OJOS AMATISTAS
por Anais Cephiro
1era Parte El Seminarista De Los Dragones Antiguos
(Ubicación Temporal: Unos siglos antes de la Kouma- Sensou)
CAPÍTULO CINCO
BESOS Y ROSAS
Cuando
en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirle: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros
-El Seminarista de los Ojos Negros,
Miguel Ramos Carrión.-
- ¿Puedes ayudarnos con esto Filia?- Pregunto una de las novicias más jóvenes, mientras sostenía en alto unos pergaminos que tenían que pegar en el pueblo.
- Si, ¿Por qué no?- Les sonreí y baje al pueblo con ella, y otras dos novicias para pegar los pergaminos, que tenían escritos anuncios correspondientes al seminario y los servicios que este prestaba a la comunidad.
Habían pasado cerca de dos semanas de la excursión a las “Montañas del Lamento”, y Zeros prácticamente no había salido de su celda, por lo que me ocupaba en otras cosas. No había hablado con él, ni lo había visto, no quería hacerlo, estaba muy enojada y temía revelarle en una riña, eso que me estaba costando tanto trabajos aceptar.
Llegando al pueblo, dos chicas siguieron por una calle hacia arriba, y yo me dirigí con otra a las calles del centro.
Estaba pegando uno de los pergaminos, a un lado de una taberna, cuando Zeros salió de ella y paso de largo, no supe si no me había visto o había sido un intento de molestarme. No le preste atención y seguí con lo que estaba haciendo sin inmutarme. El volvió sobre sus pasos, y se planto al lado de mí, sin decir una palabra.
Trataba de provocarme.
Seguí ignorándolo, termine de pegar el cartel, me disponía a continuar mi camino, cuando el se acerco rápidamente a mi, y me dio un beso en la mejilla.
- ¿Cómo estas Filia-Chan?- Me pregunto sonriendo.
- Supongo que bien.- No tenía animo de gritarle, estaba agotada emocionalmente por lo que había pasado en las “Montañas del Lamento”, mi confusión interna y el extraño cosquilleo que había provocado su beso en mi estomago.
- ¿Estas enferma?- Me miró el extrañado
- No, disculpa, tengo que seguir.- Dije y me dispuse a seguir con lo que estaba haciendo.
- Espera, tengo una noticia que te alegrara.- Me dijo apenas le di el espalda, yo dude entre seguir mi camino y escucharlo, pero al fin, la curiosidad pudo más.
- Te escucho- Dije con un tono ligeramente amenazante, dándole a entender que no estaba para bromas.
- Necesito regresar con los dragones antiguos por un tiempo.- Me dijo mientras exhibía una cínica sonrisa.
- ¿Eso quiere decir que me desharé de ti por un tiempo?- Conteste fingiendo alegrarme.
- No, eso quiere decir que podrás ver a Val. Vendrás conmigo, el Patriarca no desea que haga un viaje tan largo solo.- Me dijo con seriedad.
- ¿Es una de tus bromas?- Pregunte cautelosamente
- No – Aseguro él.
- ¡NO PUEDO CREERLO!- Grite, mientras soltaba los pergaminos y lo abrazaba.
- ¡Espera Filia!, ¡Me asfixias!- Grito molesto mientras intentaba soltarse de mi agarre.
- Lo siento, pero estoy tan feliz ^^-
- No es nada.- Dijo quitándole importancia, mientras se alejaba de mi. Se tambaleo un poco.
- ¿Te pasa algo?- Pregunte
- Nada, un ligero mareo.-
- No debiste salir tan pronto del seminario, has estado muy débil.-
- Tenía asuntos urgentes que atender.-
- ¿En una taberna?- Levante la ceja indignada.
- Así que además de todo, eres entrometida.-
- No soy ninguna entrometida, ¡Todavía que me preocupo por ti!- Dije furiosa, mientras un ligero rubor aparecía en mis mejillas.
