Capítulo 6: Huyendo de Sherra

 

Los pasos de los viajeros por aquel camino embarrado podían oírse a metros de distancia. También se podían oír, incluso de más lejos aún, los gemidos que emitía uno de ellos.

La chica de pelo rosa claro trenzado y con moño a duras penas podía caminar. No era para menos: su cuerpo, antaño de buena figura y lleno de energía, ahora estaba escuálido. Más aún, no sólo su ropa le iba ahora tres tallas grande, dejando al descubierto las costillas que se entreveían a través de la fina piel, sino que además estaba demacrada, con toda la cara chupada y unas grandes bolsas con ojeras en sus párpados inferiores.

En resumen: aquella chica se había convertido, en el transcurso de unas pocas horas, en una especie de momia andante.

 

-          No puedo máaaaas… Me voy a moriiiiiir… - gimió la chica una vez más -.

-          Venga ya, Mina, que sólo hace tres horas que hemos empezado a andar… - le espetó el compañero que tenía justo detrás, de pelo negro azabache y ojos grises -.

-          Me muero de hambreeee… - siguió protestando la chica -.

-          Pero si hace nada que hemos desayunado… - volvió a la carga el chico -.

-          Un trozo de pan no es un buen desayunoooo…

-          ¿¡Un trozo de pan!? ¡Si te has comido la barra entera! – le gritó el chico, totalmente atacado de los nervios -.

-          Da igual, yo necesito desayunar fuerteee… Me falta energíiiiaaa…

-          ¡A ti sí que te voy a dar energía como no espabiles, tía vaga…!

-          Vale ya, chicos, no es el mejor momento para empezar con peleas… - intervino otro chico de pelo turquesa que iba justo detrás de ellos -.

 

Un cuarto hombre, de cabellos púrpura cortados a media melena y ropas de sacerdote, no dijo nada. Miraba al trío que tenía delante y su forma de discutir por todo con cara de satisfacción, mientras cargaba a sus espaldas a una niña que parecía su clon exacto, sólo que con el pelo más largo y de un tono tirando a añil, que roncaba de forma estridente.

Cualquiera que viera a este estrafalario grupo de viajeros, saldría corriendo sin dudarlo en dirección contraria.

 

-          No aguanto maaas… - volvió a gemir Mina cayendo al suelo de cara y empezando a arrastrarse como una culebra – Si no encuentro comida o algo con que distraerme, moriré sin remediooooo…

 

Justo en el momento de decir aquello, la chica chocó contra una bota embarrada que no correspondía con la de ninguno de sus compañeros. Miró hacia arriba y se encontró con un grupo de maleantes, asaltadores de caminos de poca monda… bandidos, en definitiva.

 

-          Muy bien, muchachos. – empezó el que parecía el líder, dirigiéndose más concretamente a Andracis y Valteria – Si apreciáis vuestra vida, entregadnos todo lo que llevéis de valor…

 

De pronto, el bandido líder empezó a escuchar una risa débil bajo sus pies. Miró hacia allá y reparó por fin en la chica escuálida del pelo rosa que se levantaba con dificultades del suelo sin dejar de reír. Una vez en pie, el volumen de su risa aumentó de forma considerable, dando lugar a una especie de risa maníaca, más propia de un asesino psicópata. Los bandidos estaban aterrorizados, aunque no eran los únicos…

 

-          Val… – dijo Andracis todo pálido, mirando a Mina como quien mira a una aparición – cuando se pone así, esta chica me da miedo…

-          Pues anda que a mí… - corroboró el dragón antiguo empalideciendo tanto a más que su compañero -.

 

Mina miró a los bandidos con ojos de loca y relamiéndose de satisfacción les dijo:

 

-          Vosotros seréis mi distracción…

 

Aquellas palabras sumadas al aspecto de momia viviente que ofrecía la chica asustaron aún más a los bandidos. Algunos empezaron a correr para salvar sus vidas pero ya era demasiado tarde.

 

-          ¡MEGA BRAND! – gritó ella extendiendo hacia ellos sus brazos -.

 

Se produjo una explosión a los pies de los bandidos de una magnitud tal que algunos de ellos fueron lanzados a varios metros de distancia. Mientras caminaba para no perder al grupo, Xellos vio cómo tres de ellos salían volando en dirección contraria.

 

-          Mmmm… ¿Qué pasa? ¿Qué es todo ese escándalo?

-          Vaya, ya te has despertado. – dijo Xellos al ver que su hija empezaba a desperezarse - ¿Cómo te sientes?

-          Pues… Un poco cansada, pero por lo demás estoy bien. – respondió ella bajándose de la espalda de su padre - ¿Qué ha pasado?

-          Náaa, una partida de bandidos que han probado una dosis de la magia de Mina… Nada serio…

-          Lo dices como si estuvieras acostumbrado… - observó la chica -.

-          Tendrías que haber estado junto a Reena el tiempo que yo estuve para comprenderlo. – fue la respuesta del demonio -.

 

No tardaron mucho en llegar a la escena “del crimen”. Mina estaba en pie, frente a un gran cráter que había en el suelo, de unos dos metros de diámetro, más o menos. Había recuperado su figura y sus energías y se la veía satisfecha mientras se sacudía el polvo de las manos.

 

-          Bueno – dijo dirigiéndose a sus compañeros de fatigas – con esto ya me siento con fuerzas para seguir… ¡Hala, gente, en marcha!

