Siempre he pensado en ti
Por Andrea Hojaverde
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**Respuesta al reto de agosto-septiembre de 2004 “Sólo pienso en ti”, de El Altar de Zeros. = Prohibida su publicación en cualquier otra página = |
En una
pequeña ciudad costera un joven de pelo castaño miraba por su ventana el
movimiento del mar. El viento le removía el flequillo pero no le importaba, no
podía dejar de admirar la belleza del paisaje que tenía delante. Aquel joven de
pelo café, alto aunque no mucho y mirada triste se llamaba Zelgadiss Graywords,
la gente lo llamaba artista y era conocido en toda la comarca por su habilidad
para pintar pero a él eso no le importaba lo más mínimo, sino todo lo contrario.
Alguien llamó a la puerta devolviéndole a la realidad, miró al mar una vez más antes de dirigirse hacia la entrada de la humilde casa. Al abrir la puerta se encontró con dos personas, una de ellas alguien a quien no esperaba ver en la vida. Un hombre alto y musculoso de cabellos negros y ojos azules entró seguido por una muchacha de pelo largo y rojo, mucho más pequeña que él y sin ninguna curva.
- ¿Qué desean? - preguntó Zelgadiss educadamente, esperando que la chica pelirroja más conocida como Lina Inverse no lo reconociera.
- Vera - comenzó a decir el hombre - soy el príncipe Philips, y ella es mi prometida Sofía - Zel se sorprendió al escuchar ese nombre.- nos vamos a casar, así que me gustaría hacerle un regalo muy especial... Quiero un cuadro suyo del mismísimo Z.G.
- No sé que decirle, la idea no me entusiasma demasiado - sintió como Lina le fulminaba con la mirada y ante el temor de que empezara a lanza bolas de fuego añadió - por muy bella que sea su prometida... Ya sabe si ha visto mi colección que no suelo pintas mujeres.
- Por eso mismo, será único, por favor acepte - insistió el príncipe.
- Esta bien, le haré el retrato - aceptó tras pensárselo un momento.
- Gracias, muchas gracias - sonrió el príncipe.- ¿Cuándo podrá empezar?
- Cuando la señorita Sofía, ¿no? Quiera, en estos momentos no tengo ningún otro encargo.
A partir de ese día, la joven pelirroja visitó a Zel todas las tardes durante dos horas para que pudiera pintarla. Él fingía no conocerla aunque por dentro quería saber que había ocurrido con Gourry y los demás, ya que desde que se despidieron tras haber luchado con Estrella oscura no se habían vuelto a ver.
- ¿Nos hemos visto antes? - preguntó ella por fin una tarde mientras Zel la pintaba.- He estado pensando y me suenas mucho, aunque claro como no tienes nombre... ¿No serás un ladrón o algo así? - los ojos de la joven se iluminaron.
Zel negó con la cabeza intentando no sonreír, por mucho que se cambiara de nombre no dejaba de ser ella misma. Se refugió sobre el gran lienzo que le había dado el príncipe junto a un segundo, ya que al ver el trabajo que estaba haciendo al pintar a la chica había decidido que también lo pintara a él.
- Me recuerdas a un amigo que tuve - Lina lo sacó de sus pensamientos - Él también era bastante reservado y raro, como tú. No sé lo que fue de él...
- Yo no soy raro - aseguró Zel.
- ¡Oh, sí que lo eres! Veamos, nadie conoce tu nombre, no tienes historia, no pintas a mujeres... ¿Vas a decirme que es muy normal? - Zel no respondió nada, para él tenían sentido todas esas cosas pero comprendía que para Lina no - Por cierto, ¿cómo te llamas?
- Gael - respondió sin levantar la vista del cuadro, había dicho el primer nombre que se le había ocurrido.
- Me mientes, ese no es tu nombre...
- Bueno no soy el único.
