Sueño de una noche de verano

 

 por Suisei Lady Dragon

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Respuesta al reto del mes de Julio "La donna é mobile" de El Altar de Zeros. Prohibida su publicación en cualquier otra página.

 

La serie de Slayers y sus personajes pertenecen a su creador, en ninguna forma me estoy adjudicando propiedad alguna sobre cualquiera de ellos.

 

Esta historia fue creada con el propósito de participar en el reto del mes de Julio del Altar de Zeros, propiedad de Karoru Metallium, por lo cual está prohibida su publicación en cualquier otra página.

 

Sueño de una Noche de Verano es una obra de William Shakespeare, obra que ha sido representada en varios ambientes incluyendo la ópera, así que, con el permiso de todos ustedes, me voy a atrever a utilizarla para este reto, pues como dicen las reglas y cito: “Se vale todo lo que no esté especificado en las reglas generales o en los requerimientos xD.”  No nació como ópera, pero allí se la llevaron.

 

Espero que la disfruten.

 

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“¿Por qué no puedo casarme con quien yo quiera?”  Exclamó una jovencita de vivos cabellos negros color azabache y mirada dulce.

 

“Tienes que dejarte regir por las leyes de Atenas Hermia.”  Respondió Teseus frustrado.

 

“No quiero, ¡yo me quiero casar con Lysander!”  Le espetó testaruda la jovencita.

 

“Según las leyes de Atenas Hermia, sólo tienes tres opciones, o te casas con quien decida tu padre, o escoges el celibato o escoges la pena de muerte.”  Replicó Teseus mientras sus rojos cabellos ondulaban con cada enfasis.

 

La joven dio un respingo de frustración y sus enormes ojos azules se llenaron de lágrimas echándose a correr y encerrándose en su habitación.  Luego de unas horas se escucharon toques a la puerta.

 

“Hermia, soy yo, Lysander, por favor, abre la puerta.”  Un joven de cabellos lavanda y mirada penetrante tocaba a la puerta de la habitación de la joven.  La joven reconoció la voz como la de su amado.

 

“¡Lysander!”  Ambos se confundieron en un largo abrazo.  “Lysander, mi padre quiere que me case con Demetrius, yo sólo te quiero a tí.”  Sollozó suavemente.

 

“Huyamos Hermia, huyamos lejos de Atenas y casémonos.  Así estaremos juntos para siempre.” Los ojos de la joven brillaron llenos de esperanza.

 

“Lo que tú digas Lysander, te amo con todo mi corazón, huyamos mañana mismo.”

 

“Te estaré esperando a esta misma hora Hermia, prepárate para escapar juntos.”  Y capturó la boca de la joven en un tierno beso, saliendo de la habitación.

 

“¿Joven Hermia? ¿Con quién estaba platicando?”  Una hermosa joven de largos cabellos rubios y mirada cristalina se acercó a Hermia.

 

“Ohhh Helena, es horrible, mi padre insiste en casarme con Demetrius.”  La joven morena se abrazó a la recién llegada y comenzó a llorar.  “Por eso, mañana en la noche, me escaparé con Lysander y nos casaremos lejos de las leyes de Atenas.”

 

“Pero joven Hermia, no debe desobedecer a su padre.”  Exclamó la rubia.

 

“Lo sé Helena, pero no puedo hacer nada más.  Mañana en la noche huiré con Lysander, ya está decidido.”  Dijo con firmeza la joven.  Ambas jovenes se abrazaron acongojadas, una por su propia rebeldía y la otra por sentimientos confusos.

 

Tiempo más tarde, la joven Helena salía de la habitación de Hermia con paso silencioso.  Por los pasillos de la mansión de Teseus se fue escurriendo hasta llegar a otra habitación.

 

“¿Qué deseas?”  Una voz arrogante contestó el insistente llamado.

 

“Joven Demetrius, tengo algo que contarle.”  Susurró Helena con una mezlca de admiración y temor en sus ojos.

 

“Sé breve.”  Y un hombre de cabellos púrpura y mirada penetrante se volteó a verla con algo de desprecio.

 

“Es la joven Hermia.”  Dijo en un hilo de voz la rubia.

 

“¿Qué sucede con ella?”  Finalmente Demetrius le prestó atención a la indeseada visita.

