Sueño

 

por Lady Dragon

 

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**Respuesta al reto de marzo de 20031,2,3, Vendido!!!”, de El Altar de Zeros.

= Prohibida su publicación en cualquier otra página = 

 

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Nota

 

La serie de Slayers y sus personajes pertenecen a su creador, en ninguna forma me estoy adjudicando propiedad alguna sobre cualquiera de ellos.

 

Esta historia fue creada con el propósito de participar en el reto de marzo del Altar de Zeros, propiedad de Karoru Metallium, por lo cual está prohibida su publicación en cualquier otra página.

 

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Xellos se despertó muy temprano en la mañana, como era su costumbre.  A Juu-oh no le gustaba que llegara tarde a ninguno de sus compromisos.  Hoy le tocaría, como hacía ya algunos meses, vigilar a Lina y a su grupo de seguidores.  Zelgadis, la introvertida y antisocial quimera; Amelia, la siempre alegre y positiva princesa de Seiryuun; Gourry, el invencible y enajenado portador de la Hikari no ken; y por supuesto, Filia, la obtusa y testaruda sacerdotiza y dragón dorado.

 

Nada mejor que comenzar el día con una buena dosis de odio, y quién mejor que Filia Ul Copt, el ser que más lo odiaba.  Así que se decidió por aparecer en el cuarto donde se hospedaba dicha sacerdotiza, sabiendo que podría sorprenderla aún dormida.

 

Con una sonrisa maligna desapareció de su habitación en Wolfpack.

 

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Tarán... ahí estaba Filia, aún cobijada bajo las sábanas. Con su angelical rostro reposando sobre la almohada.

 

“Quién podría imaginar la violencia y el odio que guarda tu pequeño corazoncito hacia mí.”  Dijo Xellos complacido.  De repente la dragona se movió y Xellos creyó escuchar que hablaba.

 

“Ahh... Fi-chan, no entiendo lo que dices, habla más fuerte.”  Dijo acercándose hasta quedar muy cerca del rostro de la bella durmiente.

 

“Ai shiteru Xel-kun...”  Susurró la dragona y de repente sus brazos capturaron el cuello del demonio acercándolo a ella, quien de inmediato le plantó un candente beso.

 

Xellos sintió una fuerte oleada de felicidad emanar del cuerpo de la dragona que lo dejó sin movimiento y justo cuando comenzaba a reponerse, Filia abrió los ojos, parpadeó varias veces al ver al demonio y de repente...

 

“¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAHHHHHHHHHH!!!!!!!!!!”  Y el cariñoso y adorado mazo de la dragona apareció de la nada y por primera vez conectó contra la cabeza del demonio, quien rebotó por toda la habitación hasta quedar plasmado en la pared, deslizándose hasta el suelo sin conocimiento.

 

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Todo estaba muy oscuro, como si estuviera en el plano astral, de repente una fuerte luz llenó el lugar y Xellos gimió sintiéndo que un estupendo dolor de cabeza comenzaba a palpitarle.

 

Escuchó voces a su alrededor, en el fondo una sinfonía y un acordeón tocaban una alegre canción, parecía como si estuviera en una feria.

 

“Bienvenidos a la feria Seiryuun en favor de las instituciones beneficas de Seiryuun, nuestra principal atracción el día de hoy es la subasta de solteros.  Y aquí tenemos a nuestro primer soltero, Xellos Metallium, general y sacerdote de Juu-oh.”  Gritó una voz a sus espaldas.

 

“¿Nani?”  Una mano lo empujó al centro de la luz, donde no podía ver a nadie, sin embargo sabía que habían muchas personas a su alrededor.

                                              

“Este codiciado soltero, fuerte, alto, guapo y *muy bien equipado*, será suyo para lo que usted desee por tres días consecutivos.  Sí, escucharon bien, tres días consecutivos.  Podrá hacer con él lo que guste, todo es válido, excepto la muerte claro está, pero ¿quién desea un soltero muerto?”  Se burló la voz.

