SIEMPRE SERÉ TU NAMAGOMI

 

por Aleda M. 

 

Capítulo 6

 

 

  

 - A ver, déjame ver el mapa de nuevo. - le pidió Rina a Zelgadis.

 

Zelgadis le pasó el mapa a la pelirroja que después de echarle un vistazo se lo devolvió.

 

-   Debemos seguir hacia la derecha y luego subir esa montaña que se ve al horizonte.-indicó a los demás.

 

El grupo había abandonado Cicalar esa mañana. Gaudy y Ameria habían sido los encargados por votación popular de ir a ver a la hechicera para entregarle el collar a cambio del mapa.

Los demás esperaron con incertidumbre y nervios la vuelta de los dos con el mapa. La tarea que les había sido encomendada no era nada fácil, no después de que Rina quemara la casa de la hechicera y todos sus tesoros con una bola de fuego.

Gaudy y Ameria volvieron sonrientes, traian el mapa consigo. Entre los encantos de él y la docilidad y buen hacer de ella habian cumplido la misión. Según advirtieron los heroes después, no había sido nada fácil convencerla, pero parecía que el collar era demasiado valioso para Morfana y a regañadientes había accedido.

 

-   ¿Qué haréis cuando consigamos la espada?- preguntó Rina contenta cruzando los brazos tras la cabeza.

 

-   Rina...Aún no sabemos si vamos a conseguirla.- le recordó Gaudy poco animado-  Antes tenemos que  derrotar a la Gran Bestia.

 

-   Eso está hecho!!- gritó Rina alzando un puño al aire.- Ningún enemigo puede resistirse ante Rina Inverse por mucha Gran Bestia que se llame!!

Zelgadis suspiró.

 

-   ¿Y no tendría que hacerlo Gaudy sólo según nos dijo Morfana?- dijo.

 

-   Je, je!!  Esta vez tampoco tiene porque enterarse...- le contestó Rina haciendose la distraida y mirandole de reojo.

 

-   Bueno...yo había pensado invitaros a pasar unos dias a Seyroon, si os parece bien.- interrumpió Ameria tímida.

 

-   Pues claro! Buena idea!- contestaron Gaudy y Rina al unisono.- Después, Gaudy y yo habiamos planeado ir a Zefiria una temporadita.- prosiguió la pelirroja.

 

-   Perfecto!- exclamó Ameria contenta- Filia, por supuesto tu también estás invitada.- añadió dulcemente la princesa dirigiendose a la dragona.

 

-   Iré con mucho gusto. Muchas gracias Ameria. -agradeció cortesmente ésta.

 

La princesa le respondió con una sonrisa que la dragona correspondió. La complicidad entre las dos amigas era grande después de la conversación de anoche.

Ameria se giró, Zelgadis caminaba apartado del grupo con la misma expresión bucólica e impasible de siempre.

Ralentizó sus pasos hasta ponerse a la altura de él. El grupo continuaba con su ritmo sin reparar en que se quedaban atrás.

Caminaron uno al lado del otro durante bastante tiempo sin mediar palabra. Sus pasos compenetrados. De vez en cuando Ameria alzaba la vista hacia Zelgadis y lo observaba durante instantes con ojos expectantes. Ni una palabra salía de la boca de él.

 

Ameria suspiró.

 

-   ¿Y tú?¿Vendrás a Seyroon?- preguntó finalmente clavandole la mirada.

 

Zelgadis inexpresivo mantenía la mirada al frente como perdida en el horizonte.

 

-   Me lo pensaré.- contestó friamente al cabo de un largo rato.

 

Ameria parpadeó. No queria creer que fuera cierto lo que acababa de oír. La sangre se le subió a la cabeza. Estaba rabiosa con él, consigo misma y con todo el mundo. No, otra vez no.- pensó.

 

-   ¿Y porqué?- preguntó enfadada deteniendose y señalandole con el dedo.

 

La quimera se detuvo, dirigiendo la mirada muy lentamente hacia Ameria.

