TRISTE CANCIÓN
por G-FAN
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**Respuesta al reto de julio de 2004 “Sad Song”, de El Altar de Zeros. = Prohibida su publicación en cualquier otra página = |
En la puerta de un cabaret dos personas platicaban. Era un cabaret pequeño y sencillo, en la base de una montaña. Era un lugar helado, donde siempre nevaba y rara vez se veía el sol.
“Así que quieres trabajar aquí” Dijo un hombre robusto y alto, barbudo y peludo. Su piel era rojiza, igual que su cabello. Era un hombre de unos cincuenta años, y dueño del cabaret menos famoso de todo el reino. “No creo que un hombre pueda trabajar bien aquí, como cantante”
El joven, con quien estaba hablando el fortachón, lucía pequeño, delgado y débil a los ojos de cualquiera. Su cabello castaño y su piel blanca lo hacían lucir como un niño desamparado. “He tenido suerte en otros lugares. No importa si mi audiencia es masculina o femenina, todos escuchan mis canciones”
“¿Y por qué crees que lo hacen?” Preguntó, ya curioso, el dueño.
“Porque todos llevamos dentro el mismo sentimiento”
“¿Cuál?”
“Tristeza”
El dueño se quedó callado, sus ojos casi se llenan de lágrimas, y luego volvió a poner su rostro de malos amigos. “¡Pues, ellos serán así! ¡Yo NO!”
“No importa quién, cuándo, ni dónde... Todos están tristes” Dijo el joven. “O me da trabajo o busco otro lugar”
“¡Muy bien, muy bien! Tu salario será de una moneda de plata por noche que cantes”
“Diez monedas o no hay trato”
“Dos”
“Diez” Insistió el joven.
“Tres”
“Diez”
“Cuatro, ¡y es mi última oferta!”
El joven suspiró, exasperado. “Entonces que sean cinco”
El dueño se enfureció, su enfado era evidente en sus ojos rojos. Tras un largo silencio... “¡Maldita sea! ¡Está bien! ¡Cinco! Más vale que hagas un buen trabajo, o terminarás en la calle!” Dijo, ingresando a su cabaret y ubicándose detrás del contador, de costado a la entrada.
El joven lo siguió, cerrando la puerta. “Por cierto... Me llamo Zelgadiss Graywords”
~0~
Mientras tanto, no muy lejos del cabaret, tres personas luchaban contra el viento y la nieve.
“¡Estoy bien!” Gritó una mujer, pero enseguida comenzó a toser. Tosía tanto que casi no podía respirar. Era llevada en los brazos de su fiel guardaespaldas. Ambos eran seguidos por una joven muchacha de cabello azul marino, casi negro, largo hasta la cintura.
“Ameria, creo que no podremos seguir así por mucho tiempo. ¿Puedes fijarte si hay algún lugar en donde resguardarnos del frío?”
“Enseguida” Dijo la joven, utilizando un hechizo para volar. Aunque le era difícil mantener el equilibrio y ver claramente, debía esforzarse. Su amiga, Rina Inverse, estaba muy enferma. Y por más que la quisiera proteger, Gaudy Gabriev no podía volar o luchar contra el frío.
La princesa logró ver una especie de cabaña en el medio del blanco manto de nieve. Y pronto volvió hacia donde Gaudy había quedado con Rina. Aterrizó aparatosamente, cansada de luchar contra el viento. “Encontré una cabaña, no muy lejos de aquí. Tardaremos una hora en llegar, tal vez”
“Bien, a caminar” Dijo el espadachín, cubriendo a la inconsciente Rina con una manta y caminando forzosamente en la nieve espesa.
~0~
“¡Zeros, no!” Gritó Gaudy, observando aterrado como un manojo de magia negra volaba hacia Rina. Zeros sonrió malignamente.
“Esta vez la Ama de las Bestias estará feliz...” Murmuró el sacerdote, desapareciendo en el aire.
Gaudy corrió hacia Rina, quien yacía en el suelo, desfallecida. La tomó en sus brazos y colocó su cabeza rubia sobre el pecho de la hechicera, intentando escuchar su palpitación.
Respiró con alivio al escuchar los latidos del corazón. Pero se preocupó cuando se dio cuenta que los mismos eran muy débiles. “¿Qué te han hecho, Rina?”
~0~
“Hija...” El rey Phillionel interrumpió la junta que la princesa llevaba a cabo, con cara de preocupación.
“Hija mía, algo grave ha pasado...”
La habitación se convirtió en una acumulación de murmullos incesantes, de las damas y los caballeros que habían estado escuchando a Ameria hablar de justicia.
Los ojos de la princesa se desorbitaron. Muchas cosas pasaron por su mente. No podía imaginar qué es lo que tenía a su padre tan angustiado. “¿Qué ha ocurrido?”