 

“Piensa huir mañana en la noche con el joven Lysander.  Quieren casarse lejos de las leyes de Atenas.”  El hombre volvió su mirada desdeñosa en una de rencor.

 

“Hermia no escapará de mí tan facilmente.”  Luego se volvió a la joven Helena que lo observaba con admiración.  “Estoy en deuda contigo Helena.”  Le susurró mientras acariciaba con falsa ternura su rostro. “Puedes estar segura que tendrás tu recompensa tarde o temprano.  Ahora ve a dormir y si sabes de cualquier otro plan de Hermia no tardes en visitarme.”  Y la tomó de la barbilla, ladeando levemente su rostro y besándola lánguidamente.  Al terminar el beso la joven Helena suspiró profundamente con los azules ojos llenos de adoración y salió de la recamara de Demetrius.

 

“Mañana en la noche Hermia, mañana en la noche sabrás que no podrás escapar de tu destino.”  Murmuró con ira mientras se limpiaba los labios con el dorso de la mano.

 

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“Hermia, apúrate.”  Susurró Lysander extendiendo sus manos para tomar a la pequeña Hermia por la cintura y bajar por la ventana de la habitación.  A punto estaban de bajar por la ventana cuando se escucharon unos toques a la puerta.

 

“¿Hermia?  ¡Hermia!  Soy yo, Demetrius, quiero hablarte un momento.”  La puerta retumbaba mientras los amantes se observaban angustiados.

 

“Ahh... en un momento Demetrius.”  Gritó la joven desde la ventana y se apresuró a bajar con su amado Lysander.

 

Afuera Demetrius ya estaba algo impaciente y luego de llamar varias veces más sin respuesta, abrió la puerta de un empellón.  Buscó frenéticamente toda la habitación hasta que reparó en la ventana abierta.  Al asomarse pudo ver cómo llegaban al suelo ambos amantes.

 

“¡¡Hermia!!”  La joven levantó la vista de inmediato asustada.  “¡¡Hermia!!  Deténte de inmediato!”  Pero Lysander la tomó del brazo y la arrancó de su inercia.  El joven Lysander montó a Hermia en su biciclo y comenzó una loca carrera hacia el bosque que rodeaba la mansión de Teseus.

 

Demetrius dejó escapar un gruñido de frustración mientras comenzaba a bajar por la misma ventana que hacía breves minutos le había servido de escape a los amantes.  Cuando hubo llegado al suelo se dirigió al lugar donde los demás invitados a la mansión habían dejado sus bibiclos, tomó uno y comenzó a perseguirlos sin percatarse de que una esbelta figura lo perseguía a él.

 

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“Ya te dije que seré yo quien cuide del niño huérfano Oberón.  Soy la más indicada para el trabajo.”  Gruñó la Reina de las Hadas.

 

“Pamplinas, yo seré quien lo cuide Titania, acaso no ves que el Rey de las Hadas está mucho más capacitado para criar a este niño?”  Rugió el Rey mientras sus largos cabellos rojos refulgían a la luz de la luna.  La Reina de las Hadas no se quedaba atrás, sus pálidos cabellos como la plata y sus ojos dorados brillaban con furia contenida.

 

Ambos estaban cansados de discutir, especialmente el Rey, por lo que se alejó un poco de la Reina y llamó a uno de sus fieles servidores.

 

“¡Puck!”  De inmediato se hizo espacio entre las hadas para dar paso a una alta y esbelta figura.

 

“Sí majestad.”  Respondió un joven de largos cabellos rubios y facciones élficas con un par de cristalinas alas a sus espaldas.

 

“Quiero que busques la flor a la cual la flecha de cupido golpeó, la trinitaria y me la traigas.”

 

“De inmediato su Majestad.”  Y el fiel servidor partió prontamente.

 

Mientras tanto los amantes se habían adentrando en el bosque.  Era tanto el frenesí con que huían que no se habían percatado de los cientos de luces nocturnas que parecían observarlos al pasar.

 

“Lysander, apenas se puede ver el camino, tenemos que detenernos.”  Exclamó exhausta Hermia.

 

“Tienes razón amor, nos detendremos aquí y pasaremos la noche, luego en la mañana, continuaremos nuestra huida.”

 

Las luces titilaron mientras los amantes hacían arreglos para pasar la noche en ese lugar.  No muy lejos de allí, otra escena se recreaba.

