Un Baile de Máscaras
por Amber y Silver Lady
**Respuesta al reto de diciembre de 2002 “Ballo in Maschera”, de El Altar de Zeros.
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Aquel había sido un año particularmente aburrido para Amelia, que no soportaba las interminables tareas de princesa que le asignaban. Afortunadamente eso se había acabado. La monotonía de los días pasados había sido sustituida en las últimas dos semanas por la agitación debida a los preparativos para el baile de disfraces que cada fin de año se celebraba en Sailon, y más concretamente en la llamada Puerta del Sol.
La Puerta del Sol no eran otra cosa que las puertas que daban acceso a los terrenos de palacio. La llamaban así porque eran unas puertas hechas con barrotes de oro macizo, que de día brillaban más incluso que el astro rey. En la parte superior había un viejo reloj, el encargado de dar las doce campanadas que marcaban el final de un año y el principio del siguiente. El 31 de diciembre era el único día del año en que las puertas eran abiertas al público, para que el populacho pudiera acceder a los jardines reales, donde podían comer de gorra mientras esperaban el gran acontecimiento.
Probablemente por eso Reena y Gaudy fueron los primeros en responder a la invitación de la princesa. Habían llegado aquella misma mañana temprano y al cocinero casi le da un ataque al ver que en menos de media hora ya habían acabado con toda una mesa de aperitivos y demás. Filia, que también había sido invitada personalmente por Amelia, no llegó hasta muy avanzada la tarde. Por la parte de la realeza también habían sido invitados los soberanos de Zoana, Martina y Zangulus, que mantenían buenas relaciones políticas con Sailon desde que Zoana fue reconstruida.
También habían invitado a Zelgadis, pero aquella misma mañana había recibido una breve misiva suya en la que decía que, aunque le hubiera encantado, sintiéndolo mucho, no podía venir. No era de extrañar por tanto que Amelia estuviera bastante deprimida.
- Amelia, ¿te encuentras bien? No has comido nada… - le dijo Gaudy mientras masticaba.
- No… no tengo hambre… - mintió Amelia.
- ¡Venga, Amelia, arriba ese ánimo! – la intentó animar Reena sin dejar de tragar – Que Zel no haya venido no es razón para estar de morros todo el día. ¡Hay que divertirse y disfrutar el momento!
- Oye, Amelia… hay una cosa que me estaba preguntando… - dijo Gaudy cambiando de tema - ¿Qué son esas plantas que cuelgan allí?
Amelia miró hacia donde señalaba el espadachín con uno de sus tentáculos (sí, Gaudy se había disfrazado de medusa como el día que entraron en la torre Artemay) y vio las plantas de bayas redondas y blancas que los decoradores habían colocado, formando un entramado a modo de techo que cubrían los jardines.
- ¡Ah, eso! Es muérdago. – explico Amelia – Es muy típico en estas fechas. Dicen que si una pareja se besa debajo de una planta de muérdago, permanecerán juntos para el resto de sus vidas…
- Vaya… - murmuró Gaudy sorprendido.
- ¡Bah1 ¡Eso no son más que chorradas! – dijo Reena con desprecio- ¡Supersticiones tontas que la gente se cree! Además, yo no necesito de una estúpida planta para conquistar a los hombres… - añadió pavoneándose – Me basto con mi natural belleza y el vestido que me he puesto para esta noche.
Amelia miró el disfraz que Reena llevaba. Iba con un vestido de bailarina de cancán de color rojo escarlata, a juego con los guantes largos y la pluma que llevaba enganchada al pelo, y con un escote demasiado pronunciado.
- Pues la verdad, Reena – comentó Gaudy indiferente – no sé para qué tanto escote, si no tienes nada que enseñar…
Segundos después, Reena pronunciaba su ya más que consabido Mata dragones, lanzando por los aires a Gaudy-medusa, junto con la mitad sur de los jardines de palacio.
