Cherchez la Femme
por Shire
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**Respuesta al reto de mayo de 2003 “Cherchez la Femme”, de El Altar de Zeros. = Prohibida su publicación en cualquier otra página = |
Shire: Ok, esta vez tengo excusa: Si se fijan, en las reglas de Karoru pone claramente: “...una historia cómico-romántica ubicada...”, además de que tenía que haber una historia de amor ^_~
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Gaudy miraba el mapa que sostenía Lina en sus manos con su típica cara de yo-no-entender. A continuación, miró a su alrededor: estaban en una biblioteca, rodeados de antiguos y valiosísimos libros demasiado complicados para él. Según había entendido, Lina estaba buscando un extraño espejo, un objeto mágico muy valioso, fabricado antes de las guerras de Kouma y que en estas mismas había desaparecido. Se sobresaltó cuando Lina interrumpió sus pensamientos (sí, Gaudy estaba pensando O__o) para decirle:
-Gaudy, creo que el espejo está en algún lugar de estas montañas... Tan sólo tendremos que sobrevolarlas en busca de algún templo, seguro que allí encontraremos el espejo... y yo ganaré un montón de dinero vendiéndolo... ¡No perdamos más tiempo! ¡Salgamos ahora mismo en su busca!
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-Ayyyy Lina... No pienso ir volando nunca más contigo... Ayyyyy- un adolorido Gaudy se frotaba la cabeza tras haber aterrizado de cabeza en el patio de un semiderruido templo perdido entre las montañas -¿Por qué me soltaste desde tan alto?
-No es mi culpa que peses tanto, además eso no tiene importancia ahora... Ayúdame a buscar el espejo en vez de quejarte tanto, pensaba que eras un fuerte guerrero, no un llorica. Mira, parece que esto está abandonado... Mejor, así podremos apropiarnos del espejo sin tener que luchar, que suerte- decía Lina feliz mientras revolvía entre algunos cacharros viejos –Que extraño, parece que esto hubiese sido abandonado de repente...
-¿Qué es apropiarnos?- Gaudy se volvió a preguntarle eso a Lina mientras seguía caminando, eso provocó que no mirase al frente y chocase contra un viejo tapiz, se le enredase en la cabeza y se cayera de culo, arrancando la tela y dejando al descubierto un angosto y oscuro pasadizo.
-¡Bien, Gaudy! Parece que tu torpeza nos va a ayudar- exclamó Lina mientras pasaba de largo del pobre rubio y corría a adentrarse en el agujero -¡Ven, corre! Me parece que he encontrado algo, pero es muy grande, ayúdame a sacarlo, anda.
Una vez a la luz examinaron el objeto: era un bulto envuelto en unas telas apolilladas por el paso del tiempo, muy alto y bastante pesado. Rápidamente, Lina le arrancó las telas; no pudo evitar asombrarse al vislumbrar el espejo que tanto tiempo llevaba buscando: era sin duda un cachivache de gran valor; la luna impecable del espejo estaba enmarcada con un precioso marco de oro con grandes rubíes en las esquinas, y parecía que el paso del tiempo no le hubiese afectado en nada.
-Oooooh... seguro que nos darán mucho dinero por él, pero antes quiero ver si sirve de algo; en los libros que leí explicaba que tenía una función mágica muy importante, aunque es desconocida: los que intentaron investigarlo desaparecieron inexplicadamente, aunque claro, no podían compararse con la poderosa y hermosa Lina Inverse. ¡Yo descubriré de qué se trata!- Lina, muy ufana, procedió a examinar detalladamente el espejo, mientras que Gaudy la observaba sudando de vergüenza ajena.
-Vamos a ver... Espejito mágico, dime quién es la hechicera más bella y poderosa del mundo entero... Nada... Muéstrame lo que más desee ver en este momento... tampoco... ¿cómo funcionará este cacharro?
-Mira Lina, aquí pone algo...- Gaudy señaló a una pequeña etiqueta que sobresalía de entre las patas -Instrucciones de uso: pronuncie estas palabras en voz alta y clara, y obtendrá resultados inesperados. No recomendado para menores de siete años. Recuerde conservar el ticket por si alguna vez tiene algún problema. Nominus porticus, regresimus a notre ultimátum vie, entrate nus subconsciencius et pórtenus, nominus porticus.- En cuanto pronunció estas palabras, una luz apareció en el espejo, y rápidamente absorbió a Lina sin que ninguno de ellos tuviera tiempo de reaccionar.
