Musa

 

 por Suisei Lady Dragon

*******

 

Respuesta al reto del mes de Junio "Lemon Drops" de El Altar de Zeros. Prohibida su publicación en cualquier otra página.

 

El texto en itálicas hace referencia a mi primer lemon en “El Toque Mágico”, capítulo 8, por lo tanto, me estoy citando y no creo que eso traiga conflicto sobre la autoría de las citas.  De todas formas, este fic tiene sus propias escenas lemon, que son las que realmente cuentan para el reto.

 

*******

 

Este fic está escrito con la intención de participar en el Reto del Mes de Junio del “Altar de Zeros” de Karoru-chan.  No está permitida su publicación en ninguna otra página.

 

Los personajes de Slayers pertenecen a su creador, de ninguna forma me estoy adjudicando derechos de autor sobre ellos.

 

*******

 

“Ummhh... esta vez no te vas a salir con la tuya.” dicho lo cual la volteó hasta quedar sobre ella, apoyándose en los brazos para no poner todo su peso en ella.  Ella bajó ambas manos hasta las caderas de él, desatando el nudo de la toalla.  Tiró firmemente de la toalla con ambas manos acercándolo súbitamente.  Luego pasó sus manos hasta su trasero y lo apretó contra sí obteniendo un largo respiro como recompensa.

 

*¡¡Riing!!  ¡¡Riing!!*

 

“¡Kuso!”  Gritó enojado.

 

“¿Qué demonios quiere?”  Gritó en el teléfono.  Se escuchaba una voz al otro lado, femenina, pero no se entendía mucho.

 

“Ah... Sí... No... aún no.”  Suspiró cansado.

 

“Ya lo sé... no... espera...”  Levantó la voz y su rostro dejó ver un gesto de frustración.

 

“¡No!  ¿Cómo pretendes que termine si me sigues interrumpiendo?”  Volvió a gritar.

 

“¡No!  ¿Qué?  ¿Pero cómo?  ¡Bien!”  Y colgó el teléfono de un golpe, dejando escapar una sarta de insultos a la persona a quien le acababa de colgar.

 

Regresó a la silla frente al escritorio donde descansaba el monitor de la computadora.

 

“Fantástico.”  Murmuró cansado mientras se masajeaba las sienes.  “A este paso nunca voy a poder terminar.”  Volvió a suspirar.  Leyó lo que acababa de escribir pero el dolor de cabeza que parecía aproximarse no lo dejó sacar nada de provecho.  Se levantó enojado y se acercó al teléfono, por unos segundos tomó el cable y casi le dio un tirón.  Pero pensándolo más detenidamente desistió, colocándo el aparato nuevamente sobre la mesita.

 

“No es buena idea quedarme incomunicado, pero...”  Sonrió mientras tomaba nuevamente el teléfono y lo volteaba, desconectando la línea.  “Siquiera no me molestarás más por un tiempo.”  Sonrió complacido.

 

Se dejó caer en la cama y cerró los ojos cansado.

 

“¿Dónde está mi musa cuando la necesito?”  Suspiró luego de intentar imaginar algunas nuevas escenas para su trabajo sin resultado alguno.  Nunca había tenido tantos problemas para escribir una simple escena.  Claro que las interrupciones no ayudaban mucho, le espantaban su musa por así decirlo.

 

“Musa...”  Dijo en voz alta.  “Si no estás aquí en dos mi te voy a despedir.”  Luego de esperar unos segundos se echó a reir como desquiciado.  ¿Quién iba a pensar que el famoso escritor Metallium iba a perder la razón de esa forma?  Llamando a su musa como si fuera un ser real.

 

“Xellos Metallium... estás delirando.”  Continuó sonriendo mientras pasaba sus dedos por las suaves hebras de su cabello.  Se levantó nuevamente y se dirigió a un pequeño mueble al lado de la cama.  Sacó dos copas y una botella de lo que parecía ser un vino obscuro.

 

“Ummh...  Vino de Sefiria, de la mejor cosecha...  Muchas gracias Li, por quererme emborrachar.”  Añadió con cierto tono venenoso.  Suspiró y llenó las dos copas con el negro líquido.  Colocó la botella en su lugar y cerró las puertecillas.  Luego se dirigió con ambas copas de regreso a la cama.

 

“Brindemos...”  Dijo levantando ambas copas.  “Por mi musa y sus convenientes desapariciones.”  Y tomó un largo sorbo de una de las copas y luego uno de la otra.  Puso ambas copas en la mesa de noche donde estaba encendida la lámpara y procedió a quitarse la camisa.  El vino le había provocado una cálida sensación.  Tomó nuevamente una de las copas y se reclinó sobre las almohadas, estirándose lentamente y acercando nuevamente la copa a sus labios.

