IN THE (RED) CLOSET

 

 Un FanFic de Slayers, por Raven 

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**Respuesta al reto de noviembre de 2003In the Closet”, de El Altar de Zeros.

= Prohibida su publicación en cualquier otra página = 

 

 

 

- ¡¡¡BOLA  DE  FUEGO!!!

Una súbita explosión surgió en medio de un bucólico bosque, rompiendo la paz que se respiraba en el ambiente. Asustados, los pájaros salieron volando cono alma que se lleva Shabranigudu. En el borde mismo de la explosión se encontraban dos personas, dos jóvenes: una mujer y un hombre. La mujer era bajita y pelirroja, con unos ojos grandes y vivos y una larga melena. El hombre era alto, rubio, y en estos momentos parecía estar bastante azorado, pues un gigantesco goterón de sudor corría por su frente.

- ¡Bien! ¡Eso os enseñará a no meteros con los defectos de una dama, malditos bandidos!

- No creo que te oigan, Reena...

Tal mencionado “defecto” era el poco desarrollo que había sufrido el busto de Reena, que era la joven hechicera que acababa de freír a la infortunada banda de bandidos. En otras palabras, que según su compañero Gaudy, el joven espadachín que la acompañaba, “estaba más plana que una pared”. Esto acomplejaba mucho a Reena, y a la más mínima mención de ello, el pobre infortunado que había abierto su boca recibía como mínimo una sonora bofetada. Y el “pobre infortunado” solía ser Gaudy. O unos bandidos, como es este caso.

Súbitamente, sonó un *plop*. Una esfera de color rosa apareció cerca de la pareja y se dirigió hacia Reena.

- Oye, Reena, ¿eso qué es?

- Es una ameba. Es un método de transporte entre hechiceros, aunque actualmente no es muy usado. Sirve para transportar personas o cosas.

- Ah... ¿Se come?

- ¡Pero mira que puedes llegar a ser burro! ¡No, no se come! ¡Y parece que trae algo!

El pequeño globo rosa dejó caer a los pies de Reena una pequeña carta, y después, desapareció tan rápido como había llegado. Reena la abrió con curiosidad:

 

“Estimados Srta. Inverse y Sr. Gabriev:

Tenemos el placer de comunicarles que han sido invitados a la fiesta de Halloween que se realizará en la casa Magnus de Atlas City el día 1 de Noviembre a las 12 de la noche. Por favor, sean puntuales. El uso de disfraz es opcional.

 

Gracias”.

 

Reena se quedó extrañada. No había ni remite, ni sello, ni nada de nada. Lo único que podría dar una pista es el color de la ameba: rosa, al igual que su (vergonzoso) rango de la Escuela de Hechiceros de Atlas (dios, todavía podía oír las carcajadas de Luna en su cabeza cuando lo dijo en casa). Así que bien podría ser de la Asociación de Hechiceros de Atlas. Sin embargo, la carta no era sólo para ella, son que también era para Gaudy. ¿Desde cuándo esos viejos setones de la Asociación sabían que viajaba con Gaudy? Además, jamás le habían invitado a ninguna parte... La verdad es que la única manera de enterarse era yendo.

En ese momento se dio cuenta de que Gaudy estaba leyendo la carta por encima de su hombro. Estaba pegado a ella. Muy pegado. Y eso incomodaba a Reena. Y cuando Reena se incomodaba...

-¡PAAAFFF!

- ¡Ay! ¿Por qué me has pegado, Reena?

- ¡¿NO TE HAN DICHO QUE ES DE MALA EDUCACIÓN LEER LA CORRESPONDENCIA POR ENCIMA DEL HOMBRO?!

- ¡Pero Reena, si la carta era para los dos!

- ¡No importa! ¡La estaba leyendo yo primero!

- ¿Iremos?

La pregunta le pilló por sorpresa. La verdad es que no sabía qué contestar.

- ¿Tú que opinas?- le preguntó Reena.

- Bueno, es una  fiesta, así que eso significa...

Una palabra cruzó sus mentes al mismo tiempo.

COMIDA.

- ¡Muy bien, decidido!- saltó Reena- ¡Hacia Atlas City!

- ¡Si!

Ambos prosiguieron la marcha. Reena tuvo que reconocer que de vez en cuando su compañero tenía buenas ideas.

 

**********

 

En Saillune, una muchacha suspiraba. Estaba firmando el centésimo (por lo menos) tríptico que requería de su firma en lo que llevaba de día. Sus cabellos negros se mecían con la ligera brisa matinal y sus grandes ojos color zafiro se cerraban con aburrimiento. La muchacha era nada menos que Amelia Wil Tesla Saillune, princesa de Saillune, sacerdotisa y heredera al trono, antigua compañera de aventuras de Reena y Gaudy. En estos momentos estaba realizándolo que se solía llamar, con mucha solemnidad: “los deberes de una princesa para con su pueblo”.

Es decir: aburrido papeleo.

Amelia volvió a suspirar. Deseaba con toda su alma volver a tener aventuras con el grupo: Reena, Gaudy, Zeros (sí, en esos momentos se habría alegrado de ver hasta a ese demonio), Filia,... Zelgadiss... Por la razón que fuera, el deseo de ver a Zelgadiss era mucho mayor que el de ver al resto del grupo. Pero no podía hacerlo, primero porque no desconocía dónde estaban, y segundo porque tenía que realizar todo este inútil papeleo. Inútil. ¡Inútil!. ¿Acaso cuando Estrella Oscura quiso destruir el mundo tuvo que rellenar y firmar el prospecto ZXCV- 148 para la Invasión de este Mundo por Entidades Extraplanares?

Obviamente no recibió respuesta alguna. Suspiró por tercera vez y siguió trabajando. Al rato (no se podía decir cuánto; al cabo del tiempo se acababa por perder la noción del tiempo), sonó un *plop*. Amelia se giró, y vio una esfera rosa que dejó caer una carta sobre la mesa. La abrió. Contenía lo mismo que la carta dirigida a Reena y Gaudy: una invitación para Halloween. En el mismo sitio. El mismo día. A la misma hora.

Amelia pensó en ir. Últimamente no había hecho nada más que trabajar, así que un poco de distracción no le vendría mal. Se lo preguntaría a su padre. Posiblemente, le dejaría ir, porque su padre era un buenazo con ella. Y si no, siempre quedaba el recurso de poner carita de cordero degollado.

Pero esta vez se aseguraría que no le asignaran ninguna escolta.

 

**********

 

Un hombre se encontraba rodeado por bandidos en la frontera de Zoana. Su cara y manos estaban totalmente tapados por un vestido color beige, aunque los resquicios dejaban traslucir un tono ligeramente verdeazulado. El color de un golem. Aunque su cuerpo no solo estaba compuesto de sangre de golem, sin también de demonio brownie, y de lo que le quedaba de su sangre humana. Era una quimera A pesar de encontrarse en una situación tan precaria, no parecía intimidado en absoluto. Más bien se diría que parecía bastante tranquilo.

- ¡Muy bien, chico!- le dijo el que parecía el líder- ¡Danos todo lo que tengas y no te haremos nada! O al menos, no te haremos demasiado...

Un ladrón bajito y cabizbajo emitió una risita como de rata. Zelgadiss, que así se llamaba el hombre, suspiró. Eso era exactamente lo que eran: ratas. Ratas humanas. Se alimentaban de los restos de la gente, y había muchas. Sin embargo, al igual que las ratas, eran fáciles de eliminar.

- Quitaos de en medio y nadie saldrá herido.