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-Dame todo lo que tengas, y quizás te dejaré marchar sin hacerte nada... Aunque tal vez me divierta un poco primero contigo...
Lina se despertó al oír estas extrañas palabras, le dolía la cabeza y no sabía por qué, todo le daba vueltas...
-Ah, ¿dónde estoy? ¿Gaudy?- en esto reparó en su vestimenta: llevaba un hermoso vestido verde, lleno de volantes, pero estaba todo manchado y roto, ya que ella estaba tumbada en la cuneta de un camino de tierra, justo en un gran charco de barro. Maldiciendo, se intentó poner en pie, pero al instante se cayó, porque llevaba unos zapatitos con tacón, que le hacían muy difícil caminar. –Por L-sama... ¿qué ha pasado?
-¿Me has oído, sucia ramera? La verdad, no pareces muy rica... Da igual, entonces me ofrecerás tus servicios gratis- entonces Lina se fijó en el hombre que había frente a ella: era alto y fornido, no muy agraciado y le apuntaba con una espada directamente al escote de su vestido, como si quisiera desgarrarle la ropa.
-¿Quién te crees que eres para hablarme así? Esto no te lo voy a perdonar nunca... Vas a salir con tu feo trasero quemado, tal vez así aprendas que nadie se enfrenta a Lina Inverse sin salir malparado- Lina estaba furiosa, no sabía dónde se encontraba, estaba sucia y encima tenía a ese estúpido por única compañía, se preparó para lanzarle una bola de fuego cuando algo la interrumpió.
-¡Alto ahí! Detente, cobarde, atacar así a una indefensa dama... debería darte vergüenza. ¡No se preocupe, damisela! ¡Nosotros la protegeremos de este estúpido!- una figura salió de entre los árboles, era un joven rubio, Lina lo reconoció enseguida. De detrás de él surgieron otros dos hombres, uno era alto, pero menos que el primero, tenía el cabello lacio y violeta y llevaba los ojos cerrados, sin duda alguna era Zeros; sin embargo al otro no lo reconoció, tenía el pelo negro y sin duda alguna era muy guapo, el más bajo de los tres pero no por eso dejaba de ser esbelto. Los tres iban vestidos de una forma extraña: llevaban una túnica azul con una cruz blanca en el centro, un gran sombrero de ala ancha cada uno y todos portaban unas espadas muy finas y ligeras.
-Todos para uno.... ¡y uno para todos!- y con ese grito se lanzaron al ataque, venciendo al atacante de Lina en un momento. Lina, mientras tanto, les observaba un tanto alucinada, hasta que Gaudy se le acercó y le ofreció una mano.
-Gaudy, ¿por qué vais todos vestidos así? ¿Qué me ha pasado? ¿Por qué has dicho todo eso? No entiendo nada...
-Creo que no es una dama, amigos... Más parece una niña, pero ¿cómo sabes mi nombre?- respondió Gaudy.
-¿Preferiría que fuéramos desnudos?- habló Zeros, guiñándole un ojo –Y ¿cómo vamos a saber lo que le ha pasado? Escuchad, llevémosla a la posada más cercana, no podemos dejarla sola aquí... Hay muchos pederastas sueltos.
-¡Argh! ¡Repite eso, Zeros! Pero... ¿es que no me reconocéis? Gaudy, Zeros...- Lina miró al otro espadachín, que no había dicho nada, estaba muy serio y callado pero le sonaba de algo, estaba segura de que le conocía, así que decidió preguntarle- ¿Y tú quien eres? Yo estaba contigo,- dijo, señalando a Gaudy -encontramos el espejo y luego no sé lo que pasó...
-Mi nombre es Zelgadiss, y no sé por qué deberíamos conocerte- dijo el hombre de pelo negro para ser interrumpido por Lina al instante.
-¡¿Zel?! ¡¡Has encontrado tu cura! ¿Cómo no pude reconocerte antes? ¡Me alegro mucho por ti!- exclamó mientras se levantaba y se volvía a caer, aunque esta vez en los brazos de Gaudy, que la había sostenido a tiempo.