- Ja,ja,ja así que te preocupas por mi.-
- ¡Si!, si te pasa algo me echan del noviciado, así que no te des tanta importancia.- Le dije mientras le sacaba la lengua.
- Ja,ja,ja,ja así te vez más fea. Me gustaría seguir con esta encantadora conversación, pero me temo que debo retirarme.-
- ¿Quieres que te acompañe de regreso?- Le mencione preocupada mientras recordaba su reciente mareo.
- Si, ¿porque no querida Filia?, podrías defenderme del terrible lobo que habita en el bosque.- Dijo con sorna y volvió a reír.
- ¡Púdrete!- Le grite mientras me alejaba para seguir con mi tarea, después de tanto tiempo todavía me seguía molestando con eso de la loba blanca.
El resto del día pasó sin mayores incidentes, y no volvimos a vernos hasta casi una semana después, cuando volamos hasta los Picos Negros, donde habitaban los dragones antiguos.
Era un lugar que daba escalofríos, altas montañas que parecían estar hechas de obsidiana. Contaban que milenios atrás había sido una zona volcánica muy activa, pero ahora los volcanes estaban muertos. No había mucha vegetación alrededor, solo algunas plantas sobre las enormes formaciones rocosas y al momento de nuestra llegada, la luz naranja del atardecer se reflejaba en la tierra y daba la impresión de que esta ardía en llamas. Había estado ahí antes, con mis padres, para visitar a Val, pero el lugar no dejaba de impresionarme. Me provocaba sentimientos encontrados, si la eternidad y la muerte vivieran juntas, los Picos Negros, serian su hogar,
Un anciano dragón, vestido con una túnica negra y largos cabellos blancos salió a recibirnos, no se veía muy contento de ver a Zeros. Disimule una sonrisa mientras pensaba: “Nadie es profeta en su tierra”. El anciano, con pasos lentos, nos guió por un sendero oculto por las formaciones rocosas, estábamos a unos diez metros de llegar, cuando una sombra veloz como un rayo, salió de una de las cuevas que se internaban en la montaña y se acercaba rápidamente hasta nosotros.
- ¡Filia!- Grito.
Y de pronto yo tenía pegado a mi, a un delgado jovencito, de cabello aguamarina y ya casi tan alto como yo.
- ¡Val!, ¡Por Ceífied, estas enorme!- Grite yo también y lo abrace.
No pensé que hubiera pasado tanto tiempo desde la última vez que lo había visto, pero mi “hermanito”, se estaba desarrollando a una velocidad impresionante y pronto me demostró que no solo había crecido en estatura, si no en conocimiento y en poder.
Los dragones antiguos, eran uno de los clanes más viejos, se decían descendientes directos de la misma diosa y si eso se juzgara por el poder y la sabiduría que poseían, nadie lo hubiera dudado jamás.
A pesar de ello, eran muy pocos, la mayoría ya ancianos y en los últimos siglos habían nacido muy pocas crías y casi todos machos, solo un par de hembras. El mestizaje seria una buena opción para ellos, pero eran tan recelosos y vivían tan apartados de los otros que eso era prácticamente imposible. Si las cosas continuaban así, pronto no habría más dragones negros.
Por eso habían insistido tanto para llevarse a Val, era uno de los jóvenes dragones que podrían postergar su legado, haciendo que sus conocimientos y su antigua magia permaneciera viva.
Al otro día, Val me invito a dar una vuelta por los alrededores, mientras Zeros se encargaba de hablar algunos “asuntos importantes” con el consejo de ancianos de los dragones antiguos.
Val se estaba convirtiendo en un jovencito encantador, y de pronto me sorprendí pensando que seguramente en las próximas “Festividades de la Gracia”, llamaría la atención de varias jovencitas y que seguramente, su tutor, no perdería la oportunidad de comprometerlo por el bien del clan. Me enfurecí. Iban a pasar sobre mi cadáver antes de prometer a Val, con alguna dragoncilla tonta, de ser necesario, ¡yo en persona examinaría a cada una de las candidatas y las sometería a prueba hasta que me convencieran que eran dignas de mi hermanito!