- ¡Vaya, nos ha salido valiente el chaval!- ladró el jefe- Correspondámosle como se merece.

Los ladrones se acercaron a él como unas anchas sonrisas en sus caras. Iba a haber pelea, después de todo.

Sonó un *plop*. Los ladrones se giraron alarmados. Esa era la oportunidad que necesitaba. Antes de que la carta que la ameba dejó caer tocara el suelo, los ladrones ya estaban muertos.

Zelgadiss tomó extrañado la carta Iba dirigida para él. La abrió y leyó su contenido. Un extraño impulso recorrió su cuerpo y su mente. Un pensamiento cruzó por la cabeza de la quimera y, en ese momento, se dio la vuelta y volvió por donde había venido.

El pensamiento era “Por qué no”.

 

**********

 

En el pequeño pueblo de Darien, la vendedora de jarrones local, Filia Ul Copt, dragona dorada y ex sacerdotisa del Templo del Dios Dragón de Fuego, estaba regañando a su hijo Val

- ¡Val! ¡Cuántas veces te he dicho que no toques los jarrones! ¡Ya has vuelto a romper otro!

- Lo siento, mamá- le contestó el pequeño dragoncito entre sollozos- Yo solo quería ayudarte...

Filia, al verlo tan apenado, le sonrió con dulzura y lo cogió en brazos. La verdad es que el jarrón tampoco le importaba tanto como para armar una escena en casa. Val simplemente había intentado hacer lo que todo hijo intenta con su madre: complacerla.

- Bueno, cariño, no llores. Simplemente la próxima vez intenta tratarlos con más cuidado.

- De acuerdo, mamá- El niño paró de llorar casi al instante.

- Anda, ve a jugar con tus amigos.

- ¡Si, mamá!

Filia observó cómo se dirigía hacia la fuente del pueblo con ternura. Era su angelito, a quien más quería en el mundo. Sin embargo, ya le había roto tres jarrones en lo que llevaba de mes. A este paso, iba a quedarse en número rojos antes de lo que cantaba un gallo.

Se adentró en la tienda y se preparó un té en la cocinilla de la trastienda. Filia era una hermosa mujer, de eso no cabía duda. De largos cabellos rubios, ojos azules y piel pálida, no parecía, sin embargo, estar pasando una buena temporada. Intentaba saborear el silencio, sólo roto por el delicado frufrú que producían sus blancas ropas de sacerdotisa (de ex sacerdotisa, se obligó a recordar), que reinaba en la trastienda y que, desgraciadamente, no se daba muy a menudo. La verdad es que estaba al borde de un ataque de nervios. Primero el cuidado de la tienda. Luego el cuidado de Val. Y además en los últimos meses ese maldito demonio namagomi había estado rondando su casa con Ceiphied sabe qué propósitos. Por ahora solo se había dedicado a molestar, pero nadie sabía qué podía pasarse por esa retorcida mente...

Lo que de verdad necesitaba eran unas vacaciones, pasar un tiempecito fuera de casa, unos días tal vez. Jiras y Gurabos se podrían encargar de Val y de la tienda, y ella podría ir a algún balneario a calmar sus nervios.

Mientras estaba inmersa en estos pensamientos, un *plop* sonó en la tienda.

 

**********

 

En Wolf Pack Island, los lobos aullaban a la luna. No era nada extraño si tenemos en cuenta que grandes manadas de feroces lobos negros constituyen su única fauna autóctona. Por ello era el lugar indicado para que Zellas Metallium, el Ama de las Bestias y una de los 5 Dark Lords de los demonios hubiera emplazado su hogar. En ese mismo instante, su general y sacerdote en jefe, Zeros Metallium le estaba informando de su última misión, la destrucción de una pequeña aldea en la frontera de Ralteague para provocar la guerra entre ese reino y la Unión de Estados Costeros. La verdad es que Zeros no daba la impresión de ser un demonio. De cara alegre y pelo violeta, vestía ropas sacerdotales y portaba un báculo con una joya escarlata incrustada. Una característica suya eran sus ojos, permanentemente cerrados. Cualquiera que lo viera, jamás pensaría que tal persona fuera en absoluto malvada. Sin embargo, quienes realmente lo conocían tenían una opinión muy distinta de él.

- ... y tras arrasar la aldea y matar a sus ocupantes, dejé un par de armas de las tropas de la Unión (no muy escondidas, pero tampoco muy a la vista), como si se les hubieran caído durante la lucha.

- Perfecto, querido. Si se produce la guerra (y eso es algo de lo que nos vamos a asegurar), creará suficiente caos en la zona como para que creemos una cabeza de puente en la zona sin que nadie se diera cuenta, lo que nos daría ventaja frente a esos inútiles de Dynast y Dolphin.

- Mi señora, me permití la libertad de crear un pequeño espectáculo con algunos de los cadáveres, para que el mensaje fuera un poco más claro para cuando las tropas de Ralteague encuentren la aldea.

- ¿Sí? ¿Qué hiciste, Zeros?

Zeros se lo contó.

- ¡Ja, ja! ¡Muy buena, Zeros, querido! ¡Me gustaría ver sus caras cuando los encuentren! Esta vez te has lucido. Tu retorcido sentido del humor hace que muchas veces me sienta orgullosa de ti.

- Gracias, mi señora. Me limito a cumplir vuestras órdenes.

En ese mismo momento, sonó un  *plop*, apareciendo al instante el ya familiar globo rosa, dejando caer a los pies de Zeros una carta. Zeros y Zellas se quedaron de piedra. Su fortaleza no solo estaba protegida por las fieras manadas de lobos y los gruesos muros del castillo, sino por poderosos hechizos mágicos que impedían la entrada a magos decididos. Y ese globo- una “ameba”, creyó recordar Zellas- los había traspasado sin el menor problema. Para ello, tendría que haber sido mandado por alguien excepcionalmente poderoso. Tan poderoso que asustara a la propia Ama de las Bestias.

- Zeros, ábrelo, por favor. Veamos de qué se trata.

- Si mi señora.

Zeros lo hizo, y leyó su contenido.

- Es una invitación para una fiesta de Halloween. Para mí.

- ¡¿Qué?! ¡¿Una invitación?!¡¿Una invitación para una estúpida fiesta de Halloween?! Alguien, sea quien sea, tiene el poder suficiente para atravesar mis defensas mágicas, manda una ameba aquí, ¡¿y lo único que se le ocurre traer es una estúpida invitación de Halloween?! Aquí hay algo que no me huele bien...- El tono de voz de la Dark Lady había bajado hasta convertirse prácticamente en un susurro.

- ¿Qué deberíamos hacer, mi señora?

El Ama de las Bestias pensó durante unos instantes.

- Si queremos saber quién ha mandado esta carta, deberás ir a ese sitio. No intervengas en nada de lo que ahí ocurra; limítate a observar. Quiero que me informes de todo lo que allí veas: quién ha mandado la carta, cuáles son sus intenciones, todo. Absolutamente todo.

- ¿Disimulo haciendo como que soy un sacerdote de Ceiphied, o me muestro abiertamente como demonio?

- Sea quien sea, ha mandado la carta aquí, por lo que se supone que conoce tu naturaleza demoníaca. Muéstrate como lo que eres, pero recuerda, nada de destrucción en masa. Sé un simple observador. Si te ves obligado a utilizar tus poderes, no te pases y arrases el lugar.

- Así lo haré, mi señora.

- Ve, querido. Y ten cuidado; me costaría mucho volver a encontrar a un sirviente tan eficiente como tú.