 

Los demás la siguieron sin chistar por temor a las consecuencias. Pero de pronto, la chica se volvió mirando al cielo. Algo caía de allí a toda velocidad. Cuando Mina extendió la mano y lo cogió, ese algo resultó ser una bolsa llena de monedas de oro.

 

-          ¡Qué suerte! – exclamó entusiasmada -.

 

                                               *           *           *

 

Una media hora después, el grupo estaba comiendo en un restaurante de un pueblo cercano. Como de costumbre los que más daban el espectáculo eran Mina y Andracis, cuya pelea por la comida había llegado a tales extremos que de vez en cuando trozos de comida salían volando. Sin embargo Valteria y Xellos no daban importancia a este hecho…

Lo que les dejaba totalmente flipados era la actitud de Índiga; jamás habrían imaginado que una chica que estaba destinada a convertirse en sacerdotisa, se comportara con aquellos modos en la mesa. La forma en que la semi-dragona devoraba sin pausa su comida, no tenía nada que envidiar a la batalla campal que se estaba desarrollando en la parte de Mina y Andracis.

Mientras devoraba unos espaguetis a la boloñesa, Índiga se percató de que las miradas de su padre y su hermanastro estaban fijas en ella.

 

-          ¡Ssslurp! ¿Qué? – inquirió sin dejar de masticar - ¡Glub! Tenía hambre. Os recuerdo que esta mañana no he desayunado…

-          ¡No, no, si no pasa nada, mujer! – disimuló Val - ¡Puedes comer todo lo que te apetezca!

-          ¡Ah, bueno! – suspiró la chica, y siguió comiendo como si tal cosa -.

 

Demonio y dragón antiguo no pudieron reprimir sendas gotazas de sudor.

 

-          Bueno, Val-chan – dijo Xellos cambiando de tema – tú que conoces bien el terreno: ¿Qué camino deberíamos escoger?

-          Veamos… - empezó Valteria sacando el mapa de la zona del bolsillo de su chaleco – En estos momentos nos encontramos justo aquí – dijo señalando el lugar en el mapa extendido sobre la mesa – a unas dos millas de Vezendy. Darien está a tan sólo un día desde Vezendy. Así que yo creo que lo mejor es que vayamos por la ruta que pasa por todos los pueblos… entre otras razones, para que Mina no se queje de que tiene hambre… - concluyó mirando de soslayo a la aludida y sudando de vergüenza ajena -.

-          Sí, supongo que es mejor así… - corroboró el demonio mirando a su vez a Mina -.

 

Repentinamente, una de las camareras dejó caer asustada su bandeja con todo lo que ésta contenía. Muchos de los clientes del restaurante dejaron escapar gritos ahogados y respingos de sorpresa y miraban nerviosos a la mesa donde Mina y sus camaradas comían. Ninguno de los que estaban en la mesa comprendían a qué venían esas caras.

Entonces Andracis se percató de que miraban sobretodo a Índiga. Él la miró a su vez de arriba abajo para ver qué había de extraño en la chica… Y finalmente lo encontró.

 

-          ¡Eh, Andy! ¿Qué ocurre? Estás un poco pálido… - interrogó Índiga al ver la cara que se le había puesto a su compañero -.

-          Eh… Índiga… de… debajo de… tu falda… - balbució el muchacho -.

 

Extrañada, la semi-dragona miró hacia donde él le señalaba…

Y descubrió una cola de dragón que asomaba. Aquello era probablemente lo que tanto había llamado la atención de los clientes del restaurante.

Los demás integrantes del grupo no tardaron en descubrirlo también y pronto intercambiaron miradas de preocupación al ver que cada vez había más gente mirando la cola de Índiga.

La chiquilla notaba todas las miradas clavadas en su cola. Podía incluso percibir los cuchicheos que algunas personas intercambiaban entre sí. Aquello era más de lo que la pobre Índiga podía soportar…

Bruscamente se levantó del asiento, agarró la mesa en la que estaban comiendo y se la tiró a todos los presentes, gritando más colorada que un tomate:

 

- ¡DEJAD DE MIRARME ASÍ, PERVERTIDOOOS!

 

La mesa dio de pleno a las cinco personas que estaban más cerca. Ahora Índiga estaba indignada y su cola estaba tiesa, como un mástil, perfectamente visible. Los gritos de la gente no tardaron en oírse por todo el restaurante:

 

-          ¡Un dragón! ¡Es un dragón!

-          ¿Un dragón? ¡Qué horror!

-          ¡Nos va a devorar!

-          ¡Miradla, está furiosa!

-          ¡Hay que matarla antes de que nos mate a todos!

-          ¡Ahorquémosla!

-          ¡Quemémosla viva!

-          ¡Eso! ¡Y a sus amigos también, que seguro que son dragones, igual que ella!

-          ¡Oigan! ¡Que yo de dragón no tengo nada…! – protestó Xellos -.

-          ¡Cállate y corre! – le gritó Valteria al tiempo que se lo llevaba arrastrando de un brazo fuera del restaurante -.

 

Mina, Andracis e Índiga no tardaron en seguir su ejemplo y huyeron en plan “pies para qué os quiero”, mientras detrás de ellos toda una horda de aldeanos furiosos, armados con antorchas, rastrillos, azadas y demás enseres del campo, les seguían los talones.