 

“¡Maldición!  Ya está demasiado osbscuro para continuar.”  Un leve crujir de hojas atrajo su atención y vio acercarse por el sendero una figura en biciclo.  “¿Quién anda ahí?”  Rugió amenazador.

 

“Lo siento joven Demetrius, yo... yo sólo...”  Dijo la joven bajando de la biciclo y observando horrorizada el gesto de furia contenida que mostraba Demetrius.

 

“Eres como una pesadilla Helena, ¿por qué me persigues todo el tiempo?”  Le gritó enojado.

 

“Pero joven Demetrius, por favor, perdóneme mi atrevimiento.”

 

“Ahora me atrasarás y no podré darle alcance a Hermia.  ¿En qué estabas pensando?  Eres una tonta.”  Volvió a rugir.

 

Las lucecitas vieron cómo Demetrius se disponía a pasar la noche en el bosque y la pobre de Helena era víctima de las furiosas palabras del joven.

 

Cuando el sirviente de Oberón regresó con las flores de trinitaria ante su señor, Oberón ya conocía la historia de los amantes en el bosque.

 

“Puck, te diré lo que vamos a hacer.”  Le dijo Oberón con una amplia sonrisa.  “Estruja la flor de la trinitaria, colecta el extracto y tráelo..”

 

“¿Y para qué su Majestad?”

 

“Cuando aplique el perfume de la trinitaria en los ojos de Titania, ella se enamorará del primero que vea al despertar y por supuesto, ese seré yo.”

 

“Ohh...”

 

“Luego quiero que vayas al bosque y busques al joven Demetrius y apliques en sus ojos el perfume de la trinitaria.  Así, cuando Demetrius despierte y vea a Helena, éste quedará prendado de ella irremediablemente y el problema de Hermia y Lysander estará resuelto.”  Los cerúleos ojos de Puck se iluminaron y sus alitas tintinearon alegremente.  Con una corta reverencia se retiró y se dispuso a cumplir las órdenes del Rey.

 

Titania regresaba de la cacería en el bosque y sintiéndose muy cansada decidió echarse a dormir.  No habían pasado unos minutos cuando había quedado profundamente dormida.  Oberón se acercó cautelosamente y cubrió los ojos de la Reina con el perfume de la trinitaria.

 

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El joven Lysander dormía un poco alejado de Hermia porque ella misma se lo había pedido y él no quiso contradecirla.  Silenciosamente y casi sin tocar el suelo, Puck se acercó y lo observó unos segundos.

 

“Este debe ser el joven Demetrius, si fuera el joven Lysander estaría dormido justo al lado de su amada.”  Y acto seguido, embadurnó los ojos del joven Lysander con el perfume de la trinitaria.  “Listo, ahora cuando Demetrius despierte y vea a la joven Helena se enamorará perdidamente de ella.”  Y rapidamente desapareció en el bosque.

 

La joven Helena no podía dormir, pensaba en la forma de congraciarse con Demetrius y que este finalmente le ofreciera un poco de su amor.

 

“Si logro detener a Helena, Demetrius estará muy complacido conmigo.”  Razonó y acto seguido se adentró en el bosque en busca de la pareja fugitiva.  No bien había caminado unos pasos cuando pudo ver una figura tendida en el suelo.

 

“¿Hermia?”  Llamó indecisa.  Al acercarse pudo ver que no era la joven Hermia, sino el joven Lysander.  “Por todos los dioses, ¡es el joven Lysander!”  Exclamó temerosa.  “Parece que está herido.”  Y sin pensarlo dos veces se acercó a la figura dormida de Lysander.

 

“Joven Lysander, joven Lysander, despierte por favor.”  Lo llamó angustiada.  Finalmente Lysander comenzó a despertar y en el momento en que sus azules pupilas distinguieron a la hermosa Hermia quedó prendado de ella de inmediato.

 

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Un grupo de campesinos se había acercado al bosque.  Tenían intenciones de practicar una obra que representarían durante la boda de Teseus e Hipolyta.  Eran el panadero, el herrero, el hilandero y dos leñadores.  Todo iba a pedir de boca hasta que decidieron tomar un breve descanso.

