SIEMPRE SERÉ TU NAMAGOMI
por Aleda M.
Capítulo 10
Frio. Sentia mucho frio. Era una noche calurosa de finales de verano pero podia sentir como sus dedos estaban entumecidos, agarrotados.
La desidia habia hecho mella en ella. Todo lo que pasaba ante sus ojos le era indiferente.
Impasible, dejaba correr los dias encerrada en su cuarto del templo de los dragones de Katar.
Eran altas horas de la madrugada y la dragona se encontraba sentada en una esquina de su balcón observando el firmamento. Ahora dormia de dia y vivia de noche; más bien abria los ojos y erraba de un lado a otro de su cuarto si a eso se le podia llamar vivir.
En la oscuridad había encontrado su refugio, nadie la molestaba ni le hacia comentarios ofensivos acerca de su comportamiento, podía dejar volar su imaginación más allá de esas cuatro paredes, soñar con los ojos abiertos rememorando épocas pasadas.
Se sentía mejor rodeada de tinieblas, eran lo que mejor reflejaba su estado de ánimo. Además, la noche le recordaba a él.
Con cuidado apoyó la cabeza sobre las rodillas encogiendo las piernas lo máximo posible hasta adoptar una posición fetal. Así se sentia protegida y pequeña, muy pequeña.
Hacia cerca de dos meses que había llegado al valle de los dragones. Y en ese tiempo habia visto a Milgazia sólo una vez.
Había sido la noche en que llegó al valle. La recibió sin ningun tipo de miramientos; esto en un principio extrañó bastante a la dragona, ya que pensaba encontrarse con alguien más afectuoso y amable, como se habia mostrado en las cartas que le había enviado. Simplemente se limitó a presentarle a dos o tres dragones más que no sabia a ciencia cierta que cargo desempeñaban y a mostrarle sus aposentos.
Desde el primer dia Filia en todo momento intentó ser complaciente y no darle importancia al comportamiento distante tanto de Milgazia como de los demás dragones con los que trataba. Salia a menudo de su cuarto para intentar hablar con ellos, pero si intentaba iniciar una conversación le respondian con palabras esquivas para finalmente cortarle con un no deberias estar aquí.
Luego su optimismo cedió para pasar a un actitud más recelosa al darse cuenta de que levantaba murmullos entre ellos allá por donde iba. Intentó ser fuerte de entrada y no hacerles caso, pero a cada paso que daba grupos de dragones hablaban señalandola y bajando la voz.
Esto puso a prueba sus nervios, al final le parecía que todo el mundo hablaba de ella aunque no lo hiciera.
El detonante fue cuando harta ya de esperar preguntó a una dragona que conocia de vista donde se encontraba Milgazia. Ésta le contestó de malas maneras que éste estaba demasiado ocupado para ocuparse de una dragona del tres al cuarto y que qué se creía ella para requerir la atención del señor de los dragones de Katar cuando le viniese en gana.
En otro momento lo que le dijese aquella dragona le hubiese dado igual, pero su ánimo ya estaba muy tocado. Comenzó a sentirse a triste.
Decidió refugiarse en su cuarto, allí nadie la molestaria ni la miraria mal. Cuando Milgazia quisiera verla, sabría donde encontrarla.
Reflexionó mucho sobre su situación, llegando a la conclusión de que los demás la criticaban y se mostraban tan ariscos con ella porque había pertenecido a otra comunidad dentro de los propios dragones dorados.
Pensó que si le explicaba su situación a Milgazia, éste le ayudaria a integrarse y desparecerian los miedos e inseguridades que había ido adquiriendo durante aquellas semanas. Estaba decidida a hacer todo lo posible por ser una buena compañera, ayudandole en todo lo que fuera para así aflojar un poco el peso de tanta responsabilidad de sus hombros.
Tendría que hablarle también sobre Val, queria traerlo de nuevo con ella, no quería perderse su nacimiento. Además estaba abusando de la gerenosidad de Jiras al pedirle que lo cuidara todo el tiempo que había estado fuera. Quizás algún dia Milgazia la llegaria a amar. Y esto era lo que le hacía mantener la esperanza.
