta en una capa negra, que apuntaba a los dragones y los hacía caer. Un demonio. Uno tan poderoso que era capaz de acabar con todo un ejército de dragones dorados con sólo apuntarlos con el dedo. Un asesino despiadado.

Imagíname sin ti y regresarás a mí

sabes que sin tu amor yo nada soy

que no podré sobrevivir

Algo en la figura le pareció muy familiar a Erin. "No, no puede ser... no, no, ¡no!" Sin pensarlo, corrió de nuevo y comenzó a escalar la colina, sin pensar en el peligro que corría, lastimándose las manos y los pies con las rocas al caer una y otra vez; acercándose cada vez más al demonio.

Sin tiempo para sentir miedo, llegó casi junto a él y cayó de rodillas de nuevo. El demonio se dio la vuelta hacia ella desde lo alto, sin mostrar señal alguna de reconocimiento, con los ojos cerrados ... Diarmid... era él, pero de pronto abrió los ojos y Erin pudo darse cuenta de que eran diferentes, con pupilas rasgadas y una expresión maligna en ellos. Una sonrisa divertida, extraña y atemorizante animaba su rostro.

- ¡Diarmid! ...Por lo más sagrado, ¿qué... haces? ¡Estás... destruyéndolo todo!- le reclamó la chica a gritos, llorando.

- Me parece que te equivocas, niña. Estoy cumpliendo con mi deber y además disfrutándolo. ¿Te conozco?

- ¿No me reconoces? ¡Soy Erin! Tú y yo....

- Encantado de conocerte, yo soy Zeros Metallium, general y sacerdote del Ama de las Bestias.- dejó caer el joven, divertido.

- ¡¡¡Diarmid!!! ¿¿¿Qué te han hecho??? - gritó la joven desesperada, poniéndose de pie y abalanzándose hacia él.- ¿¿Qué te ha pasado?? 

El demonio miró a la joven que se aferraba a su capa con el ceño fruncido, una leve expresión de molestia se insinuaba en su rostro aún sonriente.

- Estás molestándome- le advirtió. 

- ¡¡¡Tú eres Diarmid, sacerdote del Dragón del Mar!!! ¡¡¡ Tú y yo nos amamos!!! ¿¿Acaso no lo recuerdas?? ¿qué te han hecho?   

- Soy un demonio, y no te conozco. Y ahora vete de aquí antes de que olvide que mis órdenes son sólo matar dragones, y empiece a acabar con los que intenten impedírmelo.

- ¡¡¡¡¡¡DIARMID!!!!! -gritó Erin, desesperada, aferrándose a él.  La sonrisa desapareció del rostro del demonio.

- Se acabó - se la arrancó de encima de un solo tirón, y ella cayó al suelo, llorando- Muere, puesto que así lo has querido.

Con saña, se aproximó a ella y clavó la punta del báculo que llevaba en el pecho de la joven caída. Erin lo miró agonizante, con los ojos muy abiertos, incrédulos y llenos de dolor ante la indiferencia en el rostro del demonio que era su amado. Luego, a pesar del terrible dolor, sonrió débilmente.

Imagíname sin ti, cuando mires mi retrato

si algo en ti queda de mí, regresa por favor.

Imagíname sin ti.

- Diarmid... yo sé que sigues estando aquí... yo siempre voy a amarte, siempre, no importa lo que hagas... y volveré para encontrarte cuando estés listo... volveré.

Y Erin murió.

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Zeros tardó más de doscientos años en recuperar los recuerdos que los poderes de su Ama le habían arrebatado, y cuando al fin logró recordar a Erin y a las emociones tanto tiempo olvidadas, creyó enloquecer. La pérdida era algo terriblemente doloroso, pero la culpa y el remordimiento por haber asesinado a la mujer que amaba eran infinitamente mayores.

Se ha borrado mi sonrisa

y la lluvia no ha cesado

Desde entonces Erin venía  a él en sueños, siempre, con su rostro luminoso de niña-mujer, para entregarse de nuevo. Y él se hundía en ella, cuerpo y alma, gloriosamente inconsciente de que no estaba en el mundo real. Él como demonio no necesitaba dormir, pero era la única forma de alcanzarla; por eso cumplía sus obligaciones con fastidio, esperando con ansiedad el momento en el que pudiera dormir y abandonarse en sus brazos. Como el joven sacerdote esperaba el momento de encontrarse a escondidas con la hermosa doncella.

