Por Aku Grausherra
Y
Catyna Metallium Inverse.
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Respuesta al reto de agosto-septiembre de 2005 “Seducing a Demon”, de El Altar de Zeros. = Prohibida su publicación en cualquier otra página = |
El invierno había llegado, y dejaba a su paso toda su furia y rabia; pero cerca, muy cerca de lo que lo humanos llamaban “El Horizonte Perdido”, o mejor dicho, para los mazokus “Wolf Pack Island”, la rabia de su señora era descargada sobre sus humildes súbditos.
-¡¡¡Sois todos una banda de incompetentes, estúpidos, patanes!!!
-Mi señora…
-¡Cállate! ¡Os quiero a todos fuera de mi vista!
-Sí, mi señora.
Estaba furiosa, rabiosa…y decepcionada. Después de tantos años a su servicio…no podía creerlo. Había malgastado tiempo, poder…
Fue su sirviente más fiel, el hombre perfecto, o mejor dicho, la persona perfecta… y ahora se encontraba sola…alguien se lo había arrebatado de su lado… ESA se lo había arrebatado…
Claramente, era una mujer…y lo estaba apartando de su lado…para obligarlo a unirse a su ejercito…Sí…eso era…y creía saber quien era...
Sería mejor trazar un plan, pero… ¿Para qué? ¿Con que objetivo? ¿Castigarlo para que se diera cuenta de que nadie lo podría proteger como ella? O si la cosa se torcía, solo le quedaría una solución…
No quería utilizar esa baza; cuando lo creó lo hizo con la única idea de que jamás llegaría a esos extremos, pero si hacia falta…
-Mi señora…-un sirviente entró alborotado.
-¡Maldito engendro! ¡No quiero que nadie me moleste!
-Pero…
-¡Que te calles! ¡Sangrar de Zellas!
Ella siguió sumida en sus pensamientos, y esa era la cruda realidad… o era suyo, o no seria de nadie.
Decidió llamarlo, era lo único que le quedaba… y no perdería nada por intentarlo.
-Zeros Metallium –dijo con voz ultratumba- preséntate ante mí inmediatamente.
Un minuto transcurrió hasta que el Sacerdote Bestia apareció.
-Aquí me tiene, mi señora – dijo risueño.
-Déjate de confianzas –Zellas pegó un puñetazo en su diván- ¿Dónde has estado?
-Vigilando estos parajes, como usted dijo.
-No te creo – replicó con desdén- tienes un olor diferente.
-Si usted me permite, le diré que esa manera de inspeccionar me resulta muy desagradable…suena como una comparación con los vampiros.
-¿Tienes algo en contra de ellos?
-No son una raza que adore mucho, por así decirlo.
-Has estado con una mujer – dijo sin rodeos- mejor dicho, estás, y para mayores males, traicionándome.
-¿Qué…?
-Esa pandilla de engendros humanos con los que… vas… ESA lagarta a la parrilla…
-¿Philia? – Dijo divertido- Hace siglos que no la he visto.
-¡ESTÁS MINTIENDO! – La Señora De Las Bestias elevó la voz- Se perfectamente que planean atentar contra mi reino.
-¿Qué? –Dijo Zeros incrédulo- Lo siento, no entiendo.
-¿Y piensas que por ser mi único y más poderoso sirviente voy a prescindir del resto de mi reino? – Estaba fuera de si y ya no prestaba atención a su sirviente- Tengo otros contactos, y se perfectamente lo que os lleváis entre manos…
-Pero…
-Zeros Metallium, quedas desterrado de estas tierras y se te concederá una semana blanca para que puedas esconderte antes que mande rastreadores para que te destruyan.
Al joven sirviente se le llenaron los ojos de lágrimas…
-Me cuesta creerlo…
-No pienses que no me duele el perder algo tan valioso… de hecho, te he dado la semana blanca…
-Bajo mi poder, te ordeno que abandones tu camino de oscuridad, y te postres ante mí.
En la sala principal del palacio de Wolf Pack Island, Zellas había concentrado la mayoría d su poder en una bonita especie de masa uniforme, que poco a poco comenzaba a tomar forma.
Un joven de unos 20 años, 1’85, pelo negro por la altura de los hombros, ojos gris-azulado, piel bronceada y peladita, apareció ante ella.
Lo vistió con botas y pantalones negros y una camisa holgada y sin mangas color Aqua Fashion.
-Kaloss Metallium –dijo sonriendo- Mi más fiel y adorado sirviente tengo una misión para ti…
Kaloss abrió los ojos sonriendo.
-Mi señora…-hizo una reverencia- a sus órdenes…
-Necesito que encuentres a mi anterior perro traidor… y le destruyas.
-¿Cabeza en bandeja de plata?
-No – dijo riendo- mejor, déjalo invalido y preséntalo ante mi.
-De acuerdo.
-Pero antes que eso…quiero que te mantengas una temporada vigilándolo e informándome.
-A sus órdenes. –sonrió y beso la mano de sus señora, desapareciendo.
-Bien…ahora veamos quien gana esta batalla.
Eran tiempo maravillosos aquellos… aún los recordaba…
Encontró la “felicidad” demoníaca junto a una persona prohibida...sabía las consecuencias, pero el amor que sentía era demasiado fuerte y se dejó vencer.
Las lunas pasaban y cada día le parecía más maravillosa su vida y lo fue todavía mas el momento en que formó a su futuro hijo…recordaba aquella noche.
Ambos se encontraban en un apartado lugar; se trataba de un hermoso puente que atravesaba un enorme y majestuoso lago, rodeado de jazmines y azucenas.
El centro del puente era reconocible por una hermosa cúpula color añil brillante sostenida por cinco bellos pilares y cada uno estaba representado por un Lord diferente.
La Luna alumbraba todo el espacio produciendo un bello efecto de ensueño…
Dolphin miraba ensimismada el cielo y sin darse cuenta el joven demonio se coloco a su lado, sonriendo.
-Adoro mis jardines… -dijo Kai Ou embelesada.
-Yo lo que más adoro de ellos… -dijo la figura acariciando su barbilla- es su reflejo en tus ojos.
Pegó un respingo, se había quedado tan absorta en sus pensamientos que no detectó la presencia del muchacho.
-¿No estabas de servicio?-dijo lentamente, abrazándolo.
-Hoy tenía servicio libre una vez que hubiese solucionado unas cosas.
Kai lo miró dulcemente, apartó sus cabellos morados delicadamente y puso su cabeza sobre su hombro derecho. El se giro lentamente, hasta que pudo abrazarla.
-Si tu señora me descubre, tendremos problemas…
-Eso no ocurrirá, lo tengo todo bajo control, je je –dijo con tono burlón.
-Yo no subestimaría a La Señora De Las Bestias…no…
Zeros la atrajo hacia él, en el diván que había en el centro del puente.
-Nada nos separará…-el joven retiró poco a poco el vestido de la Lord, besándole el cuello- nunca…
Todo parecía perfecto, salvo por una pequeña cosa.
Detrás de un frondoso árbol, se encontraba Zellas Metallium, atenta a cada movimiento. No había podido ser engañada; sabía que su sacerdote tenía un comportamiento extraño y debía investigar.
Llena de furia, desapareció y se tele transportó hasta su palacio. Meditó y meditó durante horas, hasta que por fin lo tuvo todo en mente…
Esperó a que llegara su sirviente y efectuó su plan. Envió a Zeros a una misión fuera de aquellos reinos a otros más lejanos durante un año y así, aprovechó para observar a su rival.
Pasaron las semanas, los meses…y Zellas advirtió un detalle imprevisto. Dolphin estaba encinta.
Aquello la dejó de piedra.
-No… -dijo en blanco- no es posible…esa Kujira tiene un niño…
Aquella espantosa noche pensó todo cuanto pudo, hasta tenerlo todo decidido.
Esperó los siguientes meses, hasta que la Lord hubo tenido el niño.
Era una noche suave…
Zellas se deslizó hasta el portal del palacio de Kai Ou y una vez allí apareció ante los grandes portones.
-Deseo ver a La Señora de Los Mares –dijo con tono imperativo.
-La Señora esta descansando en su habitación, por favor le pido que se marche o siempre puede esperar en la sala de espera, pero dudo que en dos o tres días le acepte la visita.