- ¡No os preocupéis, mi señora!- le contestó Zeros con su habitual sonrisa.- Ya sabéis que no se me derrota así como así.  

- Ya lo sé. Pero aún así, ten cuidado.

Zeros desapareció instantáneamente de la habitación, pero su sonrisa pareció quedar en el aire unos segundos después de la desaparición. Tras él, dejaba a una Ama de las Bestias preocupada y pensativa.

 

**********

 

Entonces llegó el día 1. Ninguno de los que recibió la invitación sabía quién más iba a ir a la fiesta. Si lo hubieran sabido posiblemente más de uno no habría ido.

 

**********

 

Un espantoso rugido surgió de las profundidades del bosque que rodeaba a la Casa Magnus. Parecía la clase de sonido producido por un animal herido.

- Reena, tengo hambre.

- ¡CIERRA EL PICO!... ugh.

Otro espantoso rugido surgió del estómago del bosque, pero esta vez provenía del estómago de Reena, no del de Gaudy.

- ¿Falta mucho?

- No, ya llegamos. La casa está... justo aquí.

Ante sus ojos se erigía una sencilla aunque imponente casa de dos pisos. Tenía muchas ventanas, y en las cornisas se posaban, silenciosas y burlonas, multitud de gárgolas. La casa parecía estar hecha toda del mismo material oscuro. Ciertamente no daba buena impresión, pero qué mejor lugar que ese para una fiesta de Halloween.

- Oye, Reena, y ésta casa... ¿por qué se llama la Casa Magnus?

Reena suspiró. Se lo había dicho tres veces durante el camino. Pero con Gaudy no había manera. Ya prácticamente había dejado de esforzarse.

- Como ya te he dicho tres veces antes de ésta, cabeza de medusa, aquí nació y vivió durante los primeros años de su vida Lei Magnus, uno de los mayores hechiceros de todos los tiempos, además de una de las partes en las que Ceiphied, el Rey Dragón de este mundo dividió a Shabranigudú, el Rey Demonio de este mundo.

- Ahhhh...

Traducción: no se había enterado de nada. Reena volvió a suspirar. No sé por qué sigo con este cabeza de serrín, se dijo Reena.  ¡Si yo solo le acompañaba por su espada! A la mínima le abandono. Por supuesto que sí. Si señor. Adiós, Gaudy, hola, futuro. Si, algún día lo haría. Sin embargo, tales palabras perdían consistencia cuando las iba a pronunciar.

Mientras salían del bosque, se dio cuenta de que no estaban solos. Una figura de blanco esperaba enfrente de la casa.

 

Filia se empezaba a hartar de esperar en la puerta de la casa. Casi era la hora y todavía no había venido ningún invitado. Tenía frío, eran las doce de la noche y no podía pensar más que en si Val estaría bien. Ahora ella no estaría para cuidarlo, y aunque Jiras y Gurabos fueran amables, atentos y buenos dependientes, si ese horrible demonio decidía aparecer por aquel entonces... Prefería no pensarlo, porque las imágenes que acudían a su cabeza eran demasiado horripilantes para aguantarlas.

“Filia, tranquilízate. Se supone que estás de vacaciones” Su subconsciente trataba de ayudar, aunque no parecía conseguir el efecto deseado.

Para redondear la noche, vio a una  pareja acercarse. En un principio se alegró, pensando que serían algunos de los otros invitados. Sin embargo, a medida que se acercaban, le empezaban a resultar cada vez más familiares. Cuando al fin los reconoció, su expresión de incredulidad era digna de verse. “No... ellos no, por favor, por favor, por favor, por favor, por favor...” Obviamente sus súplicas no fueron correspondidas, y lo peor de todo es que ellos también parecían haberla reconocido.

- ¡¡¡Filiaaaaaaa!!! ¡¡¡Eoooooo!!! ¡¡¡Holaaaaaaaaaa!!!!

Filia intentó poner una cara lo más amigable posible, aunque de la impresión le resultaba un tanto difícil.

- Ahhh... ¡Hooola, chicos!- exclamó con la voz lo más afectada posible.

- ¡Hola, Filia!- Filia pudo constatar que Reena y Gaudy seguían juntos tras el asunto de Estrella Oscura.

- Pues... ¡Qué cosas, ¿no?! ¡Encontrarnos aquí después de tanto tiempo, ¿no?!

- ¡Pues si! ¡Ya sabes, casualidades de la vida!

- Pues eso... Si, ya se sabe, casualidades de la vida, ja, ja... Supongo que tendréis muchas cosas que hacer... desvalijar bandidos, comer... así que... ¡No os entretengo más!- Filia cruzó mentalmente los dedos para que no se cumpliera la sospecha que se había empezado a formar en su cabeza.

- ¡No, si veníamos aquí! Al parecer nos han invitado a una fiesta de Halloween aquí.

Filia acababa de recibir el equivalente moral de recibir el impacto de uno de sus mazazos.

- Ja, ja... qué cosas... amí también.

La cara de Reena  se iluminó. - ¡Eso es fantástico, Filia! ¡Mira, Gaudy, así tendremos alguien conocido con el que charlar en la fiesta!

- Ehhh, Reena... ¿y esta chica quién es?

Filia y Reena se cayeron de culo al oír al guerrero. La primera reacción de Reena fue la de siempre: agarrar del cuello a Gaudy y empezar a estrujárselo.

- ¡Cerebro de medusa! ¡Ésta es Filia! ¡Recuerda: Estrella Oscura, Valgarv, los dragones dorados!

- Filia, Filia... ¿Pues no era una cocinera?

Nueva caída de culo por parte de nuestra protagonistas.

- ¡¡IDIOTA!! ¡¡NO, NO ES UNA COCINERA!! ¡¡ES FILIA; LA EX SACERDOTISA DEL DIOS DRAGÓN DE FUEGO QUE NOS AYUDÓ CON LO DE ESTRELLA OSCURA!! ¡¡LA DRAGONA!!

- Filia... ¡Ah, claro! ¡Ya me acuerdo! Hola, Filia. ¿Qué tal?

Un gigantesco goterón de sudor recorría la frente de Filia. “Estos no cambian nunca”.

- ¿Qué hacéis aquí?

Una voz había surgido de la espesura. Alarmados se giraron, y vieron a...

- ¡Zelgadiss! ¡Qué alegría verte!

Por la expresión de Zelgadiss, la alegría no parecía recíproca. Filia empezaba a sospechar que las “casualidades” de esta noche no habían acabado. Mientras no apareciera por allí quien ella se sabía...

- Hola, chicos.- dijo sin mucho convencimiento Zelgadiss- ¿Qué hacéis aquí?- repitió.

- Bueno, nos habían invitado a una fiesta y...

Por la expresión de Zelgadiss se podía deducir que él también había sido invitado.

- A mí... también me han invitado.

- ¡Eso es fantástico Zelgadiss! Así podremos ponernos al día sobre nuestras aventuras, y eso...

- Si, si...- La voz de Zelgadiss estaba falta de convicción. Reena no pareció notarlo.

- ¡Qué cosas, ¿no?- El entusiasmo de Reena no parecía tener un límite- ¡Casi se diría que alguien quiere reunir al grupo!

Al sonido de estas palabras, una nueva voz se unió al grupo.

- ¿Chicos?

Todos se giraron. Ameria estaba  en el claro del bosque, con una expresión en su cara entre soñadora y confundida.

- ¡Ameria!

- ¡Reena!

- ¡Ameria!

- ¡Reena!

- ¡Ameria!

- ¡Reena!

- ¡Ameria!

- ¡Reena!

- ¡Ameria!

- ¡Reena!