-¿Cura? ¿Qué cura? Como no sea para el mal de amores...- se rió Zeros mientras Zelgadiss corría a estrangularlo rápidamente -Je je jee -cof cof- je je...
-¿Entonces no me recordáis? Qué extraño... En este caso, soy Lina Inverse, llevadme a la posada más cercana, por favor. Necesito adecentarme un poco. Por cierto, no soy una indefensa damisela...- ayudada por Gaudy, se levantó mientras pensaba “Creo que ya comienzo a entender por qué el templo estaba abandonado... El espejo debe de haberme trasladado a otra dimensión, pero no sé porqué están los chicos aquí... Pero, ¿cómo volveré?” –Por cierto, ¿dónde estoy?
-En París, Francia- le respondió Zeros –París es el rey del amor... - comenzó a cantar mirando a Zelgadiss por el rabillo del ojo, quien no hizo mas que ignorarle. –Pareces un poco perdida, pequeña damita... Mejor te acompañaremos a un lugar seguro.
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La princesa Amelia lloraba en el hombro de su nodriza Filia, su mejor amiga y consejera, ella le había cuidado y educado desde su infancia, y ahora que Amelia ya era mayor se habían hecho grandes amigas. De hecho, Filia era en realidad la una de las dos únicas amiga de la princesa, ya que por el alto cargo de la joven sólo le permitían relacionarse con las aburridas duquesas y condesas. Filia intentaba consolarla como podía; sólo ella conocía el romance que mantenían ella y un joven mosquetero de la corte, y hoy mismo el Rey Philionel había anunciado el compromiso de la princesa con el cardenal Gaarv (no se me ocurría ningún otro XDDD), destrozando así todas la vida e ilusiones de Amelia.
-Princesa, por favor, no llores así... Me haces sufrir también a mi, sabes de sobras que no puedo verte así...
-Cómo quieres que me sienta, querida Filia- replicó Amelia secándose las lágrimas –Tú no puedes saber cómo me siento, ojalá fuera una simple campesina... O alguien como tú...
-Pero eso no puedes cambiarlo. Además, de todas maneras, aunque no te fueses a casar con ese feo, horrible y vejestorio de Gaarv- dijo provocando una sonrisa triste a Amelia –no podrías mantener tu relación con ese joven, bien sabes que es imposible que una princesa contrajera matrimonio con un mosquetero. Ah, por cierto, ¿se lo has contado ya?
-No, todavía no... hoy habíamos quedado por la noche, imagino que se lo tendré que contar... Oh, Filia, ¿qué va a ser de mí? No puedo casarme con el cardenal, seguro que lo único que busca es el poder, llegar a ser el rey de Francia... Además de que mi corazón es tan sólo de Zelgadiss... (huy huy huy... ya empezamos >.<)
De repente alguien llamó a la puerta, y sin esperar una respuesta una figura envuelta en una sotana entró en la habitación y caminó hasta donde estaba Amelia, para coger la barbilla de la princesa y alzarle la cara.
-Mi querida princesa... ¿por qué lloras? ¿Es acaso la felicidad que te produce nuestro casamiento? Si es así, no te apenes; apenas queda un día para que nuestros sueños se hagan realidad...- Amelia no le contestó, tan sólo le dio una sonrisa fingida y se secó las lágrimas –Espero que estés tan hermosa como siempre para el día de mañana, y juntos protagonizaremos la boda más espectacular de todo el siglo XVII... Adiós y hasta mañana, querida...- y acto seguido el cardenal Gaarv se marchó por donde había venido.
-¿Pero es que no lo ves? Me da asco... Mi vida es un asco... Primero desaparece nuestra amiga Lina, y luego esto... Qué va a ser de mí...
