SIEMPRE SERÉ TU NAMAGOMI

 

por Aleda M. 

 

Capítulo 8

 

 

    

Se dió media vuelta lentamente. Avistó una sombra que comenzaba a salir de entre la vegetación.

 

-   ¿Zeros?

 

El demonio se descubrió de entre las sombras quedandose inmovil en el medio del camino a varios metros de la dragona. Su expresión era sombria, estaba cabizbajo.

 

Ella lo miró con sorpresa. Había venido. Una mezcla de alivio y rabia le recorrió el cuerpo. Si, había venido. ¿Pero para qué?

Pasaban los momentos, ambos se miraban sin intercambiar palabra. La distancia que los separaba parecía cada vez más grande a medida que los segundos corrian.

 

Filia se revolvió. La rabia comenzaba a dominarla.

 

-   Demonio estúpido. Siempre, siempre consigue lo que se propone, hacer sufrir a los demás.- pensaba mientras apretaba los puños contra sus piernas- Pero esta vez no va a ser así. Conmigo no juega nadie.

 

Dió una patada en el suelo.

 

-   VETE!- le chilló dandose media vuelta para comenzar a caminar de nuevo.

 

El demonio no se movió, ni un musculo se contrajo en su cara. Cuando la dragona empezó a caminar, él la seguia con pasos lentos y pausados a distancia.

 

Pronto la dragona se percató de que la seguia. Se dió media vuelta de nuevo hacia el demonio.

 

-   Te he dicho que te vayas! ¿Es que no me oyes? VETE!- gritó rabiosa. La ira contraía su rostro.

 

Volvió a ponerse en camino. Seguia oyendo sus pasos detrás de ella. Se paró. Comprobó como el demonio también lo hacia a su vez. Dió unos pasos. Zeros la seguia de nuevo.

 

Esta situación la enfurecia. Volvió a dirigirse a él, ésta vez muy violentada:

 

-¿Cómo te lo tengo que decir? Vete! Largo!- gritó- Demonio...¿No ves que te odio?

 

Resopló. Zeros era capaz de sacar lo peor de si misma. Solo quería que se fuera. Había perdido la noción de las cosas, la ira la cegaba.

El demonio abrió los ojos hasta ahora cerrados y la miró intensamente. Filia notó un brillo de enfado en ellos. Se estremeció. Habia conseguido enfurecerlo.

 

Al contrario de lo que pensaba, el demonio permaneció en  el sitio sin moverse. Solo su miraba se encontraba con ella, traspasandola.

La dragona dió un respingo. Tenía ganas de llorar de nuevo.

 

-   Maldito demonio...- susurró.

En un arranque de cólera corrió hacia el. Cuando lo tuvo enfrente a si alzó el puño para golpearle en el hombro.

 

Zeros le frenó agarrandole el brazo violentamente. Le apretaba muy fuerte.

 

Filia le miró a los ojos. Temió por ella, ahora si parecia muy enfadado.

 

El demonio sin dejar de agarrarla la atrajo a él. Sus cuerpos se rozaban ahora. Él acercó el rostro a su oreja.

 

-   ¿Es cierto eso, Filia?- preguntó apretando  los dientes.

 

La dragona no contestó, forcejeaba para soltarse.

 

-   ¿Es cierto? Contesta!!!- gritó enfurecido él. Cada vez le apretaba más fuerte el brazo. La dragona daba quejidos de dolor, temía que de un momento a otro éste fuera a quebrarse.

 

Negó con la cabeza.

 

Zeros la soltó.

 

La dragona se palpó el brazo dolorido. No, no lo odiaba. Eso era cierto. Pero algo en él hacia sacar lo peor de ella.

 

-¿A que has venido?- chilló llorando.

 

El demonio la miró de nuevo. Parecia más relajado. Con tono sombrio añadió:

 

-   Para conocerte.

 

 

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Llegaron al siguiente pueblo, hacia mucho calor. Filia miró el reloj del campanario de la plaza. Iba muy bien de tiempo. Dando un vistazo alrededor de ésta se divisaban varios bares con terracitas donde la gente disfrutaba bebiendo y hablando al amparo del fuerte sol.