Pero los dias pasaban uno a uno y así pasaban también las semanas. Nadie venía a verla. Alguien le dejaba comida al otro lado de la puerta dos veces al dia. Cuando una vez abrió la puerta de golpe para ver quien se la dejaba y darle las gracias, una dragona salió corriendo pasillo arriba como si hubiera visto la encarnación del propio mal en ella.
Su ánimo decayó del todo. No quedaba resquicio de ilusión cuando llevaba una vida tan absurda.
Antes intentaba paliar el aburrimiento leyendo y orando como en sus tiempos de sacerdotisa pero ahora cuando no veía salida a ese tunel oscuro que tanto la oprimia, sus pensamientos comenzaron a vagar de un lado a otro de su vida, recordando momentos emotivos y rememorandolos una y otra vez en su cabeza como via de escape.
Se acordaba mucho de Val, de sus amigos humanos, de Jiras y sobretodo de Zeros.
Cuando se despertaba de noche, cualquier sombra que se reflejara en la pared le parecía que era el demonio que había venido a verla. Con el corazón en un puño se levantaba de la cama corriendo a la esquina donde se suponía que se encontraba él y cuando corroboraba que no había nadie, que solo eran sombras, lloraba.
Lloraba porque le echaba de menos, él la había hecho sentir especial durante aquellos dos dias de viaje y por primera vez en su vida había percibido sentimientos en ella que nunca antes había sentido acerca de querer pasar más tiempo con alguien. Y ese alguien era Zeros. Entonces evocaba el momento en el que la habia acariciado en el árbol y se moría de dolor al hacerlo.
Tenía momentos de lucidez en los que se repetia que no debía fantasear e idealizar tanto los acontecimentos ya que muy probablemente el demonio nunca llegó ni llegaría a amarla.
Pero volvía al lecho repitiendo una y otra vez su nombre, al principio susurrandolo, luego en alto.
- Zeros, Zeros, Zeros....
Y así cada noche.
Filia levantó la cabeza y miró de nuevo el cielo. Observó que comenzaba a clarear, un nuevo día comenzaba. Decidió irse a dormir, estaba agotada de darle mil vueltas a todo y de llevar la vida miserable que llevaba. No le importaba a nadie y el demonio tampoco vendría.
Sintió rabia por primera vez desde que estaba alli.
En un impulso se inclinó sobre la baranda del balcón y gritó en dirección al inmenso valle que se extendia a sus pies.
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- Levántate!
Filia entreabrió los ojos, la luz era cegadora, aún era de dia.
- Levántate!!- chilló de nuevo la voz.
Abrió totalmente los ojos, pudo observar que quien le gritaba que se levantase era la misma dragona que le dejaba comida todos los dias tras la puerta.
- Apresúrate! Arreglate un poco! El señor Milgazia viene a verte!- añadió bruscamente abandonando la habitación.
Filia hizo lo que le mandaron, se acicaló lo más que pudo para la tan esperada visita. Por fin podría hablar de su actual situación con alguien.
Milgazia no se hizo esperar, entró como una ráfaga de viento en su cuarto sin ni siquiera llamar. Tenía un aspecto majestuoso con sus ricos ropajes blancos y sus rasgos varoniles y al mismo tiempo delicados que denotaban firmeza de carácter.
- Filia Ui Copt.
- Si.- contestó Filia haciendo una reverencia ante él.
Los enormes ojos marrones enmarcados en pobladas cejas hicieron un gesto de sorpresa ante la reverencia de la dragona. Luego la observaron de arriba a abajo.
- Por lo menos eres bella...- murmuró.
La dragona hizo una señal de desconcierto.¿A qué venia eso?
El dragón se encaminó hacia el balcón que permanecia abierto, Filia le siguió. El dragón permaneció observando durante unos instantes las extensas tierras del valle de Katar con sus montañas al fondo. Dió un suspiro y girandose hacia Filia dijo:
- Escucha, estoy aquí para reprenderte por tu comportamiento.- dijo en tono severo.
Filia no lograba entender.¿Su comportamiento?¿Qué había hecho ella de malo para que el mismo Milgazia tuviera que regañarla?
El dragón negó con la cabeza al ver que ésta no le contestaba.
- Pero en cierto modo me esperaba que hicieras algo así dado tu carácter.
La dragona no daba de si mas. ¿Su carácter?
- No sé a que os referís, señor.- le contestó armandose de valor.