- Eeeeh… Reena, siento tener que decírtelo, pero eso ha sido un poco… cruel. –observó Amelia.
- Pues que se hubiera callado la boca. – sentenció Reena y añadió cogiendo un plato y alejándose de allí: - Me voy a ver qué más hay de comer.
Amelia quedó allí sola, sudando de vergüenza ajena mientras veía como Reena se alejaba buscando ansiosamente algo que llevarse a la boca. Pero no estuvo sola mucho rato…
- ¡Amelia, querida, cuanto tiempo sin verte! ¡Qué alegríiia!
- ¡Martina! – exclamó al girarse y ver a la exprincesa, ahora reina, de Zoana cogida del brazo de su marido – Me alegra ver que al final hayáis podido venir.
- Por supuesto. – respondió Martina – No podíamos perdernos una fiesta taaaan importante. ¿Verdad Zangulus, querido?
- Desde luego que no. –contestó el exmercenario, ahora rey consorte de Zoana – Y tampoco podíamos perder la ocasión de disfrazarnos en pareja…
- ¿Verdad que hacemos una buena pareja? – preguntó Martina a Amelia mientras se aferraba más a Zangulus.
- Eeeeh… sí, desde luego… - respondió Amelia con uan gota resbalando por su frente.
- Tu tampoco estás nada mal, Amelia. – añadió Martina – Con ese vestido blanco taaan bonito… ¡Si te queda como un guante!
Amelia se contempló, como tantas veces a lo largo del día, embutida en su vestido de aquella noche: un vestido largo de raso, sin mangas, que arrastraba un poco de cola por la parte de atrás de la falda, con unos cuantos bordados dorados a la altura del pecho y un lazo en forma de alas de mariposa en la parte de atrás, a la altura de la parte baja de la espalda (¿Recuerdan el vestido de Usagi cuando se transforma en princesa Selene? Pues ese)
- Oye, Amelia… ¿Sabes si ha venido Gaudy? – preguntó Zangulus por lo bajo.
- Pues sí, ha venido… pero llegas demasiado tarde – le explicó ella – Reena lo mandó a volar con un Mata dragones…
- ¡Porras! – maldijo el exmercenario – Estuve tan cerca…
- ¡¿No estarías pensando en luchar otra vez con él, verdad?! – le riñó Martina
- Eh… ¡No, no, mi amor, si yo no…! – trató de disimular él.
- ¡¡No me mientas!! ¡Seguro que por eso es por lo que estabas tan ansioso de venir!
- ¡Que… que no, cariño, si te digo que…!
- ¡Zangulus, te odio! ¡Eres un insensible! ¡Iiiiiih! – gritó antes de salir corriendo desecha en lágrimas.
- ¡Martina! ¡Martinita, mi vida, no te vayas, espérame…!
Zangulus corrió en pos de su esposa mientras Amelia sudaba de nuevo. Martina a veces era demasiado susceptible…
- ¡Amelia! ¿Qué haces aquí tú sola? – preguntó Filia, que había aparecido con su disfraz de pastorcilla - ¿Adónde ha ido Reena?
- A comer, como siempre… ◄((- -))►Uuuuu
- ¡Hay qué ver! ¡Esta chica nunca aprenderá! ¡Menuda irresponsable!
- ¡Mira quién habla! – le espetó la princesa - ¿Y tú donde has dejado a Val?
- Pues… en casa. ¡Es que mi niño tiene que dormir sus 10 horas diarias y con el jaleo de la fiesta no habría podido pegar ojo el pobrecito! – se excusó la dragona.
- Vamos, vamos, Filia-chan, no deberías ser tan protectora con el niño… - le dijo una voz a sus espaldas, que la dragona reconoció al instante…
- ¡Maldito demonio! – exclamó con la cola de dragón erizada - ¡Tú no tienes ningún derecho a decirme cómo educar a…!