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Los tres mosqueteros habían decidido llevar a Lina a palacio, tal vez allí alguien la reconociese, ya que ella parecía no saber nada de este mundo y al menos allí estaría segura. Habían descubierto que Lina era una mujer de mucho carácter, Zeros se había llevado unos cuantos capones por parte de Lina y de Zel y Gaudy tan sólo observaba a la pequeña hechicera, al parecer atraído por ella, lo que había provocado burlas de Zeros y más golpes de Lina, pero ésta tenía algo que les hizo hacerse amigos rápidamente. Para cuando llegaron a palacio, ya había anochecido; Zelgadiss se marchó con una excusa tonta y Gaudy y Zeros llevaron a Lina a presencia del rey, para pedir hospitalidad y un vestido limpio. Para sorpresa de todos, el rey Philionel se alegró mucho al ver a Lina, ya que parecía que Lina era una de las doncellas del palacio, y había desaparecido misteriosamente días antes. Además el rey sabía lo mal que lo había pasado su hija tras la desaparición de Lina, así que decidió llevarla a los aposentos de la princesa.
Filia se encontraba preparando el vestido que luciría Amelia al día siguiente: era un vestido muy hermoso y caro, blanco inmaculado con pequeños adornos en color azul, un delicado velo de gasa sujeto a una diadema azul también, unos zapatos de tacón que parecían estar hechos de puro nácar, y por último un costoso abanico, con bordados de flores y el mango de oro. Desde luego, iba a estar preciosa; era una pena que se tuviese que casar con ese desagradable cardenal... En esto estaba cuando de repente entró el rey Philionel acompañado de una zarrapastrosa muchacha.
-Buenas noches, Filia. ¿Dónde está mi hija? Tengo una buena noticia para ella- dijo el rey mientras hacía a Lina un ademán para que pasase –Su amiga Lina ha aparecido sana y salva.
-¡Oh, Lina! Qué suerte que has aparecido... ¿Por qué estás tan sucia? Ven a contarme lo que te ha sucedido... Y bueno, estee... er... Amelia se está dando un baño- improvisó, aunque ella bien sabía que se había ido a ver a su querido mosquetero –No se preocupe, yo la avisaré enseguida de esta buena noticia. Ven, Lina, querida, te daré uno de los vestidos de la princesa.
-¡Hola Filia!- Lina tan sólo dijo eso, parecía que Filia tampoco la conocía de verdad. Una vez que el rey se hubo ido, Lina se probó el vestido... Le iba un poco corto, y la parte del pecho le quedaba muy holgada, pero de momento no tenía otra cosa que ponerse -¿Dónde está Amelia?
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Amelia corrió hacia la figura oscura que había frente a la fuente de los jardines, y se arrojó en sus brazos, sabiendo que éste iba a ser uno de los últimos momentos que iba a pasar con él. Al volver a pensar en el cardenal, no pudo evitar emitir un ahogado sollozo, lo que hizo que Zelgadiss la soltase, extrañado.
-¿Qué te ocurre?- al ver que la princesa no hablaba, la abrazó fuerte y le susurró al oído –Vamos, cuéntamelo. Me apena verte así...
-Oh, Zelgadiss... ¿No te has enterado todavía? Cómo puedo decírtelo... Yo... Mañana...- ahora las lágrimas corrían libremente por su rostro, pero suspiró fuerte e hizo un esfuerzo –El cardenal Gaarv... Mi padre nos ha comprometido, y nos casaremos mañana...
Zel enmudeció ante esta noticia. Él conocía al cardenal, era un hombre avaricioso y sediento de poder, pero muy poderoso, y sin duda alguna, lo único que quería de Amelia era el puesto del rey, y tal vez también alguna noche de placer... Se estremeció ante este pensamiento y dejó caer sus brazos, mientras que la princesa se acercaba a la fuente y acariciaba el agua con sus manos.
-Dime qué puedo hacer. No quiero casarme con él, Zelgadiss... Sabes bien cual es la única persona con la que me casaría- dijo sonriendo un poco, ya se había calmado –Haré cualquier cosa. Renegaré de mi rango, escaparé contigo a cualquier lugar, me da igual convertirme en una proscrita, pero ayúdame, por favor...
-¿Estás segura de eso que has dicho?
-Por supuesto... Cualquier cosa antes que arruinar mi vida con ese indeseable.
-Si estás tan convencida, tengo un plan...- se acercó a ella y la besó como nunca el cardenal Gaarv podría hacerlo. –Pero necesitaremos un poco de ayuda...
Llega a tiempo una de esas caricias
que demuestran que uno no está sólo
tranquilizan el espíritu y animan,
ven, recuéstate y olvídate de todo.