- ¿Filia?- Pregunto un intrigado Val, mientras pasaba la mano una y otra vez frente a mis ojos. Yo solo le sonreí.
- Pensé que en el seminario te quitarían lo boba, pero veo que me equivoque.- Me dijo con sorna.
- ¿¡COMO TE ATREVES A LLAMAR ASI A TU HERMANA MAYOR!?- Grite furiosa.
- Ja,ja,ja,ja, no has cambiado nada, hermana.- Rió, con esa risa cantarina que cautivo a toda mi familia, desde que era un bebe.
- Yo también te extrañe pequeño.- Le dije mientras lo abrazaba.
- ¡Filia!, ¡suéltame, me avergüenzas!- Dijo el, mientras trataba de librarse de mi agarre.
- Está bien, deja de retorcerte, ya entendí. Ya no eres un pequeño.- Le dije mientras lo tomaba de los hombros y lo miraba con orgullo.- Si te viera mamá.- Agregué sonriendo.-
- Vamos, deja eso de una vez. Sigues siendo una tota sentimental.- Me dijo mientras me sacaba la lengua.
- Pues tu si que has cambiado. Que modales los tuyos. ¿Qué clase de educación te dan aquí?, Parece que recibes un entrenamiento intensivo de ese fastidioso de Zeros-
- Pues, en realidad así fue.-
- ¿Qué?- Pregunte sorprendida.
- Cuando llegue aquí, el fue mi tutor por casi un siglo. Ahora, Ayax, es mi tutor, es bueno conmigo y eso, pero pienso que aprendería mucho más con Zeros, que con cualquier otro.-
- Vaya, ¿así que tu también formas parte de su club de admiradores?- Pregunte entre sarcástica y divertida.
- No te burles Filia, pensé que tu eras diferente, pero ya veo que también estas de su lado. Yo no entiendo por que a los mayores no les gusta, es un tipo listo, me enseño casi todo lo que se, no he podido avanzar tanto con mi nuevo tutor.-
- ¿A los ancianos no les gusta?- Pregunte sorprendida.
- No. A veces pienso que lo odian, por eso ya no dejaron que fuera mi tutor, después de que él les enseño lo mucho que yo había avanzado, ellos decidieron que tendría un nuevo tutor, creo que estaban asustados, no se.-
- No pienses tonterías Val, la razón por la que Zeros dejo de ser tu tutor, es por que ahora tiene muchas ocupaciones en el Seminario y no puede estar viniendo tan seguido como antes. Además el esta un poco delicado de salud. Por eso yo siempre lo acompaño, soy algo así como su enfermera.- Le guiñe un ojo a mi hermano.
- ¿Tú siempre lo acompañas?- Pregunto el extrañado
- Si.-
- Deben de llevarse muy bien ¿no?- Siguió preguntando con seriedad.
- Pues, en realidad no también.- Dije, y una sombra cruzo por mis ojos, sombra que mi perceptivo hermanito, entrenado por el patán de Zeros detecto a la perfección.
- ¡Te gusta!- Grito entre sorprendido y espantado.
- ¡Estas loco!, es un idiota, un pesado y se cree la reencarnación de Ceífied, por que un montón de idiotas lo adoran como a un Dios! y es un cretino, y un payaso y siempre se burla de mi y…- Y continué gritando improperios contra Zeros, por que si Val, volvía a preguntarme eso, yo no podría negárselo a él, y lo peor, no podría seguir negándomelo a mi misma.
Volvimos por la tarde a las cuevas, Zeros, aun seguía en la reunión con los ancianos, salieron ya muy tarde.. Los ancianos se veían furiosos pero él, se veía como la fresca mañana.
Cenamos, y Zeros se sentó junto a su antiguo pupilo e intento charlar con él. Pero Val, no solo no entablo conversación, si no que se porto grosero y malcriado, como era conmigo, cuando mi mamá me dejaba a su cargo en Halemahumau.