 

Cerró los ojos, permitiéndose disfrutrar la esencia que todavía sentía en su boca.  Había pasado algunos minutos en ese pequeño trance cuando sintió un leve peso sumarse al suyo sobre la cama.  Por unos segundos pensó que su imaginación le estaba jugando una broma, pero cuando el peso sobre la cama se acercó y sintió que alguien lo observaba, no pudo menos que obligarse a abrir los purpúreos ojos.

 

La visión le quitó el aliento.  Unos hermosos y tiernos ojos azules lo observaban, zafiros gemelos engarzados en pálida madre perla y unos sensuales labios como pétalos de rosa bañados en el rocío de la mañana.  La visión le sonrió y se enderezó sobre la cama, alcanzando la copa que había dejado sobre la mesita de noche.  Tomó un sorbo y Xellos observó extasiado cómo una sonrosada lengua pasaba melosamente por aquellos labios.

“¿Quién... quién eres?”  Suspiró temeroso de que aquel sueño se desvaneciera frente a él.  La pregunta le sacó una mirada curiosa a la visión.  Los suaves cabellos dorados parecían flotar alrededor de ella como lo harían los de una diosa.  Ella no le respondió y levantó la copa hacia él.  Xellos levantó tímidamente su copa hacia ella, chocándola con suavidad.

 

“Por mí.”  Dijo la visión.  Xellos se quedó muy quieto, sus ojos aún no podían creer lo que veían, menos podía creer lo que su mente le decía.  Frente a él estaba, nada más y nada menos que su propia musa... en persona.

 

“¿Eres real?”  Le dijo atónito y ella sonrió.

 

“Soy tan real como lo que escribes.”  Se levantó de la cama y se dirigió hacia la computadora. “Umhh... me gusta esta escena... ¿la vas a continuar?”

 

Xellos se levantó cuidadosamente de la cama y se dirigió a la computadora, ella lo tomó del brazo y lo hizo sentar frente a la máquina.  Se le acercó por detrás, tomándo entonces sus manos y colocándolas sobre el teclado con suavidad.  Xellos sintió estremecerse de los pies a la cabeza con el roce de aquellas suaves manos sobre las suyas pero el calor que sintió cuando ella posó la barbilla sobre su hombro desnudo fue mucho mayor que el que sintiera cuando tomó aquel sorbo de vino.  Inhaló profundamente y cerró los ojos cuando sintió aquella melodiosa voz hablarle de nuevo.

 

“Continua por favor...”

 

Pasó por su pecho, bajó a sus costillas y continuó por el centro de su vientre, sintiendo endurecerse todos los músculos.  Bajó a sus caderas acariciándolas firmemente y pudo sentir que las manos de él apretaban sus muslos suavemente.

 

“Perfecto.”  Susurró ella en su oído.  Xellos continuó.

 

"¿Qué haces?" le dijo nuevamente con los ojos muy apretados.  Respiraba rápidamente y sentía unos deseos enormes de arquearse.  Sentía como se tensaba bajo ella, respirando entrecortadamente y gimiendo.  Fue acercándo lo círculos más hacia abajo mientras se inclinaba un poco hacia el frente, permitiendo que su peso presionara levemente sobre la parte más sensible de él.

 

Xellos no se percató de que ahora tecleaba fácilmente, dejándose llevar por los sentimientos que el roce de su musa le provocaba.  Poco a poco ella se fue retirando, mientras él continuaba sobre el teclado.  Primero retiró sus manos, acariciándo levemente sus brazos y rozándo luego su pecho desnudo.  Luego acercó sus labios al cuello de él y lo cubrió de leves besos.  Xellos gimió suavemente, pausando momentáneamente hasta que ella volvió a pedirle que continuara.

 

La respiración de él se vio más entrecortada aún y ella recorrió ligeramente su pecho de forma descendente hasta llegar nuevamente a su vientre con la energía recorriendo el camino que ella le trazara y cuando colocó sus manos planas sobre la piel de él, todo pareció explotar en su interior y la energía acumulada, cual rayo, recorrió todo el cuerpo masculino, haciéndolo arquearse fuertemente contra ella.  Se aferró salvajemente a sus muslos mientras ahogaba un fuerte gemido.

 

Antes de poder darse cuenta su musa había desaparecido y Xellos continuaba escribiendo frenéticamente.

 

*******

 

La puerta del cuarto de hotel se abrió y por ella entró rampante una excepcional peliroja.  Sus ojos brillaban con furia pero no hizo ruido alguno.  El lugar estaba tan quieto que de repente sintió que invadía un lugar sagrado, pero alejó los pensamientos y se dirigió a la alcoba.  La puerta estaba semiabierta y ella se asomó cuidadosamente.  Sólo estaba encendida una pequeña luz en la pared y con ella pudo divisar la figura dormida sobre la cama, pero su atención no se detuvo allí, su atención se dirigió a la tenue luz que provenía del monitor encendido.  Entró sin hacer ruido y se acercó a la máquina.  Aparentemente Xellos había trabajado toda la noche, pero allí estaba el trabajo terminado y listo para entregar.  Dos copias yacían impresas sobre el escritorio al lado del monitor y ella tomó uno y comenzó a hojearlo.  Una sonrisa le iluminaba el rostro cuando terminó.

