I knew I loved you

Por Michelle Metallium

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**Respuesta al reto de julio de 2004Sad Song”, de El Altar de Zeros.

= Prohibida su publicación en cualquier otra página = 

 


 

Disclaimer: Los personajes de Slayers no me pertenecen.

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Era una noche intranquila en Armenonville. El dueño del cabaret, Armenon, caminaba de un lado al otro detrás del escenario, dando órdenes a las bailarinas y algunas últimas recomendaciones. Estaba emocionado porque la cantante y sus bailarinas tendrían un nuevo numerito y sabía que el público moriría al verlo. Al terminar caminó apresuradamente a la tarima y se colocó frente al micrófono, con una enorme sonrisa en su rostro.

"¡Muy buenas noches a todos! Hoy les presentamos a la mejor Diva de todos los tiempos, a la señorita Rina Inverse y sus bailarinas. ¡Un aplauso por favor!" Indicó emocionado, y el público le respondió aplaudiendo, esperando ver el espectáculo.

Las luces pasaron a ser más tenues, dando paso a la salida al escenario de la cantante de Armenonville, Rina Inverse. El público, con solo verla, comenzó a aplaudir nuevamente. Rina hizo un ademán de agradecimiento y se arregló ante el micrófono.

"¡Buenas noches mi querido público! Esta noche es una noche especial porque no habrán bailarinas, solo estaré yo, así que toda su atención irá directamente hacia mi" dijo al tiempo que guiñaba graciosamente un ojo, esbozando una enorme sonrisa que iba aumentando mientras veía la cara de su jefe. El público volvió a aplaudir emocionado, mientras que el rostro de Armenon se iba poniendo más y más rojo de la histeria.

La chica hizo una señal y el pianista comenzó a tocar una suave pieza. Unos segundos después ella se unió a la balada, cantando en tonos bajos y dejando al público quietecito al escuchar.

Todos estaban maravillados con el espectáculo menos Armenon, quien estaba echando chispas, tratando de entender que diablos estaba haciendo su cantante predilecta.

Un hombre de cabellos largos y rubios llegó justo cuando Rina estaba empezando su presentación, así que para evitar molestar, pasó rápidamente entre las mesas hasta llegar a una en la que un amigo estaba sentado, muy cercana a la tarima.

“Llegaste justo, ya va a comenzar” murmuró el compañero. El rubio simplemente sonrió y miró a la cantante.

Algunos minutos después Rina finalizó la pieza. El público comenzó a aplaudir fuertemente, alguno que otro hombre le silbaba pero la mayoría solo aplaudía, satisfechos.

Cantó un par de baladas más y llegó la hora de cerrar. Los clientes del lugar iban saliendo poco a poco, dejando cada vez la sala más vacía.

Armenon tomó del brazo a Rina y la llevó hasta detrás del escenario. El rubio los siguió y se escondió detrás de una pared, evitando que éstos lo vieran. Estaba decidido a conocer a la chica y lo haría.

“Maldita sea, ¿Qué diablos crees que hiciste? Tenía preparado todo el espectáculo contigo y las bailarinas, ¡Y lo arruinaste!” gritaba furioso.

“Estoy cansada de que me digas lo que tengo que hacer. Yo soy la que mantiene este lugar con vida, sino fuera por mi nadie vendría y lo sabes” contestó arrogante. “Además, nunca habían aplaudido tanto. Las bailarinas solo estorban, acéptalo” le regaló una sonrisa curva, retadora.

“¡Yo soy el dueño de este lugar y harás lo que yo te diga que hagas! ¿Entendido?” ordenó, molesto.

“No te conviene perderme Armenon, pero tú te lo estás buscando” dijo mientras se daba la vuelta para retirarse, pero Armenon la tomó fuertemente por el brazo y la obligó a quedarse.

“No, a ti no te conviene perder este empleo porque es lo único que te da para vivir” rió y soltó a la chica, retirándose.

“Idiota…” murmuró la chica en voz muy baja.

El rubio aprovechó que se había quedado sola para poder acercársele.

“Eh, yo-yo quería felicitarla, señorita Rina, hoy hizo un gran espectáculo, si señor” sonrió y se cruzó de brazos, convencido.

Rina le sonrió. Al menos no todos los hombres eran patanes como su jefe. El rubio parecía hacer un hombre noble, o por lo menos uno agradable.

“Mi nombre es Gaudy Gabriev” le entregó una hermosa rosa. “Vengo a este lugar desde que la señorita Rina canta aquí, bueno, desde que usted canta aquí, es decir…”

Rina lo interrumpió al reírse por la manera de actuar del hombre. “Un placer, señor Gaudy. Ah, y gracias por la rosa”.

“Eh, estaba pensando, ¿Le gustaría dar un paseo por el parque? A esta hora se pueden ver las estrellas” dijo despistadamente, sin recordarse que ya era bastante tarde como para que la chica aceptara. Sin embargo, Rina accedió y ambos caminaron hacia el parque.

“¿Eres de por aquí, señor Gaudy?” curioseó Rina. Le llamaba mucho la atención el rubio distraído.