Filia se detuvo al ver el disfraz de Zeros: iba ataviado con un conjunto de pantalón y chaqueta corta marrón, botas, camisa blanca, banda de tela roja atada a la cintura y sombrero redondo y plano de ala ancha. Parecía más un andaluz que otra cosa.
- ¿Qué, te gusta? – preguntó – Me lo ha prestado un viejo conocido… Lo llaman “El Fari” ||^_^|| … Aunque tú tampoco estás nada mal – añadió dirigiéndole a Filia una mirada lasciva – Lo que más me gusta son las enaguas, te hacen muy sexy… ||~_¬||
La dragona se dio entonces cuenta de que, al erizársele la cola, se le había levantado la falda, mostrando a todos los presentes las enaguas de color rosa pálido que llevaba debajo. Tan avergonzada estaba que descargó su ira contra el demonio por medio de su maza (que llevaba enganchada a las susodichas enaguas)
- ¡Eh, Fi-chan, eso no vale! – protestó Zeros - ¿Desde cuando se ha visto a una inocente pastorcilla con una maza de guerra? Claro que ahora que lo pienso tú de inocente no tienes nadas… ¡Ja, ja, ja, ja!
- ¡¡Espera a que te atrape, que te vas a enterar de lo que es bueno, namagomi idiotaaaa!! – le amenazó filia maza en ristre.
Así, la princesa volvió a quedarse sola por tercera vez en lo que iba de noche, aunque también, por tercera vez consecutiva, pronto tubo compañía. Alguien le tocó en el hombro y cuando Amelia se giró, pudo ver a un joven con pintas de finolis entregándole un ramo de flores.
- Querida princesa – empezó el finolis – os ruego me permitáis ser vuestra pareja de baile esta noche…
De pronto, otro tipo con pinta de finolis le apartó de un empeñón y dijo:
- ¡No le hagáis caso, princesa! Yo sería mucho mejor pareja que ese mamarracho ¡Elegidme a mí!
- ¡Princesa, escogedme a mí, soy vuestra mejor elección! – saltó otro finolis apartando al segundo.
- ¡No, a mí, princesa, elegidme a mí! – se unió un cuarto finolis apartando al tercero.
No pasó mucho tiempo hasta que Amelia tubo a una corte de entre 10 a 15 pretendientes de sangre real peleándose entre ellos para ver quién era el afortunado que bailaría con la heredera al trono de Sailon. Aprovechando la pelea, ésta se escabulló hacia el final de las escaleras que daban a la puerta principal de palacio, lejos de donde se celebraba la fiesta.
Todo se estaba yendo al garete: Reena había enviado a volar a Gaudy, llevándose por delante medio jardín real, Martina y Zangulus ahora estaban separados por una disputa matrimonial, Zeros y Filia se estaban peleando como siempre… ¡Y para acabarlo de rematar, todos los principitos invitados se habían puesto a hacerle la corte a la vez! ¡Esto ya era el colmo!
- ¡Por favor – exclamó abriendo los brazos al cielo – que alguien me libre de mi miseria!
- Estaré encantado de haceros ese favor, alteza. – dijo de pronto una voz a sus espaldas.
Sorprendida, Amelia se giró dirigiendo su mirada hacia el lugar del que la voz provenía. Allí, subido a lo alto de una torre, había una figura oscura envuelta en una capa que era ondeada por el viento. La figura saltó, aterrizando ágilmente en lo alto de las escaleras. Fue entonces cuando la princesa pudo ver a aquel hombre más claramente: llevaba un esmoquin negro al igual que su capa, que tenía el reverso rojo. Llevaba así mismo guantes blancos, sombrero negro de copa y pajarita. Su rostro estaba cubierto por una máscara con antifaz, que sólo permitía vislumbrar sus ojos grises.
- ¿Qui… quién eres tú? – preguntó Amelia
- Mi nombre – respondió el desconocido – no puedo decíroslo. Pero podéis llamarme El Señor del Antifaz.
- Se… Señor del Antifaz… - murmuró Amelia sonrojándose. Aunque le era imposible ver su cara, su voz sonaba dulce, amable y sincera.