 

“Lo hiciste de nuevo.”  Y miró hacia la figura dormida.  “Eres fantástico.”  Colocó nuevamente la copia sobre el escritorio y salió de la alcoba.

 

No fue hasta dos horas más tarde que Xellos despertó, el olor a buñuelos recién hechos lo atrajo de inmediato.  Tomó la camisa de inmediato y se dirigió a la cocina.

 

“¿Lina?”

 

“Buenos días, Xelxel.”

 

“No me llames así, ¿qué haces aquí?”

 

“¿Es que no puede tu editora venir a saludarte?”

 

“Pamplinas.”  Dijo evidentemente enojado.

 

“Veo que no eres una persona madrugadora...  ¿Por qué no vas y tomas una ducha antes del desayuno?  Tal parece que trabajaste toda la noche.”  Le dijo con voz dulce que Xellos no le creyó ni un segundo.  Sin embargo, prefirió no dañarse la mañana, una ducha le haría bien.

 

Cuando terminó y regresó a la mesa, Lina le había servido un plato completo de buñuelos con jarabe de fresa y un enorme vaso de leche.  Xellos la miró con desconfianza y ella sólo le sonrió.

 

“¿Cuándo me vas a preguntar por el trabajo?”  Le dijo entre dientes.

 

“Pues... de hecho... ya vi tu trabajo... estabas tan cómodo durmiendo que no quise despertarte.”

 

“Vaya, qué considerada eres.”  Le dijo en tono venenoso.

 

“No me lo tienes que agradecer.”  Dijo como si la hubieran halagado.  “Estaba pensando que, luego de trabajar tanto para este último trabajo, te mereces un buen descanso.  ¿Qué te parece unas vacaciones completamente pagadas?  A donde tú quieras.”

 

“Con que me ahorres tu presencia es suficiente.”  Le dijo entre dientes.

 

“Ahhh...  Metallium, siempre tan gracioso.”  Ella se volvió nuevamente hacia la cocina y regresó con un plato de buñuelos y un vaso de leche para ella, sentándose frente a él.  “Me gustaría saber cómo lo haces...”  Le dijo mirándolo fijamente.

 

“Ya es bastante difícil con una editora llamándome cada hora para saber si ya terminé.”

 

“¡Oye!  Tengo que velar por mis intereses.”

 

“Sólo me atrasas.  Además, sólo te importa el dinero.”

 

“Te equivocas... también me importa el bienestar de los que me hacen ganarlo.”  Sonrió con malicia.

 

“¿Por qué no me dejas desayunar en paz?”  Le dijo sintiendo que su enojo regresaba.

 

“Bien... pero antes, tengo que decirte.  Mañana en la noche es la presentación de tu último libro, quería estar segura que no lo habías olvidado.”

 

“Kuso.”  Murmuró entre dientes.

 

“No te preocupes, ya tengo todo listo, mañana en la mañana haré que te envíen tu ropa para la presentación, si necesitas ayuda para hacerte presentable también te la puedo enviar...”

 

“Eso no es necesario, sé arreglarme perfectamente.”  Lina no le prestó atención.

 

“También quería saber si vas a llegar acompañado...”

 

“Sabes que no llevo compañía a ninguna de las presentaciones de mis libros.”

 

“Como quieras.  Pero sería un toque interesante.”

 

“No.”

 

“Bien.  No insistiré más.  De todas formas, enviaré tu transportación a las siete y media en punto.  ¿Te parece bien?”

“Hai.”

 

“Entonces todo arreglado.”  Y la peliroja comenzó a atacar sus buñuelos como si nada más existiera.  Xellos suspiró y comenzó a desayunar.

 

*******

 

El discurso inicial había resultado perfectamente y Xellos se dedicaba a charlar con algunos de los presentes.  A pesar de toda la actividad a su alrededor, su mente continuaba centrada en la visión del día anterior.  Aprovechando un momento en que ninguno de los presentes estaba atento a dónde se dirigía, salió al balcón del salón.  Un hermoso jardín apareció ante sus ojos.  Estaba iluminado por luces colocadas en puntos estratégicos.  El sendero bordeado por pequeñas luces de jardín.  Uno de los meseros lo interrumpió y le ofreció una copa que aceptó sin problema.  La brisa nocturna acarició su rostro mientras aún sujetaba la copa en su mano.  Estaba completamente solo... o eso pensaba.  Levantó la copa.

 

“Brindemos... ...por mi musa.”  Ya estaba a punto de llevarse la copa a los labios cuando sus acciones fueron interrumpidas por una voz musical.