- Tu comportamiento Filia, no es el adecuado para una dragona de tu clase y educación.
Seguia sin entender pero deseaba sincerarse con él.
- ¿ Se refiere al hecho de que me encierre aquí?
Milgazia no le contestó, de hecho ni parecia escucharla, tenía la mirada perdida en el horizonte.
- La verdad es que no me he sentido cómoda desde que he llegado, siento que no despierto simpatia en esta comunidad y que levanto todo tipo de rumores y comentarios a mi paso. Por eso lo hice. Además usted no ha aparecido desde mi llegada...- susurró la dragona en cierto modo liberada por poder comunicarle su angustia.
- ¿Y eso justifica que tengas que nombrarle?- le cortó el dragón en tono agresivo.
- ¿Nombrar?- preguntó Filia amedrentada-¿A quién?- No lograba comprender que era lo que el dragón queria decirle.
Milgazia esgrimió una falsa sonrisa. La dragona advirtió que ésta era casi peligrosa.
- No te hagas la ingenua ahora.- la miró para casi atravesarla.- Me refiero al Sacerdote Bestia.
Filia se quedó clavada en el sitio.
- ¿Zeros?- dijo sobresaltada.
El dragón no perdió la sonrisa de sus labios. La escena le parecia de lo más cómica dentro de la gravedad de la situación. Tenía ante si a una dragona haciendose la ilusa tras haber pronunciado el nombre del inombrable dentro de sus territorios.
- Como quieras llamarle. Esta noche has gritado su nombre a los cuatro vientos mientras nuestra comunidad dormia.
A Filia esto le sentó como un jarro de agua fria. Comenzó a recordar...era verdad que lo había hecho, quizás desesperada por verse tan desdichada.
Intentó justificarse.
- Es cierto que lo hice...pero no significa nada.- se inclinó de nuevo ante él en señal de respeto- No volverá a ocurrir, lo juro. Deseo volver a contar con vuestra confianza si es que alguna vez la habeis tenido en mi.
Milgazia rió ironicamente.
-¿Mi confianza?
Filia asintió.
- No me despierta ninguna confianza una dragona que siente simpatia por el Sacerdote Bestia, por decirlo de alguna manera.- dijo iracundo cambiando en un segundo a otro de expresión- ¿O es que ya te has olvidado de lo que supuso para nuestra raza? Ha sido el exterminador de miles de dragones durante la Gran Guerra, sembrando el dolor y el sufrimiento allá por donde pasaba.- le gritó furioso.
La dragona lo miró con lágrimas en los ojos...era cierto lo que decia. Podía vislumbrar odio en su mirada.
- Pero yo... estoy aquí porque me habéis hecho llamar...Ze..El Sacerdote Bestia ayudó a la humana Rina y sus compañeros a destruir a Estrella Oscura cuando amenazaba la continuidad de la Tierra...Yo sólo estaba con ellos porque los ancianos del templo del Rey Dragón de Fuego me enviaron como representación del oráculo...
- Y te estamos muy agradecidos porque hayas llevado a cabo tu misión con éxito. Pero eso no justifica tus actos.- la expresión de Milgazia continuaba siendo dura.
La dragona estaba demasiado ofuscada. No podía entender que más podía reprocharle.
Milgazia la observó durante unos instantes al ver que ésta no respondía.
- Filia, te hemos estado observando durante ésta última época desde que llegó a nuestros oídos que eras la única superviviente del templo del Rey Dragón de Fuego y tu actitud con el inombrable era de todo menos la de un representante de los dragones que se encuentra con el exterminador de su raza.
- Pero...
- Silencio!.- le gritó el dragón cada vez más sulfurado- Nada justifica que hayais tenido contacto fisico.
- ¿Contacto fisico?- susurró Filia para si. Entonces cayó en la cuenta, si había sentido el rechazo de toda la comunidad de las montañas de Katar no era por haber nacido en otra comunidad de dragones diferente. Era por su relación con Zeros.
Suspiró. Todo ese tiempo había estado tan ciega...
Miró al dragón de nuevo, algo más que rabia contra el demonio se podía vislumbrar en su mirada.
Decidió no justificarse más por sus actos pasados o presentes, ya se había humillado bastante, total, contara lo que contara nadie la creería...