 

                                               *           *           *

 

Ya alejados del pueblo, Mina y sus compañeros se pararon a descansar. Después de horas de ser perseguidos por la horda de aldeanos, habían conseguido despistar a sus perseguidores en un bosque cercano, donde se habían detenido.

 

-          ¡Oye, tía, la próxima vez sé un poco más discretita con tu cola! – le espetó Mina a Índiga tras recuperar el aliento - ¡Por tu culpa casi nos queman en la plaza del pueblo!

-          ¡No es mi culpa que de vez en cuanto se me escape la cola! – lloriqueó la semi-dragona - ¡Todavía no tengo controlado eso de pasar de dragona a la apariencia humana!

-          Venga, chicas, tranquilizaos las dos. – dijo Xellos intentando poner paz – No hay porqué discutir de esa forma…

-          ¡Cada vez que hay cizaña en este grupo es porque tú pones los motivos, namagomi despreciable! – le insultó Val -.

-          Sabes que eso no es del todo cierto, Val-chan. – le corrigió el demonio aparentemente sereno - ¿O te tengo que recordar la que arman Mina y Andracis por su cuenta cada vez que van a un restaurante?

-          Sí, pero todo es culpa de Mina, que es una egoísta y no comparte la comida ni a tiros… - se quejó Andracis -.

-          ¡¡No soy una egoísta!! – le gritó la chica mientras derribaba al muchacho con una patada mortal en la cabeza -.

 

La pelea entre los dos adolescentes habría seguido de esa guisa de no ser porque de pronto Xellos giró bruscamente su cabeza en dirección a lo más interno de aquel bosque con cara de preocupación. Parecía como si acabara de detectar una presencia no deseada. Aquello picó la curiosidad de Mina, quien aflojó la llave de judo que le estaba haciendo a Andracis y le preguntó:

 

-          ¿Ocurre algo, Xellos?

-          ¿Eh? – el demonio pareció salir de su trance - ¡Oh, nada, cosas mías…! – de pronto se puso serio y dijo, dirigiéndose a Val, Mina y Andracis: - Escuchadme: debo irme para comprobar una cosa. Volveré como mucho en unas pocas horas. Hasta entonces, cuidad de mi hija.

 

Los tres jóvenes asintieron, aún sin saber a qué venía aquella petición. Seguidamente se dirigió hacia Índiga y poniéndole una mano en el hombro le dijo:

 

-          Procura estar siempre lo más cerca de ellos ¿Entendido? – la chica asintió – Y sobre todo, salvo en ellos tres, no confíes en nadie. ¿Me oyes? Absolutamente en nadie.

-          ¿Ni siquiera… - empezó ella dubitativa – ni siquiera en ti?

 

Hubo un momento de tenso silencio, durante el cual Xellos no dejó de mirar con ojos serios a su hija. Finalmente respondió:

 

-          Créeme hija, si en algún momento me conviniera más entregarte a Sherra para salvar mi pellejo, lo haría sin dudarlo. Por mucho que te cueste creerlo, de mí es de quien menos debes fiarte…

 

Tras aquellas confusas palabras, el demonio desapareció internándose en lo más profundo del bosque. Índiga miraba al claro en donde su padre había desaparecido sin saber qué pensar.

 

-          No te lo tomes como algo personal, Índiga. – le dijo Valteria adivinando sus pensamientos – Está en su naturaleza de demonio ser traicionero y mirar por sus propios intereses. Si te ha dicho eso es simplemente para que no te lleves una desilusión llegado el momento…

 

Índiga miró por un momento a su hermanastro y luego asintió sonriendo.

 

-          Bueno… - dijo Mina estirándose perezosamente – Ahora sólo tendremos que esperar a que regrese…

 

                                               *           *           *

 

-          ¡¡¿PERO QUÉ RAYOS ESTÁ HACIENDO ESE %#>Ω≈ Ǿ∫♂?!! – exclamó Mina - ¡¿A QUÉ VIENE ESO DE TARDAR TANTO?!

-          Tranquila, Mina – le intentó calmar Andracis – ya oíste lo que dijo, que quizás le llevará como mucho un par de horas…

-          ¡¡PERO ES QUE YA LLEVA MÁS DE OCHO HORAS FUERA!!

-          Eeeeh… bueno, a lo mejor se ha retrasado un poco…

-          Esto es absurdo. – sentenció Valteria poniéndose en pie – No pienso quedarme aquí sin hacer nada.

-          ¿Adónde vas? – le interrogó Mina -.

-          A dar un paseo por allí…

-          ¿Puedo ir contigo? – preguntó Índiga ilusionada -.

-          ¡Ni hablar! ¡Tú te quedas con…!

-          ¡Buena idea! – le interrumpió la hechicera - ¡Así vosotros os podéis ir a recoger algo de leña mientras Andracis y yo cazamos algo por allí!

-          Pero… - objetó el dragón antiguo -.

-          Anda, Val, no seas así, llévate a tu hermana y recoged leña para el fuego… Porfiii… - le imploró la chica con ojos de carnero degollado -.

-          Val, yo que tú la obedecería – le susurró Andracis al oído – Que si no se enfada y ya sabes cómo es ella cuando se enfada…

-          ¡TE HE OÍDO! – le gritó Mina al tiempo en que le daba una colleja que le tiró al suelo -.

 

Mientras la pareja volvía a pelearse como tantas otras veces, Val suspiró resignado y con un gotón resbalando por su frente y le dijo a Índiga:

 

-          Vaaale, como quieras… puedes acompañarme…

-          ¡Gracias, hermano!