El señor del antifaz bajó las escaleras hasta llegar donde estaba Amelia y se inclinó respetuosamente, entregándole al tiempo una rosa roja, que la princesa cogió sonrojándose más todavía.
- Sería para mí todo un honor y un placer – añadió el Señor del Antifaz – bailar con vos esta noche… Si aceptáis, claro está…
- Pu… ¡Pues claro! ¡Por supuesto que acepto! – accedió Amelia sonriente, colgándose del brazo que él le ofrecía.
Cuando llegaron al lugar donde se celebraba la fiesta, todos los presentes dirigieron curiosos la mirada a la pareja. (incluso los pretendientes de la princesa habían dejado de pelearse) Poco a poco, Amelia y su acompañante se fueron acercando a la pista de baile y cuando estuvieron en posición, la banda empezó a tocar un vals.
El Señor del Antifaz bailaba con mucha soltura. Un, dos, tres, un, dos, tres… La llevaba como una pluma, suavemente… Un, dos, tres, un, dos, tres… Para Amelia aquel era un momento mágico. Un, dos, tres, un, dos, tres… Era como estar metida dentro de uno de los muchos cuentos de hadas que había leído de pequeña…
Entre la gente que contemplaba a la princesa y a su compañero estaban Zeros y Filia.
- Caray… Ố((o.O))Ồ - murmuró Filia sorprendida – No sé quién será ese tipo, pero sabe bailar muy bien…
- Pse, no está mal - dijo Zeros con indiferencia – Pero esta fiesta necesita algo más animado… ¡Maestro! – exclamó llamando la atención del director de orquesta - ¡Un tango, por favor!
Antes de que Filia pudiera darse cuenta, la banda empezó a tocar un tango y ella estaba en brazos de Zeros, que la llevaba al compás con mucho arte y una rosa en la boca. El público no pudo evitar escapar un “ooooh” de admiración.
- Vaya, namagomi… - empezó a decir la dragona cuando el ritmo del tango se enlenteció un poco – He de reconocer que tú también bailas muy bien…
- Gracias. – agradeció Zeros sin dejar de bailar – El secreto está en dirigir a la pareja con las manos…
- Pues te recuerdo que yo también tengo manos, así que aparta la tuya de mi trasero o te encontrarás con una de las mías entre ceja y ceja… Ố((¬¬))Ồ# - le amenazó ella
- Ups… je, je… perdona, me he dejado llevar demasiado… ||^_^||U - se disculpó él apartando la mano de “allí” sin perder el compás.
Entretanto, Reena ya había repasado todas las mesas de aperitivos una y otra vez. Al principio se entretenía, pero llegó un momento en que comer le aburría y perdió el apetito. Y es que si no estaba Gaudy para pelearse con él, atiborrarse de comida no tenía gracia. Ahora la hechicera estaba sentada en una mesa apartada del resto, con una botella de Jack Daniel’s en una mano y una copa en la otra.
- Estúpido cerebro de medusa… - murmuró para sí mientras se servía algo de whisky en la copa - … Por su culpa no estoy disfrutando de la fiesta ni del banquete… - hizo una pausa y bebió de un trago el contenido de su copa - … además, ese tonto nunca aprende… Siempre le digo que se aparte cuando lanzo una Mata dragones – se echó whisky otra vez - ¿Y él me hace caso? ¡Noooo! – echó un trago - … snif… ¿Y dónde habrá ido a parar ese idiota? – se vuelve a servir y vuelve a echar un trago - ¿y si… y si se ha perdido y no sabe el camino de vuelta? – y otro trago - ¿O aún peor, y si se ha dado un golpe en la cabeza y no recuerda nada…? Hum… Bueno, eso no supondría ninguna diferencia a su estado normal… - y otro - Claro que… ¿Y si no le vuelvo a ver nunca? – y otro más - ¡¡Buaaaaa!! ¡¡Gaudyyyy!! ¿¿Dónde estáaaas?? Snif… - y con éstas últimas palabras, agarró la botella de Jack Daniel’s y bebió a morro todo lo que quedaba.