 

-   Porque necesito encontrar una cura.- le dijo distante. Dicho esto prosiguió su camino.

 

Ameria se quedó clavada en el sitio. Su cara roja de rabia, apretaba los puños contra sus piernas.

 

-   No, esta vez no. Maldito seas Zelgadis!- susurró entredientes.

 

-   Zelgadis!!!!- lo llamó a grito pelado.

 

La quimera no se detuvo.

 

-   Ya no soy una niña, ¿sabes?.- chilló Ameria- No te voy a esperar siempre.

 

La princesa se estremeció ante las palabras que habían salido de su boca. Había mentido como una bellaca, había sido cruel.

Zelgadis detuvo sus pasos. Permaneció de pie, ahí, sin moverse. Lo que le había dicho Ameria le había dolido, y mucho. No aguantandose sobre sus piernas apoyó una rodilla en el suelo inclinando la cabeza.

Ella al ver la reacción de él, comenzó a llorar desconsoladamente y corrió a abrazarlo:

 

-   Lo siento mucho! Lo siento! Sabes que no es cierto lo que he dicho! Lo sabes, ¿verdad? Perdóname por favor Zelgadis! Si no me perdonas no sé lo que haré...- Ameria se ahogaba en su propio llanto mientras lo abrazaba.

 

-   Está bien, Ameria. Está bien.- le interrumpió Zelgadis mirandola tiernamente e incorporandose.

 

Ameria aliviada se limpió las lagrimas con el dorso de una mano. Algo fijó su atención. Le había parecido ver el resquicio de una lágrima que se deslizaba en la mejilla de él.

 

 

Zeros hizo su aparición con su habitual sonrisa. Se dirigió a Rina.

 

-   Creí entender que ahora os dirigís a buscar la espada que custodia la Gran Bestia.

 

La pelirroja que hasta ahora no le había hecho mucho caso preguntó curiosa:

 

-   Si.¿ Sabes algo de esa espada?

 

-   Según he oído es muy poderosa...pero que muy poderosa.

 

-   ¿En serio?- preguntó Rina emocionada, parecía más interesada en conseguir la espada que el propio Gaudy.

 

-   Pero vais a tener problemas, corren rumores de que la Gran Bestia también lo es.

 

-   Qué dices! No me lo creo!

 

-   Si. Incluso se cuenta una leyenda de como se come a todos los que le intentan arrebatar la espada dejando sólo los huesos.

 

-   Eeeeee? ¿Que se come los come enteritos?- dijeron Rina y Gaudy temerosos. (en realidad se imaginaban a ellos mismos en sendos platos en la mesa de un restaurante  mientras un bicho peludo enorme armado con cuchillo y tenedor los miraba con ojos glotones y relamiendose).

 

Filia no dijo nada. Desde que el demonio había aparecido había actuado como si éste fuera invisible para ella. Asimismo Zeros parecía actuar de un modo parecido.

 

 

El grupo se detuvo para cumplir un deber que no podían eludir. La hora de la comida.

Se acomodaron a un lado del camino, donde había buena hierba para sentarse, la imprescindible sombra de un árbol para resguardarse del fuerte sol del mediodía y matorrales alrededor que los resguardaban de la mirada de los curiosos. Habían traído víveres de Cicalar.

Ameria comenzó a repartir los platos al grupo sentado en corro para a continuación racionar la comida que había preparado: pollo asado y ensalada.

Una vez terminó con su tarea comenzó a devorar un muslo de pollo. De repente sin razón aparente su vista se posó en Gaudy y Rina, ambos miraban con indecisión su plato de pollo y luego se miraban entre ellos frunciendo el ceño.

 

-   ¿Poz que no comeiz?- preguntó Ameria con la boca llena- ¿No eztá bueno?

 

-   No....No es eso. - dijo Rina pesarosa- Es que tengo el estómago un poco revuelto.- añadió sin poder dejar de pensar en el bicho peludo que con una servilleta atada al cuello se relamía pensando en comersela. A Gaudy le pasaba lo mismo.

