SACRIFICIO
por H.J. Maps
- ¡Habla de una vez, maldito! – el detective Graywords golpeó al sujeto con la culata de su Glock 9mm automática. No soportaba su hermetismo. Nada lo justificaba. El muy hijo de puta había cometido una atrocidad y ahora actuaba como la víctima. Era inconcebible.
Le hervía la sangre pensar que alguna vez él había sido su jefe. Pero esa ya no importaba.
- ¡Tranquilo! Así no sacamos nada – su compañero, el agente Gourry Gabriev, que no solía ser muy listo en los asuntos técnicos, era compensado por una excelente inteligencia interpersonal, razón que le valía en este tipo de situaciones – Vamos, Sr. Metallium, díganos... ¿qué fue exactamente lo que ocurrió?
El imputado no hizo ningún gesto, a pesar de tener parte del diseño del arma estampado en mejilla. Sus antaño brillantes y fríos ojos amatistas ahora estaban nublados por la humedad. Por el remordimiento. Por la culpa.
- No... no lo recuerdo muy bien...
Zelgadiss soltó un bufido. Gourry lo miró reprobatorio y le indicó que saliera. Gabriev dejó su arma de servicio sobre la mesa guardada en su funda, arregló la lámpara halógena que se había volteado y luego se sentó frente a Zeros. Este levantó la vista unos segundos y luego volvió a bajarla.
- Por favor, dígame todo lo que pasó. Le conviene más a usted que a mí, jefe.
Miró al oficial a los ojos cuando pronunció esa última palabra. Era todo lo que podía hacer. Sus manos estaban atadas tras la silla. Tampoco tenía ganas de escapar.¿ Para qué?
De pronto, su mirada se aclaró y sintió deseos de hablar. Las palabras brotaron de su boca como agua de un manantial.
- Me desocupé antes de lo acostumbrado de la oficina. Estaba cansado y quería verla. Las relaciones entre ella y yo no estaban muy bien, y pensaba darle una sorpresa, así que...
Gourry se sintió perdido por un momento.
- Ella... ¿quién?
Todos en el departamento conocían los embates de amnesia de Gourry. Todos sabían del affaire entre Metallium y su secretaria, que justo ese día estaba de descanso...
Menos Gourry, claro. Al menos en ese momento.
- Llevaba un ramo de rosas blancas en una mano y las llaves en la otra. Cuando abrí la puerta...
Zeros se detuvo. Una conocida y amarga sensación comenzó a invadirlo. Su pulsó se aceleró de golpe, y su corazón se desbocaba en su pecho.
- Lucía radiante como siempre, sólo que... la vi sentada en las piernas de otro... ambos charlando animadamente con una copa en la mano...
Zelgadiss, quien observaba todo detrás del cristal de la sala, entró con un paquete de instantáneas, recién salidas del lugar del hecho, cortesía del Laboratorio de Criminalística, y las cedió a su compañero. Intercambiaron un par de miradas y volvió a su lugar de observación. Gourry frunció el cejo. Le llamó la atención un ramo entintado de fluído carmesí depositado en la escena.
- Esa perra me engañaba frente a mis narices... y obviamente no iba a permitir que se riera y de mí y se largara tan tranquila...
A Zeros le temblaban las manos. Él la amaba. Le había costado, pero aprendió a hacerlo. ¡Y ella se había pasado sus sentimientos por donde mejor le cabían!
- Del resto no estoy muy seguro. Ella se puso de pie e iba a presentarme a su "amiguito" cuando ya le descargaba los 15 tiros de la Glock al infeliz.
Su pulso tomó un ritmo cada vez más cadencioso. Esbozó una sonrisa de satisfacción al confesarlo.
- Ella se lanzó a mis brazos para intentar detenerme, y rápidamente saqué una S&W .38 que había adquirido hace poco...
Gourry ya suponía el resto. Se echó hacia atrás en su silla y siguió revisando las fotos.
Zeros levantó la vista al techo, meditando. Su camisa salpicada de sangre confirmaba su versión.
La había matado porque la amaba.
Valía la pena el sacrificio.
Gourry dio un respingo en su silla. Miró la foto #5 y las notas adjuntas sin dar crédito a sus ojos.
- El sujeto con el que ella estaba... ¿era su amante?
Zeros lo miró indignado.
- Por supuesto. ¿Quién más?
- Se equivocó, jefe. Era su hermano.
Ahora era Zeros quien no podía dar crédito a sus ojos, ni a sus oídos. Sus pupilas se centraron en la foto que su exsubalterno le extendió, específicamente en el nombre del occiso.
Milgazia Ul Copt.
Su corazón se detuvo. El tiempo también. Los recuerdos agolparon su mente en vez de los latidos a su caja torácica.
- ¿Por qué lo hiciste, Zeros? ¿Por qué mataste a mi herma...?
El sonido de los disparos no permitió que Filia terminara la frase, ni tampoco que él la asimilara como debía.
Había matado a un inocente. Filia no lo estaba engañando.
Todo fue un malentendido que él mismo creó en su celosa mente.
Zeros dio un fugaz vistazo a la Glock que reposaba sobre la mesa. Y se decidió.
Gourry no advirtió a tiempo cómo se liberó de las cuerdas, ni cómo sacó la pistola de su funda, y le apuntó con ella. El músculo torácico de Zeros se dilató y contrajo sin mesura.
- ¡¡Me estás mintiendo, hijo de la grandísima...!!!
Y luego un disparo quebró el cristal polarizado, impactando de lleno en el pecho de Zeros.
Gourry, pasado el shock inicial, se apresuró a asistirlo.
Zeros mostraba una débil sonrisa adornando su atormentado rostro.
- ¿Crees que... si se lo explico... ella me perdone, Gabriev?
Gourry sonrió. Zelgadiss el pistolero llegó con el equipo médico
- Claro que sí, jefe.
Nuevamente sus latidos comenzaron a amainar. Como cuando cometió el crimen. Como cuando narró su historia
- Sabes cuál era... – se quejó – la sorpresa?
Su corazón y sus ojos, se adormecieron lentamente. Hasta que...
- Me... ascendieron a...
Y su último latido se perdió en un susurro.
- Lo siento mucho... Inspector Metallium – Gourry derramó una lágrima en el sitio donde reposaba el redimido corazón de su jefe.