 

Xellos sintió un escalofrío recorrerle por el cuerpo y de repente la misma mano que lo había empujado hasta el centro de la luz le quitó el broche de su capa.  Seguidamente sintió que la capa se deslizaba hasta el suelo y la multitud a su alrededor comenzaba a rugir.

 

“Las ofertas comienzan en mil piezas de oro.”

 

Ahora varias manos tomaban la banda alrededor de su cintura y comenzaban a destrozarla.

 

“¡Un momento!”  Pero en vano, ahora su camisa.  El rubor le subió al rostro de inmediato cuando las manos se acercaron a sus pantalones.

 

“¡¡¡¡¡¡NOOOOO!!!!!!”

 

El ruido de la tela desgarrándose era inconfundible.  Logró rescatar apenas un pedazo de la tela y cubrirse un poco.  Sus ojos estaban muy abiertos y atentos.  La multitud rugía eufórica.

 

“¡Mil piezas de oro!”  Se escuchó la primera oferta.

 

“¡Mil quinientas!”

 

“¡Mil ochocientas!”

 

Estaba totalmente confundido, trató de teletransportarse pero nada.  Comunicarse con Juu-oh, tampoco podía.  Ni siquiera sabía dónde se encontraba ni quienes lo rodeaban.  De repente escuchó una voz muy pero muy familiar.

 

“¡Dos mil quinientas piezas de oro por el namagomi!”  La vendedora protestó de inmediato.

 

“Señorita, este mazoku no es un namagomi, es un ejemplar muy fino, directamente bajo las órdenes del Ama de las Bestias.”  Replicó la vendedora.

 

“Es mi dinero y le llamaré como me de la gana.”

 

“¡Dos mil seiscientas piezas!”  Esa voz también le era familiar.

 

“¿Lina-san?”  Trató de distinguir entre los presentes en vano.

 

“¡Dos mil setecientas!”  Gritó una voz masculina.

 

“¿Gourry?”  Una gota de sudor bajó por su nuca.

 

“Tendría que estar muerto para permitir que Lina me cambie por tí.

 

“¡Dos mil ochocientas!”  Gritó otra voz muy emocionada, esa también la conocía, era Amelia.  No podía comprender qué estaba pasando.

 

“¡Dos mil novecientas piezas de oro!”  Gritó una cuarta voz, esta vez masculina y profunda.

 

“¿Zelgadis?”

 

“Ni creas que permitiré que pases un día con Amelia, menos tres.”  Se justificó.

 

“¡Tes mil piezas de oro!”  Gritó nuevamente Filia.

 

El silencio se hizo en la muchedumbre.

 

“Tres mil piezas de oro a la una, tres mil piezas de oro a las dos, tres mil piezas de oro a las tres... ¡Vendido por tres mil piezas de oro a Filia Ul Copt, último dragón dorado en existencia.”  Gritó la voz de la subastadora.  Xellos sintió un leve susurro proveniente de la vendedora.  “Que la fuerza te acompañe mazoku... porque de esta quizás no salgas vivo.”

 

“¡No!”  Trató de protestar, trató de huir, pero las manos lo sujetaron en su lugar.

 

“Namagomi.”  Finalmente pudo ver la figura de Filia acercarse, traía algo en su mano, como una correa.  Su mirada era predadora, mostrando un afilado colmillo al sonreir.

“Me perteneces por tres días.”  La sonrisa se volvió maligna mientras le ataba un cordón de seda rojo al cuello.  Entonces la obscuridad volvió a envolverlo.

 

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Cuando salió de su estupor, se encontró con que estaba en una enorme cama de sábanas negras, sus manos atadas con cordones de seda rojo a los postes de la misma.

 

“¿Dónde estoy?”  Dijo desorientado.

 

“Al fin despiertas Namagomi, es hora de que tengamos un poco de diversión.”  Esa voz, estaba seguro que era la de Filia, pero las palabras no parecían dichas por ella.  Trató de mover los pies, pero no pudo, levantó un poco la cabeza y vio que también estaban atados con hilos de seda rojos.  Dio gracias porque siquiera Filia había cubierto su desnudez con una de las sábanas.