- Si me odiais tanto, ¿por qué me habéis pedido que viniera?- preguntó sacando fuerzas de donde no las había.
Milgazia guardó silencio antes de continuar.
- Porque tienes en tu posesión al último de los dragones antiguos.- añadiendo a continuación impasible.
- ¿A Val?- se le escapó a Filia.
- Exactamente, a Valgarv. Debe permanecer con nosotros, a salvo de cualquier influencia exterior nociva y de las fuerzas del mal. Con nosotros recibirá la educación que se merece.
Filia permaneció callada. En parte Milgazia tenía razón, Val era una tentación demasiado grande para los demonios. Pero renunciaba a la idea de separarse de él.
-¿Y que hay de mi?- esta pregunta llevaba deseando formularla desde que había llegado a Katar.
- De ti, Filia UI Copt, he pensado que aún con tu pasado podrás engendrar a nuestro hijo. Como única superviviente del templo del Rey Dragón de Fuego es necesario que tengas descendencia. Todo sea por la continuidad de nuestra especie.
La dragona no daba crédito.
- Aunque no me hace gracia tocar nada que haya tocado ya el Sacerdote Bestia.- dijo con una expresión de desprecio en su rostro- Pero a pesar de todo, lo tomaré como un deber, como los muchos que tengo que realizar cada dia para sacar adelante un lugar en el que dragones negros y dorados pueden vivir en armonia. De ti depende comenzar a formar parte de nuestra comunidad. Si vemos que tu actitud es adecuada y se va reformando no se te separará del hijo que engendres.
Filia se derrumbó, su ya maltrecha autoestima no daba más de si.
- Recibirás noticias mias.- añadió Milgazia saliendo imperturbable de la habitación tal como habia entrado.
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La dragona se revolvió entre las sábanas y abrió lentamente los ojos. Estaba oscuro y como todas las noches le había parecido percibir la presencia del demonio. Dudó un momento si levantarse, se encontraba demasiado débil mentalmente para hacerlo, lo que le había dicho Milgazia ese dia la había hundido en la más absoluta de las miserias.
Pero lo hizo, quizás era más fuerte su instinto que lo que la mantenía ahí postrada. Se dirigió al balcón, con un suspiro comprobó que como siempre no había nadie. Pensó que debía estar perdiendo el norte y que sus sentidos ya no funcionaban como antes a causa del encierro.
Se apoyó en la baranda, mirando de nuevo al valle, esta vez iluminado por la luna.
-¿Y si simplemente me voy?.- pensó la dragona.
Estuvo seriamente barajando la opción de transformarse en dragón y salir volando de allí pero algo la frenaba.
Era su sentir hacia su raza, salir de allí significaria la total desconexión con los dragones y¿qué haría después?,¿comenzar de nuevo con la tienda de cerámica?. No. Eso no lo queria. Demasiada soledad. Seria también una tarea dificil criar a Valgarv a salvo de todo peligro.
¿Volver para vivir cerca de sus amigos humanos?. Eso no era tan mala idea. Salvo por el detalle de que podría estar con ellos no más de 70 o 80 años. La vida de un humano es corta y la suya larga, tenía más de 500 años. Los vería envejecer y morir ante sus ojos sin poder hacer nada para parar el tiempo.¿Y luego que haría?
Tendría que quedarse con los dragones. Mandar traer a Valgarv a Katar y verle crecer con la alegria de que muy probablemente él tendría una vida mejor que la suya, una segunda oportunidad.
Pero algo se resistia en ella.¿Eso era la vida que le esperaba?. No más risas, ni aventuras...ni siquiera conocer el verdadero amor.
Milgazia la despreciaba, pero aunque ella empezaba a encontrarlo repulsivo debido a su actitud fria e insensible, sabia que en el fondo tenía parte de razón.
En otro momento ella se hubiera escandalizado al saber que un dragón se hacia acompañar por un demonio y le hubieran parecido aceptables esas condiciones para engendrar una nueva vida si los ancianos así se lo hubieran pedido.
Se reclinó sobre la baranda con todo su peso, miró al suelo varios pisos abajo, apenas podía vislumbrarlo desde allí. Las lágrimas caían por su propia gravedad al vacío, al menos ellas si podian escapar.