La dragona se dirigió hacia una de las terrazas en la que parecía haber una mesa disponible. Lo hizo como en todo el camino sin decirle una palabra acerca de sus intenciones al demonio, que igualmente la seguia.

 

Se sentó en una silla. Con lentitud se quitó la capa, los guantes y el gorro.

 

-   Ahh...mucho mejor.-pensó levantando la barbilla para aspirar la brisa veraniega que le acariciaba los cabellos.

Zeros se sentó a su lado.

 

-   Buena idea. -dijo.

 

Ella no hizo un movimiento.

 

El camarero pasó y les preguntó que querían tomar.

 

-   Un té frio al limón, por favor.- pidió la dragona.

 

-   Para mi lo mismo.- pidió asimismo Zeros.

 

Cuando el camarero se marchó en busca de las bebidas, Filia volvió a recostarse en la silla cerrando los ojos para disfrutar de la suave brisa que ahora le hacia cosquillas en el rostro. Los minutos pasaban y ninguno hablaba, Filia absorta disfrutando del momento y Zeros como embobado mirandola.

 

La dragona entreabrió los ojos.

 

-   ¿Qué haces?- preguntó con irritación.

 

-   Nada.

Filia sopló incorporandose de nuevo en la silla. El demonio conseguia molestarla aunque no hiciera nada. Su simple presencia la exasperaba.

 

-   Nada. Tu nunca haces ni dices nada. Increible.

 

-   Bueno, pues me dispongo a tomar un té frio.

-   Y por encima irónico.- le replicó la dragona cada vez más crispada - Aún no entiendo que haces aquí.

 

Zeros la observó durante unos instantes. Leyó detenidamente las energias que la dragona irradiaba, advirtiendo cierto tono de reproche. Abriendo sus grandes ojos y sin perder la sonrisa le dijo imperturbable:

 

-   Ya te lo he dicho. Quiero conocerte.

 

Filia calló. Notó como la ira que habia sentido momentos antes se desvanecía dejando ahora en su lugar vacío. Su respuesta le había sobrecogido tanto o más que la primera vez que la había oído. No lograba entender. Seguramente si escuchaba la misma contestación una tercera vez, su reacción seguiria siendo la misma: inquietud, desasosiego.

 

Un silencio incómodo se cernió entre los dos. Al rato apareció el camarero con las bebidas para alivio de la dragona.

 

-   Está muy bueno.- dijo Zeros con cara de satisfacción tras tomar un sorbo.

 

Filia tomó la copa, pequeñas gotas de agua helada se deslizaron del recipiente a su mano. Acercando el borde de la copa a sus labios, bebió. El liquido era muy dulce y dejaba un regusto a limón amargo muy agradable. La bebida era en su conjunto muy refrescante. Asintió:

 

-   Muy bueno.

 

Zeros la observó de reojo y dando un chasquido con la lengua dijo:

 

-   Por lo menos sé que te gusta el té.

 

-   ¿Cómo que por lo menos?¿A qué te refieres?- le replicó ésta extrañada.

 

-   A que es dificil sonsacarte información acerca de ti.

 

Filia resopló. Mira quien habla.- pensó.

 

-   ¿Qué te creías?¿Qué te iba a contar toda mi vida?¿A un demonio? Ja!- le dijo con actitud soberbia.

 

-   Me lo imaginaba. Otra cosa que sé desde hace tiempo es que tienes el mismo carácter  irascible y arrogante que el resto de tu especie.

 

-   Pues por lo menos yo expreso lo que siento, no como tu que vas con la misma actitud indiferente a todas partes!!- le contestó la dragona enfurecida.

 

El demonio sonrió. Se sorprendia cada vez de lo fácil que era enfadarla. Tomó otro sorbo de té absorbiendo al mismo tiempo las energias negativas de la dragona. Hizo un gesto de placer. La mezcla no podía resultar mejor.

 

-   Y dime...- comenzó a hablar de nuevo- ¿Cuándo eras sacerdotisa tenías conocimiento de lo que eran los demonios?

 

Filia levantó la vista hacia el demonio. Definitivamente uno nunca podía saber con lo que iba a salir .