Pero hace frío, tienes miedo,
vuelves al pasado por un momento
hoy la lluvia moja un poco más que ayer
y eso lo tienes que aprender a ver.
Hoy vuelves a pensar
cosas que ayer te daban igual,
te has dado cuenta que la vida
ya no resulta tan agradecida,
hoy que puedes mirar esa luz
oscureciendo el día.
Tu experiencia te ha ido enseñando
a desconfiar de todo el mundo.
Hoy, mi vida, yo te extiendo mi mano,
cógela, no dudes, escapemos juntos
Vuela alto, grita fuerte,
hazte grande, corre y salta.
Vive desafiando a la suerte
que la vida dura poco y hay que aprovecharla.
Hoy vuelves a pensar
cosas que ayer te daban igual,
te has dado cuenta que la vida
ya no resulta tan agradecida,
hoy que puedes mirar esa luz
oscureciendo el día.
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-Ay, no puedo creer que haya accedido a hacer esto... Debo estar loca, o algo así. En fin, princesa, me debes una...- Filia suspiró y miró a los cinco jóvenes que se encontraban a su alrededor –Bueno, creo que ya está todo listo... Por cierto, te ves realmente precioso, Zeros- todos estallaron en carcajadas, incluso el aludido.
-¿Lo dices en serio? Si a ti te gusta, Filia, iré así siempre- contestó Zeros guiñándole un ojo –Aunque no lo comprendo muy bien... No sabía que tenías estos gustos... ¿Querrás que vaya también en camisón a la cama?
-¡Por dios, Zeros! ¡¡Eso es totalmente inmoral!! ¡Pervertido!
-Bueno, ¡dejémonos de estupideces y pasemos a la acción! Termina ya de arreglarle, Filia- Lina parecía tan nerviosa como Amelia y Zelgadiss. “Pero, ¿cómo se supone que regresaré a mi mundo?” -¿Todo el mundo recuerda lo que tiene que hacer?
-Yo no...- Gaudy miró con cara de culpa a Lina –No recuerdo que me dijeras nada...
-Es que no te dije nada, cerebro de medusa. No voy a arriesgarme...
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Todo el mundo había acudido a la boda. Era, sin duda, el acontecimiento más grande desde hace mucho tiempo. Parecía todo perfecto: la novia estaba muy guapa con su vestido, la cara cubierta con el velo de gasa y se daba aire con su precioso abanico, mientras que en la otra mano portaba un hermoso ramo de rosas blancas y rojas. El cardenal no estaba para menos: iba con una lujosa túnica roja y aterciopelada, y era la envidia de todos los hombres allí presentes. Los dos se encaminaron hacia el altar, donde les esperaba el cura que iba a oficiar la ceremonia. La princesa le pasó el brazo por la espalda, haciendo que el cardenal sonriese satisfecho; el cura comenzó a dar la misa... Todo iba según lo previsto.
-Tú, cardenal Gaarv, ¿aceptas a Amelia Will Tesla como esposa?
-Sí.
-Y tú, princesa Amelia, ¿aceptas a Mario Gaarv como marido?
La princesa tosió un poco y finalmente respondió con una voz un poco tomada –Sí, por supuesto.
-Muy bien, yo los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.
Gaarv le pasó la mano por el cuello a Amelia, le deslizó el velo hacia atrás... y para la sorpresa de todos los presentes apareció un sonriente Zeros.
-Dame un besito, cariño... –exclamó Zeros arrugando el morrito, para luego refrotarle el ramo por la cara a Gaarv, acto seguido se fue corriendo por el pasillo que había entre los invitados y se marchó corriendo de la iglesia, dejando en su camino dos bolsas rellenas de paja y un precioso y caro abanico.