Al mismo tiempo repetía la misma cantinela de todas las noches:
- Zeros, Zeros, Zeros....
Una silueta la observaba desde un poco más arriba, en el tejado.
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---Diario de un paje de palacio-----
Hace una semana que he entrado a trabajar como paje en el palacio de Seyroon. No es que nadie me obligara a hacerlo, ni siquiera mis padres, lo que pasa que con quince años uno ya está hecho un hombre, como me dice mi abuela y puedo ganar algún dinero para gastos o para lo que surja.
Me han dado un traje magnifico, azul y blanco, que me sienta como un guante. De hecho aparento más edad. Muchas veces cuando vuelvo a casa lo hago con él puesto a propósito para saber la sensación que causo fuera de palacio y las chicas se giran para mirarme.
A mi me encanta la reacción que produzco en ellas, me gustaria corresponderlas a todas, pero si supieran que mi corazón pertenece a otra...
He decidio escribir este diario para relatar las cosas interesantes que me pasan cuando estoy trabajando, que son muchas y para paliar el aburrimiento.
En un principio me pusieron dentro del servicio de la princesa Ameria, lo que me hizo mucha ilusión, ya que la princesa Ameria me parece bellisima. Pero luego me hicieron hacerme cargo de un conejo, Justicito.
No me hizo nada de gracia tener que estar pendiente del conejo todo el dia. ¿Puede haber tarea más ridicula que cuidar a un conejo todo el tiempo?
Me parece que a la princesa Ameria tampoco le agradó mucho la idea porque parecia muy apegada al bicho y queria estar todo el rato a su lado.
Después entendí porque me habian encomendado esta particular misión: el principe Phil no queria que su hija se distrajese demasiado y se preocupase más en resolver los problemas burocráticos del reino ya que ella en un futuro sería la que llevaría las riendas de todo eso.
Así que yo empecé a llevar mi labor como una misión de estado, haría todo lo que fuera para que el dientes largos estuviese bien cuidado y mi querida princesita no tuviese que preocuparse y así poder ocuparse de otros quehaceres más importantes.
Al principio, que quereis que os diga, el conejo me parecia el animal más tonto que existia sobre el planeta. Como me aburria le contaba alguna historia que otra y él nada, dale que te pego,mordiendo mis zapatillas sin importarle que yo las llevara puestas.
Luego viene la hora del baño, una tortura para los dos, más para mi que para el, ya que acabo siempre con los brazos arañados debido a la lucha constante que mantenemos cada dia para lograr meterlo en el agua. Después del baño le coloco en el cuello un gran lazo, la mayoria de veces de color rosa, que tiene en el centro un amuleto con una estrella de cinco puntas que pertenece a la princesa Ameria.
Y la hora de la comida no era mejor, un tormento. Al conejo no parecian gustarle la gran variedad de hierbas aromáticas y frescas que yo recolectaba cada dia para él. Parecia gustarle más la carne de mi plato y no dejaba de mirarme con esos ojos...parece irrisorio si, pero a mi me daba miedo cuando se le teñian de rojo y no hacia mas que mirar a mi plato de estofado.
Un dia probé a darle un poquito y la carne desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Os podeis imaginar mi sorpresa al ver un conejo carnívoro. Así que finalmente terminaba dandole casi toda mi ración diaria de comida. Tampoco le hacia ascos al pescado.
Y así pasaban mis dias en el palacio de Seyroon, cuidando del conejo y esperando encontrarme a la princesa en cualquier pasillo. Ella siempre es muy amable conmigo y me agradece mucho que cuide de Justicito.
Entonces yo querria contestarle que no tiene porque darme las gracias, porque yo lo hago por ella ya que para mi es la muchacha más maravillosa y bella de la tierra.
Pero como os podeis imaginar, nunca lo hago. Me quedo como un tonto, ahí, rojo como un tomate balbuceando palabras incomprensibles. Entonces ella mira su reloj con disgusto, quizás recordando alguna reunión importante a la que llega tarde y me despide con una sonrisa. Y yo allí maldiciendome a mi mismo por no tener más coraje y maldiciendo también al estúpido conejo y el hambre que me hace pasar.
Luego el conejo comenzó a caerme simpático. Fue a raiz de que descubrí que en presencia del roedor el extraño tipo azul no se acercaba a mi princesa.