“Si, bueno, soy un espadachín. ¡Mira esto!” exclamó emocionado y sacó una espada normal. Rina veía la espada ordinaria y no entendía la emoción del espadachín. “Ahora ves una espada normal, y mira ahora…” hizo un movimiento rápido y la espada de pronto se volvió la Espada de la Luz. Los ojos de la cantante se engrandecieron al verlo.

“Vaaaya, tú eres el dueño de la Espada de la Luz, es una espada legendaria” sus ojos brillaban ante la espada.

“¿Conoces la Espada de la Luz?” preguntó asombrado.

“Claro, ¿Qué hechicera no la conoce?” sonrió.

“Pensé que eras cantante, no hechicera” se llevó una mano a la cabeza, tratando de entender como es que era ambas cosas.

“Gaudy, sé de magia y también sé cantar. No hay limitaciones para los dotes” le guiñó un ojo y el rubio sonrió ante su torpedad. “Cierto, cierto” luego ambos rieron ante la confusión.

Sin razón aparente, Gaudy empezó a toser fuertemente y sacó de su bolsillo un pequeño pañuelo, tosiendo sobre él para no molestar a Rina. La hechicera le propinó algunos golpes en la espalda, tratando de ayudarlo. “Vaya, ¿estás bien?”.

Al dejar de toser, Rina se dio cuenta de que el pañuelo se había llenado un poco de sangre.

“Si, estoy bien, es solo un resfriado o algo así” respondió convencido de que todo estaba bien. “Nada serio”.

“Yo creo que sí, de hecho tosiste sangre, esa no es una buena señal” dijo en cierto modo con preocupación.

“No hay problema, señorita” dijo tranquilamente mientras guardaba su espada. Miró su reloj y se dio cuenta de que era tarde. “Supongo que tendrá sueño y querrá descansar un poco” hizo una pausa. “¿Le gustaría ir a cenar mañana por la noche?”

Rina sonrió. “Claro que si, será un placer”

 

*                 *                 *

 

Alguien llamaba a la puerta, y la hechicera se imaginaba quien era. Fui hasta la entrada de la casa.

“¡Vaya!” expresó asombro apenas vio un gran ramo de flores cargado por un hombre al cuál no se le veía la cabeza, el ramo le tapaba el rostro.

“Pues pensé que… ay, se me olvidó” dijo el rubio, despistado, con una graciosa expresión en el rostro. Había echado el ramo a un lado para poder ver a Rina. La hechicera le indicó que colocara el ramo en la mesita que se encontraba en la entrada de la casa y allí lo dejó.

Ambos partieron y llegaron a un hermoso restaurante, y fueron atendidos inmediatamente.

“¿Qué desean ordenar?” preguntó el mesero, quien estaba vestido impecablemente y tenía acento francés.

“Mmm…” murmura Rina mientras ve el menú. “¿Qué comeré?”

“Elige lo que quieras, ordena cualquier cosa que desees” respondió Gaudy mientras estaba perdido en el menú.

“¿De veras? Entonces desde aquí hasta aquí” le indica al mesonero, señalando en el menú, “Es decir, por ahora…”.

“¡Cielos!” exclamó sorprendido el mesonero por el gran apetito de la chica.

“Para mi, éste, éste y éste, tres platos para cada uno” Dijo Gaudy, señalando el menú.

“¿¡Dijiste tres platos!?” preguntó asombrado el mesonero.

El mesonero se retiró pensando en lo hambrientos que estaban los clientes de aquella mesa.

“Eeh… quería decirte que estás preciosa esta noche” dijo Gaudy.

“Gracias Gaudy. Puedo decir que tú también te ves muy bien” respondió Rina.

La verdad es que nunca le había llamado tanto la atención ningún otro hombre, y este rubio distraído le parecía fascinante. Le gustaba su naturalidad, su manera despistada y atontada de ser.

La velada estuvo de lo mejor. Comieron hasta reventar, bailaron, hablaron un poco de ellos, de la vida en general. Ambos se habían dado cuenta de que tenían muchas cosas en común, además que le sobraba la química cuando estaban juntos.

Después de bailar una pieza, se fueron a un hermoso y tenue balcón que se encontraba detrás de la pista de baile del restaurante.

Rina se sentía bajo un hechizo. Inconscientemente, estaba esperando que él se acercara y la besara. Aparentemente, el chico le había leído la mente.

Acercó lentamente su rostro al de la chica que le había robado el corazón. Ella no se movió ni trató de esquivarlo. Lentamente, colocó sus labios sobre los de ella y le dio un pequeño y delicado beso. Ella le respondió de igual manera, regalándole un suave beso.

Él abrió sus ojos y vio que los de ella estaban cerrados. “No cierres los ojos, me gusta verlos” murmuró suavemente. Rina abrió los ojos y se encontró con los de él. La hermosa mirada azul de Gaudy parecía hipnotizarla, llevándola a un lugar más puro, donde solo reinaba la paz y donde solo existían ellos dos. Nadie más, no importaba nadie más cuando estaban juntos.