Intente acercarme a él y reprenderlo, pero eso hubiera sido una tremenda falta de educación, que una hembra reprendiera a un macho y por si fuera poco estando de visita. Fuera de la cueva, Val era mi hermanito, pero ahí, entre los dragones antiguos, era un joven aprendiz, macho y el único que podría reprenderlo, era su tutor. Quien por cierto, lo hizo, pegándole un puñetazo en el rostro ante la vista de todos.
Yo casi me voy sobre él, ¡Pegarle a un crío de esa manera!, ¡Humillarlo frente a todo el clan!, Zeros no se inmuto, me detuvo de la muñeca, apretándola fuertemente hasta dejarme una marca roja en ella. Después del incidente, todos nos retiramos a dormir.
En los días siguientes, Val no volvió a faltarle al respeto a Zeros delante del clan, pero se las arreglaba para demostrarle su antipatía lo más que podía. Conmigo se volvió increíblemente protector, siempre estaba pegado a mí, no podía impedir que estuviera cerca de Zeros, por que yo era su asistente, pero trataba de no dejarnos solos un segundo. Fueron semanas un poco incomodas, no obstante, disfrute mucho de tener cerca a mi hermano de nuevo.
Una noche antes de que volviéramos al seminario, Zeros me saco de mi cuarto a media noche y me conducía por otro de esos escondidos senderos entre las rocas, que parecían abundar ahí.
- ¡¿A dónde vamos?!- Exigí saber por enésima vez, desde que saliera de mi habitación.
- Sore wa himitsu desu.- Contesto el por enésima vez también.
- ¡Arhgggg!.- Grite enojada.
- Ja.ja.ja, tranquila, casi llegamos.- Dijo el divertido.
Continuamos andando por el sendero y luego entramos por una caverna, en la base de uno de los picos más altos, continuamos subiendo por dentro, a través de una escalera que parecía no tener fin, hasta que llegamos a la punta. Era una pequeña habitación, con una sola ventana de piedra, sin cristales.
- Ven, acércate.- Me dijo extendiéndome su mano para que la tomara y me ayudo subir para alcanzar la ventana.
Era muy ancha. Parecía más una puerta que una ventana, los dos cabíamos perfectamente, a lo largo y a lo ancho, en la amplia plataforma de piedra bajo nuestros pies.
- ¿Y?- Pregunte impaciente, temiendo que esta fuera una más de sus bromas.
El me sonrió, y señalo una ligera línea dorada en el horizonte, estaba apunto de amanecer.
- Feliz Cumpleaños Filia-Chan- Me susurro en el oído con esa voz que hacia que todo mi ser se estremeciera, mientras me abrazaba por la cintura y contemplábamos como el sol iba desterrando la oscuridad de cada rincón. Había un lugar en especial, en donde el sol se reflejaba de una manera tal, que parecía que había otro sol, en medio de la tierra.
- ¿Qué será aquello?- Pregunte curiosa
- El lugar exacto donde los dragones antiguos guardan su más preciado tesoro.- Me dijo con ese tono socarrón que usaba para burlarse de mí.
- Simpático.- Le reclame mientras me giraba para verlo, él solo levanto los hombros y me sonrió.
- Esto es para ti.- Saco detrás de él un hermoso ramo de flores rojas, como por arte de magia.
- Gracias, le sonreí avergonzada. ¿Cómo se llaman?, nuca había visto unas similares.-
- ¿Nunca te han dicho que la curiosidad mato al dragón?-
Lo mire aparentando enojo, no lo hacia muy bien, estaba demasiado feliz.
- Se llaman rosas, son una especie nueva- Por fin me contesto.
- Gracias, por todo, de verdad.- Le sonreí con dulzura.
El busco el apoyo de la pared con un brazo, estaba pálido.
- Zeros, ¿te sientes bien?- Le pregunte angustiada.