Y de una forma tan cursi estuvieron un buen rato, antes de echarse a los brazos la una a la otra. Parecía ser la única persona que se alegraba de ver al resto del grupo. Lo propio hizo con Gaudy, pero no con Zelgadiss, con el que se limitó a sonreírle y decirle “Hola, Zelgadiss”, con un subido tono escarlata en la cara. Zelgadiss hizo lo propio, es decir, enrojecer como un tomate.

- Pero, pero... ¿qué hacéis aquí? ¿Cómo...?- Sus ensoñaciones mientras realizaba el eterno papeleo se hacían realidad.

- Nos han invitado a una fiesta de Halloween.

- ¡Genial! ¡A mí también!- La cara de Ameria se iluminó como un árbol de Navidad. Filia esperaba que la noche iba a ser muuuy larga.

- ¡Un momento! Ya sé lo que pasa aquí- exclamó Filia.- ¡Seguro que esto es culpa de ese horrible Namagomi!

- Filia, Zeros no tiene la culpa de todo en este mundo, ¿sabes?- dijo Reena

- ¡Da igual! ¡Seguro que esto sí es culpa suya!

Un gigantesco goterón corría por la frente de la mayoría del grupo.

- Estas obsesionada con Zeros, ¿lo sabías, Filia?- le dijo Ameria.- Cualquiera pensaría que estás enamorada de él...

- ¡Eso no es cierto!- contestó Filia mientras su cara adquiría el aspecto de un tomate maduro.- ¡Yo y ese... ese... demonio! ¡Ja!

- La verdad es que tiene toda la razón, labios de lagartija- Otra voz surgió a sus espaldas (y van...)- A este paso te demandaré por acoso sexual...

El mero sonido de esa voz hizo a Filia adquirir un molesto tic en el ojo. Sus peores imaginaciones se habían hecho realidad.

- Hola, Zeros.- Los saludos del grupo eran bastante fríos. Filia ni siquiera se molestó en saludar.

- Vaya, cualquiera diría que no os alegráis de verme.- Nadie respondió, pero estaba claro que era lo que todo el mundo pensaba.

Una vez pasado el primer trago, Reena preguntó a Zeros en un tono mucho más amigable:

- ¿Qué haces aquí, Zeros?

- Bueno, eso es un... ¡Vale, vale, lo diré!.- Ante la perspectiva de volver a oír su consabido “es un secreto”, Reena amenazó al demonio con una de sus bolas de fuego.- He recibido una invitación a una fiesta de Halloween. Como vosotros, creo observar.

- ¡Eso es estúpido!- gritó Filia.- ¿Quién querría invitar a una fiesta a alguien como tú?

- Alguien con sentido del humor, supongo...

El tic volvió a los ojos de Filia.

Antes de poder contestar como se merecía a ese maldito namagomi, las gruesas puertas de la casa se abrieron con un retumbar sordo. Todos se quedaron impresionados por la oscuridad que impregnaba la casa. Antes de poder reaccionar, una calabaza surgió de las tinieblas. Estaba totalmente envuelta en llamas, y tenía esculpida una malvada sonrisa en su superficie. Soltó una risotada maníaca y se introdujo en las profundidades de la casa.

- ¡Sigamos a la calabaza!- exclamó Reena.

Sabían que era una trampa, pero aún así se pusieron a perseguir la calabaza, adentrándose en la oscuridad.

 

**********

 

La verdad es que la culpa de todo la tuvo Zeros. Mientras exploraban la casa, nadie se había dicho ni una sola palabra. Posiblemente era la impresión de volver a estar juntos. Zeros pensó que nada como una pequeña bromita para romper el hielo. No era muy difícil imaginar a quien escogió como víctima.

- Oye, Filia...

- ¿Qué quieres, maldito namagomi?- Filia no parecía estar de mi buen humor.

- ¿Tu tiara de sacerdotisa tiene patas?

- ¡Qué pregunta más tonta! ¡Por supuesto que mi tiara no tiene patas!

- Ah. Pues entonces, tienes una araña encima. Y una enorme.

Filia miró arriba. Pudo atisbar a ver las patas de una gorda y negra araña.

El grito que dio es mas fácil de imaginar que de describir.

La reacción es más fácil de describir: empezó a sacar su mazo y a golpear a diestro y siniestro con los ojos completamente cerrados y llorosos. Su objetivo era principalmente Zeros (se imaginaba quién había puesto la araña en su cabeza), aunque sin darse cuenta, empezó a acorralar a todo el grupo hacia un armario que se encontraba. Es en esta clase de momentos cuando el destino parece tener mayor sentido del humor. Ameria tropezó en una madera suelta, y  se llevó a parte e sus compañeros con ella al armario. Zeros intentó detener a Filia, tranquilizándola (“oye, Filia, que solo era una broma”). Craso error. En semejante estado de furia berserker, Filia no atendía a razones, así que de un espectacular mazazo, Filia mandó a Zeros volando al armario. Del interior sonó algo parecido a un “ay”, aunque era demasiado poco audible para asegurarlo. Filia, todavía histérica del susto, tropezó con la misma madera con la que había tropezado Ameria mientras seguía dando mazazos en el aire. Y así, todo el grupo fue engullido por las profundidades del armario.

 

**********

 

- ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?

- ¡Dentro de un armario, cerebro de medusa!

- Tranquilidad, tranquilidad.

- ¡La culpa es tuya y de nadie más, namagomi! ¡Si no me hubieras puesto la araña en el pelo...!

- Tranquila, mi querida Filia. Además, no tienes pruebas de que haya sido yo.

- Como si no te conociera.

- ¿Quieren callarse ya? Así no solucionaremos nada.

- Tienes razón, Zelgadiss. Espera, parece que  aclara.

Una tenue luz fue inundando la sala. Vieron que de repente habían cambiado de sitio: habían pasado de estar en un armario de una casa abandonada a estar en una sala rodeada de cortinas de color rojo, con dos cómodos y mullidos sofás y una estatua de mármol. Una suave música de instrumentos de cuerda surgía de algún punto indefinido del lugar.

- ¿Dónde estamos? Esto no parece un armario.

- Ni idea. ¿Creéis que podría ser otra dimensión?

- Reena, tú eres la experta en estos asuntos. ¿Reena? ¿Reena, te pasa algo?

*Ggooogorlll*

- Tengo hambre...

Un gran goterón de sudor recorrió la frente de los allí presentes.

- Ehh, bueno, si salimos de aquí podrás comer lo que quieras.

Todos se volvieron al oír el suave sonido de las cortinas . En la sala apareció un enano vestido de rojo. Se movía de una forma extraña, casi ortopédica. Parecía caminar al revés en vez de caminar normalmente, salvo por el pequeño detalle de que sí caminaba de frente. Era una sensación extraña.

- (Yo SoY el BraZo).

Al hablar, daba la misma sensación: que hablaba al revés, pero que por casualidades de la sincronía espaciotemporal hablaba normalmente.

- Que eres ¿qué?- preguntó Reena.

- (Tú eReS el FuegO).

- Oye, este tipo  es raro. Parece hablar en acertijos.

- (VosoTRos SoIs los InViTados).

- ¡Vaya! Un tipo inteligente- comentó Zeros.

- (¿Buscáis La SalidA?)

- ¡Exacto! ¡Si el bien y la justicia anidan en tu corazón, por favor, ayúdanos!

- Por favor, Ameria, me estás dando dolor de cabeza...

- (La SaliDa estÁ eN VosoTroS).

- ¿ Cómo? Perdone, ¿qué ha dicho?- Filia parecía estar bastante confundida.