-No me importa esperar –todo y que le estaban entrando ganas de fulminar aquella sirviente, prefirió no profesar movimiento hostil alguno- tengo unos asuntos muy serios que resolver.
-Bien, entonces sígame.
Llegó ante un gran salón azul, lleno de sillones y sofás aterciopelados. Hizo ademán de sentarse y cuando hubo desaparecido al sirviente, se asomó por la ventana y calculo por cuantas salas debería pasar hasta llegar a su destino.
Cuando se hubo asegurado de que tenía el paso libre, abrió la puerta y sigilosamente marcho hasta el final del pasillo, giró hacia la izquierda y al cuarto pasillo a la izquierda de nuevo.
Así pues, llegó ante una gran puerta azul metálica que despedía un gran poder. Colocó su oído junto a la cerradura.
Silencio.
Con aire decidido, giró el pomo de la puerta y lentamente fue entrando.
Lo primero que vio fue una enorme cama de matrimonio y unas grandes cortinas que caían sobre ella, color platino. A mano derecha había un escritorio y a mano izquierda, un ventanal que ocupaba casi toda la pared.
-¿Kujira…? –dijo con precaución.
Pero nadie contesto.
Malhumorada, cerró la puerta y se dispuso a dar una ojeada a toda la habitación, pero su investigación no fue muy lejos, cuando paso junto a la cama.
Una figura angelical descansaba con una sonrisa en los labios, y a su lado, una criatura envuelta en una mantilla amatistas con unas iniciales bordadas en negro.
Zellas rió para sus adentros; ahí estaba su futuro…
Delicadamente, cogió la criatura y la envolvió en su capa. Cuando disponía a marcharse, Kai Ou abrió los ojos.
Zellas se escondió al lado de las cortinas rojas del ventanal.
-¿Quién está ahí? –dijo gritona. Entonces se fijó que la cría no estaba a su lado-¡No!
Se levantó e intentó caminar, pero estaba demasiado exhausta para dar ningún paso y cayó al suelo.
Zellas apagó todas las luces y se puso delante ella, tapada enteramente.
-Tú… -dijo con voz cansada- devuélveme…lo…
Antes de desmayarse, tuvo tiempo para invocar una bola que rozó a Zellas por la cintura, provocándole un profundo arañazo.
Escuchó como se avecinaban pasos y decidió que era hora de abandonar aquel lugar, así pues, desapareció del palacio.
Se tele transportó hasta una puerta de madera bastante deteriorada. Dio dos toques y automáticamente se abrió ante ella. Se adentró cautelosamente y subió unas escaleras con una alfombra blanca. Una vez arriba del todo, volvió a tocarla hasta que se abrió.
-Bienvenida –dijo una voz quejumbrosa, una vez estuvo dentro de la gran sala- te esperaba.
-Gracias –dijo sonriendo- aquí te traigo un pequeño regalo, como acordamos.
Depositó al pequeño en medio de un altar.
-Será mejor que me marche, nadie debe sospechar nada.
-Estoy de acuerdo.
-Pero antes, me gustaría aclarar unas cosas contigo –dijo delante del trono...
-Dígaseme –dijo con tono burlón- soy todo oídos.
-Quiero que críes este niño con la mayor crueldad posible, dale un entrenamiento partir de hoy lo más duro posible –dijo son una sonrisa maquiavélica- quiero un sirviente poderoso y despiadado.
-No hace falta que me lo diga dos veces, damisela.
-Dynast… ¿desde cuando eres tan cortés?
-Desde que enloqueciste a causa de tu sirviente –dijo a carcajadas- eres de lo que no hay…mira que robar una criatura…
-¿Uhm…?
-Me gusta –dijo finalmente- Me encargaré personalmente de su cuidado y como acordamos, yo he creado este chiquillo.
-Bien… -dijo atravesando la sala y parándose delante del niño- Nos veremos dentro de cientos de años, pequeño…
Dicho esto desapareció.
Dolphin abrió los ojos.
-¿Dónde estarás? –Dijo con lágrimas en los ojos- Zeros me abandonó…y yo te perdí para siempre… ¿Cómo volver a empezar, si no puedo dejar de pensar en que aún vives en alguna parte de este mundo?
Se enjugó los ojos con un pañuelo de seda y se sentó el borde del puente, pudiendo tocar la fría agua cristalina…
-Uh…peces… -dijo a carcajadas – peces bonitos…
Estaba sentado junto al trono, cavilando.
Esta vez se saldría con la suya, estaba seguro de que conseguiría sus planes…
Quería vengarse, quería darle una lección a aquellos que tanto daño le habían hecho y él no pensaba hacer menos…
-Ojalá no llevara esta sangre tan sucia… -dijo con repugnancia- Padre… sufrirás por todo lo que has hecho…
Lo tenía todo bien planeado.
Primero hablaría con Dynast y le convencería de organizar un baile. Le diría que invitara a todos los Lords, a todos sus sirvientes y a todos aquellos que poseyeran un tremendo poder. Convencería a la mayoría, haría que se uniesen a su bando…y en medio de la gran fiesta, una parte ocasionaría una gran confusión y en ese momento se movilizaría él y todo su ejercito… y se vengaría…
-Sí…-dijo sonriendo-…con eso bastará.
En ese momento abrieron la gran puerta de madera.
Un joven de apenas 20 años, tez blanca, pelo color negro y ojos grises apareció algo malhumorado.
-Buenos días, señor –dijo Grau haciendo una reverencia.
-Buenas días, pequeño.
Se sentó en su trono y apoyó su mejilla en su puño izquierdo. Tal vez no fuera un día para hacer propuestas.
-Eh…
-¿Tú sabes lo aburrido que es esto? –Dijo sin prestarle atención- menos mal que mi querida bestia ha cambiado de humos.
-¿Perdone?
Dynast le acercó una tarjeta.
-Quedas invitado a La Fiesta de Todos Los Tiempo. Parece ser que va a anunciar algo y antes de ello piensa hacer un gran baile, con todo tipo de lujos…
-No es posible –dijo atónito; alguien se le había adelantado.
-¿Ocurre algo? -dijo sorprendido.
-No, no –carraspeó- No es nada.
-Bien… -dijo de nuevo perdiéndose en sus pensamientos- ¿Por qué no vas a dar una vuelta? Llevas toda la semana aquí al lado del trono, te vas a empolillar si sigues así…márchate un rato.
-Si, mi señor –Grau hizo una reverencia y desapareció.
Volvió a parecer en los jardines del castillo.
-Bien, bien, bien…- dijo sentándose en un banquillo- parece que el viento está a mi favor…
Habían pasado dos meses, debía haberlo encontrado ya, aunque no le extrañaba nada siendo que ella le había enseñado como nadie podría hacerlo. Lo creó a conciencia y nunca pensó que quizás aquel ser podía traicionarla y ahora lo estaba pagando, si se hubiese parado a pensar por un momento ahora no le costaría tanto encontrarlo.
Primero debía asegurarse de que todo estaba en orden y más adelante ejecutaría sus planes.
-Kaloss -llamó mentalmente- preséntate ante mi ahora mismo.
Al instante apareció un chico que no aparentaba más de veinte años.
-¿Mi Lady me llamó?-dijo en una reverencia.
-¿Hay algo de lo que deba ser informada? Por que deberías haberlo encontrado ya –en estas últimas palabras se notaba cierto tono molesto por la torpeza de sus rastreadores.
-Mi señora, entiendo su frustración por tanta tardanza por nuestra parte pero… la mayoría de los rastreadores son bastante…-dejó estas últimas palabras en el aire- no quería ofenderla con estas palabras pero sabiendo las capacidades de su anterior súbdito, el resto de sirvientes están años luz de conseguir la mitad de experiencia y atraparlo.
-¡No me valen esas estúpidas excusas! Se perfectamente que ningún otro sirviente está tan entrenado, ni tienen sus capacidades ni mucho menos su experiencia.
Se levantó furiosa y de la nada apareció una copa de vino.
-Pero si esos inútiles quieren que sus cabezas sigan en el sitio será mejor que los entrenes rápido y que los encontréis.
-Sus órdenes serán cumplidas- dijo desapareciendo.
Zellas se quedó pensativa por un momento, ¿En que lugar podría estar ese maldito infeliz?, ¿Que sitio sería tan seguro como su propia isla?