A mi el tipo azul ya me dió mala espina desde el primer momento en que lo vi, ronda muy de vez en cuando por palacio como un fantasma. Nadie lo nota a no ser que tengas mucho tiempo libre y estés al tanto de todos los movimiento en palacio, como es mi caso. Parece venir cada cierto tiempo y se reune con el principe Phil y con la princesa. Comencé a notar que la princesa Ameria no es la misma los dias que está él. Tiene un extraño brillo en los ojos. Mis peores temores se confirmaron cuando una tarde los pillé abrazados en una esquina del jardín.
Parecian muy unidos.
Ya os podeis imaginar, me moría de celos. Ese dia nada parecía calmarme, tenia el corazón roto. No podía entender que tenia el tipo azul que no tuviera yo. Un poco más fuerte que yo seguro que si lo es. ¿Pero qué más? Yo soy mucho más guapo. Al menos eso dice mi abuela.
Decidí no darme por vencido y luchar por el amor de la princesa Ameria. Cuando descubrí que el conejo actuaba como repelente del tipejo azul lo utilicé como tactica de ataque. Si veia que el tipo se le acercaba mucho soltaba al conejo y zas! inmediatamente el tio rarito volvia por donde habia entrado.
Mucha más gracia me hace ver la cara de disgusto que pone cuando mi princesita le da mimos a Justicito y no te digo nada de la primera vez que vió que el conejo llevaba uno de los amuletos de la princesa. Aún me dan ataques de risa al recordarlo. No he visto a nadie cambiar de color tan rápido, y él se quedó blanco.
Y así cada dia, luchando porque ella se fijase en mi, hasta que descubrí que no habia nada que hacer. Y no es por Zelgadis o como quiera que se llame el tipejo, que no es rival para mi, sino porque descubrí que la princesa tiene otro pretendiente.
Y éste creedme, no estoy seguro de hacerle frente, más que nada porque me da mala saña. Parece muy poderoso, irradia una energia muy fuerte.
Todo ocurrió una noche que estaba paseando a Justicito después de la cena. Yo como siempre muerto de hambre y él con la barriga llena. Que decir que ahora en vez de un conejo parece una bola peluda con orejas de lo mucho que ha engordado. Por eso pensé que le vendría bien un poco de ejercicio.
Bueno, al caso, estaba yo paseando con Justicito por el jardin cuando me paré a contemplar durante unos instantes a la princesa que se encontraba en el mismo jardín sentada en un banco de piedra intentando leer a la luz de un quinqué con gesto de disgusto lo que parecian unas cartas oficiales. Entonces vi aparecerse frente a ella a un tipo de la nada, tenía una capa negra, el cabello violeta y un extraño báculo con una gema roja en un extremo. Era muy alto.
Cuando lo vi me pareció el mismisimo demonio que venia a matar a mi princesa, como os comenté la extraña energia que irradiaba era muy poderosa. Abrí la boca para lanzar un grito, pero algo me paró. Fue la reacción de la princesa, su expresión no era terror, sino todo lo contrario. Parecia alegrarse de verlo, es más, parecia un reencuentro, como si la princesa no lo hubiera visto en mucho tiempo.
En cambio él nada, permanecia estático con una estúpida sonrisa en la cara. Estuvieron hablando un largo rato. Yo no podía escuchar nada desde mi posición, me habia escondido tras una estatua, pero por lo que pude observar me di cuenta que lo que le estaba contando el tipo no le hacia ni pizca de gracia a la princesa, le estaba contando algo que la entristeció enormemente. Vi con el corazón en un puño como la princesa se limpiaba las lagrimas de su rostro sin poder ocultar su tristeza por lo que el otro le estaba contando. Cuando ésta se hubo calmado, le dijo unos palabras al tipo. Entonces el otro se dió media vuelta.
Justo antes de desaparecer de nuevo se dirigió hacia donde yo estaba parandose de repente a pocos metros donde yo me encontraba. Me habia descubierto. Abrió los ojos lentamente que hasta ahora habia mantenido cerrados y esgrimió una media sonrisa para luego desaparecer.
Me quedé helado. Esos ojos...no era humano.