El espadachín se acercó de nuevo a ella, le regaló un beso más profundo y más prometedor, que hablaba por si solo de ternura y de promesas, un amor que ninguno de los dos pensó llegar a sentir en la vida, sin embargo, el amor había llegado en el momento menos esperado y los había conquistado a ambos.

“¿Te gustaría caminar conmigo en la orilla de la plata?” murmuró suavemente el rubio al oído de Rina, y ésta en silencio asintió.

Mientras caminaban a la playa, Gaudy comenzó a toser fuertemente de nuevo y volvió a sacar un pañuelo. Ocurrió lo mismo, había tosido y un poco de sangre había quedado en el pañuelo.

“Gaudy, creo que debes ir a ver a un médico” mostró su preocupación.

“Ya fui a uno, Rina. Dijeron que no tenía remedio, al parecer algún demonio o algo así me provocó una bendición o algo así, no entendí muy bien lo que dijo” sonrió despreocupado.

“¿Bendición?, ¿No será una maldición?” preguntó Rina, tratando de no reírse ante la equivocación del espadachín.

“Bueno, eso” respondió rascándose la cabeza, tratando de recordar qué le había dicho el doctor. “Al parecer fue un hechizo negro” subió los hombros en señal de poca inquietud ante el asunto.

“Rayos Gaudy, no puedes tomarte estas cosas a la ligera. Yo sé de magia blanca pero no lo suficiente…” el silencio reinó por unos segundos. Rina estaba pensando en alguna idea, alguna personas que conociera y manejara perfectamente la magia blanca.

“¡Ya sé!, Puedo ir a casa de una amiga a buscar un libro de magia, estoy segura de que allí encontraremos el hechizo que haga contraste con la maldición” sonrió ante su magnífica idea y Gaudy no parecía entender nada de lo que había dicho.

“Gaudy, debes quedarte en cama hasta que yo regrese, debes descansar… no entiendo por qué diablos alguien te envió una maldición…” tratando de recordar algún detalle que la guiara hasta la verdad, recordó algo: “Diablos, la Espada de la Luz. ¿No te ha sucedido nada extraño, como algún sujeto extraño pidiéndote la espada?” preguntó.

“Siempre sucede, es normal. Supongo que todos quieren la espada, pero no se la daré a nadie, ¡noo, no! Es de mis antepasados…” comentó mientras se aferraba a su espada como si se la fueran a quitar.

“Gaudy, ¿No ves lo grave que puede resultar esto?”

El rubio volvió a toser, aún más fuerte y parecía que con el tiempo estaba empeorando.

“Gaudy, puedo ir hasta la ciudad vecina que es donde se encuentra mi amiga con el libro de hechicería de magia blanca. ¿Me esperarás? No debes llevar brisas ni frío, tu condición podría empeorar” dijo una triste Rina.

“¿Bromeas? Te esperaré toda la vida si es preciso” sonrió un despreocupado pero enamorado espadachín.

Rina sonrió ante la respuesta del rubio. “No quiero hacerte esperar tanto” bromeó y se acercó para besarlo.

“Podría pasar toda la vida mirando esos hermosos ojos rojizos” murmuró seriamente Gaudy.

Rina, desde que lo conocía, nunca lo había visto hablando tan serio. Se acercó más a él y lo abrazó fuertemente. “No quiero que te pase nada malo, es por eso que debo ir a buscar el libro” murmuró.

“Todo va a salir bien” la besó en los labios y dejó que ella se recostara sobre su pecho.

Se quedaron un rato en silencio, simplemente abrazados. No necesitaban mil palabras para expresar lo que sentían, con el silencio bastaba y el momento lo decía todo.

“¿Sabes? Antes que nada, me gustaría bailar una pieza más contigo” dijo Gaudy.

Caminaron hasta una sala de baile que se encontraba cercana a Armenonville. Era la única sala que tenía una pequeña rockola.

Al llegar allá, Gaudy se dirigió a la rockola y eligió una canción de la lista. Alegremente, se acercó hasta Rina y la llevó a la pista de baile. La canción empezó a sonar.

Maybe it's intuition
But some things you just don't question
Like in your eyes
I see my future in an instant
and there it goes
I think I've found my best friend
I know that it might sound more than
a little crazy but I believe

“Rina, desde que te vi por primera vez quería dedicarte esta canción. Ahora que te conozco, te la voy a dedicar” la besó suavemente. “Esta canción es para ti…”

I knew I loved you before I met you
I think I dreamed you into life
I knew I loved you before I met you
I have been waiting all my life

There's just no rhyme or reason
only this sense of completion
and in your eyes
I see the missing pieces
I'm searching for
I think I found my way home
I know that it might sound more than
a little crazy but I believe

A thousand angels dance around you
I am complete now that I found you

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Bueno, lamentablemente no pude terminarlo como quería ni agregarle algunas cosas por falta de tiempo, pero me gustó como quedó. Espero que le guste la historia =)

Comentarios a toxicmichelle@hotmail.com

Gracias por leer!

 

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