Tenía que ponerse en su piel, si fuera Zeros ¿Dónde habría ido a esconderse?, estaba segura que ese lugar no sería junto a sus amigos los engendros humanos, por que entonces estaría condenado a muerte desde el primer momento, no, Zeros no era tan estúpido como para refugiarse junto a aquellos que en parte lo habían juntado con ESA condenada y repulsiva lagarta amarilla.
Quizás la forma más rápida de encontrarlo sería tendiéndole una emboscada, pero tenía que estar muy bien diseñada para que él no sospechara nada. ¿Cual sería la mejor de las maneras? Tenía que ser algo rápido en el sentido de que ella ya estaba desquiciada de no poder encontrarlo, quería cortarle esa bonita cabeza y ponerla encima de su cama.
De repente una idea le vino a la mente, para asegurarse de que el no sospechara ¿que tal un baile? Y el cebo…las mayores celebridades de la magia estarían presentes entonces conociendo el carácter de Reena Invers esta iría y Zeros atraído por el presentimiento de que ellos lo podrían ayudar… también iría.
-Kaloss, preséntate inmediatamente-dijo con una sonrisa en los labios.
-¿Mi Señora me llamó?-repuso a la vez que hacía una reverencia.
-Así es, quiero que te quedes al cargo del reino por unas horas, tengo algo que hacer-dijo mientras encendía un cigarrillo y se lo lleva a la boca.
-Mi Lady, ¿dónde va a ir?
-Tengo a un plan y quiero ponerlo en funcionamiento, eso es todo lo que necesitas saber.
-Como usted ordene.
-Ya puedes marcharte-dijo Zellas mientras se levantaba de su diván.
-Sí, mi lady -respondió desapareciendo.
Zellas se paró en medio de su habitación y miró hacía el gran ventanal posando su mirada en el más lejano horizonte, él sería el primero.
En un lugar muy lejano de Wolf Pack Island Ha Ou –sama se encontraba en su gran biblioteca leyendo un libro, el cual desprendía un extraño poder y una luminiscencia plateada En su cara se podía denotar cierto aburrimiento, miro hacía la bóveda de cristal por la cual podía las tormentas de nieve, pero en aquel mismo momento no había ninguna
Un ruido llamo su atención, alguien había llamado a la puerta, ¿que diablos habría pasado ahora?
-Adelante-dio con dejadez en su voz.
-Mi Lord-dijo Grau – Lady Zellas ha venido y pide ser recibida como se merece.
-Dile que pase a la sala principal, enseguida iré.
-Como usted ordene-dijo retirándose.
Al cabo de unos minutos Dynast apareció en la sala principal y se dirigió hacía su trono.
-Vaya, ¿cual es la razón por la cual se debe esta sorprendente visita?
-Sigues igual que siempre Dy –kun.
-Por favor siéntate-en ese momento apareció un diván de hielo-y no me vuelvas a llamar Dy-kun, lo odio. Bien y dime ¿a que se debe esta inesperada visita?
-Bueno en realidad no quiero pedirte ningún favor como estarás pensando ahora mismo.
-Y ¿por que piensas que estoy pensando eso?
-Por favor Dynast que nos conocemos-dijo con una mirada de evidencia.
-He venido para hablarte de un baile que voy a organizar y al cual por supuesto estás invitado.
-Y… ¿que te hace pensar que yo iría?
-La simple razón de que es una fiesta donde se encontraran todas las celebridades de la magia, y el simple hecho de que tu no estuvieras sería una falta de respeto para el resto de invitados-dijo sonriendo.
-Me lo pensaré-contesto mirando a otro lado.
-Parece que aquel sirviente que te entregué era más débil de lo que me esperaba, lo siento, esperaba que tuviera más capacidades.
-¿De que estas hablando?
-De aquel bebé que te traje hace mucho tiempo.
-Te refieres a cuando tu eras joven ja,ja,ja.
-Muy gracioso, tienes suerte de que estamos en tu territorio, ñiiii-le dijo sacando la lengua.
-Oí que se te murió un sirviente.
-Hai y así fue pero no fue Grou, el es mi sacerdote.
-¿Entonces estas diciendo que no está muerto?
-Me gustaría saber de donde sacas esos rumores-le respondió sacando la lengua.
Alguien llamó a la puerta, tanto Zellas como Dynast se giraron para mirar quien era.
-Adelante.
-Mi Lord, aquí esta lo que usted pidió-
Un joven que no debía tener más de 16 años, con el pelo azul oscuro y los ojos malvas entró con una bandeja que contenía una botella de vino y dos copas de cristal.
-Déjalo encima de la mesilla y ya puedes marcharte.
-Como usted ordene señor-respondió dejando la bandeja y yéndose hacía la puerta.
Los ojos de Zellas mostraban una impresión imposible de esconder, Dynast se dirigió hacía la mesilla y lleno las dos copas de vino extendiéndole una a su invitada y dándole una mirada interrogativa. Ella murmuro por lo bajo.
-Es igual que su padre.
-Uh… ¿su padre dices?, ¿acaso sabes quien es?-preguntó curioso.
-Claro que se quien es-dijo sin levantar la mirada del suelo-ese maldito traidor, le dejé pasar una pero esta no se la dejare pasar.
-Quieres dejarte de misterios y hablar claro de una vez por todas-repuso Dynast empezando a mosquearse por que su curiosidad aun no había sido saciada.
Zellas levantó la mirada y le contestó sonriendo.
-Tú también conoces a su padre.
-¿Sí?-preguntó incrédulo.
-El padre de Grou es…Zeros.
Esa fue la primera y única vez en que la Señora de las Bestias vio aquella cara de impresión en Ha Ou. Al cabo de unos minutos Dynast-sama reaccionó.
-Me has dejado completamente atónito, no me imaginaba que tu sirviente tuviera descendencia-dijo levantándose y devolviendo la copa a la bandeja, parecía como si supiera donde estaba, incluso… ¿mareado?
-Dirás ex-sirviente, ese desagradecido tuvo la vergüenza no solo de tener descendencia, sino que ahora me traiciona con esa maldita lagarta
-¿Nani?, quieres decir que… ¿está con una dragona?
-Hai pero de ese asunto ya me estoy ocupando, me encargaré de que su muerte sea lenta y muy dolorosa. Bueno pero eso a ti no te importa, son asuntos míos de los que me encargare en persona.
-Ya lo dijimos una vez ¿no?-repuso Dynast-tu no te metes en mis asuntos y yo no me meto en los tuyos.
-Exacto…, bueno espero verte en la fiesta –dijo Zellas acercándose a la puerta y abriéndola donde le esperaba una de los sirvientes de Dynast dispuesto a acompañarla.
Ella le miro con cara de sorpresa y Ha Ou le respondió mientras le daba la espalda.
-Cuando tú piensas hacer una cosa yo ya la he hecho Zellas.
-Je, nunca cambiarás –le respondió ella saliendo por la puerta.
Cuando estas se cerraron Dynast apagó todas las luces del gran salón y se dirigió a la ventana. En medio de la oscuridad… y la nieve cayendo…
-Con que tienes un hijo…
Abrió los ojos.
Se encontraba en una habitación rosa pastel que le producía un inmenso dolor de cabeza.
Estaba tumbado en una enorme cama color blanco con bordaditos rosas y con cortinas beige con puntillitas que le producía repugnancia…a mano izquierda tenia una mesilla de noche tallada con la mejor madera de cerezo y a mano derecha un armario.
La luz del sol le dañaba los ojos, así que se levanto a correr las cortinas.
-Uh…–dijo rascándose la cabeza-demasiado fuerte para mí…
Había pasado aproximadamente 2 meses de todo aquello y ahora se encontraba en casa de Philia…trabajando a cambio de un espacio en la casa…
-Aun que…–carraspeo-podía haber sido peor.
Se paró en seco.
Primero se había producido un gran estruendo, seguido de un grito y por último un golpe seco.
Bajo corriendo las escaleras y cuando llego hasta el comedor se quedo impactado.
Philia estaba tirada en el suelo con una expresión de terror; encima de ella se encontraba un joven medianamente musculoso, pelo largo aguamarina, ojos dorados, un cuerno y una expresión medianamente tierna…era Val.
Philia estaba impactada, Val lo estaba asimilando y Zeros aun no estaba en ello.