 

“¿Hoy no hay una copa para mí?”  Xellos casi perdió la concentración para sujetar el cristalino nectar.

 

“Tú...”  Volteó con suavidad y efectivamente, allí estaba su visión.  Ella tomó la copa de su mano y sin dejar de mirarlo la acercó lentamente a su boca, mojándo sus labios en el burbujeante líquido.  Luego le ofreció la copa de vuelta y él bebió también sin quitarle los ojos de encima.

 

“¿Cómo es que estás aquí?”

 

“Me llamaste... por eso estoy aquí.”

 

“Pero... ¿cómo?, o ¿cuándo?.  No lo entiendo.”

 

“No tienes por qué entenderlo.”

 

“Desde cuándo estás...”

 

“Desde cuándo estoy contigo?”

 

“Hai.”

 

“Desde siempre, soy tu musa.”

 

“¿Y cómo es que puedo verte ahora?  Si has estado conmigo todo el tiempo, ¿por qué no podía verte?”

 

“Dijiste que ibas a despedirme.  Es la primera vez que me amenazas.”  Dijo ella con seriedad.

 

“Ahh...”

 

Un breve silencio se posó entre ambos, interrumpido bruscamente por otra voz.  La musa se escondió rápidamente tras Xellos y se aferró frenéticamente a su camisa.

 

“¿Xellos?, me pareció verte hablando con una de las invitadas.”

 

“Ehh... no...  Llevo rato aquí solo.”

 

“Los invitados te están esperando.”  Lina lo observó, parecía algo pálido y asustado.  “¿Te pasa algo?”  Le preguntó preocupada.

 

“Ahh... no, no me pasa nada, por qué habría de pasarme algo?”

 

“Estás algo pálido.  Xellos, si no te sientes bien puedo llamar de inmediato al valet para que te lleven al hotel.”

 

“No Lina, me siento bien.  Sólo dame unos minutos.”  Lina le echó una mirada crítica.

 

“Bien, pero creo que esta fiesta va a terminar más pronto que otras, no me parece que estés completamente bien.  Debes descansar.”  Le dijo mientras quitaba algunos mechones de sus ojos.  Xellos sintió que su musa se aferraba febrilmente a su espalda.

 

“Claro Lina, en cuantito regrese al hotel voy a descansar.”  Le aseguró.  Luego de unos momentos Lina decidió creerle y volteó para retirarse.  Xellos no pudo evitar fijarse en que Lina llevaba un hermoso vestido azul brillante que marcaba su esbelta figura.  Por unos segundos trató de imaginar cómo se vería Lina sin aquel traje.

 

“Hecho.”  Susurró una voz cerca de su oído.  Y ante su sorpresa y la sopresa de todos los invitados, el traje azul desapareció, dejándo a la vista unas minúsculas bragas azules de encaje, con un top a juego, unas medias negras hasta media pierna y un liguero también azul sujetándolas en su lugar.

 

Lina sintió una fresca brisa en todo su cuerpo, escuchó una risita a sus espaldas y volteó a ver a Xellos dándole una estupenda vista de cómo lucía el conjunto por la parte de enfrente.  El rostro de Xellos tomó un curioso tono rojizo pero no podía quitar su vista de Lina.  El resto del salón había quedado en completo silencio.  Hasta que se comenzaron a escuchar algunos comentarios de desaprobación de parte de las damas presentes y comentarios de admiración de parte de los caballeros.  Lina volteó y vio los ojos de todos los presentes puestos en ella.  Lentamente bajó la vista.

 

“¡¡¡AAAAHHHHHH!!!!!!”  Y comenzó a correr en dirección de los baños, tratándo de cubrirse.  Todos los ojos la siguieron sorprendidos.  Mientras Lina se ponía del color de sus cabellos.

Xellos escuchó una risita a sus espaldas y volteó de inmediato.  Tal y como lo había imaginado, su musa seguía allí y parecía a punto de caer al piso de la risa.

 

“¿Qué hiciste?”  Le preguntó confundido.  Ella le devolvió una mirada curiosa entre su risa.

 

“Soy tu musa.”

 

“Eso lo sé, pero ¿por qué hiciste eso?”

 

“Tú lo imaginaste, yo sólo lo hice un poco más... real.”

 

“No entiendo.”

 

“Xel... xel...”  Susurró el nombre como si lo saboreara.  “Tú imaginas una escena, imaginas un suceso y yo hago realidad el resto de la historia.  Así es como funciona.”  Se abrazó al pecho del joven.  “Si yo no te ayudo tus historias quedan a la mitad... si mis manos te tocan la historia fluye sin interrupción.”

 

“Aún no entiendo por qué estás aquí ahora.”  Dijo un poco irritado ante la imposibilidad de sacarle una respuesta concreta a la visión.