-¡¡¡¿Pero qué?!!!- Gaarv estaba enfurecido, no podían haberle humillado más. Rápidamente fue a llamar a su guardia personal para ordenarles que fueran a perseguir al que le había arruinado todos sus planes, mas cuando comenzó a caminar algo cayó de su espalda, una notita que rezaba:
Querido Gaarv:
Soy yo, tu princesa... Me alegro mucho de que al final hayas encontrado a tu hombre ideal,
espero que seas muy feliz con él. Yo también he encontrado al mío... Felicidades por tu boda,
hasta nunca:
Amelia
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Lejos de la iglesia, Lina, Amelia, Filia, Gaudy, Zeros y Zelgadiss reían felices en el establo al que habían ido por caballos, cuando de repente Amelia dijo:
-Chicos, muchas gracias por habernos ayudado... Tengo un regalo para todos vosotros, acompañadme. Zelgadiss y yo hemos decidido que nos marcharemos a Alemania, allí jamás nos encontrarán y viviremos felices para siempre. Pero antes de despedirnos quisiera entregaros algo a cada uno. Son cosas que antes de la “boda” Zelgadiss y yo trajimos a estos esta cuadra, y pensamos que les gustarían.
Amelia entregó a Filia una buena suma de dinero, ya que se había quedado sin trabajo ahora que Amelia no estaría, a Zeros, le regaló un camisón (no, es broma XDDDD) Bueno, a todos les entregó algo y al fin le llegó el turno a Lina.
-Lina, pensé que esto te gustaría... Como te gustan las cosas muy valiosas, encontré esto en una habitación del palacio. Toma...- y ayudada por Zelgadiss sacó un gran bulto envuelto en telas.
Lina abrió mucho los ojos, esto le recordaba a algo... Rápidamente arrancó el envoltorio y salió a la luz un magnífico espejo, de marco dorado y grandes rubíes en las esquinas. Buscó entre las patas y allí encontró lo que quería: una etiqueta. Pronunció en voz alta las palabras y enseguida y para asombro de todos se vio envuelta en una luz...
-¡Muchísimas gracias, Amelia! ¡Adiós a todos! Estoy segura de que seréis felices para siempre...- y el espejo la absorbió, dejando a todos estupefactos.
Como no querían separarse, se fueron todos juntos a Alemania, Zelgadiss y Amelia se casaron, Gaudy... er encontró a una pelirroja muy parecida a Lina, y Filia y Zeros terminaron juntos. El rey Philionel tuvo que pasar el trono a su otra hija, Sylphiel. Y todos vivieron felices y comieron perdices... Menos el cardenal Gaarv que a partir de entonces tuvo mala suerte en todo.
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-Lina... Lina, ¿estás bien?- Gaudy observaba preocupado a Lina, cuando el espejo la había absorbido se había asustado realmente, pero en cinco segundos Lina volvió a salir desmayada. –Lina, contéstame...
-Ah... ¿dónde estoy? ¿Gaudy?
-Menos mal Lina, ya pensé que te había pasado algo...
-Entonces ¿ya estoy de vuelta? Qué bien... ¿Sabes una cosa, Gaudy? Mejor volveremos a dejar el espejo donde estaba.
-¿Cómo?- Gaudy apenas podía creer lo que Lina estaba diciendo, ¿Lina iba a desperdiciar semejante tesoro? –Lina, ¿seguro que te encuentras bien?
-¡Por supuesto! Mejor que nunca...- Lina se levantó y bostezó –Vamos a una posada, tengo sueño y hambre. He oído que por aquí hacen los mejores venados asados... Y que cerca de aquí hay un poblado en el que dicen que se esconde una poderosa espada mágica, ¡vamos allá!
Gaudy la miro sonriente, al final parecía que era la misma Lina de siempre. Y juntos se fueron a buscar la legendaria espada... Pero eso ya es otra historia.
FIN
Notas de Shire: Bueno, de verdad que intenté que no fuese muuuy azucarado :P... La canción es “Vuelves a pensar” de Álex Ubago. Lo siento si he ofendido a alguien con lo de Gaarv... (conozco a personas que dicen que está mu güeno y sexy O__o) y ya sé que los cardenales no se pueden casar, pero me gusta como queda... ¡el cardenal Gaarv! ¬¬U ok ok... A Zel lo puse humano porque no se me ocurría qué podía hacerle para que fuese igual en esta época y mundo. Sorry si está peor que el anterior, pero es que estaba más liada. Y... creo que nada más, ¡espero que les guste ^^!
Amelia y Zelgadiss 4ever!!
Opiniones y comentarios, e-mails bomba, felicitaciones ^^, imágenes kawaii de Zel a:
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