Comprendí entonces que no tenía nada que hacer contra ese ser tan poderoso. Entonces decidí buscarme una novia más accesible. Ahora me gusta una vecinita mia que es muy guapa y candida, no es la princesa Ameria, todo hay que decirlo, pero por lo menos no le gustan los tipejos raros. Estoy muy contento.
Pero eso amigos, ya es otra historia.
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- No te resistas!!
Milgazia entró en la habitación. El panorama que podía observar a su alrededor era exactamente el que se habia imaginado cuando lo avisaron con urgencia: Filia oponia resistencia para evitar que se la llevasen y hacer así el ritual. Mientras dos dragonas forcejeaban con ella, al mismo tiempo que ésta hacia amagos de usar su magia para intentar herirlas.
- Soltadla!!- ordenó Milgazia.
Las dos dragonas que en ese momento la tenían agarrada por los brazos se pararon de golpe al oir la voz de su señor.
- Pero señor- dijo una inclinándose- se niega a hacer el ritual...
- He dicho que la soltéis!!!- gritó éste con el gesto encrespado.
Las dos dragonas obedecieron y se apartaron de Filia que cayó de rodillas al suelo al no tener a nadie que la sujetase.
-Podeis marcharos.- indicó Milgazia a las dragonas haciendo una seña con un dedo.
Cuando éstas hubieron abandonado el cuarto el dragón se acercó con pasos firmes hacia donde Filia se encontraba. Se inclinó en una rodilla y con un dedo levantó la barbilla de ésta.
La miró a los ojos. Rehuía su mirada.
El dragón negó con la cabeza.
- ¿Por qué lo haces?¿Por qué te resistes?
Filia lo miró. Toda ella temblaba de rabia. La figura de Milgazia le imponia demasiado aún a esas alturas.
- No quiero ir.-dijo gimoteando como de una niña se tratara.
El no se inmutó. No tenía ganas de aguantar los lloros de una dragona desequilibrada.
- Por favor, no me hagáis ir, por favor...-dijo la dragona hipando.
- No seas mojigata.- le replicó Milgazia endureciendo el tono- Ya te he explicado que la ceremonia de purificación no te hará ningún daño, te curará. Sacará todo lo malo que el demonio ha hecho en ti y hace que estés así. Después volverás a ser la de antes.
- No quiero!! -sollozó la otra. No iba a dejar exorcizarse por nadie. No estaba loca. No queria perder sus recuerdos.
Milgazia rabioso la empujó.
- Pues irás a la fuerza. No dejaré que ningún hijo mio crezca con una madre atormentada por el recuerdo del inombrable.¿Me oyes?
- No, no quiero...- los gritos de Filia cada vez sonaban más a una suplica.
El señor de Katar la miró con más desprecio que antes si cabe. Al cabo de un instante llamó a los guardias, en un gesto le indicó que la apresaran y que se la llevaran.
Filia volvió a forcejear. Se defendia con uñas y dientes. Los dos guardias hicieron un gesto de sorpresa ante la bravura de la dragona. Miraron con indecisión a Milgazia que les indicó con la mirada de actuar con violencia si hiciera falta.
Finalmente lograron reducirla y la levantaron en volandas.
Filia estaba fuera de si.
- Soltadme!! Eres cruel!!- chillaba ésta pataleando.
Milgazia se reía.
- Namagomi!!-intentó insultarlo Filia.
Éste hizo un gesto de sorpresa.
- Nama..¿qué?
De repente un gran cono de energia oscura hizo aparición el una esquina de la habitación que permanecia en penumbra. Pronto se pudo dislumbrar la silueta y dos enormes ojos rasgados que permanecian más abiertos que nunca.
Al ver la extraña presencia los guardias soltaron a Filia y se posicionaron al frente para proteger a su señor Milgazia.
- TU! - exclamó éste. Sus ojos estaban inyectados en odio. No dió un paso, él no le temía pero temía por su gente.
El demonio tampoco se movió. Su mirada era más peligrosa que nunca. Podía iniciar una masacre en cualquier momento. Nadie sabie lo que rondaba por su cabeza.
La tensión se acrecentaba por momentos. El odio que ambos se procesaban era demasiado para expresarlo con palabras.
De repente Zeros levantó su báculo apuntando a Milgazia con él y sin pestañear dijo con voz muy profunda y ligeramente desgarrada:
- El único namagomi que hay aquí soy yo!
o.O
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