 

“Estaba algo aburrida...  A las musas nos gusta jugar, tú lo sabes.”

 

“Sí, les gusta jugar con nuestra imaginación, nos hacen hacer cosas que ni siquiera...”

 

“Podrías imaginar.”  Terminó por él.  Xellos abrió los ojos desmesuradamente.  Tenía un grave problema entre sus manos y él era el único responsable.  ¿Cómo había sucedido aquello?  Una cosa era rogarle a la musa propia un poco de tiempo para crear un mundo diferente en blanco y negro y otra tenerla en carne y hueso y haciendo realidad cada uno de sus pensamientos.

 

“Será mejor que regrese al hotel.”  Y sujetándola de la mano salió apresuradamente del salón donde aún se podían escuchar los diferentes comentarios.

 

*******

 

Cuando Xellos despertó al día siguiente se halló completamente solo en su alcoba.  Su equipo de computadora estaba apagado, todo en orden.  Al recordar los eventos de la noche anterior su rostro volvió a tomar aquel color morado.  Rapidamente se levantó y se dirigió al baño, pero al pasar por la cocina pudo escuchar como si alguien estuviera en ella.  Muy lentamente se acercó y en su mente sólo tenía una imagen, la de su musa preparando el desayuno.

 

Al asomarse a la cocina pudo comprobar que efectivamente, allí estaba ella, su musa, en la cocina.  Pero...  ¿Acaso estaba preparando el desayuno?

 

“Buenos días Xel.”  Le dijo sin voltearse y con un tono de voz meloso.  Xellos observó que ella apenas vestía una simpática bata rosada de algodón muy suave..  Sus caderas se marcaban perfectamente dejándole saber que ella no llevaba nada abajo de la curiosa batita.  Suspiró profundamente.

 

Su musa continuó moviéndose rítmicamente mientras sostenía un cuchillo en una mano.

 

“Creo que... estás en el “mood” adecuado para preparar una escena cítrica... después de lo de anoche.”  La musa se volteó, con el cuchillo en una mano y un limón maduro en la otra.  Xellos la observó confundido.  Ella comenzó a cortar la fruta a la mitad con suaves movimientos y cuidando de no cortarse.

 

“Sabes... supongo que no necesitas ningún argumento esta vez...”  Dijo luego de partir el limón a la mitad y llevarlo delicadamente a sus labios.  Xellos no pudo evitar que se le safara una lagrimita pensando en lo amargo de debía estar el limón.  Para su sorpresa, su musa no hizo ni una mueca de disgusto.  Luego ellase le acercó pasando el brazo que tenía el cuchillo por detrás de su cuello.

 

“Un poco de limón... un poco de azúcar...”  Llevó el limón a sus labios nuevamente y luego le plantó un beso.  Xellos sintió que aquel beso le robaba todo el aliento, y se sorprendió al sentirlo dulce.

 

“Ponerle azúcar es la mejor parte.”  Le aseguró con inocencia la musa.  De repente unos golpes en la puerta lo sacaron de su concentración, al volver la vista a su alrededor ella ya no estaba.  Trató de arreglarse el cabello un poco y salió a abrir la puerta.  Una muy agitada peliroja entró gritando histericamente.

 

“¡¡Xellos Metallium, no puedo creer lo que me hiciste anoche!!”

 

“¿Yo?  Pero Li, ¿qué hice?”

 

“¡Tú, tú!”  Le dijo mientras lo empujaba con el dedo sin importar que estaba sin camisa.  “Tú fuiste el responsable de lo que sucedió anoche, por alguna razón no puedo quitarme ese pensamiento de la cabeza.”  A Xellos le bajó una gruesa gota de sudor por la nuca.  Ella pasó entonces de largo y se dirigió a la cocina.  Algo de comer seguramente la calmaría.

 

“Pero Lina, yo no tuve nada que ver con lo que sucedió, en serio.”  Gimió.  Cuando Lina no le contestó se dirigió a la cocina.

 

“Xellos... ¿qué es esto?”

 

Sobre la mesa de la cocina yacían varios limones maduros, uno de ellos cortado a la mitad, ambas mitades boca abajo y justo en medio de ellos el cuchillo.  Lina lo observaba desde varios ángulos tratando de adivinar de qué se trataba.

 

“¿Li?”

 

“¿Explícame qué es esto?”  Dijo Lina, de repente una idea se formó en su cabeza y una venita pareció palpitarle en la frente.  “¡¡Xellos no hentai!!”  Dijo furiosa.  “¿Qué clase de cosas haces cuando estás solo?”

 

“Pero Lina, ¿qué sucede?”  Le dijo aparentando inocencia.

 

“Si no fuera porque eres mi mejor escritor te golpearía hasta dejarte inconsciente.  Y luego enviaría por las autoridades pertinentes para que te encerraran en un manicomio.”