- (en Este LugAr siemPrE haY mÚsICa en el AiRE).

En ese momento, el enano se puso a bailar lentamente. La sensación que daba al verlo era que varias personas se desdoblaban en una sola, con sus lentos, extraños y ortopédicos movimientos. Todo en aquella habitación era perturbador.

- Creo que no sacaremos nada más de él. Parece bastante ensimismado.

- Mm. Creo haber oído algo sobre este sitio alguna vez.

- ¿Si? Por favor, Zeros, dínoslo.

- ¿De verdad os vais a fiar de lo que diga ese demonio?

- Filia, no es por nada, pero mi idea de una agradable noche de Halloween no es quedarme en una extraña habitación roja viendo bailar a un enano.

- Bueno, dejad de discutir ya. Di lo que sepas.

- Sólo son rumores, pero al parecer, antes de que Lei Magnus se convirtiera en el Rey Demonio del Norte, contactó con una especie de “espacio” entre dimensiones. Nadie sabe qué vio allí, pero se cuenta que tras su visita, su carácter cambió radicalmente.- Zeros, haciendo gala de su habilidad para contar historias, había dejado pasmados a sus compañeros.

- ¿Quieres decir qué...?

- Exacto. Nosotros estamos en ese “espacio”.

 

Un oneroso silencio cubrió la sala.  El enano seguía bailando mientras nuestros héroes pensaban qué hacer.

- Bueno, es obvio que no encontraremos la salida quedándonos aquí. ¡Vamos!

Cuando Reena se intentó mover, vio que sus pies se elevaban con calculada lentitud. Parecía estar atravesando una capa de agua. No estaba segura, pero le parecía haber visto su pierna desde diferentes ángulos a la vez

- ¿Qué... qué me pasa?

- (AquÍ LaS coSAs son DiFErenTes).

El enano había dejado de bailar. Se encontraba en el centro de la sala, totalmente erguido. Su figura se empezaba a hacer neblinosa, hasta que finalmente desapareció. Al desaparecer, la gravedad volvió a su estado normal y Reena se desequilibró, cayendo al suelo.

- ¡Reena! ¿Estás bien?- Gaudy se lanzó a por ella.

- Si...- Ver la cara de Gaudy tan cerca de la suya  le incomodaba sobremanera, así que se levantó, rápidamente.

- Bueno, ¿qué hacemos?- El que había hablado ahora era Zelgadiss.

Antes de que nadie pudiera contestar, unas rosas aparecieron flotando en el centro de la habitación. Había seis rosas: una de color naranja, otra azul, otra verde, otra rosa, otra negra y una última dorada.

- ¿Pero qué...?

Sin dejar tiempo a Zelgadiss  para acabar la frase, las rosas fueron enroscándose por parejas: la naranja con la azul, la verde con la rosa, y la negra con la dorada. Se fundieron formando una sola rosa bicolor. Inmediatamente después, esas rosas bicolores fueron multiplicándose hasta formar un gran ramo cada una de 24 rosas exactas. Tres ramos, uno de rosas naranjoazuladas, otro de rosas verde- rosadas y otro de negro- doradas flotaban en el aire ante los asombrados ojos del grupo. En el momento que Ameria fue a coger una de las rosas verde- rosadas, los tres ramos desaparecieron. En ese mismo momento, una figura apareció  sentada en el sillon. Era una mujer rubia, vestida con un sobrio vestido negro. Era hermosa, aunque sus ojos reflejaban una gran tristeza. Comía lentamente una manzana que parecía no acabar nunca. No parecía haber reparado en la presencia de Reena y compañía.

- Oiga, buenas... estooo... ¿sabría por donde salir de aquí?

La mujer siguió comiendo la manzana con parsimonía.

- Oiga, ¿me está escuchando?- Reena pasó una mano por delante de su cara. Nada.

- ¿Oiga?

Una pausa.

Una larga pausa.

- ¿¡¿ ME ESTÁ ESCUCHANDO O NO?!?  ¡¡¡MALDICIÓN!!! ¡¡¡ODIO QUE LA GENTE NO ME HAGA CASO!!!

A pesar de este estallido de furia, la mujer siguió, imperturbable, comiendo su manzana.

- Nada, es inútil.

- Oye, Reena ¿y si no escurriéramos debajo de las cortinas?

Todos se callaron. La verdad es que era increíble que el más tonto del grupo fuera el único que se diera cuenta de algo tan obvio.

- Buena idea, Gaudy. Vamos allá. Mientras se giraban, una voz gutural resonó en la habitación. La voz provenía de la mujer, que ahora señalaba al grupo con un dedo largo y fino. Como un estilete.

- (Las CarGaS soN mAlas paRa AndAr).

- ¿Eh?

-(¿Os Gusta Mi coMiDA?)

Les acercó la manzana. La manzana tenía una pulpa blanquísima, de un blanco casi nuclear. La piel, en vez de ser roja, era negra y muy arrugada. Por fuera parecía muy vieja, pero por dentro seguía sin madurar.

- (No me GusTan las PelEAs. No creo QuE hOy emPiece Ninguna).

Tiró la manzana. Se acercó con movimientos felinos a Zeros y empezó a rodearle sugerentemente. Reena pudo ver como Filia enrojecía de ira.

- (Me gustA EstAr a OscurAS. Yo RomPO laS BombiLLas de mi CaSa.)

- De acuerdo, señorita, pero...

Se inclinó hacia él le dio un suave beso en la mejilla. A Zeros los labios de la mujer le parecieron  estar hechos de hielo. La misteriosa mujer le susurro algo al oído. Parecía ser algo importante para Zeros, porque éste empalideció de mala manera.

La mujer se alejó de Zeros. Viendo que ya nada más se podía sacar, se fueron acercando a las cortinas para traspasarlas. En ese momento, observaron que el plegamiento de las cortinas les había impedido ver que existía un pasillo para pasar a otra habitación.

- ¡Genial! No tendremos que arrastrarnos por el suelo. Podremos salir de aquí de una maldita vez.

Las luces se apagaron. La visibilidad se había vuelto casi nula. Todos se volvieron. Entonces pudieron ver como la mujer se caía al suelo y emitía un chillido desgarrador. Se volvió rápidamente hacia ellos. Sus ojos se habían vuelto completamente blancos. Chillando como si estuviera poseída, se lanzó a por el grupo. Todos salieron corriendo de la sala. Estaban tan asustados que ni siquiera se percataron del estrecho pasillo que formaban dos filas de cortinas, ni de que acababan de entrar en otra sala igual a la anterior.

El único que no estaba asustado era Zeros. Solo podía pensar en las palabras que le había susurrado la mujer al oído. Unas palabras que, de implicar lo que él creía, dejaban ver que el poder de este lugar superaba ampliamente al suyo, si de verdad era capaz de sondearle de esa manera.

Las palabras eran: “¿No te han dicho nunca que la luz y la oscuridad se complementan?”

 

-¡Gaudy, mira a ver si esa loca nos sigue!

- ¿Y por qué yo?

- ¡Porque yo te lo digo!

- Está bien...

Gaudy se asomó al pasillo. La mujer no aparecía.

- No, no hay nadie.

- Uf, que alivio. Imagínate si llega a pillarnos.

- Bueno, ya era hora de que alguien pasara por aquí.

Todos se giraron sorprendidos. No estaban solos en la sala.

 

En uno de los sillones estaba sentado un hombre, alto, vestido con un extraño vestido de color marrón que le llegaba a los tobillos. Debajo, llevaba una camisa y unos pantalones de color negro. Era moreno, con el pelo corto y una expresión seria y adusta adornaba su cara.