 

Nick, el hilandero, se alejó un poco del grupo con la intención de practicar mejor su parte, aunque no había necesidad, él sabía hasta las partes de sus compañeros y las practicaba también.  Su corazón se emocionaba con cada actuación que a él le parecía en extremo brillante.  Desafortunadamente, Puck se había detenido a observarlos en su camino de regreso al Rey Oberón.  El joven de rubios cabellos lo observaba con interés y se reia a ratos con las caracterizaciones.  Sin embargo, siendo lo que era, un elfo del bosque, Puck no pudo resistir la tentación de jugarle una broma al aprendiz de actor.

 

Ayudado por las hadas, Puck consiguió ponerle a Nick una cabeza de burro y poco a poco lo fue alejando del grupo de actores, haciendo que se adentrara en el bosque.  Habiendose divertido a costa del actor, Puck lo abandona en el bosque, seguro de que encontrará el camino de regreso a sus compañeros.  Lo que no podía imaginar el sirviente de Oberón es que Nick, en su camino, se encontraría nada mas y nada menos que a la misma Titania, dormida sobre las pieles de los animales.

 

Justo en esos momentos, Titania despertó y, como era de suponer y con el perfume de la trinitaria en sus ojos, quedó perdidamente enamorada de Nick, el hilandero.

 

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“Joven Lysander... ¿qué le sucede?”

 

“Helena, eres tan hermosa.”  Suspiró el joven.

 

“¿Pero no está usted enamorado de la joven Hermia?”

 

“Sólo tengo ojos para ti Helena, hermosa Helena.”

 

Justo en esos momentos apareció Demetrius y la escena no se hizo esperar.  Un muy confundido Lysander comenzó a defender su amor por Helena mientras Hermia lloraba y Helena trataba de alejarse del pegajoso amante.  Demetrius ya estaba enojado y se formó una especie de pelea en la que Hermia perseguía a Lysander, quien perseguía a Helena, quien perseguía a Demetrius, quien perseguía a Hermia.

 

La discusión llegá hasta los pies mismos de Oberón, quien decidió detener la pelea y separar a Lysander y a Demetrius con una treta.  Gracias a la ingeniosa treta, ambos jovenes se pierden en el bosque.

 

Hermia y Helena se consolaron mutuamente en su mal de amores mientras una muy enamorada Titania pasó de brazos de Nick el hilandero.  Oberón, viendo a la Reina de brazos del campesino, decide utilizar el antídoto para el perfume de la flor de trinitaria.

 

“Puck, esta vez no te equivoques, coloca el perfume de la flor de la trinitaria en los ojos de Demetrius, yo me encargaré de Lysander y de Titania.”  El fiel sirviente se internó en el bosque en busca de Demetrius.

 

Cuando Puck encontró a Demetrius, este yacía en el suelo agotado por el cansancio.  Sin perder tiempo el sirviente de Oberón untó en los ojos del joven Demetrius el perfume de la flor de trinitaria.

 

Oberón por su parte, alcanzó a descubrir a Lysander, también agotado dormido al lado de un tronco.  Rapidamente untó los ojos de Lysander con el antídoto y se preparó para hacer lo propio con los ojos de Titania.

 

Cuando finalmente Lysander despertó fue en busca de Hermia.  Helena estaba agradecida de que ya Lysander no la persiguiera, pero comenzó a preocuparse por Demetrius, quien aún no aparecía.  Sin poder aguantar más, salió en busca del joven.

 

Helena encontró a Demetrius dormido y lo despertó suavemente.  Cuando el joven Demetrius despertó, quedó perdidamente enamorado de Helena.

 

Finalmente todo resuelto, los amantes reunidos con sus correspondientes parejas, el cuarteto salió del bosque y regresó a la casa de Teseus, donde el padre de Hermia le permitió casarse con Lysander al ver que el joven Demetrius sólo tenía ojos para Helena.

 

Un estruendoso aplauso se escuchó por toda la *mansión* de Teseus y todas las hadas, duendes, Rey y Reina, Lysander, Hermia, Demetrius, Helena y Puck salieron al frente a recibir la ovación.

 

Cuando finalmente cayeron las cortinas, todos los actores sonreian complacidos.

 

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Esa noche, en el camerino de *Puck*, o mejor dicho... Gourry Gabriev, se escuchaban unos lastimosos quejidos.

 

“Lina, me pica mucho.”  Gimió el rubio.