 

Xellos sonrió, finalmente había hecho que la peliroja perdiera los estribos.

 

“Sabes Lina-san.  No hay ninguna ley que me prohiba prepararme mi propia limonada, ni ley que legisle cómo debo prepararla.  Además, ¿qué si estoy teniendo pensamientos de esa índole?, es mi trabajo, de esos pensamientos es que vivo y tú haces dinero.”

 

Lina se limitó a observarlo furiosa.  “Bien, pero esta vez te vas a tomar unas vacaciones, está decidido.”  Tomó sus cosas y se dirigió a la puerta.  “Y esta vez irás acompañado.  No me importa con quien vayas, ni lo que hagas, pero no vas a ir solo.”  Y dio un portazo que lo hizo brincar levemente.

 

Una risita a sus espaldas lo sacó de sus cavilaciones.

 

“Yo quiero ir contigo... y si vas a hacer cositas pervertidas... yo quiero ir arriba.”  Dijo jubilosa la musa.  Xellos no pudo menos que masajearse las sienes.

 

*******

 

Finalmente estaba en un lugar tranquilo, lejos del trabajo, lejos de la gente, lejos de todos, incluso de Lina.  De alguna forma la había convencido de ir solo.  Xellos trató de relajarse, en esos momentos se encontraba en los baños termales del hotel que Lina había escogido para él.  Un profundo suspiro brotó de lo más profundo de su ser.  Cerró los ojos satisfecho y se dejó deslizar hasta que su cabeza quedó descansando del borde de la pequeña piscina.

 

Luchó brevemente con el sueño que comenzaba a apoderarse de su cuerpo.  Después de todo, su último trabajo le había robado gran parte del preciado descanso.

 

Se encontraba más dormido que despierto cuando sintió un leve cosquilleo sobre su pecho.  Al principio no le prestó mucha importancia, de todas formas, estaba demasiado cansado como para salir de su estado de perfecta somnolencia.  Una agradable sensación recorrió todo su cuerpo cuando aquel leve cosquilleo se volvió más consistente.  No pudo evitar un leve gemido de placer.  Al escucharse se sobresaltó y finalmente abrió los ojos.

 

Nuevamente aquellos cabellos dorados como el sol y una perfecta sonrisa lo recibieron.  Un suspiro de resignación.

 

“Tú otra vez.”

 

“Sí, yo otra vez.”  Le dijo melosa.

 

“¿Qué quieres?”

 

“Animarte un poco.”

 

“¿Para qué?”

 

“Para que escribas.  Acaso no te gusta escribir.”

 

“Me gusta escribir, claro.  ¿Pero ahora?  Ni siquiera tengo un argumento.”

 

“Yo te daré el argumento.”

 

“No.  Déjame descansar.”

 

“No te dejaré dormir.”

 

“Eres mi musa, puedo controlarte.  Ahora déjame descansar.”  Y Xellos cerró los ojos y se dispuso nuevamente a dormitar.  La angelical carita de la musa se arrugó levemente, pero casi de inmediato volvió a sonreir.  Muy suavemente se acercó y hundió las manos bajo el agua.  Con caricias perfectamente medidas, comenzó a subir por las piernas de Xellos, trazando suaves círculos ascendentes.

 

Xellos se estremeció levemente pero continuó ignorándola tercamente.  La musa continuó subiendo por los muslos, desviándose levemente para acariciar las caderas y continuar por los costados expuestos.  Xellos comenzó a sentir un poco más de calor aparte del agua.  Muy lentamente la musa acercó su delicado cuerpo y se permitió reposarlo a todo lo largo del cuerpo de Xellos.  Él abrió los ojos con lentitud.

 

“¿Por qué no te rindes?  No quiero escribir ahora.”

 

“¿Y quién dijo que tenías que escribir justo ahora?”  Le dijo en un cálido susurro.  Xellos cerró los ojos y respiró placenteramente, permitiéndose abrazarla por el talle.  Poco a poco su mente comenzó a maquinar lo que podía hacer allí con aquella visión en sus manos.

 

“Eres una cosita deliciosa.”  Murmuró, acercándose para probar aquellos labios sonrosados.

 

“Estoy aquí para convertir tus pensamientos en realidad.”  Le contestó en un susurro la musa.  El sonrió muy cerca de sus labios.

“¿Es eso cierto?”  Le dijo con la mirada algo nublada y ella asintió.  Xellos no perdió tiempo en volver a probar aquellos labios, pasando tímidamente su lengua sobre ellos.  Ansioso, mordió levemente el labio inferior, halándolo suavemente.  Ella abrió los labios con un pequeño gemido y él aprovechó la oportunidad para profundizar el beso, probando la dulce calidez de su boca.  La musa se dejó caer suavemente al lado suyo, de inmediato Xellos la volteó, quedando sobre ella sin romper el beso.  Finalmente y sin más aire, tuvieron que separarse.  Ella tenía un suave tinte rosado en las mejillas mientras sus labios estaban levemente enrojecitos por la fuerza del beso.