 

¡Hay…! , pensó Val para sus adentros Lo que daría por tomarme un té de finas hierbas, sentado tranquilamente frente a un lago…

 

                                               *           *           *

 

Unos minutos después, Valteria cargaba a sus espaldas el montón de ramas que habían cogido, juntadas y atadas con unas cintas que había hecho cortando a lo largo ramas muy finas. Los dos hermanos caminaban el uno junto al otro, de regreso al lugar donde Mina y Andracis les estarían esperando.

 

-          Mira que mandarme a buscar leña… - murmuraba Val malhumorado – Yo sólo quería estar tranquilo por un momento y va Mina y…

 

Val se detuvo cuando vio que su hermana había bajado la mirada y callaba.

 

-          ¿Y tú qué? ¿No dices nada?

 

Ella no respondió. En vez de eso, se paró en seco y todavía con la cabeza gacha dijo:

 

-          Val, yo… quería acompañarte por un motivo…

 

El dragón antiguo, se paró también y calló, otorgando así a la semi-dragona a que continuara.

 

-          Val… ¿Cómo es mi madre?

 

Tan sorprendido estaba el dragón antiguo por esa pregunta que no supo qué responder al principio.

 

-          Eh… pues…aaah… ¿A qué viene esa pregunta? – dijo -.

-          Es que… papá nunca me lo ha dicho y yo… no me atrevo a preguntarle… - se excusó ella – Además tú has estado más tiempo con ella… ¡Por favor, Val! – le rogó juntando las manos en señal de súplica - ¡Dime cómo es ella! ¡Sólo te pido ese favor…!

-          ¡Vale, vale, está bien, no hace falta que supliques por ello! – le tranquilizó él – A ver… por dónde empiezo…

-          ¿Es guapa? – interrogó ella -.

-          Puessss… - empezó poniéndose un poco colorado – Hombre, es rubia, de ojos azules… apariencia joven… Sí, yo diría que es bastante guapa…

-          ¿Y en cuanto al carácter? – preguntó ella de nuevo -.

-          Esteee… Bueno a ti no voy a engañarte: lo cierto es que es muy dura enseñando y muy estricta con las normas también… Pero… a pesar de todo, es una madre cariñosa, atenta, se preocupa mucho por mí y…

 

De pronto Val se dio cuenta de que Índiga le estaba escuchando embelesada. Aquello lo intimidó un poco; no estaba acostumbrado a ser escuchado tan atentamente, de hecho, no se le daba bien hablar en público.

 

-          Eeeem… ¡Claro que yo tampoco puedo decirte gran cosa! ¡Es mejor que lo juzgues por ti misma…!

-          Está bien. – le tranquilizó ella – Gracias, Val; significaba mucho para mí saberlo…

-          ¡Je, je! ¡De nada! ¡Para eso estamos los hermanos…!

 

De pronto, unos arbustos cercanos se agitaron. Val presintió que alguien les espiaba y rápidamente se puso en guardia, apuntando al matorral con su lanza mientras le decía a Índiga:

 

-          Quédate detrás de mí…

 

La chica, que también había presentido aquel espía, obedeció asustada. Valteria se acercó poco a poco hacia el matorral, siempre con la lanza enfrente, en guardia y alerta por lo que pudiera pasar. Cuando ya estuvo lo suficientemente cerca, asió su arma por su parte más baja y la lanzó contra lo que quiera que hubiera allí dentro.

Al principio no pasó nada, pero el dragón antiguo permaneció alerta un buen rato. Viendo que seguía sin pasar nada, fue a recoger su lanza. Y en ese momento algo se le echó encima. Valteria gritaba dolorido por los arañazos que le propinaba la bestia en la cara, con uñas afiladas como cuchillas, mientras trataba de quitársela de encima.

Cuando tras muchos esfuerzos lo consiguió, buscó a tientas su lanza y la apuntó hacia su agresor.

 

-          Un… ¿Un gato? – preguntó sorprendido -.

 

Efectivamente: la bestia rabiosa que le había atacado hacía un momento no era otra cosa que un gato salvaje, de pelaje azulado con rayas verdes como sus ojos, que miraba al dragón antiguo con cara de pocos amigos, bufando y con los pelos del lomo erizados, en señal de amenaza.

 

-          ¡Ay, un gatito! – exclamó Índiga al verlo - ¡Pero qué mono es!

-          Espera, Índiga, no te acerques, puede ser peligroso… - le advirtió Val -.

 

Sin embargo, y por extraño que pareciese, el gato se dejó coger sin mayores problemas por la semi-dragona. Es más, ronroneaba feliz mientras ésta le acariciaba la barbilla.

 

-          Siempre me han gustado los gatos. – le explicó la chica – En el templo solían decirme que tenía buena mano con estos animales… pero nunca me dejaron tener uno… - luego, dirigiéndose al gato sin dejar de acariciarle la barbilla, le dijo en tono meloso – Te encanta que te haga esto ¿verdad que sí, bonita? ¡Ay, pero qué requetebonita que es mi chiquitina…!

-          ¿Cómo puedes estar tan segura de que es una hembra? – preguntó Val con curiosidad -.

-          Muy fácil – le respondió ella - las hembras nos reconocemos entre nosotras… ¿verdad que sí, bonita?

 

Mientras la gata maullaba en lo que podría llegar a considerarse como una respuesta afirmativa, Val se cayó de culo, sudando de vergüenza ajena. Vaya una deducción más tonta…, pensó.