 

“No te toques la cara Gourry, espera a que el hechizo haga efecto.”  Le reprochó Lina mientras limpiaba cuidadosamente los restos de maquillaje que el rubio aún tenía en el rostro.  “Además, quiero felicitarte Gourry, recordaste todas tus líneas.”  Gritó Lina jubilosa.

 

“¿En serio Lina?”

 

“Sí, además cantaste muy bien.”  Le dijo dándole un beso en la nariz con lo cual el rubio se puso todo colorado y comenzó a reirse nerviosamente.

 

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Zelgadis caminó con paso seguro por el amplio pasillo del teatro donde acababan de presentarse.  Pasó varios camerinos y en el camino se tropezó con algunos actores del elenco de las hadas.  La obra Sueño de una Noche de Verano había sido escogida para inaugurar el Teatro Real de las Artes en Seiryuun.

 

Había toda clase de personajes extraños, bueno, no tan extraños si consideramos que hablamos del mundo de Slayers.

 

Una hermosa chica quimera, vestida de hada, pasó al lado de Zelgadis dándole una mirada muy sugestiva, mientras tras ella pasaban unas gemelas de blanco pelaje y expresivos ojos azules.  Las siamesas de Felius, dos preciosas gatitas blancas con voces angelicales que habían hecho las veces de doncellas para la Reina Titania.  Zelgadis tragó en seco y puso todo su empeño en no seguir con la mirada los sinuosos movimientos de las felinas.  Sin quererlo estrujó la nota que llevaba en la mano.

 

Al percatarse de lo que hacía, se compuso y con cuidado trató de alisar el papel.

 

“Yare, yare, Zel-kun, ¿qué es lo que cuidas con tanto esmero?”  Zelgadis pegó un brinco al escuchar la inconfundible voz de Xellos.

 

“Nada que te importe, ahora déjame tranquilo.”  Gruñó intranquilo.

 

“Qué temperamento, Zelgadis-san.  Cualquiera pensaría que estarías más animado luego de haber tenido la oportunidad de besar a la pequeña princesita tantas veces en una sola noche.”  Musitó con picardía el sacerdote.  Zelgadis no tardó en ponerse tan rojo como un tomate maduro.  “El personaje de Lysander tuvo sus ventajas, ne?”

 

“Maldito mazoku, ya verás cuando te ponga las manos encima.”  Rugió Zelgadis furioso tratando de alcanzar al evasivo sacerdote quien comenzó a reir como tonto mientras lo esquivaba.  Finalmente Xellos se dejó alcanzar y Zelgadis lo tomó por el frente de la capa y lo empujó fuertemente contra la puerta de uno de los camerinos.

 

“Esta va a ser la última vez que te burles de mi demonio.”  Masculló la quimera entre dientes pero antes que pudiera siquiera reaccionar, la puerta del camerino se abrió y ambos cayeron al suelo en un revoltijo de capas y brazos.

 

“¿Zelgadis-san?  ¿Xellos-san?”  Preguntó la princesa confundida.

 

“Ahh, princesa, disculpe a Zelgadis, que estaba tan emocionado por venir a felicitarla en su papel de Hermia que no pudo esperar a tocar la puerta como es correcto.”  Sonrió el sacerdote.  Amelia sonrió.

 

“Señor Xellos, usted también estuvo muy bien en su papel de Demetrius, muy en carácter.  Y Zelgadis-san estuvo perfecto...”  Dijo sonrojándose un poco.  Zelgadis pudo levantarse finalmente del suelo y estaba a punto de golpear a Xellos cuando Amelia divisó en sus manos el papel que hacía unos momentos había vuelto a arrugar.

 

“¿Zelgadis-san?  ¿Esa carta es para mí?”  Dijo algo confundida.

“Pues... yo...”  La quimera apenas podía hablar.

 

“Lamento tener que despedirme, pero me pareció escuchar que llamaban mi nombre en otro lugar.”  Y diciéndo esto el sacerdote desapareció.

 

La princesa lo observó unos minutos y finalmente habló.

 

“Has sido tú todo el tiempo cierto?  El que me ha estado enviando esas hermosas cartas?”  Dijo algo emocionada.  Zelgadis se tornó de todos los colores rojos, naranjas y púrpuras que la gama de su piel le permitía hasta que finalmente asintió tímidamente.

 

“Zelgadis-san!”  Exclamó la princesa con una enorme sonrisa.  Y lo tomó de la mano no sin antes cerrar la puerta del camerino.