 

Un movimiento al fondo del cuarto llamó su atención y volteó la cabeza.  Allí estaba Filia, vestida con un sensual teddy rojo y zapatos de tacón alto en combinación.  El sólo verla hizo que el corazón le diera un vuelco.

 

“¿Filia?”  La llamó.

 

“¿Sí, Namagomi?”  Le respondió Filia con voz sensual.

 

“¿Por qué estoy aquí?”

 

“Eres mi juguete por tres días completos querido demonio.”  Y comenzó a acercarse al sacerdote, lentamente y con gracia felina.

 

“¿Filia?, ¿qué haces?”  Le preguntó curioso al ver la forma en que se movía.

 

“Voy a cobrarme algunas deudas que tienes pendiente conmigo.”  Enfatizó cada palabra, especialmente la que mencionaba la deuda.

 

Y sin decir más se trepó sobre la cama y luego a horcajadas sobre las caderas de Xellos.  Un sorprendido gemido fue la respuesta.

 

“Ahora no puedes usar tus poderes, no puedes llamar a Juu-oh, ni siquiera puedes soltarte de los cordones de seda... porque están encantados.  Estás a mi merced demonio y haré contigo lo que me de la gana.”

 

Se inclinó sobre Xellos tomando su barbilla y lo besó en plena boca.  Xellos trató de protestar pero Filia no soltó su barbilla manteniéndolo en su lugar.  Luego, lentamente comenzó a explorar su boca, mordiéndole los labios, saboreándolo e invadiéndolo posesivamente.

 

Trató nuevamente de soltarse pero nada.  Filia dejó su boca y recorrió el lado de su rostro con besos muy calientes, gustándolo y mordiéndolo de vez en cuando.  Bajó hasta su cuello, succionando suavemente la sensitiva piel.  Un leve gemido escapó de su boca mientras respiraba profundamente.

 

Filia le soltó la barbilla y comenzó a acariciarle el pecho y los costados sensualmente mientras continuaba bajando con sus besos.  Se movió un poco causándole un espasmo involuntario cuando Filia rozó aún más su masculinidad con su cuerpo.

 

La dragona deslizó las manos más abajo y  comenzó a acariciar sus caderas, pasando y rozando levemente su abdomen.  Un leve estremecimiento y un grato calor se produjo un poco más abajo. Filia se detuvo momentáneamente a explorar con su boca los abdominales del demonio, contraídos bajo la suave piel.

 

Cuando Filia continuó su camino hacia abajo, no pudo suprimir un profundo gemido de placer.  Al escucharlo, Filia sonrió y atrapó la piel entre sus labios, obteniendo idéntico resultado.  Bajó un poco más hasta llegar a la cintura, besando en su camino el ombligo del demonio, quien se estremeció visiblemente.

 

“Fi-chan...”

 

Pasó sus delicadas uñas por los muslos de Xellos hacia arriba y hacia abajo.  El dolor le produjo un placer indescriptible al demonio.

 

“Eres un masoquista Xellos...”  Dijo entre sonrisas, ella sabía que disfrutaba tanto el dolor ajeno como el suyo.

 

Siguió bajando y pasó muy cerca de la parte que cubrían las sábanas pero sin tocarlo.  Besando donde sus uñas acababan de hacerle varias marcas rojas sobre la piel.  La respiración de Xellos se había vuelto corta y profunda.

 

“Fi-chan...”

 

Subió nuevamente sin tocarlo donde más deseaba.  Llegó hasta su pecho y se incorporó.  Filia comenzó a acariciarse frente a sus ojos, mientras se asentaba suavemente sobre su masculinidad sin haberse quitado aún el teddy rojo.  Xellos trató nuevamente de soltarse.

 

“Será mejor que te comportes Namagomi, la noche apenas comienza.”

 

Fueron varias horas de tortuosas caricias sobre el cuerpo de Xellos, besos ardientes sobre su piel y en sus labios que le pareció que llevaba una eternidad en ese estado de perfecta excitación y dulce abandono. Cada vez que estaba a punto de perderse en el más delicioso olvido, Filia se detenía.

