OJOS AMATISTAS
por Anais Cephiro
1era Parte El Seminarista De Los Dragones Antiguos
(Ubicación Temporal: Unos siglos antes de la Kouma- Sensou)
CAPÍTULO UNO
I
Desde la
ventana de un casucho viejo,
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
-El Seminarista de los Ojos Negros,
Ocurrió en un invierno, hace más de un milenio atrás, demasiado tiempo para los humanos, pero apenas un suspiro de eternidad para los dragones o los demonios. Fueron tiempos hermosos, antes de las Guerras de Kuma.
Los dragones estaban obligados a reunirse, una vez, cada milenio en el antiguo Valle de los Dragones, la cuna de nuestra civilización, para La Celebración de la Gracia.
El cielo se llenaba de dragones que volaban desde los confines del mundo, para agradecer a Ceified todos los dones recibidos de su bondad. Desde que salí del huevo, siempre era la última de mi clan, en emprender el vuelo. Me encantaba ver como el cielo se cubría con el resplandor dorado de mi pueblo. En ese entonces existían muchas razas de dragones, pero para mi, los dragones dorados, eran los más hermosos. Era increíble verlos cubrir el cielo, reflejando la luz del sol en sus escamas de oro.
Justo al centro del valle, se encontraba el Templo Sagrado de Halemaumau, “La Mansión del Fuego Eterno”, hogar de Ceified entre nosotros. Era una construcción impresionante, forrada de placas de oricalco dorado, gravadas con la historia de nuestro pueblo, la enorme sala principal, tenía en el centro un fuego que nunca se apagaba, proveniente del aliento de la misma diosa. En esa sala, era donde todos los clanes presentaban sus respetos y ofrendas, durante las celebraciones de la Gracia.
Las fiestas y celebraciones para agradecer a nuestra deidad, duraban todo el invierno. Aparte de la presentación de las ofrendas y de entonar los cánticos ceremoniales, tenían lugar otra serie de acontecimientos, que también eran de trascendencia para nosotros. En estas fechas era cuando se arreglaban los matrimonios, y los dragones solteros buscaban una novia que cortejar, era también cuando los jóvenes dragones, que ya habían sido iniciados en las tradiciones, pasaban el invierno dentro del templo sagrado, para escoger a los futuros sacerdotes y sacerdotisas de Ceified, que se harían cargo de los centros espirituales de su clan.
Tenía la edad requerida, y ya había sido iniciada en las tradiciones, así que los ancianos habían enviado un mensaje a mi padre, requiriendo mi presencia en el templo, tan pronto como llegáramos. Era un gran honor.
Pero en ese entonces, yo no lo veía así…
- ¡NO!,¡NO!, y ¡NO!, ¡No lo haré madre!, ¡¡¡¡No me voy a transformar en nada que me haga parecerme a esas horribles criaturas humanas!!!! .- No era común que los dragones utilizáramos la magia para transformarnos, no teníamos por que escondernos, éramos libres de volar, surcando el cielo con nuestra imponente figura, arrojando nuestra sombra sobre los bosque, las montañas y los pueblos.
- Pero…- Mi madre, sabía bien que tenía un carácter fuerte y firme, el carácter de mi padre.
- ¡¡¡¡HE DICHO QUE NO LO HARE!!!! Va a ser muy aburrido, un montón de crías reunido con otro montón de viejos decrépitos y sus estudiantes estirados y encima de todo, tengo que transformarme en humana para que todos quepamos en el Templo de Halamaumau ¡¡¡¡eso es ridículo!!!!,¿por que diablos no lo hicieron más grande?, además la anciana del pueblo ya ha dicho que esos ancianos deben estar chocheando para pedirme que me presenta a las pruebas del noviciado.- Mi enorme cola pego en el suelo, levantando varios kilos de polvo y piedras. Estaba molesta por la transformación, pero estaba furiosa por que me obligarían ha pasar el invierno lejos de Val, cuando estaba apunto de regresar con su pueblo.
Mi madre bajo la cabeza en señal de derrota, no iba a convencerme por las buenas de tomar una frágil apariencia humana. Así, que la figura de mi padre apareció. Era un dragón enorme, orgulloso de su legado, caminaba como lo que era, el líder indiscutible de la manada, cuando caminaba, la tierra a su paso retumbaba, cuando desplegaba sus alas, su sombra podía oscurecer una ciudad por completo, su voz era ronca y penetrante, sus palabras eran ley para todos.
- Filia, transfórmate.-
No fueron las palabras lo que me hizo obedecer, fue la forma en que las dijo, y la forma en que me miró. Estaba haciendo pasar una vergüenza a los del clan, pero más allá, estaba dejando en ridículo a mis padres.
El me hablo no como a su hija, sino como a cualquier otro de la isla y entonces entendí por que todos le obedecían sin chistar, su voz era fuerte y firme, te hacia obedecer nada más escucharla.