 

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Xellos apareció en el camarote de Filia justo en el momento en que se estaba cambiando las ropas con las que había caracterizado a Helena en la obra.

 

“Ahhhh, namagomi pervertido!”  Chilló enojada.

 

“Yare, yare querida Filia, no sabía que me extrañaras tanto, si hace apenas unos momentos que estuvimos juntos.”  Le sonrió el demonio.

 

“Sal de mi camerino.”  Le dijo apenas conteniéndose.

 

“Pero Filia, tengo que hacerte una pregunta.”  Le dijo con seriedad el demonio.  Filia suspiró y contó hasta diez, le echó un vistazo y contó hasta veinte.

 

“Bien namagomi, ¿qué quieres?”  Al escuchar nuevamente el odiado apelativo Xellos no pudo evitar crisparse un poco, cosa que satisfizo en parte a la dragona.

 

“Vamos Filia, no es agradable que me digas de nombres.”  Murmuró un tanto desconcertado.

 

“Ahh, Xellos, déjate de tantas vueltas y dime qué es lo que quieres.”  Gimió cansada.

 

“Pues verás, querida Filia, es que tengo dudas con respecto a la última escena entre Helena y Demetrius.”  Dijo el demonio caminando alegremente por el camerino.

 

“¿Qué clase de dudas?”  A estas alturas Xellos se había acomodado felizmente en el diván.

 

“Es con respecto a los besos...”  Filia se volteó de inmediato con expresión arisca pero el demonio la ignoró y continuó.  “No tengo problemas con el primer beso, al personaje no tiene por qué gustarle, no es como si Demetrius amara a Helena.”  Un sonido de sarcasmo escapó de los labios de Filia.

“Para mí estuvo perfecto, es como el beso traicionero que cualquier demonio usaría para recompensar a los que se dejan utilizar.”

 

“¡Exacto!”  Exclamó el sacerdote enderezándose en el diván y Filia apenas pudo contener el susto que le provocó la exclamación del demonio.  “A un demonio no tiene por qué gustarle el beso de una sacerdotiza de Ceified.”  Sonrió.

 

“¿Cuál es tu punto entonces?”  Gruñó enojada.

 

“Es el segundo beso, Fi-chan.”  Le dijo moviéndo el dedo en aquel gesto tan suyo.  “Se supone que Helena está enamorada de Demetrius, pero ¿Demetrius está qué?, bajo un hechizo.  ¿Cómo se supone que se den un beso de amor si es sólo una ilusión?”

 

“No pensé que fueras a tener tantos problemas por una tontería.”  Murmuró Filia con desinterés mientras procedía a quitarse los numerosos adornos que mantenían su peinado.

 

“Pensé que quizás podriamos darle algo más de substancia en nuestra próxima presentación.”  Dijo Xellos levantándose y acercándose por la espalda a la rubia.  “Permíteme.”  Y sin darle tiempo a protestar comenzó a quitar él mismo los adornos, con tanto cuidado que Filia tuvo que fijarse bien en el espejo para saber que realmente la estaba ayudando.

 

“Es sólo una representación y lo que importa es cantar Xellos, nadie le está prestando atención a un simple beso.”  Replicó mientras continuaba viendo la imagen en el espejo.

 

“Pero Filia, pensé que te importaba la actuación.”  Dijo divertido y Filia no se dignó a responderle.

 

“¿Qué te parece si sólo por esta vez dejas de ser la dragona labios de lagartija, molesta y aburrida y complaces a este pobre demonio que simplemente quiere mejorar su actuación?”  Cuando Xellos levantó la vista al espejo que tenía de frente, una muy furiosa Filia lo observaba con expresión asesina.  “Aunque pensándolo bien, tal vez sería mejor dejarlo todo como está, ne?”  Dijo algo decepcionado mientras una gotita de sudor le bajaba por la nuca.  “Pero me hubiera gustado mucho si hubieramos podido practicar...”  Volvió a sonreir esperanzado.  “Aunque quizás es sólo que no puedes mejorar la escena y...”  Xellos no pudo continuar hablando porque Filia se levantó con el rostro muy rojo.

 

“¿Cómo que no puedo mejorarlo?”  Rugió la dragona.

 

“Pues es obvio que le tienes algo de miedo a la escena...”