-¿Val…?- dijo casi sin palabras- pero…si…eras…un huevo…
-Philia…- dijo acariciándole la cara- Sigues siendo igual de hermosa…
-Siento estropear el momento romántico…- comenzó lentamente el sacerdote- pero… ¿No se supone que eclosionarías dentro de dos años?
La situación era un poco…extraña.
Val había adoptado la apariencia de un joven de 20 años.
Val hizo caso omiso al demonio y recogió delicadamente a Philia, llevándola a su dormitorio.
Zeros se quedo Flipando.
La mañana acababa de llegar, aún se podían ver los últimos reflejos de la noche en la gran terraza de una casa que se encontraba a orillas de un acantilado.
-Aun no entiendo como pudo pasar esto, pero…eras un huevo y de repente en un abrir y cerrar de ojos…
-Deja de pensar en eso-le dijo él intentando tranquilizarla.
-…Es imposible… aquí hay algo que no me cuadra-le respondió insistiendo en el tema mientras se levantaba de la silla.
-De verdad deja ya de preocuparte, tampoco es para tanto ¿no?, piensa que al menos te has librado de la tabarra que te iba a dar como chiquillo pequeño.
Ella le miró con una extraña expresión en su rostro, que él no supo a que venia.
-Dejémoslo, ¿vale?, contigo no creo que pueda llegar a ninguna parte en este asunto.-dijo Philia mirando hacía el horizonte desde la balaustrada.
Val se acercó a ella y le dijo muy cerca del oído.
-¿Tanto asco me tienes con este aspecto?-
-Pero que diablos estas diciendo…-dijo dándose la vuelta rápidamente-…solo es que me extraña mucho verte así.-
-Bueno pues yo me alegro mucho de estar así-dijo con una sonrisa en los labios-es más desde que te vi aquella vez, he estado desando poder estar cerca de ti.
Philia intento huir al escuchar aquellas palabras, pero era demasiado tarde, él ya había apoyado su cabeza sobre el hombro de ella cargando parte del peso de su cuerpo sobre la dragona.
-Entiendo que me tengas miedo, sobretodo por la manera en que me comporte cuando lo de estrella oscura, pero entiéndelo tenia motivos.
-Entonces si volvieras al pasado, ¿harías lo mismo…?-
-No me mal interpretes, en aquel momento pensaba de esa manera y no se si volvería a actuar de la misma manera si tuviera la oportunidad.
El cielo empezó a oscurecerse y un fuerte viento comenzó a levantarse, parecía que iba a llover y la tormenta sería bastante fuerte.
-De lo que si me he dado cuenta es que, tú, a pesar de pertenecer a donde perteneces no tenías la culpa de nada…
-Val…
Las nubes de tormenta rompieron dejando caer gruesas gotas de lluvia.
-Espero que puedas darme otra oportunidad-dijo sonriendo levemente y abrazándola con fuerza mientras ella correspondía al abrazo apoyando su cabeza sobre el pecho de él.
La habitación era grande, muy grande y en medio de esta había una cama grande con sabanas blancas de seda, las paredes estaban decoradas en tonos dorados y rojos y las cortinas estaban echadas .En medio de la cama se encontraba Zellas mirando al vació y pensando. Era peligroso, un plan probablemente suicida pero… ¿y si daba resultado? Si era así nadie osaría acercarse a sus dominios y ni mucho menos la, debía continuar, tenía que dar el siguiente paso.
-Kaloss, preséntate ahora mismo ante mí.
-¿En que puedo ayudarla mi señora?-dijo mirando el lugar ante el cual había aparecido.
-Hay rumores de que han visto a mi perro traidor en una de las tabernas de Kendoky, quiero que vayas y averigües si es cierto, y si por si acaso no estuviera en ese momento quédate toda la noche por si vuelve a aparecer-le mandó sin levantarse de la cama y sin cambiar su posición pese a la mirada de su súbdito
-Como usted desee, mi Lady-dijo en una reverencia desapareciendo.
El silencio inundo la habitación…
-Todo depende de que te encuentres allí.
El lugar en cuestión era bastante sombrío, apenas las pocas velas que había allí podían iluminar toda la taberna y aunque hubiera más, tampoco harían gran cosa. Apenas había gente para la hora y la fecha que era, pero eso era lo de menos. Se acercó a la barra para no parecer sospechoso y pidió algo, con copa en mano se dirigió a una mesa desde la cual vislumbraba toda la taberna, cuando se sentó se dio cuenta de que en aquella mesa había alguien más .Para su total asombro aquella persona no era ni mas ni menos que una preciosa mujer de ojos verdes y cabello oscuro y suelto.
-Te importaría…-dijo aquella chica.
-¿Nani?-preguntó el.
-Te has sentado en mi mesa, ¿te importaría marcharte a otra?
-La verdad es que no veo tu nombre escrito-le contestó sonriendo.
-Quizás sea por que no te lo he dicho-
Aquella joven estaba empezando a cabrearse, ¿tan pronto?
-Y entonces, ¿por que no me lo dices?
-No hablo con desconocidos-repuso ella, la arrogancia y la insistencia de ese tío le molestaba.
-Bueno eso no es un problema, mira me presentaré, me llamo Kaloss solo falta que me digas tu nombre y ya no seremos desconocidos-dijo extendiéndole la mano.
-No me interesa conocerte.
-Yo creo que sí.
-¡No! te lo he pedido por las buenas como no te marches de mi mesa te patearé el culo hasta que no puedas sentarte con el.
Aquella muchacha tenía carácter, y eso le encantaba una mujer que no se deja dominar es como un reto y ese reto lo pensaba ganar.
-Oye no logras nada negándolo, se que te intereso no lo niegues, sino, no me tratarías tan fríamente por que haber, no creo que haya nadie que me pueda ganar…o ¿sí? Vamos mira a tu alrededor soy el más guapo que hay aquí.
-¡Oye será mejor que te vayas de mi mesa o no dejaré nada de ti para volver!-grito levantándose y apoyando sus manos en la mesa mientras clavaba sus ojos en los de él, en aquello increíbles ojos de color gris-azulado.
Uno de los empleados de la taberna se acercó interrumpiendo la conversación.
-Discúlpenme, señorita Sherra aquí tiene lo de siempre- la susodicha se volvió a sentar en la silla.
-Gracias…-el camarero se marchó.
Kaloss giró la cabeza con una sonrisa de picardía.
-Así que te llamas…Sherra…-dijo juguetón.
-Nunca te han dicho que eres muy pesado…-le corto ella bruscamente mientras se recostaba sobre el respaldo de su asiento.
-Oh vamos solo quiero conocerte-sonrió mientras sacaba la lengua.
-Eso nunca.-le contestó bebiéndose todo el contenido de la copa.
-Va se que te mueres por conocerme, tu también lo deseas.
-En tus sueños-dijo levantándose y dirigiendo se hacia la puerta.
-¡Ya te oiré gritarlo después!-le respondió dándose se la vuelta, viendo que desaparecía por la puerta.
-Con que Sherra-chan-dijo al tiempo que bebía de su copa y dejaban unas monedas encima de la mesa.
Se levantó y salió por la puerta igual como había hecho ella, miró su alrededor buscando alguna pista que le indicara por donde se había ido. Al cabo de unos minutos se cansó de estar buscando y mirando pero…oyó un ruido proveniente del mar y se fue acercando hasta la costa donde pudo ver la silueta de esa chica sentada. Se acerco lentamente para no ser descubierto pero para su desgracia ella lo descubrió.
-Y ahora, ¿que diablos quieres?-dijo con un tono que mostraba su enfado.
-Estaba esperando que lo gritaras pero como no te he oído he salido a ver si te había pasado algo.
-Te lo he dejado muy claro, ¡no me interesas y no quiero saber nada de ti!
-Tan solo dime por que no te intereso y me marchare.-
-No me lo creo.-
-Te lo aseguro y sino me marcho te dejare que me patees el culo como antes has dicho.-
Ella sonrió levemente…
-No tengo tiempo para esas tonterías, y en el poco tiempo libre que tengo me gusta estar tranquila, ¿te sirve?-le contestó hastiada por la insistencia de aquel tipo.
Él fue hasta donde Sherra se encontraba y se sentó en la arena del mar y apoyo su espalda en la de ella.