 

-   ¿Tú que crees?- le dijo ésta ironicamente - Después de 500 años encerrada en el templo era lo único que tenía claro: Mi odio hacia los seguidores de Sabranigudú.

 

Zeros volvió a observarla como estudiandola. Era obvio que se mantenía a la defensiva.

 

Para la dragona estos continuos estudios no hacian otra cosa  que irritarla más y más.

 

-   Entiendo. ¿Y habias oido hablar de mi mientras estabas en el templo?- le preguntó el demonio sonriendo como si no hubiera tenido constancia de las reacciones de ella.

 

Filia tanteó la situación. Otra vez la había cogido desprevenida.

 

-   Sobre ti, Zeros; sacerdote y general de Zellas Metallium, también conocido como el Sacerdote Bestia o instigador de nuestra raza durante la Gran Guerra, lo sé todo.- le replicó la dragona gravemente.

 

El demonio dió un respingo. Lo había conseguido enfadar de nuevo. No le gustaba que le llamasen Sacerdote Bestia. Decidió pasar página.

 

-¿Y como me imaginabas?

 

A Filia se le cayó una gota por la frente. Decidió salir airosa.

 

-   Pues como a todos los demonios. Malvados y ruines.

 

Zeros suspiró.

 

-   Me refiero fisicamente.

 

-   ¿Fisicamente?- la dragona no entendia bien a que venía esa pregunta, balbuceó- Pues...me acuerdo de haber visto una ilustración tuya al lado del texto que relataba la guerra de Kuoma...

 

-   ¿Y como era?- el demonio sentia curiosidad.

 

Filia rió al acordarse de ésta.

 

-   Pues eras realmente feo, horripilante...

 

-   ¿En serio?- contestó éste sorprendido.

 

-   Si! Tenías garras y colmillos. Monstruoso!!ja,ja!

 

-   Y no me lo digas que lo adivino...-rió el demonio- .. seguramente que tenía también cuernos.

-   Si.¿Cómo lo sabes?

 

-   Pura intuición.- rió de nuevo Zeros.

 

El ambiente parecia mucho más relajado ahora. Habian terminado sus bebidas.

 

-   ¿Y qué pensaste cuando me viste por primera vez?

 

Filia notó como un ligero rubor coloreaba sus mejillas.

 

- ¿Te parecí tan monstruoso?- añadió Zeros sonriendo al advertir la turbación de la dragona.

 

Filia enrojeció del todo.

 

El demonio satisfecho optó por no incidir demasiado en el tema.

 

-   Pues yo pensaba que todas las dragonas tenían un trasero enorme- añadió haciendo un gesto con las manos- y cuando te conocí pude advertir que no andaba muy desencaminado. Je, je!

 

La dragona sacó su maza y apuntó con ella al demonio.

 

-   Argggg! Namagomi!!¿Cómo te atreves?

 

-   Ja,ja! Pero si es verdad lo que digo. No entiendo porque te enfadas! Lo he comprobado con mis propios ojos!Je,je!

 

Después de unas cuantas tentativas de Filia queriendo golpear al demonio con su maza, se volvieron a sentar. Apareció el camarero. Zeros pidió un helado.

Una vez lo tuvo delante suyo comenzó a comerlo con dedicación. Filia lo miraba curiosa.

 

- ¿Quieres probarlo?- le dijo el demonio advirtiendo la mirada de la dragona en él.

Filia dudaba, y Zeros le acercó una cuchara repleta a la boca. Se lo comió. Saboreó lentamente. Estaba buenísimo. Era de chocolate y nata. Queria más. Miró al demonio de nuevo.

 

-   ¿Quieres más?- le preguntó Zeros divertido.

 

La dragona asintió.

 

-   Pues no te voy a dar. Es mio.- y siguió comiendo.

 

A Filia le sorprendió  la contestación. Protestó.

 

-   ¿Cómo?

 

-   Que soy un demonio malvado y lo que es mio es mio. -le contestó convencido, y guiñandole  un ojo añadió -Y eso, Filia, puedes aplicarlo a todo.

 

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-   Es por este camino, estás equivocada.- dijo el demonio.