Un poco más tarde, en otra parte…
- ¡Oh, Zolmester! ¡Necesito ayuda! ¡No sé que hacer!- Martina imploraba consejo a un Zolmester de bolsillo. A su vez, la chica simulaba otra voz, imitando al supuesto Dios.- ¿Qué quieres, Martina?- volvió a poner su voz natural- ¡Zangulus y yo nos hemos peleado!
Zolmester (eh, bueno, Martina): ¿Qué ha pasado?
M.- ¡Es que siempre es igual! ¡Estaba más preocupado por vencer a Gaudy que por mí, que soy si esposa…! Zolmester… ¿crees que debería pedir… el divorcio?
Z.- ¡No puedes Martina! ¡Sabes perfectamente que él y sólo él es el hombre de tu vida!
M.- ¡Tiene mucha razón, oh gran Dios Zolmester!
Z.- Ahora ves a buscarle y pídele perdón.
M.- Su sabiduría es infinita, Zolmester, mil gracias, mi señor…
Z.- No hay de qué Martina, ya sabes que puedes contar conmigo siempre…
- ¡Ya voy, Zangulus, no te haré esperar más!- dijo Martina señalando al cielo (pose Amelia®)- ¡Estés dónde estés, te encontraré!
Mientras tanto, en la pista de baile, varios hombres bebían y gritaban alrededor de una mesa, en la que Reena bailaba cancán al ritmo de una canción que cantaban todos al unísono:
- ¡Ta-tatatatachanchan, tatatatachan-chan, tatatatachan, tatatatatatatachan-chan, tatatatachan-chan, tatatatachan-chan, tatatatachan, tatatachan!- la hechicera, totalmente trompa, se levantaba la falda una y otra vez, para regocijo de los hombres que le rodeaban bastante bebidos, y para vergüenza de los otros invitados, que contemplaban con una gran gota de sudor cómo la mata-bandidos se tropezaba y caía de espaldas, mientras los otros espectadores protestaban por la interrupción.
- Reena ¿qué haces en el suelo?- Gaudy, que inexplicablemente había sobrevivido al mata dragones de Reena, ayudaba a la chica a incorporarse tendiéndole uno de sus tentáculos.- ¿Estás buscando algo?
- Gaudy - dijo Lina levantándose y acariciando cariñosamente la barbilla de éste - mi medusito…
- Eh… ¿Reena, estás bien?- preguntó el espadachín.
- Pues claro que sí, celentéreo mío o((^_^))o♥ - dijo con voz cándida y acercando su rostro al suyo, mientras que le acariciaba la mejilla- ¿cómo no iba a estar bien contigo a mi lado, eh?
- Creo que mejor te llevo a tomar el aire…- dijo Gaudy sudando y llevándose a Reena a cuestas fuera del recinto de los jardines reales.
- ¡Adiós! - Reena se despidió alegremente de sus fans con la mano y éstos le devolvieron el gesto.
- ¡Adiós, tía buena!
- ¡Te echaremos de menos!
- ¡Escribe pronto, muñeca!
- Es precioso ¿verdad?- dijo Amelia contemplando el reflejo de la luna llena en el estanque.- Me encantan los jardines de Sailon por la noche. Es tan bonito…- suspiró, mirando a su acompañante, el Señor del Antifaz, del que iba colgada del brazo.
- Si… pero vos sois más bella…- el hombre sonrió mientras decía estas palabras, lo que provocó que la princesa se sonrojara de nuevo.
- No hace falta que me trates de usted… además, no se puede comparar un paisaje como éste con una mujer como yo…- replicó ella.