-Bueno…, no mucho pero por esta vez me conformare.-al terminar aquella frase sintió como Sherra se tensaba.
-De acuerdo, ya me voy-dijo levantándose-toma, esto por las molestias-
Sherra se giró y pudo ver como la silueta desaparecía en la oscuridad.
Paseaba tranquilamente por el centro de Musiquita; quería desconectar un poco de los dos jóvenes empalagosos, así que un poco de helado y una guía nueva de los alrededores no le vendría mal.
-Uaah… -bostezó- Tendré que visitar este lugar…pinta bien, la verdad…
Dejó su vaso a un lado y miró el cielo…ya había pasado mucho tiempo desde su marcha…pero para él el tiempo había pasado volando...
Tenía que reconocer que no se lo pasaba nada mal, pero en cierto lado sentía nostalgia por los viejos tiempos, las misiones, sus noches apasionadas con…
-¡Mirad! –Dijo una jovencita- ¿Veis lo que os decía? ¡Es genial! ¡Yo pienso ir, tengo suficiente poder como para poder participar!
Miró hacía una fuente que había en el centro de la plaza y divisó una aglomeración de magos y guerreros bastante alborotada. Se levantó de su silla y dejando su paga, se adelantó a un grupo decidido a seguir la corriente.
Al llegar a una de las Siete Fuentes Sagradas, echó un vistazo entre los espacios y vio unos enormes carteles. Cuando pudo evitar de la gente que lo oprimía, leyó:
BAILE DE TODOS LOS TIEMPOS
Ubicación: Wolf Pack Island, en el palacio de Zellas Metallium
Requisitos de Asistencia: Solo las personas que posean un poder grado 8 o superior.
Día: Dentro de 5 lunas
-Vaya, vaya, vaya… -dijo pausadamente- No sabía que ahora mi Señora le diera a las fiestas públicas…
-¡Lo ves! ¡Ahora habrá que encontrar la manera de ir, nadie podrá competir conmigo, ja ja ja! –dijo una voz jovial.
-¿Crees que tendrán todo tipo de comida? –le contestó otra.
-¡No lo se! ¡Pero para estamos nosotras! ¡Para averiguarlo!
Zeros vio que aquellas figuras se acercaban y pensaba tener una idea de quien era.
-¡Y todo tipo de lujos! ¡Fantástico! ¿No?
-¿Podrías dejar de hacer tanto escándalo, por favor?
Alguien tropezó con él, haciéndolo caer.
-Ay… -dijo algo dolorido- Reena, ¿quieres ir con más ciudad? Para pocos trotes estoy yo últimamente…
-¡Zeros! –dijeron al unísono.
Ahí se encontraban sus viejos amigos Reena, Gaudy, Zel y Amelia.
-Je je…que sorpresa… –dijo con desgana.
-¡Amigo mío! ¡Cuánto tiempo sin vernos! –dijo Reena acogiéndolo del cuello. Acto siguiente comenzó a estrangularlo y zarandearlo- ¡Ahora no tienes escapatoria! ¿¡Por qué tu señora está organizando una fiesta!?
-¿Es alguna clase de trampa? –dijo Zel uniéndose a Reena.
-La verdad es que no es propio de un Lord organizar una fiesta pública de esta manera- señaló Amelia pensativa y echándole una mirada asesina. Se unió a ambos personajes.
-¿Es un nuevo recibimiento amistoso? –preguntó Gaudy despistado.
-Ya basta por favor…si me soltáis a lo mejor consigo decir algo –dijo tristemente el demonio.
-No se, no se… -Finalmente la pelirroja lo soltó- Bien y ahora HABLA.
Caía ya la noche y Zeros se encontraba delante de una fogata narrándoles todo lo sucedido hasta el momento, como en los viejos tiempos…
-Vaya pues, te corrieron de la casa eh, ja ja ja –Rió la pelirroja.
-No tiene gracia Reena, deberías tener un poco re respeto por él-dijo Gaudy.
-Bueno… ¿Y ahora que hacemos? ¿Vamos a la fiesta? –preguntó Amelia.
-Yo tengo curiosidad por visitar los salones de un Lord. Quien sabe… –Zel se rascó la barbilla- tal vez sea lo único en muchos siglos, y para los siguientes ya no estaremos pululando por estas tierras…
-Me parece una buena idea, ¿alguien tiene algo en contra? -dijo Reena.
-Yo… no creo que sea bienvenido por aquellos territorios, sinceramente –un gotanic apareció detrás de la cabeza del demonio- o tal vez se trate de una trampa, han existido atentados contra mi y…
-En ese caso ¡Todo listo! ¡Pongámonos en marcha!
-Reena, que aun quedan muchas Lunas y él puede llevarnos –dijo Amelia cogiéndola de la capa.
-Me encanta saber que nada ha cambiado, que tenéis el mismo aprecio por mí –dijo deprimido Zeros.
-Tranquilo, nosotros estamos contigo, ¿o no?
-Oh, Pesadilla Eterna, Diosa de la Oscuridad, ábreme las puertas de la sabiduría…más allá de la vida y más cercana de la muerte. Ábreme las puertas del Vacío…
Zellas se encontraba en una oscura sala. Lo único que parecía despedir luz propia, era ella misma.
-Ahora… -dijo arrastrando las palabras e iluminándose cada vez más- déjame verlo…
Un Agujero Negro se abrió ante ella. Decidida, entro pausadamente, dejándose absorber por la más infinita oscuridad…
Se hallaba en una sala, color azul marino y en el centro, un pequeño trono.
-Materialízate ante mí –exigió con una sonrisa.
Una figura apreció ante ella.
-Cuanto tiempo…Zellas Metallium.
-He venido aquí con una misión y espero que tú me ayudes.
-Ah… no se –bostezó el jovencito- depende de las condiciones y las ganancias, claro…
-Quiero que mates a Reena Invers.
-Ja ja ja, buen chiste, hermana –el joven salió a la luz. Su pelo azul marino resplandecía y sus enormes ojos azules brillaban más que nunca- Ya lo intenté, ¿recuerdas? Ya pagué el tener que volver a este putrefacto lugar, lleno de ratas. Me niego.
-Yo puedo devolverte a la vida, como antes. Solo necesito que condenes a este sótano a esa desgraciada, tan solo pido esa condición.
-Uhm… ¿Y para que fin si puede saberse?
-Quiero eliminar a Zeros –sentenció.
-La verdad es que no me interesan los detalles, porque ya le veía las pintas de sucio traidor, pero…. ¿Acaso piensas que tú sola podrás aun habiendo despejado del mapa a Reena y todos sus amiguitos?
-Soy su creadora, nadie más que yo tiene poder para eliminarle…
-¿Y no has pensado en mi endemoniada Kai?
-¿Esa? –Soltó una carcajada- Está más loca que un cencerro desde el asunto que tu sabes… está incapacitada para cualquier asunto.
-¿Y nunca has parado a pensar en que tal vez sea una cortina?
-¡Ya basta de sandeces enano! –Le pegó una torta- ¿Vas a ayudarme o no?
-Si me lo pides tan amablemente me parece que rechazaré tu proposición –dijo sonriendo.
-Bien Phibs –dijo Zellas sacando el látigo- En ese caso….
-Será posible –dijo malhumorado – ni un solo día, ni un uno…
Dynast estaba desilusionado. Después de lo sucedido entre Zellas y su sacerdote, pensaba que tal vez se refugiara en sus brazos y sin embargo, desapareció sin dejar rastro.
-Debo encontrarlo, tengo que encontrarlo…
Buscó por todo el Viejo Continente, pasó por ciudad y más ciudades, cuevas, bosques ocultos y no lo encontró. Decidió buscar por el Continente Nuevo, pero nada.
-¿Dónde estarás condenado?
Estaba en una hermosa ciudad nevada. Las personas caminaban y hablaban amablemente. Todo era perfecto…
Y aquello le producía repulsión.
Había oscurecido y se encontraba al pie de un lago. La luna se asomó tímidamente para dar su toque de fantasía al paisaje.
-Juro que te encontraré –dijo con lágrimas en los ojos- me vengaré por todo lo que estás haciendo…
Fue hasta Zefilia y busco por todas las heladerías, pero nada. Miro en las tiendas de guías t tampoco.
Decidió pasearse por los jardines del lugar. Había buscado por todas partes y…nada.