- Em, ¿y usted es...?

- Agente Especial Dale B. Cooper, FBI.

- ¿Agente? ¿Agente de qué?

- ¿No saben lo que es el FBI?

Todos se miraron sorprendidos. Era la primera vez que oían esas siglas.

- ¿Es una especie de organización?- preguntó Ameria.

- Pues sí, una organización gubernamental del ministerio de Justicia que...

- ¿Justicia? ¡Entonces usted debe ser un intrépido aventurero que defiende a los inocentes de las oscuras fuerzas del mal!

Un enorme goterón de sudor recorrió la frente del agente Cooper.

- Ehhh.... ¿Ustedes de dónde vienen, específicamente?

- De Zefielia.

- De Elmekia.

- De Saillune

- Eso es un secreto.

El Agente Cooper estaba pasmado. Esa gente no parecía muy normal. Sus vestiduras no parecían de su mundo. ¿Puede que de otro?

- Y esas ciudades... ¿en qué países se encuentran?

- ¿Cómo? No son ciudades. Son países. Oiga ¿de dónde ha salido usted?

- De los Estados Unidos de América.

- Querrá decir de la Unión de Pueblos Costeros.- le corrigió Ameria.

- No, han oído bien. “Estados Unidos de América”. Si mis sospechas son ciertas, a pesar de ser humano como ustedes, vivimos en mundos diferentes. O provenimos de tiempos diferentes, cosa que dudo ya que ninguno de los países que han mencionado me suenan.

- ¿Mundos diferentes?

- Si- continuó Cooper.-  Observen nuestras ropas. Son totalmente diferentes. Y ya nadie porta espadas en mi mundo.

- ¿Nadie? ¿Y cómo se defienden- preguntó sorprendido Gaudy.

- Bueno, existen...

- Basta ya, Gaudy. Señor... Cooper, ¿ha dicho que se llamaba? Bueno, da igual. La cuestión es que esta conversación supongo que sería muy interesante para ambas partes, pero.. la verdad, nos gustaría volver a nuestro mundo. ¿Podría ayudarnos?

- Temo no poder ayudarles. Yo hace años que me quedé encerrado aquí. Aunque no es muy seguro.

- ¿Cómo que no es muy seguro?

- Miren, en este lugar, las leyes del tiempo y el espacio no funcionan de la misma manera que en el resto del mundo. Es como si todos los momentos de una vida ocurrieran al mismo tiempo y a ninguno. Los  años pueden parecer segundos y los segundos...

- ¿Años?- probó suerte Ameria?

- No. Siglos.

Un ominoso silencio se plantó en la sala. Ni la música, que parecía haber vuelto a sonar parecía quitar de encima esa pesarosa sensación.

- Pero, señor, todavía no nos ha respondido la pregunta.- observó Ameria.

- Muy cierto. Yo, desgraciadamente, todavía no puedo salir, si es que algún día puedo.

- ¿Y eso?

- Es una larga historia, la verdad. Aunque les explicaría bastante de este sitio, la verdad.

- Cuéntenosla entonces. Tenemos mucho tiempo.

- ¡Ameria! ¡No esperarás quedarte aquí toda la vida! ¡Tengo hambre, ¿sabes?!

- ¡Jolín Reena, que insensible eres! ¿y si este pobre hombre necesita ayuda?

- ¡Se aguanta!

- Usted ni caso, siga con su historia por favor.

Aunque bastante impresionado por el extravagante (más bien esquizofrénico) comportamiento de sus visitantes, Cooper empezó a relatar su historia. Les habló de Twin Peaks, el sheriff Truman, el asesinato de Laura Palmer, sus sueños en la Habitación Roja, de Mike, del enano... Al final, estaban tan absortos con la historia que ni siquiera la pelirroja hiperactiva le interrumpía. Ameria incluso de vez en cuando daba un gritito de emoción.

- ... y así fue como acabe aquí.

- ¿Quiere decir que ahora su cuerpo físico está ocupado por ese tal Bob? ¡Qué horror!- exclamó Ameria.

- No exactamente. Un doble oscuro mío, creado por Bob ocupa ahora mi cuerpo. O quizá no. Lo único que me preocupa es que no sé que pasara ahora en mi mundo,... ni cuanto tiempo habrá pasado desde entonces.

- Entonces, para salir, ¿ simplemente tenemos que volver por donde hemos venido?   

- Eso es lo que yo hice. No sé si con ustedes funcionará, pues yo no lo pude probar. Como ya he dicho.

Reena no podía creérselo. Un molesto tic en su ojo apareció

- ¿¡¿ Y hemos sido lo bastante idiotas para no darnos cuenta de esa tontería?!? ¡No puedo creemelo!

- Oye, Reena si tú eres tan lista haberlo dicho antes.- replicó molesto Zelgadiss.

- No os peleéis, chicos...

- ¡Tú te callas, cabeza de medusa!

- Qué agresiva que es, ¿no?- preguntó Cooper a Ameria.

- Huy, pues no ha visto nada. Lo peor es cuando alguien hace referencia al tamaño de sus pechos.

- ¿Sus pechos?

- Si, El pobre desafortunado que hace el comentario suele acabar volando por los aires con una bola de fuego.

- ¿Una bola de fuego?- preguntó Cooper sin entender.

- Si. Un hechizo. ¿En su mundo no existe la magia?

- Si, existe, pero... no de la manera como la que me imagino será la de su mundo. Mucho menos... ofensiva.-  “Esta gente parece sacada de Dragones y Mazmorras”, pensó Cooper.

- ¡Bueno! Ameria, ¿Nos vamos?- Parecía que Reena ya había conseguido tranquilizarse. Y lo mejor de todo es que Zelgadiss parecía intacto.

- De acuerdo, Reena. ¡Ha sido un placer señor, Cooper!

- Lo mismo digo, señorita... un momento, ahora me acabo de dar cuenta de que ninguno de ustedes me ha dicho su nombre.

- ¡Tiene razón, señor Cooper! ¡Qué despiste! Mi nombre es Ameria

- Reena Inverse.- respondió la pelirroja hiperactiva.

- Gaudy Gabriev.- dije el chico rubio.

- Zelgadiss Graywords- Esta vez era el extraño ser azulado.

- Zeros Metallium.- El tipo sonriente.

- Filia Ul Copt.- Y la mujer rubia.

- Bueno, ha sido un placer. Les deseo suerte.

- Lo mismo le decimos.

- Y si alguna vez visita nuestro mundo, no deje de visitar Wolf Pack Island- le dijo Zeros.- Es un bonito lugar, pintoresco y con gente a la cual le encantaría escuchar sus historias. Se lo aseguro.

- Muchas gracias por la recomendación. Aunque dudo que llegue a ocurrir tal cosa.- repuso sonriendo Cooper.

- ¡No le haga caso, señor Cooper! Ese maldito namagomi le quiere tender una trampa. ¡Esa isla está plagada de demonios!

- Maldita sea Filia, ¿siempre me tienes que estar fastidiando los planes?

- ¡Y tú! ¡Intentando aprovecharte de un pobre hombre encerrado en una dimensión paralela!

- Bueno, soy un demonio.

- ¿Es usted un demonio?- preguntó sorprendido Cooper- No lo aparenta.

- Gracias.

- ¡No intentes escurrir el bulto, Zeros!

- Tranquila, Filia. Necesitas relajarte. ¿Qué tal un té?

- ¡No me digas lo que tengo que hacer, Zeros! ¡Sabes muy bien de lo que te estoy hablando!