 

“Fi-chan... por favor.”  Comenzó a suplicarle.

 

“Aún no Namagomi.”  Era la invariable respuesta.

 

Filia comenzó a jugar con la sábana que cubría su masculinidad, la pasaba lentamente de un lado y luego del otro, rozándolo y provocándole las más infinitas sensaciones.  Su cuerpo comenzó a temblar, mientras los gemidos aumentaban.

 

“Por favor Fi-chan.”  Volvió a suplicar entre ahogados gemidos.

 

“Iie Namagomi.”

 

Se arqueó levemente y Filia sonrió maléficamente.

 

“¿Por qué... me torturas...?”

 

“Es mi turno de torturarte Namagomi.”

 

“No me digas...  Nama... gomi.”  Logró decir entre gemidos de placer.

 

“Lo diré cuantas veces quiera.”  Y se bajó nuevamente a besar su abdomen.  El cuerpo de Xellos estaba un tanto húmedo por la transpiración, algunos mechones de cabello púrpura se le pegaban a la frente.  Sus labios abiertos en silenciosa súplica y sus mejillas totalmente ruborizadas por la excitación.  Aún trataba de deshacerse de los cordones de seda, pero esta vez con otras intenciones.

 

“Fi-chan... no seas tan perversa, siquiera suéltame las manos.”  Volvió a suplicar.

 

“Iie Namagomi.”

 

Su cuerpo volvió a arquearse cuando Filia bajó justo al borde de la sábana que lo cubría.

 

“Dime qué deseas Xellos Metallium.”  Xellos no entendió la pregunta hasta que Filia deslizó la sábana y dejó al descubierto su masculinidad.

 

“¿Qué deseas, Xellos Metallium?”  Le dijo mientras bajaba un poco más, demasiado cerca, demasiado cálida, rozándo la delicada piel con sus labios.

 

“Por favor Fi-chan... no me tortures así.”  Gimió desesperado, levántando suavemente las caderas hacia Filia.

 

“Dilo...”  Dijo mientras rasguñaba los costados de su torso.

 

“Te deseo a ti, Fi-chan.”

 

“No te escucho.”

 

“¡Te deseo a ti, Filia Ul Copt, dragón dorado!”  Dijo con más vehemencia, mientras los besos de Filia lo enviaban casi a la obscuridad.

 

“Aún no me convences...”  Le dijo soplándo sobre la piel que acababa de mojar con su lengua.  Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

 

“Por favor Filia, te lo suplico, ya no me tortures así, te deseo más que a nada, por favor.”  Dijo entre leves sollozos de placer.

 

De repente Filia lo envolvió en la humedad de su boca y Xellos creyó que iba a enloquecer, su respiración se detuvo momentáneamente y creyó que los cordones de seda cederían a la presión.  Las sensaciones se duplicaron y cerró los ojos, hundiéndose en la más profunda obscuridad.

 

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“¿Xellos?”

 

Escuchaba una voz familiar

 

“¿Xellos?”

 

Una voz que le provocaba cierto placer.  Pero ante la insistencia, decidió abrir los ojos.

 

“¿Xellos, daijabu?”

 

Filia lo observaba preocupada.  Su primera reacción fue alejarse lo más posible de la dragona.

 

“¿Xellos?”  Miró a su alrededor un tanto asustado y cuando Filia extendió su mano en un gesto preocupado para tocarlo se retiró abruptamente.

 

“¿Qué te sucede Namagomi?”  Le preguntó un poco enojada.

 

Xellos la observó totalmente confundido y ella se percató de la extraña mirada, era como si de repente aquel demonio le tuviera miedo.

 

“Gomen nasai, Filia.  Sólo tuve una pesadilla.”  Dijo algo confundido.

 

“Pues ya era hora de que te despertaras, llevo unos quince minutos esperando a que recuperes la razón.  No era como si te hubiera pegado tan fuerte.”  Trató de defenderse.

 

“¿Filia?”  Llamó Amelia desde el otro lado.  “Es hora de levantarse.”

 

“Hai Amelia, en un momento salgo.”  Y cuando regresó la vista al lugar donde había estado Xellos se hallaba vacío.