 

“Yo no le tengo miedo a ninguna escena Xellos Metallium!!”  Dos blancos colmillos se asomaban en la feroz expresión que torcía el rostro de la rubia.

 

“¿Eso quiere decir que vamos a practicar el beso?”  Filia le señaló con el dedo el lugar donde debía pararse frente a ella y Xellos no se hizo esperar.  Filia cerró los ojos y esperó.

“Ne, Fi-chan, ¿por qué te arrugas?”  Le preguntó curioso.

 

“Baka, se supone que eres tú quien me besa.”  Gruñó entre dientes.

 

“Bien, pero no te arruges tanto.  Relájate un poco Fi-chan.”  Sugirió divertido.

 

“No me llames Fi-chan.”  Contestó entre dientes.

 

“Shhh!!  No hables, sólo relájate.”  Gimió exasperado el demonio.  Xellos la vio desarrugar los ojos y la boca.  “Relájate un poco más Filia, piensa en algo bonito.”  La vio entonces suavizar los labios y finalmente una leve sonrisa fue trepando a su boca.  Xellos se acercó un poco y Filia cerró los ojos, se detuvo un momento y aspiró el perfume de Filia, entreabriendo los labios y juntándolos con los que se ofrecían frente a sí.

 

Era apenas un roce, una caricia aspirando a beso.  Por unos instantes se mantuvieron unidos en aquel cálido toque, sin moverse, hasta que finalmente Xellos se apartó levemente.

 

“¿Crees que así está bien?”  Susurró el demonio cerrándo los ojos.  Justo en ese momento Filia abrió los suyos y lo vio frente a sí, con aquella expresión extasiada y tan serena que sintió su mente ofuscarse unos segundos.

 

“No... creo que podría ser mejor así...”  Y fue Filia quien se acercó esta vez, uniéndo su boca con aquella otra en un beso levemente más profundo.  Los labios de Xellos se abrieron para ella en muda invitación que no pudo rechazar.  Cuando finalmente se separaron a tomar aire ambos tenían las mejillas levemente sonrojadas y en sus miradas una lucecilla extraña.

 

“Creo que voy a aceptar tu sugerencia Fi-chan.”  Susurró cerrándo nuevamente los ojos y tomando una profunda respiración como si tratara de calmarse.

 

Una fuerte explosión interrumpió la *práctica* y ambos corrieron a la puerta del camerino.  La escena hizo que Xellos se pusiera rojo de la verguenza y Filia sonriera con malicia.

 

“¡Gaarv!  ¡¡Esta es la última vez que me dejo convencer para estar contigo en una obra importante!!”  Rugió Zellas a todo pulmón mientras se dirigía con paso furioso pasillo abajo seguida muy de cerca por cierto Señor Obscuro de rojos cabellos.

 

“Eres muy salvaje sabes, me encantan las fierecillas.”  Rió el imponente pelirojo con una voz profunda que hizo retumbar el pasillo.

 

“No soy una fierecilla, soy EL AMA DE LAS BESTIAS.”  Rugió Zellas en su propio grito de batalla.

 

“Entonces no te molestará ser el Ama de esta bestia.”  Sugirió pícaramente Gaarv.

 

“¡¡BAKA NO HENTAI!!”  Gruñó furiosa.  “Además, no te lo mereces.”  Y diciéndo esto Zellas entró a su camerino y azotó la puerta.  El Señor Obscuro no se intimidó y sonrió ampliamente hacia Xellos y Filia.

 

“Sólo se hace la dificil.”  Y se arregló la capa que Zellas previamente había descuartizado sobre su cuerpo.  “Mañana será otro día... y otra función, es de suponer que está nerviosa por ser su primera presentación.”  Y sin más, se alejó muy tranquilamente en dirección a su camerino.

 

Filia simplemente sonrió y se percató que Xellos todavía estaba completamente rojo y murmuraba por lo bajo algunas frases incoherentes que se escuchaban más como gemidos de disgusto.  Voltéandose hacia el sacerdote quitó las manos enguantadas de su rostro y capturó los murmurantes labios silenciándolo de inmediato.

 

“¿En qué nos habíamos quedado?”  Preguntó con aparente inocencia cuando terminó el beso y arrastró tras de sí a un Xellos algo mareado mientras cerraba la puerta.

 

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Owari

 

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Fue diferente e interesante.  Se cuidan todos y gracias por leer.

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