Desaparecí en el bosque cercano, rompí piedras, destroce árboles, sople y rugí fuego hasta que la rabieta paso. Salí del bosque, desnuda, con la figura de una chica de 15 años con cabellos rubios y cortos, lo único que quedaba de mi verdadero yo, eran mis ojos azules y mi cola. Mi padre hizo un gesto de desagrado al verla, pero yo estaba orgullosa de mi hermosa cola y no iba a desaparecerla, mi padre suspiro resignado, mi madre ya esperaba, convertida en una mujer humana de ojos verdes, con un trapo verde alrededor de su cuerpo y me puso uno blanco a mi, para cubrir mi desnudes.
Esa era otra de las cosas que odiaba de tener que transformarme, tenia que usar esa desagradables cosas llamadas vestidos para cubrir mi cuerpo, siendo dragón, mis doradas escamas me protegían del clima.
Mi madre y yo, montamos en el lomo de Papá, y nos llevo hasta el Templo, donde me abandonaron junto con los otros dragones jóvenes en sus formas humanas.
- Esto es patético.- Gruñí mientras me integraba a la fila de las hembras para entrar en el templo, cuyas enormes puertas, aun permanecían cerradas.
- ¿De verdad lo crees?- Me cuestiono una chica castaña, de ojos negros que estaba detrás de mí. No quería acabar discutiendo con alguien cuando apenas tenia 5 minutos de llegar, tendría todo el invierno pare ello, así que algo raro en mí, evadí la pregunta.
- No, hablaba de mi vestido, no me acostumbro a usarlo.-
- Si, son algo incómodos, pero son lindos, ¿no crees?-
- Pues…- Me decidí a observar con atención aquél trapo que me había puesto mi madre, era un sencillo vestido blanco, más arriba de las rodillas y ceñido a mi cintura por un cordel dorado, mi cola salía coquetamente debajo de la falda, decidí que el trapo aquél no era tan feo después de todo.
- Yo soy Helia Mar- T de los dragones rojos, del este.- Se presento y me tendió la mano.
- Filia Ult Cop, de los dragones dorados de oeste.- Sonreí y le apreté la mano, era extraño, nunca antes me había tenido que presentar, nuestro clan era tan pequeño que todos nos conocíamos.
Las puertas se abrieron y la fila comenzó a avanzar, de pronto, un dragón moreno y de cabellos negros abrazo a mi nueva amiga, por la espalda y le susurro algo en el oído, mi compañera se sonrojo fuertemente y rompió el abrazo.
- ¡Ya te he dicho que no me llames así!.-
- ¡Que carácter!.-
- Lino.- Levanto una ceja y lo miró amenazadoramente.
- Esta bien, lo siento, tratare de no hacerlo.-El joven dragón puso cara de arrepentimiento y se acerco un poco a Helia -Pero es que eres tan ardiente...- Le dijo picaramente muy cerca de su rostro.
Los ojos de la castaña, brillaron como el hielo, el tal “Lino”, estaba en problemas.
-Lamento interrumpir, pero han citado a todos los seminaristas en el salón azul. Con su permiso señoritas.- Un tipo de cabello morado apareció de la nada, se disculpo con una educada reverencia y se llevo rápidamente al dragón que estaba apunto de ser fulminado por la mirada de Helia.
- ¡Siempre me hace lo mismo!- Grito exasperada.
- ¿Quiénes eran?.- Pregunte curiosa
- Lino es mi primo, es seminarista de los dragones azules del sur, solo Ceified sabe porque-dijo mientras ponía los ojos en blanco.-al otro solo lo he visto un par de veces, es seminarista de los dragones antiguos y amigo de mi primo.
-¿Te adoptaron los dragones azules?- Pregunte.
- No, ¿Por qué lo preguntas?- Dijo Helia, mirándome sorprendida.
- Lo siento, no quise ofenderte, ni ser indiscreta.-
- Ahora la que no entiende soy yo.-
- ¿Cómo es que tu y Lino son primos, si el es un dragón azul y tu eres de los rojos.-
- ¡Ah!, ya entiendo. Somos primos segundos, mi madre es mestiza, hija de un dragón rojo y una azul, Lino es hijo de un primo de mi madre.-
- ¿Mestiza?, pensé que las razas no debían mezclarse.-
- No hay ninguna ley que lo prohíba, creo que nunca se habían dado casos antes, por lo separados que vivimos unos de otros, pero los humanos se están reproduciendo rápidamente y los demonios los alientan a cazarnos, así que algunas manadas, de diferentes razas, han comenzado a compartir los mismos espacios para protegerse. Así se conocieron mis abuelos, cuando sus manadas llegaron a vivir cerca del mar interior.-
La explicación me dejo un sabor amargo, mientras la fila avanzaba conduciéndonos dentro del Templo de Ceified, no podía dejar de pensar en lo raro que me sonaba lo que contaba aquella chica, yo solo veía a las otras razas, en las celebraciones importantes, y ahora que recordaba, jamás hasta ahora, había conversado con un dragón de otra raza. Nunca se me había ocurrido que existían los “mestizos”, o que los humanos fueran realmente una amenaza, o que los demonios quisieran dañarnos.