 

“¿Has hecho esto alguna vez?”  Ella lo observó, jadeando levemente tratando de recuperar el aire.

 

“Has imaginado esto para los personajes de tus historias.  Pero nunca lo has imaginado para mí.”  Le dijo apenas audible.  Xellos sonrió complacido.

 

“Entonces esta será la primera vez que lo *imagine* contigo.”  Y volvió a besarla, presionándola contra el borde de la pequeña pisicina.  Su cuerpo fue posesionándose de ella poco a poco, primero acariciandola tiernamente y luego con más insistencia.  Cada pequeño gemido de ella lo iba encendiendo un poco más.  Sus dedos tropezaron con el minúsculo bañador de dos piezas de ella y sus ojos se encendieron con malicia.  De inmediato comenzó a desatar los cordones.  La musa sintió su cuerpo estremecerse, podía sentir cada pensamiento, cada intención y sabía a dónde iban dirigidos.  Echó la cabeza hacia atrás y permitió que Xellos desatara los cordones, retirando completamente el suave material.

 

El agua clara le permitía verla completamente, pero por razones obvias eso no era suficiente, la sacó un poco fuera del agua hasta que su pecho estuvo a la vista suya.  Deslizó sus ojos sobre la blanca piel y se deleitó observando la perfecta redondez que aparecía ante sus ojos.  Sin pensarlo dos veces su boca descendió sobre la blanca carne provocando un profundo gemido a la musa que se estremecía bajo sus atenciones.  Cuando los dedos de ella se deslizaron entre sus caderas y el bañador, Xellos no pudo evitar cerrar fuertemente los ojos y emitir un ronco gemido.

 

Poco a poco ella fue quitando el bañador aprovechando para acariciar sus muslos provocando esta vez un suave gemido.  Pronto ambos estuvieron solo piel con piel y la calidez del agua los provocaba aún más.  Xellos arriesgó una mirada y su respiración casi se detuvo.

 

Los cabellos desparramados en el agua y alrededor de ella cientos de pequeñas luces de colores comenzaban a desprenderse.

 

“¿Eres real?”  Le dijo con la voz cargada.

 

“Tan real como quieras que sea.”

 

“¿Te quedarás conmigo?”

 

“Siempre he estado contigo.”  Ella sonrió y elevó las caderas, frotándolas sensualmente contra las suyas provocando un repentino suspiro mientras se aferraba a sus hombros y pasaba una mano a su nuca para acercarlo y robarle otro beso.  “Continúa por favor...  termina esta escena para complacer a tu musa.”

 

“Mía.”  Susurró roncamente, dándole una mirada posesiva y posicionándose entre sus piernas.  La musa emitió un gemido febril mientras se aferraba más fuertemente y cerraba los ojos.

 

“No... ...déjalos abiertos.”  Le dijo mientras subía los muslos de ella a sus caderas, acariciándolos y subiendo sus manos a la curva de su espalda, trazando círculos para tranquilizarla.  “Quiero ver tus ojos.”  Y ella lo obedeció, sus azules profundidades pesadamente cargadas de deseo clavándose intensamente en aquellas otras purpúreas obscurecidas por la pasión.

 

Suavemente fue llenándola, provocándole gemidos mudos, sus ojos aún mirándolo, haciéndole sentir un placer infinito.  Finalmente se detuvo unos momentos, disfrutando la sensación que le provocaba aquella estrecha unión entre sus cuerpos.  Ella jadeaba intermitentemente mientras las primeras olas de placer se extendían desde su centro hacia todo su cuerpo.  Instintivamente subió un poco más sus piernas, acercándolo más y dejando escapar un largo suspiro de satisfacción.

 

De inmediato Xellos comenzó un ritmo suave y se inclinó a besar su pecho sin dejar de mirarla.  Ella se estremeció de inmediato, llámando su nombre suavemente, contrayendo los músculos de su abdomen, moviéndo sus manos a ambos lados de su costado, acariciándolo intensamente, desafiando el ritmo con sus propias caderas.  Xellos no cambió el ritmo, pero la tomó más fuertemente de las caderas, obligándola a aquietarse.  Un sonido descontento se escapó de los labios de la musa, pero finalmente obedeció.

 

El continuó su tortuoso ritmo, mientras la musa se estremecía bajo su cuerpo, arqueándose levemente con cada movimiento suyo. Cada deseo, cada pensamiento y necesidad podía sentirlos como suyos.  Ella era su musa y él su dueño, ahora más que nunca.  Xellos aceleró el ritmo mientras su respirar se volvía más rápido.  La musa dejó ir su cabeza hacia atrás, sintiendo que poco a poco los alrededores, no sólo los reales sino los imaginarios donde ella existía se iban desvaneciendo hasta quedar sólo aquella sensación de placer tan dulce e intensa.