 

Filia suspiró, le costaba admitirlo pero era seguro que él conocia el camino perfectamente. Asociar la figura de Zeros a Katar era irremediable. No solo por la masacre que había causado en su raza durante la guerra entre las fuerzas del bien y del mal...

Ahora él la estaba acompañando hacia el mismo valle donde residia la raza tan odiada por los demonios. ¿Y por qué? Para conocerla.

 

 -¿Conocerme?.Pero si ya me conoce...

 

Filia miró de reojo al demonio que caminaba en silencio a su lado. Recordó como aquella misma mañana había llorado con desesperanza cuando pensaba que no iba a verlo más. Luego lo había tratado como un perro, queriendo castigarlo por los momentos de angustia que le había hecho pasar. Y aun así continuaba a su lado.

 

-   No verlo más...

 

Levantó la mirada y observó su rostro con detenimiento. Sus ojos parecian decir lo que con palabras no podia expresar.

 

No quiero perderte, ¿sabes?

 

El demonio continuaba andando abstraido con la mirada fija en el horizonte.

 

Pero tengo miedo. Miedo de que no me quieras tanto como yo a ti. De que vuelvas a hacerme daño.

 

Sus pensamientos viajaron hacia un recuerdo guardado bajo llave en su mente. El momento en que ella y los demás durante el trance final de la batalla contra Estrella Oscura habían entrado en el templo sellado de los dragones antiguos. Ese dia presenció como los miembros de su clan fueron exterminados y tuvo conocimiento de que esos mismos miembros habian hecho lo mismo con los dragones antiguos cientos de años atrás. Había perdido la fe.

 

Después de bastante tiempo sin ver al demonio que la había salvado de morir aplastada por rocas y que ella había acogido entre sus brazos herido... la había tomado de rehén amenazandola con su báculo. Ahí se le rompió el corazón. Ella hubiera querido correr a abrazarlo al verlo pero la presencia del gran anciano y su pudor la habían frenado. Había estado enamorada. Él en cambio...su reacción...hizo que todas sus esperanzas se desvanecieran de un soplo. Había dejado de creer en muchas cosas. Había dejado de creer en él.

 

Zeros bajó la vista hacia Filia, la encontró mirandole con los ojos humedos.

 

Se estremeció, la tristeza de ella le traspasaba, lo inundaba. Le acarició el hombro para intentar reconfortarla.

 

La dragona se estremeció ante su gesto. Le inquirió con la mirada. El demonio le respondió con una sonrisa.

 

Zeros...

 

-   Escucha Filia.- comenzó a hablar el- ¿Conoces la historia de la región que estamos atravesando?

 

Filia negó con la cabeza.

 

-   Hace cientos de años esta región pertenecia a un reino gobernado por un mandatario tirano y cruel. Su mala fama traspasaba fronteras.

Filia sonrió. Le encantaba escucharlo. Durante todo el camino le había estado contando muchas anecdotas y leyendas que ella desconocia y que escuchaba con mucha atención.

 

Zeros...

 

-   Sus subditos vivian en un continuo estado de alerta porque según la leyenda, el malvado gobernador tenía fama de transformarse en un monstruo y salir con la luna para comer carne humana con la que saciar su sed de sangre.

 

Pero lo que no sabian esos mismos subditos era lo que ocurria de puertas a dentro del castillo.

 

El mandatario vivia sin vivir encerrado en sus aposentos. Quería controlar sus transformaciones nocturnas, lo había probado todo, consultado a los más afamados médicos y hechizeros de todos los reinos colindantes, probado multitud de inútiles pocimas y remedios, incluso se habia encadenado en las mazmorras del sotano. Pero todo era en vano. Con cada luna volvia a transformarse en bestia para vagar por los bosques, y al contrario de lo que creian los habitantes de esos parajes, no se alimentaba de carne humana sino de la sangre de las alimañas que cazaba.

Filia se estremeció.