Los días pasaron y pasaron y su fe fue desmoronándose.
-Así no voy a conseguir nada.
Finalmente decidió preguntar a la gente. Después de cuatro días se encontró en las mismas, pero… su última baza era Sailoon.
-Bien…vayamos allá.
Llego hasta un pequeño parque, donde decidió descansar durante un rato.
Se sentía cansado…
-Todo sea por ti…
Miro al cielo y recordó todo lo sucedido.
Tantos recuerdos…en vano.
-Bueno, aun me queda este lugar-dijo en tono desafiante. No pienso perder, quien ríe el último ríe mejor.
Se levanto y siguió su marcha.
Busco por todo el reino, incluso fue a ver al rey, pero no sirvió de nada.
Ahora se encontraba delante de otra heladería.
-Perfecto para descansar.
Se sentó en una cómodas silla y miro la gente pasar.
¿Qué desea, Señor?-
Una adorable jovencita de apenas 17 años, pelo trenzado rosa y ojos azules le atendió.
-¿Tiene helado de frutas del bosque?
-Sí, claro., es nuestra especialidad.
-En ese caso, póngame uno de esos.
La joven lo apuntó rápidamente.
-¿Algo más?
-Hm… - dudó- ¿Usted no ha visto por casualidad un joven con el pelo amatista, ojos del mismo color, sonriente, vestido de negros y con un báculo?
-¡OH! ¡El señorito Zeros!
La miro con los ojos brillantes.
-¿Le conoce?
-Lo vi hará unas horas. Ha tomado el camino que va hacia el bosque.
Se levanto, saco la mano llena de monedas y las dejo en la mano de la chica.
-Aquí tiene; las 4 monedas del helado y 96 más de propina.
Dicho esto, se macho corriendo.
“Por fin”, pensó “Por fin”
Comenzó a oscurecerse el cielo y a tronar. Pero para él eso era lo de menos. Pasaron horas y él continuo buscando.
La lluvia caía sin compasión alguna, encharcando y atacando todo a su paso.
Pero él no se rendía.
Los rayos inundaban el cielo y el viento producía un espantoso sonido fantasmal que le ponía los pelos de punta.
Tropezó.
Se levanto con dificultad, ya que el agua le caía en los ojos le dificultaba la visión y cegaba su sexto sentido espiritual.
Aquello era desesperante… o mejor dicho, angustioso.
-Por favor…L-sama, ayúdame…
Paso cerca de un rió y corrió de lado a lado. Llego hasta tal punto que ni siquiera sabia donde se encontraba. Solo veía lluvia, oía los truenos, notaba el barro salpicándole, el viento golpearle y marearle como una marioneta, veía de refilón como el oscuro cielo se teñía de claros rayos que formaban enormes árboles.
A lo lejos, le pareció ver una figura. Esperanzado corrió hasta ello y cuando estuvo a punto de tocarlo tropezó y cayó al suelo. Se levanto con la cara y el cuerpo llenos de barro. Se alzo torpemente y alargo la mano y toco… enredaderas. Levanto la cabeza y mientras asimilaba la cruda realidad, de aquella escena tan solo quedo grabado en su memoria sus lágrimas ardiendo en una mezcla de tristeza y furia.
Val y Philia se encontraban al borde del río, felices charlando. Pasaron las horas y faltaba poco para que atardeciera y viendo como estaba el plan, Philia sintió la necesidad de encontrarse un momento con ella misma.
Subió la montaña y se sentó en el borde pensando.
Analizaba sus sentimientos. Sabía que la primera vez que lo vio, sintió lástima por él y poco a poco esa lástima fue derivando a un sentimiento mucho más…peligroso. Se había enamorado de Val irremediablemente.
¿Y si se estaba equivocando? Pero algo en ella misma le decía que así no eran las cosas.
No le hacía demasiada gracia enamorarse de él ya que tal vez podía tratarse de un engaño, pero que iba a hacer…
-¿Qué voy a hacer? –Dijo mirando tristemente el cielo- Me gustaría que todo fuese más fácil.
Recordaba que a un momento dado había sentido cierta atracción hacia ese Namagomi de Zeros Metallium y gracias a Dios que tan solo quedo en eso…porque de haber sido lo contrario…
-No –dijo levantado el puño con furia- Que asco.
-Ja ja, no sabía que eso pensabas de mí –dijo Val apareciendo a su lado.
-¿¡Que haces aquí!? –La joven sacerdotisa se sobresaltó- Te dije que me disculparas cinco…
No pudo continuar hablando. Val la había hecho callar con un beso…
-Val... –dijo confundida.
-Philia, te quiero…
-Pues vas bien si piensas que yo voy a corresponderte –le soltó una sonora bofetada.
El joven se quedó en blanco.
-Eh…eso ha dolido –dijo bajando la mirada.
-¿Y tú piensas que ya por tenerte el cariño que te tengo tienes el derecho a tomarte esas confianzas? –Resopló la sacerdotisa- deberías ser más cortes.
-Sí sí sí…-dijo malhumorado.- Visto el éxito será mejor que me marche.
-Pienso que será lo mejor.
Val caminó decidido a volver a la casa, cuando notó que algo le abrazaba tan fuerte que acabó ahogándose. Se giró divertido y vio a la joven con lágrimas en los ojos.
-Era broma…-susurró.
-Esas bromas duelen jovencita –se burló.
Philia rió.
-Me hubiera quedado destrozada si me hubieras abandonado.
-Como iba a hacerlo...-dijo tiernamente Val poniendo las manos en sus hombros.
Ambos permanecieron abrazados bajo la luz lunar hasta que decidieron sentarse en la hierba.
Philia posó la cabeza encima del hombro del joven y cerró los ojos. Quería conservar esa sensación…
Por su parte, el joven dragón frotó su cara con la de la dragona. Buscó tímidamente sus labios hasta que al fin pudo hallarlos sin mostrar resistencia alguna.
Esa noche, la Luna pudo ver sin cortina alguna como los dos jóvenes profesaban su amor.
En mitad de la oscuridad de una habitación decorada en tonos negros y plateados, la luz de la luna se infiltraba a través de las puertas abiertas que daban al balcón. Encima de la balaustrada del balcón la figura de Kaloss iluminada levemente parecía sumida en los sueños…o al menos…esa impresión daba.
-Esa niñita me esta tocando las narices-dijo sin abrir los ojos-y no pienso pe3rmitir que me deje colgado, cuando quiero algo lo consigo y ella menos que nadie me dejara con las ganas.
Desapareció, pero algo extraño brillaba en medio de la habitación, la luz provenía de un objeto que había en la mesilla…una cruz negra.
Apareció a las afueras de un bosque , con que allí se escondía aquella mujer de la cual no se podía sacar su imagen de la cabeza, se adentro en el bosque cuando pasaron los minutos comenzó a desesperarse más de lo que ya estaba y decidió tele transportarse a donde se encontraba la fuente de aquel poder…Sherra.
Cuando llegó se encontró con una inmensa mansión estilo japonés, rodeada simplemente por el frondoso bosque que le servía de protección. Fue rodeando la casa solo para poder contemplarla en su totalidad, más tarde entraría en ella para buscar a esa mujer.
Conforme fue dando la vuelta descubrió que la parte de atrás era bastante curiosa, la casa terminaba por completo pero la extensión del terreno todavía continuaba. Esta parte era un hermosos jardín con árboles en el cual en medio tenía un estanque con un pequeño puente de madera para poder pasar al otro lado, en el que había otra casa hexagonal también bastante grande de estilo oriental a la que accedías gracias a unos pequeños escalones de mármol beige. La casa en cuestión no tenía paredes, si no que en cada punto en que se unía el techo tenía un pilar y las entradas estaban decoradas por cortinas de seda blancas que llegaban hasta el suelo.
Subió las escaleras y retiró las cortinas con las manos para poder abrirse paso, cuando pasó las cortinas se quedó fascinado por la visión, dentro de la gran estancia todos estaba decorado en tonos azules y blancos y en el medio había una cama redonda y en ella se encontraba Sherra , dormida como una niña pequeña y medio destapada.
Algo le llamo la atención, del cuello de Sherra colgaba una pequeña joya en forma de cruz gótica en blanco. Kaloss se sentó en la orilla de la cama para estar más cerca de ella, esta se movió un poco en sueños haciendo que su mano rozara con la de Kaloss, lo que a él le produjo un extraño escalofrió que le recorrió todo el cuerpo.