Lina fue a preguntar algo pero no pudo hacerlo ya que un horripilante grito cruzó el cielo, pintor y modelo se asomaron por la ventana y vieron a un gran dragón de color rojo que estaba atemorizando a toda la ciudad. Lina se debatía entre descubrir su auténtico yo y salvar la ciudad, o aguantarse y ver como el dragón hacia de las suyas pero como respuesta a sus dudas Zelgadiss habló:
- Dejémonos de tonterías Lina, será mejor que hagas un mata dragones, ese dragón además de peligroso parece poderoso. Haz lo que tú quieras pero luego caerá sobre tu consciencia.
- Es que... Yo... Veras no es lo que piensas...
- ¡No ves que no es Filia! Ella es un dragón dorado y ese es de color rojo, ¡Lina eres la única que puedes acabar con él!
A pesar de estar sorprendida por la reacción del pintor Lina asintió y salió de la casa, tras realizar su hechizo y acabar con el dragón, se metió rápidamente en la casa, no quería que nadie la reconociera quería seguir siendo Sofía y no Lina. Fue directa al pintor.
- ¿Cómo sabes quien soy? ¿Cómo conoces a Filia? - la mente de Lina trabajaba lo más rápido que podía, tenía que conocer a ese pintor, tal vez fuera un demonio con un disfraz, podía ser Xelloss.
- Oh, esta bien, supongo que no puedo esconderme más tiempo... Soy yo, Zelgadiss, encontré una cura.
- ¿Zelgadiss? ¡Claro, Z.G! Que poca imaginación tienes... Y, ¿se puede saber por qué no nos dijiste nada?
- No lo sé, es la verdad Lina, no lo sé. Además, quien fue a hablar de imaginación, siempre usas Sofía.
- Es un nombre que me gusta mucho.
- ¿Qué pasó con los demás? Siempre me he preguntado por ellos... Y he de decir que me ha sorprendido verte con ese príncipe, siempre pensé que sentías algo por Gourry.
- Bueno - la tristeza se apoderó de la voz de Lina, algo que para Zelgadiss significaba que las noticias no eran buenas.- después de lo de Estrella Oscura no supe nada ni de Xelloss ni de Filia, creo que ahora tiene una tienda de mucho éxito y que es una madre estupenda pero nada más. Ameria volvió a su reino, sigue siendo la princesa de ahí por eso conocí a Philips. Verás, perdí a Gourry no he vuelto a saber de él y tras buscarlo en compañía de Ameria durante meses decidimos dejar de buscar y me invitó a estar con ella, él fue uno de los príncipes que intentan casarse con ella pero por alguna razón se fijó en mi, y tras la pérdida de Gourry no he encontrado nada mejor.
Lina se sentó, varias lágrimas recorrieron sus mejillas, Zelgadiss se sentó a su lado temeroso, no sabia como actuar en situaciones como esas.
- Y sabes que fue lo peor de todo, que fui tan estúpida que nunca le dije nada, fui tan tonta que solo me di cuenta de lo que tenía cuando lo perdí.
- Dímelo a mi.
- ¿Qué quieres decir?
- Antes me preguntaste por qué nunca pinto a ninguna mujer, veras es que tras perder a la única mujer que he amado me resulta muy doloroso. Antes, cuando era una quimera me decía a mi mismo que no podía decirle mis sentimientos porque era una quimera pero cuando me curé fui directo a ella pero en la puerta de su palacio me dí cuenta que no debía hacerlo por otro motivos, aunque en realidad tenia miedo como lo sigo teniendo ahora.
- Que tontos hemos sido, ¿verdad? Pero bueno - Lina volvió a recobrar su dinamismo.- será mejor que pensemos en el presente y no en el pasado, a lo hecho pecho... Vaya, cuanto se retrasa Philips, debería estar aquí ya.
Pasaron las horas y Philips siguió sin aparecer, Lina acabó marchándose para asegurarse de que estaba bien. Zelgadiss se sentó para cenar un poco, mientras lo había no podía evitar el mirar el cuadro que tenía delante, el del príncipe. Lo había acabado antes que el de Lina porque el joven insistió en que el suyo fuera el primero. Al observarlo se sintió orgulloso, era el mejor retrato que había echo en su vida, la cara del príncipe era idéntica.