 

“Namagomi.”  Dijo entre dientes.

 

*******

 

Filia trató de ignorar al demonio sentado en una de las mesas, muy alejado de donde desayunaba Lina y el grupo.  Varias veces lo había sorprendido mirándola y en todas había desviado la vista ruborizado.  No que actualmente tuviera los ojos abiertos.  Pero ella sabía que no necesitaba tenerlos abiertos para mirarla y dado el hecho de que había cambiado el rostro era evidencia más que suficiente para condenarlo.

 

Luego, durante todo el día y parte de la tarde, el demonio se había mantenido atrás del grupo, era usual que se quedara atrás, pero no tanto. *¿Por qué me tiene que preocupar un namagomi, bastardo?*  Se reprochaba por millonésima vez.

 

Finalmente llegaron hasta el siguiente poblado y reservaron alojamiento.  Llegada la hora de dormir, cada quien se dirigió a sus respectivos cuartos, Xellos por su parte, se quedó en el área de las mesas.  No era costumbre que Xellos reservara una habitación, simplemente desaparecía y volvía a aparecer en la mañana, ninguno se preocupaba por ese aspecto.

 

Pero Filia esa noche estaba preocupada, había sido la primera vez que lograra pegarle a Xellos con su mazo.  Debería estar feliz, pero no era así, además, el hecho de que el demonio no hubiera podido esquivarla significaba que algo andaba mal.  Y que se hubiera disculpado... no era como que Xellos se disculpara con ella.  Realmente algo estaba pasándole al demonio.

 

Trató de convencerse nuevamente que no le importaba lo que le sucediera al mazoku.  Trató de convencerse de que le daba igual, pero antes de darse cuenta, sus pasos regresaron al lugar donde se había quedado Xellos.  No lo encontró en las mesas, pero su instinto de dragón le decía que se hallaba cerca aún.  Salió fuera de la hospedería y caminó un poco por el sendero.  Sentado sobre un banco de piedra, con la espalda hacia ella, estaba Xellos.

 

Se acercó sigilosamente y pudo escuchar que el mazoku hablaba para sí mismo.

 

“Ya perdí la cabeza...  Xellas me va a pulverizar de seguro...   Pero no es mi culpa...  ¿Pero y si es mi culpa?  ¿Pero desde cuándo tengo suficiente conciencia como para sentir culpa?  Aunque a decir verdad siempre es mi culpa...”

 

“¿Xellos?”  El demonio dio un visible salto y se volvió rápidamente hacia la dragona.  Por unos momentos su rostro reflejó una miriada de emociones que Filia nunca había visto, pero así mismo la eterna máscara de felicidad volvió a su lugar.

 

“Fi-chan, ¿qué haces levantada aún?”  Dijo sonriente, con los ojos cerrados inocentemente.

 

“Yo solo... quería...”  Titubeó, sin razón aparente.  No podía decirle al demonio que estaba preocupada por él y disculparse con él le habría brindado sospechas, ella nunca se había disculpado con él tampoco.

“Querida Filia, no ves que a estas horas de la noche nosotros los monstruos estamos al acecho de presas fáciles como tú?”  Le dijo en tono burlón.

 

“No soy presa fácil para ningún monstruo.”  Dijo levantando el mentón ofendida.  Xellos se puso de pie y se acercó más de lo normal a Filia.

 

“Yare, yare, querida, ¿piensas que no eres presa fácil para este demonio que aniquiló cientos y cientos de dragones más poderosos que tú?”  Dijo intencionalmente.  Filia se estremeció, realmente habían ocasiones en que olvidaba lo que Xellos era realmente, un monstruo.

 

“No eres tan temible como te pintas.”  Se aventuró a decir Filia.

 

“Te equivocas querida Filia, soy un total... y perfecto... monstruo... y te lo voy a comprobar ahora mismo.”  Le dijo enfatizando cada palabra, mientras abría los ojos.