De pronto entendí que ese invierno, cambiaria mi vida. Pero en ese momento, jamás me hubiera imaginado, la marca imborrable que dejaría.
Los primeros días que pase en el Halemaumau, estuve muy triste, pensaba a menudo que cuando el invierno terminara, Val se iría con los Dragones Antiguos. Pero poco a poco, las tareas que nos asignaban, la disciplina espiritual que nos imponían, y la convivencia con otros dragones jóvenes me hizo salir de mi apatía.
Con algo de culpa, comencé a disfrutar de los bellos jardines del templo y sus pasillos repletos de presentes que se ofrecían a Ceified, el que más me gustaba, era uno repleto de jarras de porcelana blanca, decoradas con dibujos de árboles y flores, de oro. En el tiempo que tenia libre me adsorbía en contemplarlas.
Heli, como me pidió que la llamara y yo, compartíamos habitación con otras cuatro dragonas, dormíamos todas juntas en una enorme cama de paja, unas junto a otras, era divertido, pero ni eso nos libraba de las frías noches, todas extrañábamos nuestras gruesas pieles y nuestras escamas. Las “cobijas”, que nos daban las sacerdotisas de Ceified, no nos servían de mucho. Ella era unos siglos mayor que yo, era muy madura, pero igual participaba en los juegos comunes.
Una tarde que el frío amaino, los seminaristas organizaron un juego fuera del templo, y a pesar de que los ancianos lo habían prohibido, nos trasformamos en dragones. Se sentía bien volar sobre la aldea cercana al Templo después de tanto tiempo encerrados.
Formamos dos equipos para jugar, “atrapa la roca”. Utilizábamos una piedra redonda, o la hacíamos redonda, nada difícil para un dragón, esta nunca debía tocar el suelo, no podíamos utilizar las garras ni el hocico, solo la cola y teníamos que penetrar hasta la base del equipo contrario.
Yo defendía la base de mi equipo, un espacio cuadrado que formaban dos enormes árboles, el juego iba empatado y el equipo contrario tenía la roca.
Una rama oscureció mi vista
- ¿Quién soy?.- Sentí un escalofrió recorrerme el lomo, la voz era aterciopelada y sugerente, me sonroje.
- ¡No se!, ¡Quítame eso del rostro!- Dije molesta, escuchaba los rugidos de mi equipo pero no entendía que pasaba.
- Yare, yare, por lo menos inténtalo.- La voz sonó aun más provocativa.
- ¿Lino?.- Pregunte resignada
-No.-
- Adric.-
- No.-
- Nees.-
- No.-
- Kobo.-
- No.-
- Xachitl.-
- No.-
- ¡Me rindo!.- Grite exasperas
- Bien pensado, dragón dorado.-
Quito la rama de mis ojos, y voló frente a mi, era un Dragón Antiguo, de color negro, estaba sonriendo y tenia cara de tonto.
-¿Quién eres tu?.- Pregunte extrañada.
- ¡Oh!, Filia-Chan, Sore wa himitsu desu.- Dijo mientras se acercaba un poco a mí.
Estaba cerca, demasiado cerca, volví a sonrojarme y cerré los ojos con fuerza. Cuando volví a abrirlos, el estaba festejando la victoria de su equipo, me había distraído para que su equipo anotara.
- ¡¡¡¡TRAMPOSO!!!!!.- Grite y el rugido se escucho por todo el valle y retumbo en las montañas.
Este fic, comenzó como un pequeño proyecto que tenia por cometido contar una historia real. Todos tomamos ideas de la realidad, pero yo quería que fuera lo más apegada posible a lo que de verdad sucedió. Filia y Zeros, resultaron ser los personajes ideales para contarla, así que este fic bien pudo haberse llamado, Casos de la vida real: “Mi vida con Zeros ”, ja!.
En fin, espero que les guste, yo estoy fascinada, por que mi pequeño proyecto se convirtió en una enorme saga. No había escrito un fic tan largo desde “La Nueva Historia de Céfiro :p” , y desde entonces no me había emocionado tanto con un fic. Me he pasado noches sin dormir por terminar un resumen de cada episodio para que no se me olvide como va la historia (si, si, soy una enferma -_-¡).
Así que solo espero que lo disfruten ;), como yo he disfrutado creándola.
Y como todo en la vida tiene un preció, el costo de este fic es de un mail para al autora para saber si les esta gustando ^^
Nos vemos en el siguiente capitulo ^^