- En eso tienes razón, porque, sin duda alguna, si tuviera que elegir, me quedaría sin pensarlo dos veces contigo.- afortunadamente, los jardines estaban muy oscuros, porque el rostro de la princesa se puso de color rojo brillante, pero no pudo reprimir un a risita tonta. Amelia Se acercó al señor del antifaz y se abrazó él, pasándole una mano por la cintura. Éste la imitó, y juntos siguieron mirando la luna. Un momento después, ella desvió la mirada hacia el techo. Como pareció haberse quedado bastante sorprendida, el hombre miró al mismo lugar donde Amelia había dirigido sus ojos y murmuró sólo una palabra:
- Muérdago…- al mismo tiempo, los dos bajaron la mirada y la posaron uno en el otro. La princesa fue la primera en romper el silencio:
- Por favor, quítate la mascara- dijo sonriente, pero en contra de lo que esperaba, el señor del antifaz se soltó de ella, al tiempo que exclamaba:
- ¡No!
- ¿No? ¿Porqué no?- preguntó sorprendida la princesa ¿es que después de bailar juntos y de piropearla, no iba a darla un simple beso?
- Por que... por que... – el joven no parecía encontrar las palabras adecuadas.
- Venga, no seas tímido, déjame ver tu cara…- Amelia intentó coger la máscara, pero el Señor del antifaz apartó su mano suavemente pero con decisión. Amelia, que no estaba dispuesta a romper esa tradición, volvió a intentarlo, con la misma respuesta. El Señor del Antifaz intentó huir, pero Amelia le agarró del brazo, deteniéndolo. Hubo u forcejeo, no muy violento, pero sí con el suficiente movimiento para que tanto el sombrero de copa y la máscara del muchacho cayeran al suelo.
Amelia, victoriosa, recogió el sombrero.
- ¿Ves? No tendrías que haberme nega… - estaba dispuesta a devolvérselo cuando contempló el rostro desenmascarado - ¡Zelgadis! ¿Qué haces aquí? - el sombrero rodó de nuevo por el suelo, mientras Amelia se acercaba a la quimera.
- Te dije que no me quitaras la máscara."- murmuró molesto, recogiendo el famoso sombrero y poniéndoselo
- ¿No habías dicho que no vendrías? - exclamó todavía sin poder creer lo que veía
- Ya sabes que no me gusta que me vean el rostro… pero claro, me venció la curiosidad, así que, cómo era un baile de disfraces, me puse este traje para pasar desapercibido… - Zel suspiró pesadamente y añadió - Ahora que me has descubierto, lo mejor es que me vaya...
- ¿Por qué? ¡No nos vemos desde hace mucho tiempo! ¡Y nos lo estábamos pasando tan bien...! ¿No podemos estar juntos? - Amelia estaba a punto de llorar, pero se contuvo.
- Tu estabas bailando con el SA, pero sabiendo que yo soy Zelgadis, nada será lo mismo... - replicó la quimera. Hubo otro silencio incómodo entre ambos, y Amelia notó el tono apesadumbrado de Zelgadis, mientras dos surcos de lágrimas recorrían sus mejillas.
- Te equivocas, Zel... seas el Señor del Antifaz o Zelgadis, para mí siempre serás el mismo hombre al que amo... y amare siempre... - dijo finalmente, cogiéndole del brazo para evitar que se fuera.
Sin embargo, Zel no se lo impidió, y agradecido, acercó su rostro al de Amelia y le dio lo que ella quería: un beso.
Mientras eso pasaba, y a sólo unos segundos de empezar las campanadas, una angustiada reina de Zoana buscaba con desesperación a su marido entre la muchedumbre. Zangulus hacía lo mismo y finalmente, mientras el público empezaba a entonar una canción, ambos se encontraron.
Como el año que fue
Otra vez el champán
Y las uvas y el alquitrán,
- ¡Zangulus, amor mío! – llamó Martina.
- ¡Martina! – respondió Zangulus.
- ¡Oh, Zangulus, he sido una estúpida! – sollozó la reina de Zoana abrazándose a su marido.