- Pues la verdad es que no, Filia.

- ¿Son ustedes pareja?- les preguntó Cooper.

- ¿¡¿ CÓÓÓÓÓÓÓÓMOOOO?!?- exclamaron Zeros y Filia al unísono.

- La verdad es que lo parece.  Se comportan ustedes exactamente igual que mis padres.

- ¿Yo con ese... ese... ese demonio?- exclamó Filia- ¡Ni hablar!

- ¡Ja! Yo, pareja de una dragona. ¡Eso si es bueno!

La verdad es que, a pesar de lo convincentes que sonaban, ambos tenían un vivido color rojo en su cara.

- Un momento. ¿Ha dicho... dragona?

- Si, soy una dragona.- dijo con desgana Filia.

- Usted tampoco lo aparenta, señorita.

- Muchas gracias, señor Cooper.- respondió Filia con una sonrisa.

- ¡Ja! ¿Quién escurre el bulto ahora, Filia?

- ¡Eh, vosotros dos! ¿Venís u os quedáis?

- Ya vamos, Reena.

- Adiós, señor Cooper- decía Ameria mientras se iba.- ¡Deséenos suerte!

Cooper no respondió; simplemente se limitó a sonreír y levantar el pulgar con gesto de asentimiento.

 

- La verdad es que el señor Cooper era muy amable. Espero que algún día pueda salir de aquí.

- Si.- se limitó a asentir con desgana Zelgadiss. La verdad es que la noche no estaba resultando muy divertida.

- Por cierto, Zelgadiss... hacía tiempo que quería hablar contigo.

- Eh... ¿Si?- La cara de Zelgadiss se había puesto ligeramente roja.

- Nunca me has mandado una carta, ni has venido a verme.- dijo Ameria en tono de reproche.- Casi diría que no querías volver a verme. Y yo te he echado de menos.- Ameria se pegó a Zelgadiss, que cada vez se estaba poniendo más rojo.

- Eh, bueno, ya sabes que he estado ocupado. Buscando la cura y todo eso.- Zelgadiss intentaba dar consistencia a sus palabras, pero el calor que emitía Ameria parecía arrinconar esa convicción para dejar espacio para él. Podía sentirla tan cerca...

- No creo que escribir una carta cueste tanto, Zelgadiss...

- Eh, b-bueno, la verd-dad es qué... ¿Le has dicho esto a los demás?

- No.

- ¿Y eso por qué?

- ¿Tú por qué crees que es?- le preguntó Ameria con una sonrisa pícara en su cara.

Zelgadiss se quedó helado. Dos sensaciones estallaron en su interior. Una era de hielo. La otra de fuego. Una provenía de su cabeza. La otra de su corazón. Una le decía que no lo dijera. La otra que sí. Y lo decidió. Lo iba a decir. Y lo dijo.

- Eh... ¡Mira, Ameria, la salida!

 

“Mierda, ¿por qué habré sido tan cobarde? ¡Podía habérselo dicho... y lo único que sé decir es “¡Oye, ahí está la salida!”! ¡Idiota, idiota, idiota, idota...!”.

Ante ellos estaba la salida. Aunque pareciera un desliz muy grave, la verdad es que realmente el pliegue de las cortinas la hacía difícil de ver. Sólo sabiendo qué se buscaba se podía llegar a encontrar.

- Qué extraño- comentó Filia.-La salida para ir a la siguiente sala no era tan difícil de encontrar.

- Lo que a mí me resulta realmente raro- siguió Reena.- es que la loca esa ya no esté en la sala. Y que las luces ya no parpadeen. Y que el mobiliario haya desaparecido. Y que todavía no sabemos quién nos mandó las cartas. Y que...

- Bueno, vale, ya lo hemos entendido: piensas que algo huele a cuerno quemado.

- Pues lo cierto es que si. Esta situación tiene la palabra “TRAMPA” grabada.

En el mismo momento ene el que Reena pronunció estas palabras, las luces parpadeantes volvieron a aparecer. La sensación de estar rodeados se aposentó en su interior, y unas sombras empezaron a moverse alrededor del grupo, cada vez más y más cerca.

- Soy una bocazas.- musitó Reena

Una borrosa figura se lanzó contra ella. Era difícil atisbarla, pero nosabía quien era: los despeinados cabellos, los hundidos y ávidos ojos, la barba de tres días... No cabía duda: era Bob, el misterioso ente del que Cooper les había hablado, el misterioso ente que controlaba o parecía controlar parte de este aún más misterioso lugar.

En ese momento, los nervios de Reena explotaron. El miedo se juntó con la furia que le producía el vacío de su estómago y empezó a lanzar hechizos a diestro y siniestro como una posesa. La luminosidad de las los hechizos y sus explosiones solaparon los parpadeos de las luces hasta convertir la noche en día. Cuando paró de lanzar hechizos, estaba sollozando, y parecía a punto de llorar. La habitación no parecía haber sido afectada de ninguna manera, pero al menos Bob parecía haber desaparecido.

- Ya no puedo más... esto es una mierda... ¡Quiero salir de aquí!

Y se abalanzó sobre Gaudy. Sobra comentar que el resto del grupo, ante la repentina salva de artillería, se había lanzado cuerpo a tierra a la velocidad del rayo. Gaudy, sorprendido ante la reacción de su compañera, intentó consolarla.

- Tranquila, Reena. Todo va a salir bien. Ahora saldremos todos de aquí, y nos iremos a una posada a comer. No te preocupes...

Era su manera de animarla.

Cuando por fin consiguió que se tranquilizara, Reena no podía ni levantar la cabeza del suelo. ¡Mira que reaccionar de una manera tan infantil! ¡Como una niña pequeña a la que alguien le había asustado! Y, para colmo, buscar consuelo en ese cabeza de medusa. Vaya una vergüenza.

Sorprendentemente, ni siquiera Zeros hizo un comentario sarcástico.

Por fin, tras toda la noche, salían de allí. Uno a uno, todos fueron atravesando las cortinas... salvo Filia y Zeros.

- Primero tú, mi querida Filia. Las damas primero.

Filia no se fiaba. Seguro que ese maldito namagomi le había puesto una trampa, o algo así.

- No, tú primero.

- Te aseguro que no te voy a hacer nada.

- ¡Ja! ¿Te crees que te tengo miedo?

- Yo no he dicho eso. Creo que tienes... ¡¡AARGHHHH...!!

Una mano calzando un guante metálico atravesó el abdomen de Zeros. Una sustancia negro parecido a humo sólido brotaba de ella a borbotones. Filia, en uno de esos extraños momentos de lucidez que se tienen en los momentos de pánico, dedujo que debía ser la sangre de Zeros, que se extendía por el aire.

Un súbito impulso arrancó de su sitio a Zeros. Era Bob, que vestido con una extraña vestimenta (sombrero, jersey viejo a rayas rojas y verdes, pantalones de pana, y un peligroso guante con cuchillas implantadas), había agarrado al demonio. La imagen duró un momento. En el siguiente segundo volvía a ser el Bob que Cooper les había descrito. Lo único que no había cambiado era Zeros, tumbado en el suelo, emanando sangre y con su rostro deformado por el dolor.

- (CreO Que rEsulTaraS muy ApetiTosO, amigO. PodRé sacaR Mucho garnoNboziA de ti.)- Bob sonreía de la misma manera que un tiburón.

- ¡SUÉLTALO!- exclamó Filia.

- (¿PoR qué? CaSi te HagO un FavoR. TU le OdiAs.)- replicó Bob sin dejar de sonreír.