-Así que mi pequeña niña es más dulce de lo que aparenta-susurro mientras una sonrisa adornaba sus labios.
La sola idea de poder acariciarla no se había borrado de su mente en ningún momento y arto de esperar o contenerse se acerco todavía más a ella y aparto algunos mechones de su frente pudiendo ver su rostro por completo. Durante un buen rato estuvo acariciándola sin pensar las consecuencias que esto podía tener. Un pequeño sonido le alerto de que algo no andaba del todo bien, Sherra se estaba despertando y eso no sería muy bueno que digamos, sin embargo no hizo nada por ocultarse y se quedó a su lado viendo como se desperezaba y sonriendo ante los graciosos ruiditos que hacia.
Sherra abrió levemente los ojos y vio borrosamente una figura que estaba cerca de ella, cuando pudo ver completamente bien no supo que hacer, Kaloss estaba allí…observándola.
-Buenos días-le dijo sonriendo –o mejor buenas tardes no es normal de ti levantarte a las 6 de la mañana.
-¿Nani?-dijo un poco atontada ante la inesperada visita-¿qué haces aquí?
-Había oído que eras eficiente no que eras una marmota a la que se le pegan las sabanas-dijo en plan burla.
Cuando quiso darse cuenta Sherra ya lo había cogido por la camisa dando la vuelta de tal manera que ahora ella estaba a horcajadas sobre él que estaba siendo levemente ahogado.
-¡Habla!-dijo furiosa-¿¡que diablos haces aquí!?¿¡Cómo sabes que me podías encontrar aquí!?¿¡Quién te lo ha dicho!?
-¿¡Que ya quieres verme desnudo!?
-Te voy a…
-Uhm, tranquila y pensar que hace un momento parecías un ángel durmiendo, ahora das miedo. Sabes tantas preguntas a la vez me pueden desorientar.
-Déjate de bobadas y habla de una vez-ella no se había dado cuenta de que Kaloss se había tomado la libertad de poner sus manos alrededor de su cintura.
-Me alegra que decidieras ponértela, eso me hace muy feliz, como no había recibido noticias de ti ni me habías buscando pues... estaba empezando a preocuparme.
-¿De que estas hablando?-le respondió relajando sus manos que oprimían el cuello de Kaloss.
-De la cruz, no pensé que te la pusieras-sonrió divertido-aunque la vedad no me extraña, se que soy irresistible, nadie puedo escaparse de mis encantos.
-¡No eres más que un mentiroso! ¡Seguro que me la has puesto tú! ¡No eres más que un tío arrogante estup…!
No pudo seguir hablando, Kaloss había conseguido librarse de sus manos y ahora la estaba besando como nunca lo habían hecho, al principio por miedo a verse humillada quiso escapar de esos brazos que la unían a él como si de ello dependiera la vida, pero no pudo. Las ansias, el deseo y el extraño sentimiento que se le anudaba al pecho eran más fuertes que su razón o cualquier posible humillación. Kaloss sintió como los labios de ella buscaban por más y sus brazos acariciaban su espalda con desesperación y él no pudo hacer otra cosa que darle lo que le estaba pidiendo, la besó con pasión rodeando su cintura con sus brazos fuertemente y dio la vuelta posándola sobre la cama y quedando así sobre ella.
Estuvieron así por mucho tiempo abrazados, besándose casi sin aire pero tampoco es que lo necesitaran y al final por un momento Kaloss se separo levemente, escondió su rostro entre los mechones de Sherra, ahora no tenía el suficiente valor como para mirarla y esta lo único que hizo fue acariciarle sin importarle en absoluto el por que de que no la mirará, pasaron los minutos y algo rompió el silencio…
-No he podido sacarte de mi cabeza…
En medio de un campo nevado, la soledad de su dueño era más fuerte que cualquier catástrofe y más fuerte que la propia muerte.
Debía encontrarlo, tenía que haberlo encontrado ya aquella vez pero fue imposible, el tiempo del que disponía tampoco era mucho y aun así no paró ni un momento hasta que amaneció. Esta vez si que lo encontraría, tenía que empezar a moverse .Miró a su alrededor todo era nieve, incluso el camino había sido tapado y no lo entendía el podía manejar esas tormentas a su antojo y sin embargo…no tenía fuerzas ni para respirar. ¿Por qué diablos Zellas decía esas cosas? eso era lo que más le molestaba de todo, sabía que todo eso eran sucias mentiras y jamás en otros tiempos se las hubiera creído pero… aunque ahora no se las creía aquellas palabras le llenaba el corazón de…CELOS…
-Será mejor que empiece de una vez.-dijo sin ánimos-quizás deba pensar como él para saber donde se escondería.
Tenía que recordar aquella conversación, era algo sobre dragones, lagartijas amarilla, lagarta…
-Claro la última de los dragones es esa sacerdotisa, por eso decía lo de que estaba con una lagarta y utilizando la psicología inversa el lugar donde debe estar es…-una sonrisa se dibujo en sus labios, la primera sonrisa sincera en mucho tiempo.
Paró de caminar durante unos minutos y cerró los ojos intentando concentrarse en algo, de repente en unos segundos desapareció del lugar.
Al instante apareció en las afueras de una pequeña aldea, su fino oído captó el ruido de un río. Fue caminando lentamente para poder saber con exactitud donde se encontraba el rió. Miró hacía arriba por unos instantes al contemplar como el sol le golpeaba en el rostro. Sé dio cuenta que en el acantilado había una casa, bastante grande no debía de estar muy lejos ya que en aquella casa podía sentir el aura de la última dragona, siguió su camino hasta que encontró el río. Este en realidad no era un río, era un pequeño lago que se encontraba rodeador por unos grandes campos de hierba y en medio del lago había una diminuta catarata la cual provenía seguramente de algún río subterráneo del precipicio .Allí a la orilla del lago ,sentado bajo un frondoso árbol abrazándose la piernas lo encontró. Se dirigió hasta él y cuando llegó cayó de rodillas poniéndole una mano en el hombro.
-¡Te encontré!-inmediatamente y sin decir palabra se abrazo a su espalda.
-Hola…-le contesto él
-¿Hola…?después de tanto tiempo sin verte ¿solo me dices hola?-le contesto Dynast en un tono un poco borde.
-Que más quieres…supongo que Zellas al ver que los estúpidos de sus cazadores no pueden, te ha enviado a ti, y tú lo has aceptado a cambio de algo, ¿no?
Dynast apareció repentinamente delante de Zeros y le planto una sonora bofetada.
-¿¡CÓMO PUEDES PENSAR ESO!?-le grito histérico.
Zeros poso su mano sobre la mejilla abofeteada, mientras se quedaba en silencio y veía como Dynast se sentaba delante de él dándole la espalda.
-Si supieras la ansiedad y la tristeza que ha pasado, solo por que no te encontraba, y por los celos que tenía cuando Zellas me dijo que te habías ido con una dragona.
-Dy-kun…-dijo Zeros al oír sus palabras.
-Sentía que me mataban poco a poco por dentro y no podía hacer nada en ese momento…-
Zeros estiró levemente el brazo para poder acariciar aquellos cabellos que tanto añoraba. Lentamente le cogió de la espalda con cuidado y fue obligándolo a que se recostara sobre su regazo .Dynast le hizo caso y al poco rato se encontraba acurrucado cual niño pequeño, cerrando los ojos para poder sentirse en paz, mientras notaba como Zeros acariciaba su pelo con cuidado de no molestarlo.
-Tenía miedo-murmuró en voz baja-un día me llamó y sin dejar explicarme empezó a sacar falsas conjeturas y me desterró.
-Ella creía que estabas con la dragona.-le respondió el pequeño chiquillo que tenia en su regazo.
-Aun así, no me dejó explicarme y me dio la semana blanca para que pudiera escaparme, es por eso que…reaccione así cuando llegaste.
-No tiene importancia-le intento tranquilizar Dynast.
-Si la tiene debería haberme controlado y en cambio lo único que he hecho a sido hacerte daño.
-A veces a quien más queremos es a quien hacemos más lastimamos.-le respondió cogiendo su mano y tomándola entre las suyas.