Aunque al observarlo detalladamente se dio cuenta que el cuadro había cambiado, él había pintado al príncipe como el joven dulce y angelical que era pero el cuadro había cambiado, la expresión era mucho más dura y malvada. Se levantó de la silla y fue hacia el lienzo, pero cuando fue a observarlo llegó Lina.
- ¡Zel! Tienes que ayudarme, han raptado a Philips.
El joven se volvió hacia la chica y asintió lentamente sin dejar de observar el cuadro, pero cuando Lina lo agarró del brazo y tiró de él miró a la hechicera quien había vuelto a ponerse su traje color rosa.
- ¿Tienes alguna pista para que podamos encontrarle? - preguntó Zel.
- Sí, los secuestradores me dieron esta carta, dicen que he de llevarles esta cantidad de dinero a esta dirección pero no saben con quien se ha mentido, les voy a dar esa cantidad, sí pero en bolas de fuego y mata dragones.
- Pobres... Bueno, eso no está lejos, si nos damos prisa en una hora llegaremos.
Los dos magos salieron corriendo hacia el bosque donde los secuestradores esperaban a Lina. Zelgadiss tuvo razón y en una hora llegaron al claro del bosque donde tenían al príncipe, aunque nada más llegar ahí un montón de diversos hechizos salieron de la nada que los cogieron por sorpresa. Lina cayó al suelo herida y Zelgadiss fue atado mágicamente.
Sus atacantes los llevaron por el bosque con facilidad, hasta a un pequeño templo que estaba lleno de gente vestida con túnicas rojas. Tiraron a Lina al lado y a Zelgadiss en el centro de una pequeña plaza que había dentro del templo, el joven se sorprendió al ver quien estaba a su lado: Gourry. Y se sorprendió todavía más al ver al príncipe Philips delante de él con un gran cuchillo en la mano derecha.
- Queridos hermanos - el público le aclamó.- tras siglos y siglos esperando la llegada a este mundo de nuestro Mesías por fin esta noche veremos cumplido nuestro sueño, ya que la profecía está a punto de cumplirse. Por fin tenemos la sangre del monje rojo y la de un elfo.
- ¡Ya entiendo! El lienzo, era mágico, demostraba la verdadera naturaleza de quien lo pintaba.- exclamó Zelgadiss mientras Gourry lo miraba con cara de no enterarse de nada.
- Maldito Xellos, ¡me dio el cambiazo! Aunque para lo que ha servido... La profecía se cumplirá, nuestro Mesías llegará a este mundo para dominarlo.
- ¡No si nosotros podemos evitarlo! - exclamó una voz femenina que Zelgadiss conocía muy bien, la de Ameria que acababa de entrar al templo junto a Xellos quien ponía los ojos en blanco.- ¡Además la justicia está de nuestro lado! - Philips empezó a reírse y a burlarse de Ameria y Xellos.- Normalmente sólo tengo amor para dar pero creo que esta noche lo que daré será muy diferente.
- Nadie se ríe de mi amiga y vive para contarlo - dijo Lina que acababa de recobrar la consciencia. Después hizo un hechizo mata dragones que dejó a todos los habitantes del templo K. O.- Bueno, al menos podré cobrar una buena recompensa.
Xellos decidió que fue hora de irse no sin antes insultar a Zel un poco por no reconocer su pista, el joven pasó de largo, estaba más ocupado mirando a la princesa que estaba a su lado sonriéndole como siempre. Entonces su corazón volvió a latir como no lo había echo durante mucho tiempo y sintió que el valor se apoderaba de él. Miró a Lina junto a Gourry, ella no le iba a decir nada, lo sabia pero él tenia que decírselo.
- Ameria...
- ¿Si?
- Siempre te que querido y siempre he pensado en ti, no puedo ocultarlo más tiempo por mucho que sepa que no soy correspondido.
- ¿Y quien te dice que no eres correspondido?
La morena sonrió y se acercó al castaño, entonces los dos se besaron apasionadamente, como querían hacerlo desde que se vieron.
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