 

-   Pero cada dia que pasaba se sentía desfallecer, había perdido la esperanza de encontrar una cura. Todos los que le rodeaban le temían y le miraban con repulsión. Era un monstruo, diferente a ellos. Era cruel. Un tirano. ¿Para qué gastar energia queriendoles convencer de que realmente no era así?. La oscuridad se cernia sobre el, su alma daba las ultimas bocanadas de aire. Una vez muerta ésta, no sería más que el monstruo que todos creían que era.

 

Una noche salió la luna y lo iluminó todo con su luz pálida y enigmatica.

 

Volvió a salir. Se refugió en un bosque recostado al pie de un árbol. Ya no quería cazar para alimentarse. No tenía fuerzas. Solo quería languidecer y morir. Fundirse de nuevo con la tierra que le había dado la vida.

 

De repente notó como alguien le acariciaba el rostro. Izó la vista. Tuvo la visión más maravillosa de su vida. Una dama vestida con ropajes dorados y hermoso rostro enmarcado en cabellos que parecían rayos de sol lo miraba sobrecogida. Toda ella emanaba luz.

 

El gobernador estaba hipnotizado.

 

¿Por qué lloras?- le preguntó una voz tan dulce como la miel.

 

El no pudo contestar, tanto era el dolor que encerraba en su corazón.

 

La dama con solo mirarle a los ojos comprendió el tormento de su alma. Volvió a acariciarlo. Y sacando un puñal hizo con él un corte limpio en su níveo brazo. La sangre comenzó a manar.

 

Bebe.- le ordenó la dama.- Te curará.

 

Él se negó. Una bestia como él no quería beber la vida del ser más hermoso y bondadoso que había conocido. Pero ella le acercó el brazo a su boca e hizo un gesto de aprobación.

 

Bebe por favor.

 

Bebió su sangre dulce con ansia. Tenía poderes curativos, notó como lentamente volvia a tomar forma humana. Ahora estaba lleno de vida.

Mientras, la dama languidecia. El paró de beber y la acogió entre sus brazos tratando de reanimarla. Parecia imposible. Cayó en un sueño muy profundo.

 

Se despertó al dia siguiente al pie del mismo arbol de la noche anterior. Miró sus manos, estaban llenas de vida.  No  había rastro de la misteriosa muchacha.

 

Volvió a su castillo y ése fue el comienzo del periodo más prospero para estos parajes. Se convirtió en un gran gobernador, tanto, que sus subditos lo idolatraban. Y todo porque estaba lleno de vida, de ideas.

 

Pero algo le pesaba en el alma, deseaba ver a la dama dorada de nuevo. No sabía si había sobrevivido, por eso rondaba los bosques de noche buscando al unico ser que fue capaz de amarlo.

 

Zeros hizo una pausa.

 

-   ¿Y qué pasó?- preguntó Filia intrigada.

 

-   No se sabe con certeza lo que pasó despues: unos cuentan que nunca pudo encontrar a la dama y que desesperado aún vaga por estos bosques como un fantasma esperando encontrarla y otros, en cambio, cuentan que despues de mucho llamarla, la dama reapareció  aceptando unirse a él.

 

La dragona lo miró extrañada.

 

-   ¿Dos finales tan diferentes?.

 

Zeros sonrió.

 

-   Las historias pueden terminar como tu decidas: bien o mal. El poder para hacerlo está en tus manos.

 

En mis manos...

 

Estaba sobrecogida.

 

-   Que historia tan bonita!- dijo finalmente- ¿Cómo sabes tantas?

 

-   Bueno...- sonrió éste- Porque uno ya tiene unos añitos encima y ha visto muchas cosas.

 

Filia rió.

 

-   Parece como si te gustara estudiar a la otras razas, sobretodo a los humanos.

 

-   Si, es cierto. Me apasionan los humanos. Su vitalidad, sus costumbres....por eso adopto esta apariencia en este plano.

 

Lo observó. Le parecia imposible imaginarse a Zeros de otra forma de como lo veia en ese momento.

 

El demonio sonrió ante la mirada escrutadora de la dragona.

 

-   Y ahora Filia... - dijo riendo- te voy a contar otra historia, pero ésta contrastada.

 

-   ¿Cuál?

 

-   De porque existen algunas dragonas con barba.

 

-   Namagomi!!!!