 

-   ¿No hay otra cosa que no sea carne?- dijo éste apartando su plato a un lado.

 

-   Hay ensalada.- dijo Filia acercándosela.

 

-   Ensalada está bien! ¿Verdad Gaudy?- dijo asintiendo la pelirroja. Estaba muy hambrienta.

 

El espadachín se la arrebató de las manos y comenzó a comersela sin cubiertos. Como era habitual Rina reaccionó.

 

-   Quita de ahí!- chilló quitandosela y poniendole un pie en la cara.

 

-   Es mi ensalada!- protestó el otro.

 

Filia y Ameria se miraron sin entender nada y encogiendose de hombros continuaron comiendo entretenidas siguiendo el transcurso de la pelea;    mientras, Zelgadis, como siempre a lo suyo, estaba apartado del grupo midiendo no se qué coordenadas.

Sentado en una rama del árbol, el mazoku observaba la pelea divertido.

 

De pronto un gran silbido atravesó el aire. Rina, que en ese momento tenía agarrado a Gaudy por los mofletes miró hacia arriba. Y como adivinando lo que lo había producido, soltó al espadachín y corrió a esconderse entre los matorrales. Ahí permaneció a la espera.

Los demás alzaron la vista al cielo. De nuevo, un enorme dragón dorado permanecía en suspenso encima de ellos.

Ameria chilló espontánea:

 

-   Menudo lag..!

 

Pero Filia le cortó lanzandole su mirada ultrafulminante.

 

El dragón comenzó a descender para tomar su forma humana. Lo conocían, era el mismo mensajero que había venido a entregarle  una carta a Filia.

El mensajero dió un vistazo a su alrededor temeroso. Cuando vió que no corria peligro, es decir, que cierta pelirroja no rondaba por allí, dijo:
- ¿Filia UI Copt?. Le traigo otra carta.

 

-   Aquí.- reclamó su atención la dragona con una gran sonrisa en la cara.

 

El mensajero le entregó un pergamino como había hecho anteriormente. Y haciendo una reverencia ante ella se despidió.

 

Pronto Gaudy y Ameria rodearon a la dragona con ojos curiosos.

 

-   Dejanosla leer!- suplicó Ameria.

 

-   No!!- chilló Filia más que escarmentada por la vez anterior.

 

-   Venga!- añadió el espadachín.

 

Mientras Gaudy y Ameria agobiaban a Filia conque les dejase leer su carta, Rina observaba con ojos avizores a su presa. El mensajero se alejaba del grupo para tener el suficiente espacio para transformarse de nuevo en dragón. De pronto, notó que una mano lo agarraba del cuello de la camisa y lo arrastraba hacia un matorral. No tuvo tiempo a reaccionar. Lo había cazado.

Al rato,  la pelirroja salió de un salto del matorral riendo con risa sádica mientras se sacudía las manos.

 

Filia se estaba empezando a agobiar. Ameria y Gaudy no le dejaban leer la carta en paz ya que cada vez  que la abría, se ponían detrás de ella para intentar leer también.

 

Harta accedió.

 

-   Está bien. Os la leeré.- dijo vencida- Pero si me prometeis no reiros.

 

-   Si, claro! Lo prometemos.- asintieron Gaudy, Ameria y Rina (que ya se había unido a ellos) cruzando los dedos tras la espalda.

Zelgadis también se había acercado.

 

Zeros descendió del árbol y apoyó su espalda en el tronco de éste con los ojos cerrados y expresión impasible.

 

Filia desenrolló el pergamino y comenzó a leer en voz alta:

 

- Querida Filia UI Copt,

 

Por fin ha llegado el momento de revelar  mi identidad y descubrirme como tu más ferviente admirador. Sobre tus encantos físicos ya me he explayado bastante en la otra carta y aunque no te haya visto nunca, han llegado ecos a mis oidos sobre tu belleza y tu historia.