- Si, es solo que tanta felicidad tuya, no me sienta bien.- Me dijo mientras me sacaba la lengua.
- ¡Payaso!- Le grite indignada, el volvió a reír, pero después se acerco unos pasos a mi y como pocas veces, abrió sus ojos para mirarme.
- Cierra los ojos, tengo un regalo más para ti.- Me dijo, con un tono serio que rara vez utilizaba conmigo. Le obedecí.
Estaba sumamente nerviosa, no sabía lo que tramaba, pero por alguna razón, me dio por pensar, que el quería besarme. Espere y espere con los ojos cerrados, un beso que jamás llego. Abrí los ojos, el aun tenía los ojos abiertos y me miraba fijamente. ¿Se estaba burlando de mí?
- Has hecho trampa, te dije que cerraras los ojos.- Me regaño suavemente.
- Estas loco.- Afirme un poco molesta, pero volví a cerrar los ojos.
Sentí, como cerraba el poco espacio que quedaba entre nosotros y se inclinaba hacia mí.
- Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, Fi-chan.- Me ronroneo en el oído y después me dio un delicado beso en la frente.
¿Qué había sido eso?, me quede como en shock, hasta que el me tomo de la mano, y me condujo así, por rodas las escaleras de regreso, hasta bajar del pico.
- ¡Que demonios hacían ahí arriba!- Nos grito uno de los dragones antiguos, cuando llegamos abajo. Se veía sumamente molesto.
- Lleve a Filia a ver el amanecer, hoy es su cumpleaños.- Le contesto Zeros.
- ¡TU SABES MEJOR QUE YO, QUE NO PUEDES SUBIR AHÍ!- Volvió a gritarle, aun más enojado.
.- Lo lamento.- Dijo Zeros, con un acento siniestro, sonó más como una amenaza que como una disculpa, el hombre aquel nos dejo ir, sin agregar más.
Val nos esperaba también, corrió hasta nosotros, cuando nos vio acercarnos a la cueva principal.
- ¡QUIERO QUE DEJES EN PAZ A MI HERMANA!- Le gritó a Zeros.
-¡VAL!- Grite yo escandalizada.
- Ha sacado tu carácter.- Me dijo, Zeros, al oído con sorna. - ¿Cuál es el problema Val?, Tu y yo éramos buenos amigos ¿no?- Le hablo a Val, con tono paternal.
- Pero tu, tu, quieres apartar a Filia de mi. ¡Apenas si nos vemos! y ahora que esta aquí siempre esta contigo y cuando no, siempre habla de ti- Grito mi hermano furioso, yo me sonroje fuertemente.
- Eso es por que tu hermana es mi asistente, su trabajo es cuidar de mí. Cuando no la tengo cerca me siento mal, es como mi medicina. Además, ella es muy especial para mi- Le guiño el ojo a mi hermanito, pero este aun no estaba muy convencido.
- Mira Val, yo nunca voy a querer a nadie como a ti. Tu eres mi hermano, y eso no va a cambiar nunca.- Le dije mientras lo abrazaba. El pareció pensarlo un poco y por fin acepto.
- Esta bien, pero no quiero que te la acerques demasiado.- Le dijo amenazadoramente a Zeros.
- No te preocupes por eso, no me deja hacerlo, sin mandarme a volar.- Dijo el socarronamente, mientras recibía dos miradas molestas, la mía y la de mi hermano.
Antes de que terminara la mañana, emprendimos el largo viaje de vuelta. Fue muy difícil separarme otra vez de Val, lloré.
Val se contuvo por la estricta educación que estaba recibiendo de los dragones antiguos, pero yo no pude evitarlo. Una vez más Zeros lo separo de mi con suavidad, y le susurro algo que pareció alegrarlo. La despedida de los ancianos fue más formal y mucho más fría, especialmente con Zeros. Estaba segura que deseaban no verlo en mucho tiempo, de preferencia que no volviera jamás.