- Yo también Martina, yo también… - dijo el rey consorte correspondiendo al abrazo de su mujer.
Y acaloran el ánimo para aceptar
Que ya pasó uno más
- ¡No debería haberme enfadado contigo! Después de todo yo ya conocía tu hobby cuando me casé…
- Sí, pero yo debería haberte prestado más atención, sobre todo esta noche. Después de todo eres mi esposa…
- ¡Zangulus, lo siento, perdóname!
- ¡No, Martinita, perdóname tú a mí!
- No, perdóname tú primero.
- No, perdóname tú.
- No, tú.
- Tú.
- Tú.
En fin, les ahorramos la continuación del diálogo para no aburrirles…¬¬Uuuu
Cinco minutos más para la cuenta atrás
Hacemos el balance de lo bueno y malo
Cinco minutos antes de la cuenta atrás…
Al mismo tiempo, fuera del recinto de palacio, sentados en una alta colina desde la que se podía contemplar el jardín iluminado, estaban Reena y Gaudy. Mientras que la primera canturreaba y bailoteaba alrededor del único árbol que poblaba la colina, todavía bastante trompa, el segundo se había quitado el disfraz de medusa, quedándose con su atuendo de siempre, y se había desplomado agotado al pie del árbol.
- Bueno… - suspiró – al menos aquí no destrozarás nada si te da de repente por lanzar hechizos a diestro y siniestro…
- ¡Uaaauuu! ¡Que bien me lo estoy pasando! ¡Yuhuuuu! – chillaba Reena dando vueltas alrededor del árbol sin prestarle la más mínima atención.
Gaudy suspiró y un gotón de vergüenza ajena resbaló por su frente. Miró de nuevo hacia el jardín donde se celebraba la fiesta. La gente se congregaba cada vez en mayor número conforme la hora clave se acercaba. Resultaba fascinante para el espadachín el hecho de que toda la ciudad de Sailon y gran parte de la gente de la región se hubiese reunido allí para celebrar aquel acontecimiento.
Amantes, andantes
Y alguno que otro cura despistao
Entre pitos y gritos
Los sailonianitos (por españolitos, sorry!^^U)
Algo a la vez
De pronto el espadachín notó a alguien desplomarse a su lado. Era Reena, quien, cansada y mareada de tanto dar vueltas, había decidido sentarse con él.
- ¡Uaaah! – bostezó – Me está entrando sueño… Oye, Gaudy ¿puedo recostarme en tu regazo?
- Hum… - el espadachín dudó unos instantes – Bueno, no veo porqué no…
La hechicera apoyó suavemente su cabecita en el regazo de su protector, cerró los ojos y empezó a respirar pausadamente. Cuando estaba así de tranquila, pensó Gaudy, incluso parecía bonita… Pero una duda le asaltó de improviso.
- Esto… Reena ¿te puedo preguntar algo?
- Mmmm… bueno… - concedió ella adormilada.
- ¿De verdad que yo te… bueno… te gusto?
- Claro que sí, medusito mío… - respondió ella sin salir de su sopor.
- Ya, pero… - siguió el espadachín sin estar del todo convencido - … es que como siempre me pegas y todo eso… yo… creía que…
- Es que me cuesta confesarme. – admitió ella en sueños – Tengo miedo de que… yo a ti no te guste… por no tener pecho…
Gaudy miró sorprendido a la pequeña hechicera. Si era cierto que él siempre le decía que estaba más plana que una pared… pero no lo decía en serio…
- No es verdad Reena. En el fondo yo… te quiero mucho, Reena…
- ¿De verdad? – preguntó ella dormida.
- De verdad. – le aseguró él.
Ya más tranquila, la hechicera se durmió definitivamente. El rubio espadachín la miró sonriente y luego dirigió la mirada al horizonte, acariciando al mismo tiempo los cabellos pelirrojos de su compañera. Seguramente mañana, cuando se le pasara la resaca, Reena volvería a comportarse como siempre y no se acordaría de aquella conversación.