Había mantenido muy en secreto sus sentimientos y sueños, para que su Ama no pudiera descubrirlos. Eso habría significado la muerte, y él no podía morir; debía buscar a Erin, tenía que encontrarla, porque ella le había jurado que volvería.

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De nuevo otra misión que involucraba a Rina Inverse y a sus amigos... Zeros sonrió con genuina diversión. Parecía que su Ama sabía perfectamente lo mucho que le gustaba jugar con el grupo de Rina y compañía, así que le había asignado una nueva misión con ellos después del asunto Phibrizo.

si supieras cómo duele

no tenerte aquí a mi lado

Tuvo buen cuidado de no mostrarse abiertamente hasta que ellos saliesen de la ciudad. La sacerdotisa del Rey Dragón de Fuego, Filia, iba con ellos ahora y había percibido su presencia; Zeros aún no la había visto de cerca, pero se había divertido mucho con sus ataques de histeria y sus gritos, los ataques a Zelgadis y a Gaudy con una maza inverosímil que sacaba de debajo de su falda, y la cola dorada atada con una cinta rosa que emergía de su falda cuando estaba enojada o inquieta.

Los había seguido... y ahora estaba frente a ella. Sin lugar a dudas, era su Erin; los ropajes de sacerdotisa y sus atributos de dragón no podían esconder lo evidente. No era parecida: era Erin. La miró, fascinado: los mismos ojos profundos y a la vez brillantes, el largo cabello dorado, el rostro bello y luminoso... y una expresión colérica, atemorizada y desafiante. No lo reconocía.

Soy culpable, ya lo sé

y estoy arrepentido,

te pido...

Zeros, nervioso, se aclaró la garganta.

- Eh... ejem... Filia, ¿cómo está el Rey Dragón? ¿Está bien de salud?

- ¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!!!!!!!! 

Después de tan impresionante chillido, Filia procedió a trazar una línea en el suelo, totalmente histérica.

- ¡¡¡¡¡¡No te atrevas a cruzar esta línea, demonio!!!!!! ¡¡¡BASURA!!!!.

Zeros se sorprendió al sentir irritación en medio de su incredulidad, y empezó a fruncir las cejas en un gesto nervioso, mientras ella construía una pequeña cerca a su alrededor.

- ¡¡¡¡NO ESTOY DISPUESTA A ACEPTAR ESTO!!!! ¡¡¡¡SEÑORITA RINAAAAAA!!!!!!

Salió corriendo hacia donde se encontraba el resto del grupo, dejando a un confundido Zeros con una sonrisa torcida y extraña en su rostro y el tic nervioso en las cejas.

- ¿¿Basura??- de pronto, sonrió-  Ésa es mi Erin...

Imagíname sin ti y regresarás a mí

sabes que sin tu amor yo nada soy

que no podré sobrevivir.

Imagíname sin ti, cuando mires mi retrato

si algo en ti queda de mí, regresa por favor,

Imagíname sin ti.

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Este songfic es increíble, prácticamente se escribió solo, ¡lo escribí en una hora, casi sin detenerme a pensar! Bueno, creo que el estado de ánimo influye, como dijo mi amiga Naga, las obras de un escritor son hijas de las circunstancias que éste vive, y yo estoy atravesando por una etapa muy... difícil, por no decir desastrosa. Así que me puse a escribir, y salió esto.

Para alguien que se pregunte de dónde carrizo saqué los nombres: soy aficionada a la mitología, sobre todo la griega, pero en este caso me he decantado por la céltica, que también me gusta mucho. Diarmid (o Diarmait) es el nombre de un legendario Rey de Irlanda, así como Erin es uno de los antiguos nombres de Irlanda y según la leyenda proviene de una de las reinas del país cuando éste estaba dividido en tres reinos.

Dedico este fic a mis amigos: Mari, Chandler y Dryden, y a todos aquellos que expresan su cariño hacia mí animándome día a día. ¡Los quiero!

Copyright: Los personajes de Slayers pertenecen a Hajime Kanzaka / Rui Araizumi