 

 

 

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Entraron en la única posada que había. El pueblo era muy pequeño y parecia ser la única opcion de alojamiento que tenían para pasar la noche. Al día siguiente preveían llegar a Katar.

 

-   ¿Vas a dormir esta noche?- le preguntó la dragona al demonio.

 

Éste asintió.

-   Puede que si. De todas formas me estiraré un poco.

 

-   Pues vete pidiendo algo de cenar para mi mientras yo convengo lo de las habitaciones.- ordenó la dragona para después acercarse a donde se encontraba el encargado del establecimiento.

 

No entendía cuales eran las costumbres de los demonios acerca de dormir y descansar. Siempre había oído que no necesitaban hacerlo. Pero de todas formas, cuando Zeros estaba en este plano optaba por mostrarse con apariencia  humana, y pensandolo bien, el demonio llevaba muchas horas en el mismo plano y habían caminado mucho. Cabía la posibilidad de que realmente estuviera cansado.

Volvió a la mesa que había elegido Zeros con cara de enfado.

 

-   No queda ni una sola habitación! Todo está ocupado!- dijo sentandose en el banco y apoyando los codos sobre la mesa.

Alzó la vista. El demonio ya no estaba en su sitio. Se había levantado y estaba hablando con el encargado. La dragona no podía escuchar lo que decían pero observó sus gestos con mucho interés.

 

Al rato, él se sentó de nuevo sonriendo.

 

-   ¿Qué te ha dicho?- le preguntó Filia.

 

-   Asunto arreglado.

 

Filia lo observó con cierto desconcierto.

 

-   ¿Y cómo lo has conseguido? Porque yo he ido antes y no había manera de convencerlo.

 

El demonio se encogió de hombros.

 

-   Digamos que uno tiene sus propios métodos de persuasión.

 

Filia soltó un pequeño gruñido.

 

-   No me digas que le has amenazado...

 

-   Qué mal pensada eres.- rió Zeros.

 

-   No. En serio.¿Cómo le has convencido?

 

-   Pues le he advertido de que como no te dejase una habitación, tu te enfadarías y te transformarias en dragón dentro de su negocio.

 

-   Zeros!!!- protestó Filia enfadada.

 

-   Es broma...!!

 

La dragona terminó su cena. Ambos se encaminaron hacia el piso superior donde se encontraban las habitaciones.

 

-   Lo que no te he dicho antes es que lo único que he podido conseguir es la habitación del propio encargado.

Filia se sobresaltó.

 

-   Zeros! Ya sabes de sobra que no me gusta compartir habitación con nadie!-dijo enojada.

 

-   Lo sé.- le respondió el demonio seriamente abriendo la puerta del cuarto.- Pero era lo único que había. Tendrás que descansar un poco antes de ponernos de nuevo en camino mañana.

 

La dragona entró seguida por Zeros. Observó con agrado que aunque la habitación no poseia muchos muebles y era muy sencilla, estaba bastante limpia.

 

Cogió la colcha que cubría el colchón y la estiró con un movimiento en el suelo.

 

-   ¿Qué haces?- le preguntó Zeros.

 

-   Preparar el sitio donde voy a dormir.

 

Zeros hizo un gesto con las cejas. No entendía.

 

-   Es lógico que si has sido tu el que ha conseguido la habitación te quedes con la cama.- añadió ella mientras desdoblaba  los bordes de la colcha.

 

El demonio la observó atento durante unos instantes. Luego añadió sin expresión alguna en su rostro:

 

-   No hace falta que duermas en el suelo. Podemos compartir el colchón como la otra vez. Tu te recuestas por debajo de las sábanas y yo por encima.

 

Filia lo miró seria. El demonio advirtió que estaba estudiando detenidamente la situación. Al  cabo de unos segundos ella se limitó a contestar:

 

-   Está bien.- y se dirigió al armario del encargado para tomar algo con lo que poder dormir. Encontró un pijama no demasiado viejo y fue a cambiarse al lavabo, cuando volvió observó que Zeros aún no se había acostado. Permanecia sentado en el borde de la cama.

La dragona no dijo nada, se fue a su lado del lecho y se recostó.