Darte mis condolencias primero por la lamentable pérdida de los miembros de tu clan en el trágico episodio de Estrella Oscura; que el gran Vulabazard los guarde!.

 

Sabemos que desde ese lance hasta ahora, no has tenido contacto con ninguno de nuestra especie, por eso quiero invitarte a unirte a nosotros, el clan del Rey Dragón del Mar. Aquí serás recibida como una de los nuestros y podrás rehacer tu vida con todo tipo de comodidades.

Espero que tu decisión después de leer esto sea venir a Katar. Aquí podrás conocerme. Con la próxima luna celebraremos la festividad de nuestro clan. Te espero. Que Laguladia te proteja hasta entonces. Milgazia.

 

Cuando terminó de leer  apretó la carta contra su pecho. Sonreía satisfecha.

 

-   Filia eso es genial!- chilló emocionada Ameria- Milgazia te invita a unirte a ellos!

 

-   Si, estoy muy contenta.- rió la dragona- Milgazia....he oído hablar de él a los ancianos...

 

-   Es el jefe de los dragones dorados en las montañas de Katar.- añadió Rina- Él fue quien me mostró la biblia Claire.

 

-   Parece buena gente.- opinó el espadachín.

 

-   Y es muy apuesto!- chilló de nuevo la princesa conmovida por su amiga-¿Irás?

 

Filia sonrió.

 

-   Claro que iré. Si no me equivoco la próxima luna cae dentro de tres noches, aún tengo tiempo para acompañaros y conseguir la espada de Gaudy. Después me pondré en camino.

 

-   Perfecto! Pues pongamonos en marcha! No hay tiempo que perder!- gritó la pelirroja animada.

 

Ameria no pudo resistirlo y corrió a abrazar a la dragona. En tono más relajado pero igualmente sincero le dijo:

 

-   Siento que no puedas venir a Seyroon con nosotros pero estoy muy contenta por ti. Así nunca más te sentirás sola.

 

La dragona asintió. Ameria tenía razón. Nunca más se sentiría sola. Los días vacios y sin rumbo habían quedado atrás. Ahora un nuevo destino la llamaba, viviría acompañada por su gente. Se estremeció. Sintió que la estaban observando. Era la típica sensación que notas cuando percibes que  alguien te está mirando sin tu verlo pero sabes que lo está haciendo. Una especie de deja vú.

 

Giró la cabeza. Zeros muy serio la miraba fijamente agarrando fuertemente su báculo.

 

Filia espiró lentamente. Nunca lo había visto mirarla de aquella manera. Era una mirada llena de odio, rabia, despecho y muy en el fondo de tristeza.

Cogió aire entrecortadamente, bajó su mirada al suelo. No podía soportarla, sintió que si mantenia un instante más su mirada en la de Zeros, la atravesaría, estallaría en mil pedacitos como un espejo roto. Algo de él se reflejaba en ella, todo lo que  él sentía en ese momento podía sentirlo ella. Asustada, la dragona alzó de nuevo la vista. Ya no estaba. Se había marchado. En un gesto, acercó una mano a su boca, pasando la lengua por el paladar, pudo saborear un gusto amargo. Tragó saliva. No se iba.

 

Pasaron unos instantes. Los demás se habían acercado curiosos a un matorral. Unos chillidos salían de él. La dragona se acercó a ver que pasaba.

Casi le da un infarto. Dentro del matorral permanecía el mensajero atado de pies y manos cual jabalí. Rina le había colocado una trampa antiladrones de su capa en la boca a modo de manzana.

 

-   Como veis, ya tenemos transporte hasta Seyroon.- añadió ésta satisfecha.

 

Filia observó a los demás. No parecían estar muy disgustados por la idea.

 

-   ¿Es que soy la única cuerda en este grupo?- gritó furiosa- Rina! Sueltalo ahora mismo!

 

La pelirroja dió un chasquido con la lengua.