Pero ahora a Gaudy eso no le importaba.
Cinco minutos más para la cuenta atrás
Hacemos el balance de lo bueno y malo
Cinco minutos antes de la cuenta atrás…
En ese preciso instante, Filia y Zeros se encontraban en medio de toda la multitud que cantaba enfervecida, ya que cada vez faltaba menos para las campanadas.
- ¡Ay! ¡Esto es indignante! – protestó la dragona, ya que por millonésima vez le habían pisado el pie - ¿Cómo es que a la gente le encanta apiñarse tanto?
- Forma parte de la gracia de las fiestas. – respondió el demonio – Pero si tanto te molesta, mejor que te vayas, labios de lagartija. ¡No queremos que de repente te transformes en dragón y lo empieces a destrozar todo! ¡Ja, ja, ja, ja, ja…!
Contra lo que Zeros esperaba, Filia no pareció ofenderse como otras veces, sino que le miró y le sonrió con un toque de ironía.
- Haré oídos sordos porque es fin de año y hay que perdonar y olvidar… - dijo.
Zeros la miró al principio sorprendido, pero no tardó en devolverle la sonrisa.
- Vaya, vaya, Filia, estoy gratamente sorprendido por ese cambio de actitud. Aunque también he de decir que me extraña viniendo de ti…
- Bueno, para tu información, los dragones de vez en cuando damos muestras de madurez… y no cómo otros ¿verdad, namagomi? – añadió con sorna.
- Haré oídos sordos porque es fin de año y hay que perdonar y olvidar… - respondió Zeros con la misma sonrisa con que la dragona había dicho esas palabras.
Tras esto, se quedaron mirándose por un momento a los ojos (sí, por una vez Zeros había abierto sus preciosos ojos amatista… – suspiro - ) … para luego echarse los dos a reír.
A los que ya no están echaremos de menos
Y a ver si espabilamos los que estamos vivos
Y en el año que viene nos reímos…
- Por cierto – preguntó la dragona de pronto - ¿cuánto falta para las campanadas?
- Pues… - empezó el demonio sacando un reloj de bolsillo – si mi reloj no va adelantado, yo diría que las campanadas comenzarán…
¡DONG! ¡DONG! ¡DONG! ¡DONG…!
Y empieza otra vez
Que la quinta es la una
la sexta es la dos
Y así el siete es tres
Sin que Amelia o Zel lo advirtieran, las doce campanadas habían empezado mientras seguían besándose bajo el muérdago, e incluso unos fuegos artificiales inundaban el cielo, celebrando el fin de un año, y el principio de otro.
Y pedimos a Dios
Que en el año que viene
A ver si en vez de un millón
Pueden ser dos
Pues como bien dice el refrán: “Año nuevo, vida nueva” ^_^
Como el año que fue
Otra vez el champán
Y las uvas y el alquitrán,
FIN
˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚˜˚
Nota de Silvy-chan: Cute, cute, cute, cute, CUTE ^^♥! Vale que no ha sido muy original… ¡pero a mí me encanta la escena del beso!(¿Se nota que soy una Zel-Amelia supporter?) ¡Gracias por inventar este reto, Karoru! Y también a Amber, por dejarme escribir chorradas del tipo “Gaudy, mi medusito” o cursiladas románticas que me
encanta añadir en mis fanfics. Thank you!
Nota de Amber: Vaya, esta vez si que hemos batido el récord. Leímos el reto el día 3 y conseguimos terminar el 9, 2 semanas antes del día límite. ¡Y nos ha salido un fanfic bordado! ^_^ Aunque espero perdonen la modificación (pequeña aunque visible) de la letra de Un año más de Mecano, pero sino no tendría sentido, ne? Y espero también que guste ese pequeño homenaje a Sailor Moon que hemos hecho… ¡Gracias a todos!
Comentarios, dudas, críticas (buenas o malas, las aceptaremos) a: almudenmumu@yahoo.es