-Dy-kun…
-¿Uhm?
-Te he echado de menos…-murmuro Zeros mirando hacía la pequeña catarata.
-Yo también…Xel…-
Pasaron bastante tiempo allí, olvidados de todo y de todos, relajados en aquella dulce tranquilidad que estaban compartiendo. Dynast se movió algo inquieto, haciendo que Zeros enseguida le prestara atención.
Este continuo acariciándole levemente en los brazos con cuidado, mirándole con cariño, se inclino un poco sobre Dynast y le besó tiernamente en la cabeza. Dynast cerró los ojos por un momento y se giró para poder mirarle, una sola idea se cruzó en su mente y acto seguido le dio acción poniendo su mano en el cuello de Zeros y plantando sus labios en los de él.
Al sentir aquel roce todo su cuerpo tembló levemente, cuando se separaron Dy-chan tenía una sonrisa en los labios.
-Al menos se que soy el único que te puede provocar esta sensación-dijo sonriendo con un poco de burla.
-Ñiiiiii-le respondió sacando la lengua.
Las cosas seguían como estaban previstas, todo tenía que estar a la perfección, cada mínimo detalle era crucial para el resultado que quería que tuviera. Zellas se encontraba paseando por las distintas estancias de su castillo observando que todas las órdenes que ella había ordenado se estuvieran cumpliendo.
-Será mejor que empecemos por donde todo el mundo empezará.-Zellas se fue a la puerta de entrada.
Una gigantesca puertas de madera de roble con forma de arco presidía como entrada principal en el castillo de Zellas Metallium, nada más se abrían las puertas una estancia irregular daban paso con otras dos puertas a las alas este y oeste, cada rincón estaba decorado con pilares y divanes en tonos granates y blancos.
Al final de la sala se podía encontrar otra puerta con forma de arco que daba lugar a la sala de espera, esta tenía forma sem.-circular y contenía multitud de pilares, las diminutas y abundantes ventanas, los cristales tenían dibujos de demonios, trols y algún paisaje extraño.
Esta también contenía divanes en color granate oscuro, al final de la habitación se podían divisar una escaleras de hierro y madera en los pasamanos, conforme subías se dividían en tres. Nada más subías la escalera te daba acceso a el ala norte que era la que tenías enfrente, esta se componía de un extenso laberinto plagado de pilares y imposible de encontrar la salida, la razón…la habitación de Zellas se encontraba al final.
La escalera que se desviaba a la izquierda daba al ala este y la de la derecha al ala oeste llena de habitaciones que nadie podía ver excepto los sirvientes y la mismísima Zellas. La decoración de la segunda planta contenía bonitas antorchas sujetadas por formas de lagartos y era en tonos dorados y rojizos como los divanes que había por toda la planta.
El toque exótico lo daban los jarrones orientales con formas raras y las plantas exóticas. Por la parte sur se podían divisar unas escaleras de mármol natural que llevaban en primer lugar a unas puertas oscuras, las puertas daban paso a una habitación no muy grande pero igualmente decorada con pilares, pero esta vez distintos, los pilares tenían colores oscuros y rojizos, al final de la habitación habían otras escaleras que daban a una gigantesca puerta biselada con una cerradura de oro.
Finalmente se llegaba al esperado lugar. La última planta… que era donde se celebraba la fiesta, era una sala irregular que contenían diversos pilares que rodeaban la sala.
En la paredes se podían observar antorchas de cristal con tonos rojizos, algún que otro diván en color negro puesto entre pilares, en el medio habían cuatro pilares de cristal que llegaban hasta la cintura acabados en puntas afiladas los pilares tenían una pequeña parte hueca y el resto era macizo, en la parte hueca habían copas de talle largo con todo tío de bebidas en su interior y el resto del pilar era macizo.
En el medio de estos cuatro pilares se podía ver un altar alargado de piedra que tenía las paredes talladas y encima había un cojín de terciopelo azul con pompones plateados en las puntas. En frente del altar había unos escalones que al subirlos podía encontrarse el trono de Zellas y detrás unas cortinas doradas que arrastraban y daban paso a una enorme terraza.
-Vaya parece que todo esta en orden solo me falta saber lo de la gente que va a venir.-
Zellas fue bajando las escaleras solo para dirigirse a su habitación, cuando llegó lo primero que hizo fue sentarse en la cama y llamar a Kaloss.
La habitación era hexagonal y en medio había una cama redonda, cerca de la cama en una de las paredes tenía un espejo de cuerpo entero forjado en blanco viejo y en la pared de enfrente un precioso mueble bar tallado en madera de cerezo.
En la parte de atrás unas cortinas de seda beige combinadas con otras de algodón en color rojo oscuro daban pasó al gran ventanal, el cual tenía dos pilares, uno a cada lado. Ventanal daba acceso a una pequeña terraza con unas escaleras que llegaban a la parte de abajo, lugar donde se encontraba la estancia completamente privada de ella.
-¿Mi señora llamo?-dijo Kaloss arrodillándose frente a la cama de Zellas.
-¡COMO QUE HACE MEDIA HORA GILIPOYAS!-
-Lo lamento mi Lady, estaba haciendo algunos retoques en el vestuario de las sirvientas, como usted mando.
-¿Retoques? Lo que pasa es que te las estarías tirando a todas de golpe, no haces más que darle a la fiesta.
-Mi señora sabe que eso no es cierto, yo…
-Ya lo sé que no es cierto, pero cuando yo mando llamar a alguien es para ¡ya!... ¿Por cierto que tal con Sherra?-dijo con picardía.
-Je, je…Sherra, ¿Y quién es Sherra?-dijo haciéndose el tonto.
-Oh vamos te crees que hay algo de lo que yo no me pueda enterar, de la higuera que yo me tengo que caer aun no la han plantado.
-Ya me extrañaba que no me dijera nada.
-Por que te crees que te envié a la taberna, sobre todo por que sabia que ese traidor no estaba allí.
-¿Usted sabía que ella estaba allí?
-Claro que lo sabía y también que te gustaría, Kaloss te cree yo piensas que no se que te gusta, se te ve a leguas novato…
-Digamos que las cosas van…, por cierto ¿de que se ríe tanto?
-Si es que estoy echa una celestina.
-¿Nani?
-Hice crecer a Val y lo junte con esa estúpida de Philia.-Zellas comenzó a reírse.
-¿Para que?
-Ja, ja,-siguió Zellas riéndose histéricamente mientras se retorcía de la risa en su cama.
Se encontraba muy mal.
Ya hacía seis días que estaba de embarazo y comenzaba a marearse constantemente y unos fuertes dolores le producían desmayo. Entre ayer y el día de hoy, había tenido varios sobresaltos y falsas alarmas.
Ahora se encontraba tumbada en el césped junto a Val.
-Que bien que ese Namagomi nos haya abandonado… -dijo somnolienta.
-Lo que me parece raro es que no haya venido en una semana, ¿no crees?
-Sí…pero…es mejor así…
Philia le acarició la barbilla a Val y le besó dulcemente…
-Soy tan feliz a tu lado…
-Y yo…
De golpe, la joven dragona comenzó a sentir terribles dolores. Primero se mareó, después casi se desmayó y por último, se convirtió en un Dragón Dorado.
-¡Philia! ¿Qué ocurre? –dijo exaltado el joven.
-Ayú…dame…
Voló dando eses y cayó pesadamente sobre unos árboles, haciéndose una profunda herida en el brazo.
Val corrió en su búsqueda y cuando ya comenzaba a verle la cola, un destello le hizo quedarse ciego unos minutos. Una vez recobrada la vista, corrió todo lo que pudo buscando en los límites de la destrucción producida. Finalmente, llegó hasta la parte superior y su vista se iluminó así como al mismo tiempo un aire de preocupación lo envolvió.
Philia se encontraba al lado de un charquito de sangre y entre sus manos, un diminuto huevo resplandecía.
-Philia…
-Val…-dijo abriendo los ojos-Mira…nuestro hijo…
Mientras Val sostenía el cuerpo de su amada, se fundieron en un tierno beso y acariciaron el huevo.
-Venga… te llevaré en casa…-Val la cogió en brazos dispuesto a llevársela.
-No tan deprisa…lagartos de mala muerte –dijo una voz provocando un gran estruendo-Ese diminuto ser va a ser mío…
-¿Quié