 

-   Voy a poner esto aquí.- dijo el demonio sonriendo poniendo su báculo entre su lado y el de ella.

 

Filia hizo una mueca de asombro. Le sorprendia ese gesto viniendo de él.

 

El rió ante la reacción de la dragona.

 

-   Es que verás...no es por nada...pero temo seriamente por mi integridad.- dijo señalando su trasero- La vez pasada se vió seriamente afectada por culpa de tus ataques matutinos.

 

-   Zeros!!!!!

 

-   Je,je!!

 

La dragona enrojeció hasta las orejas abochornada. Era cierto que había pellizcado su trasero confundiendolo con una almohada.

 

-   Pero me ha gustado, no te creas.- añadió éste burlón.

 

-   Uaaahhh! Namagomi!!!- y se tapó la cara con las sábanas.

 

Zeros apagó la luz y se recostó a su lado de la cama dandole la espalda a la dragona.

 

En la misma posición que el demonio, Filia estaba abstraída escuchando la respiración sosegada de él. Le relajaba.

 

-   Buenas noches.- susurró ésta.

 

-   Buenas noches.- le contestó el demonio.

 

Los minutos pasaban y ninguno dormía. Demasiadas cosas en las que pensar. Ambos permanecían inertes sin moverse y con los ojos cerrados esperando a que el sueño hiciera su aparición y les llevase con él.

 

-   Zeros...¿Duermes?- susurró suavemente Filia.

 

La dragona no recibió una contestación por parte él. Entonces se limitó a escuchar sosegadamente su  respiración.

 

 

 

Zeros se dió media vuelta y abriendo sus ojos rasgados observó la espalda de la dragona. Sus cabellos se deslizaban cayendo sobre la almohada como un cascada. Su cuello blanco y fino estaba al descubierto como dispuesto para recibir caricias.

El demonio alzó la mano y la colocó a menos de cinco centimetros de éste. Acercó su cara y la sumergió entre los cabellos dorados aspirando el aroma a vainilla fresca que desprendian. Con la otra mano tomó un mechón de ella y lo deslizó por su rostro. Era muy suave, tanto que le hizo estremecerse. Su respiración, antes pausada, comenzó a ser cada vez más intermitente. El pulso le fallaba, la mano suspendida encima del cuello de la dragona parecía rozarla. Cerró los ojos.

 

Su mano cedió y empezó a recorrer su hombro mientras le besaba los cabellos. Pronto esos besos se trasladaron al cuello, tan suave y dulce como había imaginado. Sus labios se deslizaron por el sin dejar un resquicio de piel sin probar. Su excitación iba en aumento. Era suya.

En un movimiento agil la agarró por la cintura apretándola fuertemente contra el para pasar en un arranque de deseo a acariciar de forma energica sus caderas. Al mismo tiempo le besaba ardientemente la oreja, forcejeando para llegar a lo más dulce, su boca.

 

Se perdería en ella. Tan bella.Recibir sus besos... Solo suya.Filia....

 

Abrió los ojos. Su mano permanecía en suspenso sobre el cuello de ella. Estaba bañado en sudor. Todo había sido fruto de su imaginación.

 Bajó la mano y miró al techo. El deseo permanecía, estaba ahí. Deseaba tenerla pero la respetaría. Necesitaba recibir su afecto, sin eso, no sería lo mismo.

 

Dió un vistazo rápido a la silueta de la dragona.

 

-   Necesito que ella....la necesito....- pensó esgrimiendo una sonrisa. En cierta forma se reía de si mismo, en otros tiempos esos pensamientos hubieran sido inconcebibles. En un movimiento brusco se levantó de la cama llevando el báculo consigo.

 

Intentó abrir la puerta despacio para no despertarla pero un crujido en la madera del suelo lo delató.

 

Filia, que había estado muy atenta a los cambios de respiración del demonio, se giró en dirección a la puerta.

 

-   Zeros...¿Qué ocurre?¿Te vas?- le preguntó con cierto desconcierto.

 

-   Duerme.-susurró complaciente el demonio- Nos vemos mañana.- añadió sonriendole y cerrando la puerta con mucho cuidado tras el.

 

 

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CAPÍTULO 9