 

-          ¿Podemos quedarnos con ella, hermano? – preguntó la chiquilla con ojos tiernos – Porfaaaaaa…

 

La gata la imitó poniendo los mismos ojitos suplicantes. Val sudó más todavía si cabe. En estos momentos se encontraba ante un gran dilema.

 

                                               *           *           *

 

-          A ver si lo he entendido bien… - dijo Mina - ¿Has dejado que se quedara con esa gata?

-          ¡¿Y qué hubieras hecho tú, si te mirara con esos ojos de carnero degollado?! – le espetó Valteria molesto -.

-          Pues muy sencillo: decirle que no. – respondió ella – Con niñas como ella hay que tener mano de hierro.

-          Como se nota que no estabas con nosotros en ese momento… - comentó el dragón antiguo con una gota resbalando por su frente -.

 

La noche había caído y Xellos seguía sin aparecer. Los tres “guardianes” estaban discutiendo alrededor de una fogata en la que asaban la caza del día, mientras no lejos de allí Índiga jugaba con su nueva mascota. La niña trataba de hacer que la gata fuera a por una pelotita y se la trajera de nuevo.

 

-          Con los gatos eso no funciona. – comentó Andracis como dirigiéndose a la semi-dragona – Yo me acuerdo que teníamos una vecina que vivía con un montón de gatos, a la que yo visitaba con frecuencia. Cada vez que intentaba que uno de los gatos fuera a por la pelota, primero miraban a la pelota rodar por el suelo y luego me miraban a mí como si fuera idiota…

-          Pues me parece que esta gata es de las que les gustan perseguir pelotas… - comentó Val al ver que no sólo la gata corría detrás de la pelota cada vez que Índiga se la tiraba, sino que luego de atraparla se la devolvía a su dueña moviendo la cola -.

 

Contenta al ver que la gata la obedecía, Índiga volvió a lanzarle la pelota. Ésta vez rodó hasta los pies de Mina, quien cogió a la felina cuando se acercó.

 

-          Hum… - murmuró poniendo cara de indiferencia - ¿Qué tiene de especial? Sólo es una estúpida gata sarnosa…

 

Fue decir aquello y la gata se le tiró encima con la intención de hacerle una cara nueva. Afortunadamente Índiga estaba cerca para disuadir a la gata de dejar en paz a su víctima.

 

-          ¡¡A ESA GATA ME LA COMO FRITA CON PATATAS!! – exclamó Mina enfurecida y con unos cuantos arañazos en la cara -.

-          No tenías que haberla hablado así. – le riñó Índiga mientras acariciaba el lomo de la gata enfurruñada – Los gatos lo entienden todo y son muy susceptibles…

-          ¿CÓMO VA A ENTENDER ALGO? ¡SI SÓLO ES UNA GATA ESTÚPIDA!

 

Ante aquel insulto, la gata le bufó.

 

-          ¿Lo ves? – le espetó la semi-dragona de nuevo -.

-          Inteligente o no – intervino Andracis – no sé si es buena idea adoptar una mascota. ¿Qué dirá Xellos respecto a esto?

-          Honestamente, yo creo que ya se ha desentendido de nosotros. – murmuró Valteria – Sólo así se explica que esté tardando tanto…

-          ¡No digas eso, Val! Volverá, de eso estoy segura. – dijo Índiga, muy convencida ella – Y cuando lo haga, le convenceremos entre todos ¿vale?

-          ¡Ni hablar! – se negó Mina -.

-          Porfa, Mina-san… - le suplicó con ojitos tiernos -.

 

Aunque la gata imitó también los ojos de carnero degollado de su ama, Mina mantuvo el control. No, ella no se dejaría convencer como Val. Tendría que ser firme, mantenerse en sus trece y no ceder…

Claro que era muy difícil teniendo las dos, gata y dueña, los mismos ojitos que imploraban un “sí”… Y lo peor es que por más que ella insistiera en resistirse, ellas aguantaban aún más... Las miró de soslayo, miró al tendido tratando de desviar su atención, pero siempre volvía a mirar esos ojitos brillantes… No tardó en resartársele una vena de la frente…

 

-          ¡¡AAARRRGH!! ¡ESTÁ BIEN, ESTÁ BIEN, TRATAREMOS TODOS DE CONVENCER A XELLOS, PERO TÚ DEJA DE PONER ESA CARA!

-          ¡Gracias, Mina-san! – exclamó la niña entusiasmada abrazándola tan feliz -.

-          Je, je… Aquí tenemos a la que presumía de tener “Mano de hierro”… - le susurró Val con una sonrisita socarrona dibujada en el rostro -.

-          Val… Tú no me tientes, que te la ganas…

 

                                               *           *           *

 

Una plataforma iluminada por un haz de luz proveniente del cielo.

Dos armas de luz ubicadas en dos puntos de la plataforma.

Y un hombre justo en el centro, mirando con satisfacción hacia arriba, hacia una criatura que chillaba mientras se debatía por atravesar la estrecha puerta que le llevaba a aquel mundo.

Era una criatura de apariencia aterradora, como una calavera de ojos brillantes envuelta en una densa humareda negra como la noche. Su nombre es Estrella Oscura. Uno de los cuatro grandes demonios que rigen cada uno de los cuatro mundos creados por la Diosa de la Pesadilla Eterna.