Filia no contestó. Simplemente sacó su mazo a la velocidad del rayo y golpeó con él a Bob.

Bob no esperaba algo así. Fue lanzado a la otra punta de la habitación con la sonrisa aún cruzándole la cara. Cuando se dio cuanto de lo que había pasado, su cuerpo, o lo que fuera que un ente vampírico tuviera como tal, se estrelló contra el suelo.

Filia no se paró ni un segundo. Rápidamente se dirigió hacia Zeros y lo levantó de manera que ella lo pudiera llevar más cómoda. El dolor atormentaba a Zeros. Sólo acertó a decir una cosa:

-¿P...por q...qué?

- No hay tiempo de explicaciones. Salgamos de aquí.

Renqueando se dirigieron hacia la salida. Y fue en esos momentos cuando Filia tuvo más miedo. Su corazón palpitaba de tal manera que parecía a punto de explotar. Ni siquiera se atrevía a girarse por miedo de ver a Bob lanzándose contra ellos. Justo en el mismo momento en el que cruzaban las cortinas, sintió un dedo pasar por su cabellos. Afortunadamente, la sensación se redujo a eso, aunque esa milésima de segundo le llevó a elevar una plegaria a Ceiphied para que nunca se viera tocada por semejantes manos. Luego, las cortinas les llevaron a una dulce y reconfortante negrura.

 

- ¿Filia? ¿Filia, estás bien?

- ¡Dios! ¡Reena, mira a Zeros! ¡Está sangrando!

- ¡Rápido, Ameria! ¡Lánzale un Sanar!

- ¡Reena, es un demonio! ¿Y si el hechizo consigue el efecto contrario al que deseamos?

- No hará falta, Ameria. En poco rato se cerrará. Pero gracias por la preocupación.- contestó Zeros.

Las voces sonaban en la cabeza de Filia, y seguía sin poder relacionarlas con sus dueños. Un molesto zumbido inundaba su cerebro. Pronto, sus funciones volvieron a su estado habitual. Y pudo relacionar a cada voz con su dueño. Ameria. Reena. Zeros.

Volvía a encontrarse bien.

 

Al rato, una salva de preguntas asedió a Filia y a Zeros.

- ¿Qué pasó, chicos? ¿Por qué tardasteis tanto?

- Bueno, veréis... – La verdad es que Filia no tenía ninguna excusa para el retraso.

- Bob nos atacó.- Zeros respondió por ella.

- ¿Qué Bob os atacó...? ¡Eso es terrible!- respondió Ameria

- Pues sí. Verás, estábamos discutiendo sobre quién salía primero, cuando Bob apareció a nuestras espaldas y se lanzó contra Filia.. Filia se quedó petrificada, pero yo reaccione más rápidamente y me  interpuse entre ellos, así que ella no salió herida. En su lugar yo recibí su herida. Aún así, luche contra él y lo rechacé. Y cuando le pregunté a Filia si estaba bien, ¡va y me responde que ella podía sola con Bob! ¡Habráse visto! ¡De desagradecidos el mundo está lleno!

Filia no se lo podía creer. Le salvaba la vida y encima mentía de esa manera. Se iba a enterar. Justo cuando abría la boca para contestarle, Zeros se le adelantó.

- Aunque es posible que Filia tenga algo que decir, claro está.- Y le sonrió.

Filia conocía muy bien la razón de esa sonrisa. Ella no podía contar la versión verdadera de la historia, puesto que sospechosas preguntas surgirían de sus amigos. Así que no le quedaba más remedio que aceptar la versión de Zeros. Y él lo sabía.

“Maldito demonio namagomi.” pensó Filia. “Debería haber dejado que Bob se lo zampara.”

- No. No tengo nada que decir.- Si las miradas mataran, Zeros habría caído fulminado en el acto.

- ¡Filia! ¡Por Ceiphied! ¡No esperaba eso de ti!- exclamó Ameria.

- Bueno, dejémoslo ya. Sigamos a la ciudad. ¡Me muero de hambre!

 

Al rato, llegaron a una encrucijada. Cada uno de ellos se tenía que ir por un lado diferente, pero parecían reticentes a hacerlo. Ironías  de la vida, ahora nadie quería separarse de los demás, cuando horas (o eso suponían) antes nadie hubiera querido ver a los demás.

- Estoooo....

- Ya hemos llegado.

- Pues sí.

- ¿Qué rápido pasa el tiempo, no?

- Pues sí...

Una incómoda pausa se  posó en el ambiente. Nadie parecía querer decir las palabras en las que todos estaban pensando.

- ¿Alguien se apunta a una búsqueda del tesoro?- preguntó de repente Zelgadiss.

Todos callaron. Nadie sabía qué decir.

De pronto Ameria se decidió.

- ¡Yo iré contigo, Zelgadiss!

- Um... Tesoros.. ¿Son valiosos?- preguntó Reena.

- Si. Bastante.

Casi se podía ver como le brillaban los ojos a Reena.

- ¡Muy bien! ¡Os acompañamos! ¿Verdad, Gaudy?

- Por supuesto.

- ¿Y vosotros?.- preguntó Reena refiriéndose a Zeros y Filia.

- Mm... suena interesante. Hace mucho tiempo que no me divierto. Si mi ama me lo permite... ¿por qué no?

- ¿Y tú, Filia?

- Mirad, chicos... sería genial, pero si taro mucho tiempo, Val y lo demás se preocuparan. Además, tengo una tienda que atender...

- No es problema.- respondió Zelgadiss.- Tal tesoro está cerca de Darien.

- ¿De... de verdad?

- Si.

Filia estaba dubitativa. Por un lado, sabía que eran una panda de plastas, caraduras y chiflados. Por otro, eran sus mejores amigos, y quería pasar un poco de tiempo de aventuras con ellos. Como cuandolo de Estrella Oscura.

- De acuerdo. Pero antes tenemos que pasar por Darien para arreglarlo todo.

- ¡Si! ¡Combatiremos el mal y la injusticia allá donde surja!- exclamó Ameria.- ¡Vamos allá!

- ¿Cuándo vendrás, Zeros?- preguntó Reena.

- Ya se verá. Primero, tengo que hablar con mi ama.- Pareció pensárselo un poco.- Pero bueno, no me dijo que me diera prisa, así que os acompañaré un poco en el camino.

- ¡Oh! De acuerdo.- Ni siquiera Filia dijo esta vez nada.

- Pongámonos en camino. La noche está a punto de caer.- dijo Zelgadiss

Con una sonrisa en sus labios, Filia siguió al grupo. Hacia el horizonte. Hacia el futuro.

 

FIN.

 

N. del A. Este fic está basado mayoritariamente en la serie de televisión Twin Peaks, de David Lynch y Mark Frost. La verdad es que si no has visto la serie, los guiños resultan sosos, pero si la has visto, espero que los reconozcas y te hayan gustado. Con respecto al “Garnonbozia” de la pelea Bob/ Filia, una explicación. Los habitantes de la Habitación Roja se alimentan de temores y placeres, como los demonios de Slayers, y estos temores y placeres los materializan en forma de maíz guisado, el citado Garnonbozia. Esto solo se ve en la película “Twin Peaks. Fuego Camina Conmigo”, por lo que solo los que la hayan visto- y hayan conseguido descifrar sus símbolos. Si es tu caso, ¡enhorabuena!, porque yo necesite un libro que me lo explicara- entenderán qué es. Si alguien tiene algún problema o comentario, mi mail es MrWhite@eresmas.com Gracias por haber tenido la paciencia de leer este fic.

 

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