 

-   Ni hablar! Se lo merece por intentar arrollarnos la otra vez. Tiene suerte de estar vivo.

 

La dragona se echó las manos a la cabeza.

 

-   ¿Pero que van a pensar de mi en Katar? Por Ceiphied...¿Por qué siempre me tienen  que pasar a mi estas cosas?..

Ya nadie le hacía caso.

 

Gaudy como siempre, estaba intentando recopilar la información en su cabeza. Había cosas que no le cuadraban:

 

-   Entonces...¿Por qué lo tienes prisionero? ¿Porque le escribió la primera carta a Filia?- le preguntó a Rina.

 

-   Nooo...la primera se la escribió también Milgazia. - le contestó la pelirroja haciendo grandes esfuerzos por no perder la paciencia.

 

-   ¿Y dices que Milgazia le escribió la primera carta?- añadió Gaudy inocente- Pues no se le da demasiado bien escribir cartas de amor!

 

-   Pues tienes razón...ja, ja!Supongo que no es su fuerte!- rió Rina ante la ocurrencia del espadachín ya que no había reparado en eso hasta ese momento.- Bueno! Ahora necesitamos un palo para portar entre dos a nuestro transporte. - añadió cambiando de tema.

 

Inspeccionaron los alrededores en busca de algún palo lo bastante largo y fuerte para soportar el peso del mensajero. No había nada.

 

-   Ya sé!- Rina había tenido una idea- El báculo de Zeros nos puede servir!- y dando un vistazo en torno a ella añadió.-¿Zeros?¿Dónde se ha metido?

 

 

 

Llegó a la mansión de Wolfpack Island, su casa. Con expresión sombria subió los tres escalones que  separaban el jardín de la puerta principal. Atravesó el umbral de la puerta cabizbajo y sumergido en sus propios pensamientos. Dentro le esperaban los tres demonios que habitualmente vigilaban el paso  dentro de la mansión. Interponiendose en su camino uno dijo:

 

-   Señor Zeros, si viene a ver a la Señora Zellas debe saber que ahora está reunida y que no podrá...

 

Pero tanto ese demonio como los otros dos acabaron estampados contra la pared. Zeros impasible, los había empujado con su báculo, sin mover un musculo de su cara, sin alzar la mirada un instante.

 

Con pasos largos se dirigió hacia los aposentos de su ama, para eso tenía que atravesar largos pasillos, oscuros, frios, vacios. Estancias construidas sin funcionalidad alguna. Cada paso que daba resonaba en el marmol del suelo, el demonio parecía no preocuparse o no darse cuenta de sus movimientos, su cabeza absorta en pensamientos, normalmente sus movimientos eran ágiles como los de un gato. Llegó a la puerta de entrada de los aposentos de Zellas. La puerta era enorme, llegaba casi al techo, de roble y con frisos dorados. La manilla de la puerta era también dorada.

 

Zeros fijó su atención en dicha manilla. Primero la acarició suavemente durante unos segundos con sus dedos enguantados, acto seguido apoyó con decisión la mano en ella. La apretó muy fuerte entre sus dedos, con rabia contenida. Y como obligandose a hacerlo la bajó un poco. Ahí se detuvo, helado.

 

La soltó de golpe, llevó esa mano a su báculo y alejandose dos pasos de la puerta como queriendo frenar la atracción que esa estancia ejercia sobre él dijo en tono agitado:

 

-   Esta vez no. Esto solo me concierne a mi.

 

Volviendo sobre sus pasos comenzó de nuevo a atravesar los gélidos pasillos. No prestaba atención hacia donde se dirigía, un gran conflicto se libraba dentro de él.

 

Se paró en seco, dudaba, se giró y dirigió la mirada de nuevo hacia la gran puerta que había dejado atrás. Suspirando, negó con la cabeza:

 

-   Ya no hay marcha atrás.

 

Su silueta se perdió entre la inmensidad de la mansión.                                                          

 

    

Capítulo 7

 

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