El hombre le habló desde la plataforma:

 

-          ¡ESTRELLA OSCURA! ¡YO ME OFREZCO A TI EN SACRIFICIO! ¡TOMA MI CUERPO Y A TRAVÉS DE ÉL CUMPLE NUESTRA VENGANZA!

 

Con un chillido atronador, Estrella Oscura extendió su cuerpo negro sin forma, atrapando en su interior al hombre que se había ofrecido en sacrificio. Aún siendo tragado por la oscuridad más inmensa, el hombre no dejó de sonreír.

Como si hubiera esperado aquello mucho tiempo.

 

-          ¡¡¡¡NOOOOOOOOO!!!!

 

Valteria se despertó repentinamente, sudando de pies a cabeza. Su respiración era agitada y sus pupilas, dentro de su iris color ámbar, eran unos puntitos a duras penas perceptibles.

 

-          Val ¿estás bien? – le preguntó Mina, quien se había despertado con el alboroto y miraba al dragón antiguo preocupada - ¿Qué te pasa?

-          Eh… Nada, nada… - disimuló él intentando parecer tranquilo – Sólo… sólo era una pesadilla…

-          Pues debió ser muy fuerte, por la forma en que gritabas… - comentó la chica sentándose a su lado -.

-          No… No es que fuera especialmente fuerte… pero… - hizo una pausa, miró a Mina y lanzando un suspiro de resignación continuó: - … pero él estaba allí…

-          ¿”Él”? – preguntó ella sin comprender -.

-          El protagonista de todas mis pesadillas – le explicó – es siempre el mismo… Un demonio con un gran cuerno en la cabeza… un brazo deforme lleno de escamas y con garras largas y afiladas… de cuerpo muy delgado, con el torso marcado por las costillas que pueden entreverse a través de la piel y muchas cicatrices… Lo cierto es que ese demonio se parece a mí en algunas cosas, por ejemplo, ambos tenemos el pelo turquesa, ojos ambarinos… y lo que parece más sorprendente, las mismas cicatrices en las mejillas…

-          ¿Y las pesadillas?

-          Distintas e iguales al mismo tiempo… - respondió – Son… como fragmentos de una misma historia que se presentan sin orden ni concierto… a veces aparece mi madre también, en otras el demonio está solo… incluso en una ocasión, también apareció el impresentable de Xellos… Y todas las pesadillas son tan reales, que entre eso y el parecido que tenemos yo y ese demonio que las protagoniza, a veces tengo la impresión de haberlas vivido…

-          Val… - le tranquilizó Mina masajeándole los hombros - … las pesadillas son sólo eso: pesadillas… ¡Relájate, hombre! A veces pienso que te preocupas demasiado por nada…

 

Valteria miró a los ojos azules de la chica, despreocupados, optimistas, llenos de luz y vida. Ahora entendía porqué Andracis estaba tan colado por ella; era difícil no establecer alguna clase de simpatía o de amistad con aquella muchacha que sólo con la mirada y las palabras sabía como levantarte el ánimo, aunque a veces resultara demasiado optimista… Pero eso era algo que el dragón antiguo agradecía.

 

-          Puede que tengas razón… - dijo al cabo de un rato – No son más que pesadillas, al fin y al cabo. Perdona que te haya despertado…

-          No te preocupes. Ha sido un placer poder ayudarte… ¡Uaaah! – bostezó ella – En fin, buenas noches…

 

Nada más decir aquello, Mina se metió en su saco de dormir y comenzó a roncar. Valteria se envolvió en su manta dispuesto a hacer lo mismo.

Pero algo se lo impidió.

Súbitamente, detectó una presencia cerca del lugar donde acampaban. Acechándoles, acercándose cada vez más… El dragón antiguo se levantó como por un resorte, con la lanza dispuesta y las alas extendidas.

 

-          ¿Y ahora qué te pasa? – preguntó Mina todavía con modorra -.

-          Tenemos que irnos ya. – sentenció Val -.

-          ¿Porqué?

-          Alguien viene hacia aquí… Creo que es un demonio…

-          ¿Xellos? – preguntó la chica esperanzada -.

-          No. – negó él – A esa rata inmunda la detectaría a kilómetros de distancia… No, este es distinto. Su energía vital es diferente, jamás la había sentido antes…

-          ¿Crees que pueda ser…? – Mina ya estaba temiendo lo peor -.

-          Es muy posible. – dijo él antes de que ella acabara la pregunta – Despierta a los demás cuanto antes. ¡Deprisa!

 

No tuvo que repetírselo dos veces. Rápidamente se encaminó hacia el lugar donde dormía Andracis y lo agitó para despertarle.

 

-          Hummm… Mamá, no quiero ir al colegio… - dijo en sueños – Los niños se burlan de mí…

-          ¡QUE TE DESPIERTES YAAAAAA! – le gritó Mina ya harta, dándole a su compañero una bofetada tras otra hasta que se le pusieron las mejillas como pimientos rojos -.

-          ¡¡Jolín, Mina, mira que eres burra!! – exclamó Andracis ya despierto - ¡No tenías porqué despertarme de esa forma!

-          Pero si estabas completamente sobado… - dijo Mina con un gotón de sudor en la frente -.

-          ¿Qué pasa? – preguntó Índiga frotándose los ojos cansada - ¿Porqué tanto alboroto?

-          Te lo explicaremos más tarde, ahora hay que salir de aquí. – le respondió Val mientras se la cargaba al hombro -.