“En privado” Dijo Phillionel, observando a la congregación en la habitación. Todos asintieron, hicieron reverencias y se marcharon. Una vez que Phill cerró las puertas, tomó a su hija por las manos y se arrodilló, preparado para contarle las malas noticias.
“Padre...” Ameria sabía que algo muy malo estaba atormentando a su padre. Y quería oírlo de él mismo. “Dime... ¿qué tienes?”
“¡Rina Inverse!” Soltó Phill, con lágrimas en los ojos. “Está muy grave. ¡Está muriendo!”
Para Ameria, su mundo comenzó a desmoronarse. Una mujer que ha querido como a una hermana mayor, como la hermana que se escapó de su vida... Estaba muriendo. “No puede ser...” Susurró la princesa, sus ojos se llenaron de lágrimas, que tuvo que dejar fluir enseguida. “Rina...”
~0~
“¡Y ahora! ¡Es su primera vez en el escenario de nuestro pequeño rincón, Olvidos! ¡Denle la bienvenida a Zelgadiss Graywords!” La audiencia, conformada por hombres entre los treinta y los sesenta, gritaron en disconformidad. Ellos querían ver mujeres semi-desnudas, después de todo.
Ignorando los insultos, Zelgadiss se sentó en su banquillo en el medio del escenario, y comenzó a tocar una triste melodía con su guitarra.
~0~
“Un poco más, Rina. Resiste, por favor” Murmuró el espadachín, viendo la cabaña a la distancia. Estaba exhausto, pero daría su vida por su amada Rina.
Ameria combatía contra el viento y la nieve. También estaba agotada, y ya no podía sentir sus pies.
Siguieron caminado, y llegaron más rápido de lo que habían pensado. Ameria golpeó la puerta con las pocas fuerzas que le quedaban. El dueño los atendió, con cara de disconformidad. “¿Qué se les ofrece?”
“Es una emergencia... Estamos muy cansados, y mi... amiga... está muy enferma. Necesitamos una habitación” Dijo Gaudy, sosteniendo a Rina cerca de él, para darle calor.
El hombre asintió y los dejó entrar. Instantáneamente sintieron el cambio de clima. No tenían que luchar contra el viento y hacía calor, un lindo calor que ellos extrañaban.
Ameria recorrió la entrada con su mirada. Justo a la derecha de donde entraron había unas cortinas rojas, semi-cerradas. Se escuchaba música de guitarra y un hombre cantando. La voz le resultaba familiar.
“Síganme, los llevaré a su habitación. Es la última que me queda” Dijo el dueño, guiándolos por unas escaleras.
~0~
No he podido dejar de pensar en ti.
No me olvido que me fui de tu lado.
Pensé que sin tu amor podría vivir.
Pero yo, de ti, me he enamorado...
~0~
Gaudy colocó a Rina en la cama de su habitación. Y Ameria comenzó a curarla. Su magia estaba muy débil y apenas ayudaba a su amiga. “Gaudy, necesito que preguntes si hay alguien aquí que sepa el hechizo de curación. No puedo sola”
El espadachín salió corriendo por las escaleras, su corazón acelerado.
~0~
No me dejes, por favor, amada mía.
Que yo no puedo vivir sin ti.
Mi amor por ti nunca termina.
Y me gustaría... verte feliz.
~0~
“¡Alguien que sepa magia blanca! ¡O algún hechizo de curación! ¡Por favor, ayuda!” Gritó Gaudy.
~0~
Rina comenzó a ahogarse. No podía respirar. Ameria se desesperó y se esforzó con su hechizo, pero luego lo dejó y comenzó a masajear el tórax de su amiga. Tal vez podría hacer que el diafragma volviera a funcionar, y su amiga volvería a respirar.
“¡Rina, por favor! ¡No te nos vayas!”
~0~
Ya no estás... Solo estoy...
Mi amor... No te vayas...
Quédate... Al menos hoy,
Yo...
~0~
“¡AYUDA!” Gritó Gaudy, entrando a la sala. Zelgadiss se puso de pie enseguida, al reconocer al espadachín. “Alguien que sepa...” No pudo terminar. Cayó al suelo, completamente agotado.
Zelgadiss se acercó, y se agachó al lado del mercenario. “¿Qué sucede?”
“Mi amiga... Rina Inverse... está muriendo... Necesito encontrar a alguien que sepa magia...” Zelgadiss agarró el brazo de Gaudy y lo ayudó a levantarse.
“Llévame con ella. Yo sé algo de magia”
~0~
“¡Gaudy! ¿Encontraste a alguien?” Ameria abrió la puerta rápidamente y volvió a atender a su amiga.