 

Un profundo gemido escapó de sus labios cuando de repente su visión se obscureció y cientos de pequeñas oleadas de electricidad se desataron en todo su cuerpo.  Muy cerca del suyo, Xellos también gimió, una especie de gruñido de satisfacción mientras ella sentía una calidez llenarla completamente.

 

No se separaron por unos instantes, sólo se quedaron jadeando hasta que poco a poco su respiración volvió a ser más o menos normal.

 

“Mía.”  Volvió a susurrar Xellos para luego reclamar nuevamente los labios de la musa.

 

Cuando finalmente salieron de las aguas termales, Xellos sonreía abiertamente y de su brazo llevaba posesivamente a la más hermosa visión, algo sonrojada y con los ojos entrecerrados aún por el placer que hacía unos momentos había vivido.

 

Subió hasta la habitación y cerró la puerta tras de sí.  Lo primero que hizo fue desconectar el teléfono y seguidamente se sentó frente a la computadora que había llevado aún en contra de los deseos de su editora.  La musa se quedó de pie tras él, con los brazos en su cuello y la cabeza descansando levemente sobre su hombro derecho.

 

“¿Vas a escribir ahora?”  Le preguntó inocentemente.

 

“Tengo que aprovechar el tiempo.”  Le contestó algo juguetón.  La musa lo observó unos momentos.

 

“¿Aprovechar el tiempo?”  Le dijo incrédula.

 

“Sí, ¿cuántas veces voy a tener la oportunidad de controlar a mi musa completamente.”  Sonrió y ella le devolvió la sonrisa con cierto aire travieso.

 

“Podríamos aprovechar el tiempo de otra forma... ...no tienes por qué comenzar a escribir ahora mismo.”  Le susurró en el oído mientras le acariciaba el pecho.

 

“Ummh...”  Le dijo echando la cabeza hacia atrás.  “Creo que por esta vez voy a tomar tu sugerencia.”  Volteó la cabeza y la besó ardientemente quitándole el aliento.  “Además... ya que te tengo bajo control creo que puedo disfrutar un poco más de estos momentos de inspiración.”

 

La musa gimió suavemente mientras Xellos se ponía de pie y la llevaba hacia la recámara.

 

“Sólo una cosa quiero saber antes de continuar.”  Le dijo al recostarla sobre la cama y colocarse entre sus piernas acariciándolas suavemente.

 

“¿Qué?”  Suspiró la musa un poco inquieta ante la intensa mirada.

 

“Tu nombre...”

 

“Filia.”  Y antes que ella pudiera añadir nada, él volvió a posesionarse de ella, suavemente y con furia.  Haciéndola gritar su nombre, el nombre de su dueño y señor.

 

*******

 

Era de mañana, ella podía sentirlo.  Podía sentir cada movimiento de Xellos, cada pensamiento, cada respiración.  ¿Cómo no sentirlo si ella era parte de él?  Pero tenía que esperar allí, sin cuerpo, sin sustancia, sólo como un vago pensamiento en la mente de su creador.  La imaginación de él era su vida, estaría siempre con él, le sería siempre fiel sin importar hacia donde lo llevaran sus pasos o su mente.

 

Filia, hasta él mismo le había puesto nombre sin darse cuenta.  Si él no hubiera preguntado un nombre ella no lo habría mencionado.  Y si él no hubiera querido aquel nombre ella no lo hubiera podido decir, tendría que decir el que él eligiera para ella.  Porque al fin y al cabo ella era creación suya, de aquella mente fantástica y prodigiosa.

 

Continuó esperando, segura de que en el preciso momento en que él despertara ella podría volver a tomar forma.  Y aunque estaba segura de que esa mañana él la llamaría, sabía que en el fondo, si no lo hacía, ella estaría satisfecha.  Sería feliz mientras él fuera feliz y estaría satisfecha mientras él lo estuviera.

 

Ella era su musa y aunque pareciera todo lo contrario, él la dominaba a ella.  Pero el propio creador prefería la ilusión de un ser con voluntad propia y por lo tanto, ella tenía que ofrecer ese aspecto.  Ella sería todo lo que él quisiera, sin importar las consecuencias, porque de esa forma era que ella existía.  Él jamás podría dañarla, porque ella se acomodaba a sus propios gustos y necesidades.  Ella era suya, enteramente suya y esclava a voluntad de aquella imaginación que era Xellos Metallium, escritor por excelencia.

 

*******

 

Owari

 

Para votar por tu historia favorita, envía un mail con el subject "VOTACIÓN" a karoru@tokyo.com, con copia a karoru_chan@hotmail.com (por seguridad), dando el nombre de la historia escogida, su autor y tus comentarios si los tienes ^^.