-          ¿Pero porqué? – preguntó a su vez Andracis, mientras era arrastrado por Mina -.

-          ¡Ya has oído a Val; te lo explicaremos más tarde!

 

                                               *           *           *

 

Minutos después, nuestros aventureros se detenían para recuperar el aliento después de la carrera.

 

-          ¿La hemos despistado? – preguntó Mina entre jadeos.

-          Creo que sí… - respondió Val mirando a todos lados – No noto presencia demoniaca en los alrededores…

-          ¿Presencia demoniaca? – preguntó Andracis y tras darse cuenta de lo que hablaban, exclamó: - ¿¡Me estáis diciendo que hace un rato Sherra nos estaba persiguiendo!?

-          ¿¡No era evidente!? – le gritó Mina impacientada -.

-          ¡Pues podrías haberme avisado, por lo menos para saber porqué corría! – le espetó él -.

 

Mientras la pareja volvía a discutir, Val oyó el carraspeo de Índiga.

 

-          Val – le dijo ésta – puedes bajarme, que ya sé andar yo solita…

-          ¡Ah, sí, perdona! – se disculpó Val, bajándola de su hombro y depositándola en el suelo delicadamente -.

-          ¡Y vosotros dos! – dijo a continuación la chica dirigiéndose a Mina y Andracis - ¡Si no dejáis de pelearos, Sherra no lo tendrá muy difícil para localizarnos!

-          ¡Oye! – gritó Mina enojada, ya que no estaba acostumbrada a que alguien de su edad le diese órdenes - ¡No tengo porqué aguantar las reprimendas de una niñata!

-          ¿¿NIÑATA?? ¡¡Repite eso si te atreves!! – replicó Índiga hecha una fiera, conjurando al tiempo lo que se parecía peligrosamente a una Bola de Fuego -

-          Chicas, chicas… - intentó apaciguarlas Val – Calmaos un rato, por favor…

 

Súbitamente, una ráfaga de aire frío sopló a espaldas de Andracis. El muchacho se giró y oyó los pasos de una criatura que se acercaba a ellos con paso firme.

 

-          ¡Alguien se acerca! – avisó a sus compañeros - ¡Escondeos, deprisa!

 

Rápidamente todos le siguieron y se escondieron detrás de unos matorrales del camino. No tardaron en escuchar cada vez más de cerca las pisadas de su perseguidor hasta que éste se detuvo cerca de los matorrales. La criatura entonces empezó a olfatear el aire. Al tiempo que lo hacía, el aire de su alrededor se tornó de un frío congelador, tan helado que los cuatro jóvenes no tardaron en empezar a tiritar de frío. Aquel movimiento llamó la atención del perseguidor, quien se acercó más y más a los matorrales, olfateando sin cesar en busca de algo que le indicara si estaban allí. Mina y sus compañeros trataron de aguantar el frío y permanecieron muy quietos y en silencio.

Aquello pareció funcionar porque poco después, la criatura se marchó.

Tras asegurarse de que se había alejado lo suficiente, los cuatro suspiraron aliviados.

 

-          ¡Fiu! Por los pelos… - murmuró Mina -.

 

Pero el alivio duró muy poco. De pronto, una mano desconocida agarró a Mina por la espalda y la arrastró fuera de los matorrales. La chica intentó chillar, pero la mano le tapó la boca, ahogando su grito.

 

-          ¡Ssssh! ¡Mina, tranquila, soy yo!

-          ¡XELLOS!

 

En efecto, el demonio había vuelto finalmente, como todos pudieron comprobar tras salir de su escondite.

 

-          ¿¡Donde rayos te habías metido!? – le dijo Val en tono de reproche - ¡Sherra ha estado persiguiéndonos y tú…!

-          Ya sé que Sherra está aquí, Val-chan. – le interrumpió Xellos – Sentí su presencia esta mañana, por eso me fui a investigar. Pero a media tarde le perdí la pista y estuve dando vueltas por el bosque hasta que volví a sentirla cerca del campamento. Cuando fui allí y no os vi me temí lo peor. ¿Porqué no me habéis esperado, como os dije?

-          ¿Tú esperarías a alguien que tarda demasiado en regresar, sabiendo que una demonia te está siguiendo los talones? – preguntó Andracis con sorna -.

-          Chicos, por favor – dijo Mina interrumpiendo la discusión – no es momento de charla, tenemos que largarnos antes de que Sherra…

-          ¡Oh, no! – exclamó Índiga de pronto - ¡No está! ¡Gatita se ha perdido! ¡¡Gatita!! ¿¡Gatita, donde estás…!?

-          ¿”Gatita”? – preguntó Xellos extrañado -.

-          Una gata salvaje que encontramos en el bosque y que Índiga se empeñó en tener como mascota… - le explicó Valteria, como si no tuviera mayor importancia -.

-          Y con una mala leche que se las gasta… - añadió Mina refunfuñando -.

-          Pobrecita… - murmuró Andracis a su lado, haciendo como que se secaba una lágrima con un pañuelo – Tan parcial sólo porque la gata le arañó la cara…

-          Tú tampoco eres muy imparcial, precisamente porque me arañó a mí y no a ti… - le espetó Mina -.

 

Pero Xellos ya no prestaba atención a la discusión. Su rostro parecía mostrar preocupación cuando cogió a su hija por los hombros, girándola hasta encararse con ella para preguntarle a continuación:

 

-          ¿Cómo era esa gata que os encontrasteis en el bosque?