“¡Apresúrese! Yo no tengo más energías para seguir usando el hechizo de la curación”
Zelgadiss colocó sus manos sobre Rina y comenzó a curarla. Al rato, frunció el ceño. “Tiene una maldición”
“Sí. Por eso está enferma. Estamos buscando la cura para romper la maldición” Explicó Ameria.
Zelgadiss comenzó a pensar en una maldición que hiciera ese tipo de daño, y solo se le ocurrió una. “Yo sé cuál es la cura”
“¿Cómo? ¡Nos tiene que ayudar!” Gaudy tomó a Zel por el cuello de su vestimenta.
“Por supuesto que los ayudaré. Por favor, suéltame”
Gaudy lo soltó y se disculpó.
“La maldición implica lastimar a la persona desde el lado astral. A veces, esto se manifiesta físicamente, como lo hemos visto. ¿Cuándo fue la última vez que ella estuvo consciente?”
“Hoy, hace un par de horas” Contestó el espadachín.
“Entonces no tenemos mucho tiempo” Zelgadiss tomó la mano de Ameria. “Toma la mano de tu amigo. Y tú, toma la mano de tu amiga” Luego, agarró la mano de Rina. “Lo que haremos es ir a buscarla. Ameria, nunca sueltes a Gaudy. Gaudy, nunca sueltes a Rina. Si yo me llego a perder, no me busquen. Pero esperemos que eso no suceda”
Antes que alguno pudiera protestar, el entorno cambió. Los tres se encontraban rodeados de oscuridad. “¿Dónde estamos? ¿Dónde está Rina?” Preguntó Gaudy.
“En el lado astral. Y ella no está con nosotros... Está perdida. Gaudy, ¿sientes algún impulso?”
“Sí”
“¿Hacia dónde?” Zelgadiss observó a Gaudy pensar. Hasta que el espadachín apuntó a su derecha, con la mano libre. “Vamos hacia allí”
Flotaron, los tres no se soltaron. Había muchas personas, que aparecían y desaparecían. Finalmente, vieron a Rina, luchando con la oscuridad.
Inmediatamente, Gaudy soltó a Ameria y fue corriendo a socorrer a su amiga. “¡Rina!”
Rina se volteó, agotada y herida, y se asombró al ver a Gaudy allí. “¿Gaudy?” Cuando volvió a enfrentar a la oscuridad, esta la empujó contra el suelo. Pero el espadachín desenvainó su espada y arremetió contra la maldad que atacaba a Rina.
“¡Es un idiota!” Murmuró Zelgadiss, enfadado. “Le dije que no se alejara” Observó a Ameria, quien observaba la batalla. “Ameria, solo la magia podrá alejar a ese monstruo de Rina”
La princesa lo quedó viendo extrañada. “Sé que no es el momento... Pero, ¿cómo sabes mi nombre?”
“Tienes razón, no es el momento. Hazme un favor, a la cuenta de tres vamos a atacar con un doble Ra Tilt. ¿Bien?” Dijo Zelgadiss, apenas apretando la mano de Ameria, como para asegurarle que todo saldría bien.
“Está bien”
“¡Gaudy, quita a Rina del medio!” Gritó Ameria, mientras ella y Zelgadiss se preparaban para atacar.
Rina observó a la pareja. Sus ojos se les llenaron de lágrimas. “Encontró su cura...” Gaudy la tomó en sus brazos y se alejó como pudo de la oscuridad. Por unos segundos, la misma se encontró confundida.
“¡¡¡RA TILT!!!”
~0~
Abrió los ojos, y enseguida se encontró rodeada por tres personas. Sonrió al ver al rubio. “Gaudy”
El espadachín sonrió dulcemente. “Tienes que descansar, Rina”
Rina observó a Ameria, quien estaba emocionada, llorando y sonriendo. “Ameria...” La princesa no tuvo tanta paciencia como el espadachín y la abrazó, aunque no muy fuerte.
“¡Rina!”
Escuchó una risa suave. Y vio a Zelgadiss. “Oye, tú. No me digas que no te has presentado aún” Dijo Rina, guiñándole el ojo a Zel.
“Eh... Solo soy un cantante del lugar...” Dijo Zelgadiss, sonrojado.
Ameria enseguida se volteó y lo miró seriamente. “No contestaste mi pregunta... Ahora que lo recuerdo... ¿Cómo sabías nuestros nombres?”
Zel sonrió, y sacó un objeto de su bolsillo. Un objeto que Ameria reconoció instantáneamente.
“Oye, Ameria... ¡Ese se parece a uno de tus brazaletes!” Dijo Gaudy, causándole risa a Rina.
“¿Zelgadiss?” Preguntó la princesa.
“Sí... Aquí estoy...” Sonrió tímidamente el joven.
FIN
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