 

Y sin más la atrapó bruscamente, besándola a la fuerza.  Filia trató de escapar del abrazo de acero pero sencillamente no podía.  En un intento desesperado por zafarse rasguñó la espalda del mazoku con sus garras de dragón.  Xellos soltó su boca para emitir un gemido de placer.  Pero seguidamente volvió a atraparla en un beso más violento aún.

 

Filia no se sentía lastimada como era de suponerse por la violencia del demonio, después de todo, ella era un dragón.  Y al parecer Xellos no se percataba que el beso, más que asustarla la estaba provocando, como hubiera provocado a cualquiera de su raza.  Y si a eso le añadía lo que muy en el fondo sentía por el demonio...

 

Se resistió un poco más, sin embargo comenzaba a ceder, muy a su pesar.  Al fin y al cabo se dejó sumergir en el beso del demonio.  Xellos sintió una oleada de felicidad y satisfacción cuando la dragona le devolvió el beso.  Nuevamente aquella felicidad lo golpeaba duramente y tuvo que soltarla, sintiéndose algo mareado.  Filia aprovechó la oportunidad para zafarse y sacar su adorado mazo.

 

Estuvo a centímetros de golpearlo nuevamente, pero en su mente apareció una especie de alarma. ¿Cómo era posible que Xellos se dejara golpear nuevamente?  Eso era razón más que suficiente para detenerse.  Su corazón se rebeló ante la lógica de saberse enemiga acérrima del demonio que tenía frente a sí y se permitió demostrar su preocupación.

 

“¿Xellos?, ¿daijabu?”  Al ver que Xellos no le respondía, bajó el mazo y se acercó.  El demonio tenía la mirada perdida y los labios entreabiertos en un gesto de sorpresa.  Se le acercó un poco más y sin pensar en lo que hacía lo envolvió en sus brazos y lo besó, esta vez delicadamente.

 

Xellos pareció perder la poca razón que le quedaba, y a pesar de que sus rodillas se habían doblado y había caido nuevamente en el banco de piedra, Filia continuó abrazándolo.

 

“¿Xellos?, ¿daijabu.”  Volvió a preguntar, esta vez con toda la ternura que su corazón le proveía.

 

“Filia, ¿qué me estás haciendo?”  Dijo en un suspiro sin devolver ni el abrazo ni el beso de la dragona.

 

“¿Qué te sucede?”  Le preguntó sin comprender.

 

El demonio levantó la mirada, ojos púrpuras muy abiertos y la fijó en los de la criatura que lo envolvía en esos momentos, azules como el cielo, cristalinos como el mar del paraíso.

 

“No estoy acostumbrado a tanta felicidad...  Xellas me va a destruir, seguramente ya envió a sus mensajeros.”  Sonrió vagamente y la apretó contra sí.

 

“¿Qué dices?”  Le dijo con un gesto de horror.

 

“Sshhh...”  Le dijo rozando suavemente los labios de ella con los suyos.

 

“Sería perfecto si tuvieras un cordón de seda rojo.”  Le dijo de repente.

 

“¿Un cordón de seda rojo?, ¿para qué?”  Preguntó inocentemente la dragona.

 

“Si tuvieras un cordón de seda rojo, lo atarías a mi cuello y yo sería tuyo por exactamente tres días para que hicieras de mi lo que quisieras.”  Le dijo con picardía.

 

“¿En serio?”  Aún con incredulidad y sin saber si Xellos sólo bromeaba con ella.

 

“Juramento de mazoku, nunca te he mentido Fi-chan.”  Le dijo seriamente.

 

Filia lo meditó unos segundos y luego, de uno de sus bolsillos sacó un cordón de seda rojo y lo ató alrededor del cuello de Xellos.  Lo sorprendió tanto que tardó unos minutos en reaccionar ante la mirada satisfecha de Filia, a quien comenzaba a gustarle la idea de ver aquel rostro perfecto con un gesto diferente a la usual máscara de felicidad.

 

“Fi-chan, ¿por qué me torturas así?”  Le dijo con voz ronca, sintiendo un estremecimiento muy profundo mientras Filia se inclinaba nuevamente a reclamar sus labios.

 

Owari.

 

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