-          Pues… - dijo Índiga tratando de hacer memoria – Era de un tamaño similar al del resto de gatos, pero tenía un pelaje la mar de extraño: azul con rayas verdes. Nunca había visto algo igual…

 

Xellos puso esta vez cara de pavor al oír aquello. Su semblante rápidamente  cambió a uno severo cuando le reprochó a Índiga:

 

-          ¡Niña estúpida! ¿¡No te dije que no te fiaras de absolutamente nadie!?

 

Índiga miraba a su padre dolida, sin articular palabra y sin comprender a qué venía la regañina. Después de todo, lo único que había hecho era recoger a una pobre gatita perdida en el bosque…

De pronto una fuerte ráfaga de viento helado se levantó. Xellos se giró alarmado justo antes de que algo afilado le rajase la espalda.

El demonio gritó de dolor mientras todos miraban alarmados cómo caía al suelo.

Índiga y Val fueron los primeros en ir para socorrerle. Mientras la primera lo sujetaba, el segundo inspeccionó la herida. No había duda de que había sido producida por una espada. Sin embargo…

Los demonios no pueden ser heridos con armas convencionales por poseer un cuerpo astral y un “cuerpo” falso resultado de la proyección del cuerpo verdadero en el plano físico. Pero aquella espada había atravesado limpiamente la espalda del demonio, incluso una especie de niebla espesa y negruzca empezaba a emanar de la herida abierta. Mientras el dragón antiguo se preguntaba qué clase de espada podría haberle producido semejante daño, un maullido se oyó de repente en la oscuridad.

La gata de pelaje azulado a rayas verdes salió de entre las sombras, lenta y majestuosamente, bamboleando la cola de un lado a otro. Su rostro parecía mostrar satisfacción, al tiempo que se sentaba sobre sus patas traseras justo enfrente del grupo, ronroneando.

 

-          ¡Gatita! – exclamó Índiga al ver de nuevo a su mascota – Menos mal que te encontramos… No puedes quedarte aquí, hay un demonio suelto…

-          Índiga… - dijo Xellos con voz débil -.

-          Vamos, Gatita. – volvió a llamar la chica al ver que la gata no reaccionaba – Ven, tenemos que irnos…

-          ¡Índiga! ¡No te acerques a ella…! – le advirtió Xellos nuevamente -.

-          ¿Pero qué dices, Papá? – le espetó ella sin hacerle caso - ¿No ves que es inofensiva? Venga, Gatita – añadió dirigiéndose nuevamente a la gata, alargando su mano hacia ella – tienes que venir conmigo…

 

Súbitamente, la gata arañó la mano que Índiga le tendía, sin que ésta pudiera reaccionar. Debido a su media naturaleza de demonio, la herida de las zarpas del animal cicatrizó a los pocos segundos, pero la pobre chica no prestó atención; miraba asustada a la gata que, hace tan sólo unas horas, jugaba con ella y se dejaba acariciar pacíficamente, aquella gata que ahora la miraba con los ojos entornados.

Ojos llenos de maldad.

 

-          Gatita… - murmuró – Pero… ¿porqué…?

-          Porque ya no te necesito para nada, chiquilla estúpida. – respondió la gata con voz humana -.

 

A estas alturas, todos los del grupo ya contemplaban, con una mezcla de temor y sorpresa en sus miradas, como la gata cambiaba a una forma humana, de la misma forma en que habían visto transformarse a Zellas.

El resultado de la transformación fue una joven de cabellos cortos azulados, recogidos en una pequeña trenza, vestida con una casaca del mismo tono de azul, pantalones blancos, botas altas verde botella, hombreras con flecos bordados en dorado y un cinto que ceñía una espada.

Además de esos ojos verdes, que aunque más grandes que los de Zellas, desprendían la misma crueldad mientras sonreía.

 

-          Me alegra verte de nuevo, Xellos-san.

 

                                               *           *           *

 

Con gran esfuerzo, Xellos se puso en pie, apoyándose en su báculo. Mantenía la mirada fija en su rival, igual que los ojos verdes de ella estaban fijos en él, e intentaba a duras penas esbozar una sonrisa.

 

-          Quisiera decir lo mismo, querida Sherra… pero lo cierto es que tu recibimiento no ha sido muy cordial que digamos… - respondió él irónico, acentuando su sonrisa -.

-          Oh, al contrario. – dijo Sherra – Si no hubiera sido cordial contigo a estas alturas estarías muerto… Pero en estos momentos me sirves mejor vivo, así que he decidido concederte unas horas más de vida…

-          ¡Ooooh, vaya, qué honor! – volvió a ironizar Xellos – No sabía que fueras tan generosa…

-          Menos guasa, Xellos – le cortó ella finalmente – Iré al grano: tú tienes algo que me interesa y quiero que me lo entregues.

-          Bueno, yo podía darte muchas cosas… - dijo el demonio haciéndose el tonto – Como no concretes más…

-          Sabes perfectamente de lo que te estoy hablando. – dijo ella secamente – Hace unos días estuviste en las ruinas de Sailon, buscando algo… ¿o debería decir alguien? – llegados a este punto Xellos no pudo ocultar su sorpresa – Sí, sé que entre el grupo que te acompaña ahora se encuentra una chica que encontraste allí, con un poder casi ilimitado, tanto que ha conseguido poner a tu señora fuera de juego durante un tiempo.