Capítulo 7: Aqua y los Soul-reapers

 

Mina y sus compañeros llevaban ya horas caminando bajo el sol del mediodía. Contrariamente a lo que era habitual en el grupo, no conversaban alegremente, ni discutían, ni hacían ningún comentario. Ni siquiera Mina se quejaba del hambre que tenía ni de lo cansada que estaba.

La razón se resumía en una sola palabra: Índiga.

La dragona-demonia había permanecido durante todo el camino con la cabeza gacha, andando a paso firme pero lento. Ni un atisbo de sonrisa asomaba por el rostro de la chica, por lo general alegre y despreocupada. Y eso hacía que los demás se entristecieran y no osasen decir “Esta boca es mía”.

La situación empezaba a hacerse insostenible, así que Mina decidió romper el hielo.

 

-          ¡Eh, venga Índiga, anímate! – dijo ella acerándose por detrás de la chica y dándole una fuerte palmada en la espalda, que curiosamente no la alteró lo más mínimo – No vas a estar así de tristona todo el día, ¿verdad?

 

Silencio. La semi-dragona permanecía inmutable, con la cabeza aún gacha.

 

-          Esteee… ¡Lo digo porque hoy hace un día muy soleado! – lo intentó Mina de nuevo señalando al cielo - ¿Ves? ¡Con un día así de bonito no se puede estar triste! ¡Ja, ja, ja, ja…!

 

No hubo nada que hacer: Índiga siguió caminando impasible. Había llegado incluso a adelantar al grupo principal. Mina suspiró y se rindió.

 

-          ¡Eh, chicos, venga, que alguien le diga algo! – dijo dirigiéndose a los otros tres - ¡Yo ya no sé qué más hacer!

-          Bueno, yo lo intentaría, pero… - se excusó Andracis -.

-          No te disculpes, Andy. – le interrumpió Valteria – Todos sabemos que si alguien está en obligación de decirle algo, ése es Xellos… - añadió mirando despectivamente al demonio -.

-          ¿Y porqué yo? – preguntó Xellos como ofendido -.

-          ¡Pues porque es tu hija, namagomi despreciable! – le espetó el dragón antiguo – Aunque claro, con un padre tan irresponsable como tú, qué va a hacer la pobre chica… - añadió en tono despreciativo -.

 

Aquello hirió a Xellos en su orgullo. Pero no por ello iba a dejarse avasallar sin contraatacar…

 

-          Ya, claro. Y tú cómo sólo eres su hermanastro, te lavas las manos… ¡Vaya una conducta tan egoísta la tuya! Claro que siendo un dragón… ¿De qué me extraño? ¡Si todos sois iguales! ¡Ja, ja, ja, ja, ja…!

-          ¿¡A QUIEN LLAMAS EGOÍSTA, NAMAGOMI IDIOTA!? – le gritó Val completamente enfurecido -.

-          ¡NI SE TE OCURRA VOLVERME A LLAMAR ASÍ! – montó en cólera a su vez el demonio - ¡UN RESPETO A TUS MAYORES!

-          ¡YO NO RESPETO A DEMONIOS COMO TÚ…!

 

De repente una risa empezó a oírse, al principio bajita, pero que luego iba aumentando progresivamente de volumen. Demonio y dragón dejaron de discutir cuando descubrieron, con estupor, que la que se estaba carcajeando a su costa era Índiga.

Cuando por fin la chica consiguió parar de reír y se secó las lágrimas, sonrió y poniendo sus ojos risueños dijo:

 

-          Gracias Papá, gracias hermano, me habéis animado mucho…

 

Y sin decir más, volvió a ponerse en marcha, esta vez poniendo las manos sobre la nuca y silbando alegremente. Todavía confusos, Val y Xellos se miraron el uno al otro. Cuando se dieron cuanta de lo que hacían, rápidamente apartaron sus caras y se giraron de espaldas al otro, cruzando sus brazos y alzando los mentones en actitud de superioridad.

Después de aquello, volvieron a reanudar la marcha. Mina sonrió un poco para sus adentros al ver cómo demonio y dragón caminaban cada uno en un lado opuesto del camino, ignorando al otro por completo. Realmente no le extrañaba nada que Índiga se hubiera puesto a reír al verlos discutir: parecían dos niños chicos.

El grupo de aventureros por fin había recuperado la normalidad.

 

                                               *           *           *

 

Cuando ya pasaban unas horas del mediodía, el grupo se detuvo y acampó en el claro de un bosque que estaba al borde del camino. En principio sólo pretendían descansar las piernas un rato y echarse una siestecita a la sombra de los árboles, pero al cabo de unos minutos a Mina le empezó a entrar el gorigori…

 

-          ¡Aaaargh! ¡Maldita sea! – gruñó Mina cuando su estómago retumbó por decimoquinta vez - ¡Con esta hambre es imposible descansar!

-          Mira que eres quejica… - comentó Andracis, pero tubo que callarse cuando descubrió que también su estómago le gruñía - …aunque también yo empiezo a tener un poco de hambre…

-          ¡Ey, Mina-san! – le llamó la atención Índiga – Acabo de acordarme: he visto un pequeño lago a poca distancia de aquí. ¡Podríamos ir a pescar algo! – concluyó entusiasmada -.

-          Sí y también ronda por aquí una manada de gamos. – comentó Val – Si pudiéramos cazar alguno…

-          ¡…O alguna perdiz! – añadió Andracis -.

-          Bueno, está bien – dijo Mina calmando los ánimos – haremos esto: Índiga y yo iremos a pescar al lago. Val, tú y Andracis id a cazar lo que podáis. Y tú… - empezó cuando dirigió la vista a Xellos - …supongo que al final harás lo que te venga en gana ¿no?

-          ¡Desde luego! – respondió el demonio con una sonrisa de oreja a oreja -.

-          Ay… vale, entonces simplemente vigila el campamento de cuando en cuando, por si las moscas… ¡Bien, equipo, en marcha!

 

                                               *           *           *

 

-          Índiga, te voy a enseñar un truco que te va a ser muy útil. – le dijo Mina cuando ya habían llegado a orillas del lago -.

-          ¿Un truco? ¿Y cuál es? – preguntó la semi-dragona con curiosidad -.

-          Observa: primero de todo, cojo uno de mis cabellos… hum… - murmuró cuando se dio cuenta de que aún los tenía amarrados con la trenza - … bueno, primero tendré que deshacerme la trenza… espera un segundo.

 

Primero se quitó la cinta negra que mantenía la trenza en alto en una especie de moño; después se quitó la goma que mantenía sujeta la trenza por su extremo y procedió a desenredar los mechones con mucho cuidado; por último se alisó el pelo, que quedó como una larga melena rosada que ondeaba con la brisa.

Mina se sorprendió sobremanera cuando se dio cuenta de que Índiga se había quedado mirándola completamente anonadada.

 

-          Mina-san… - murmuró la semi-dragona – No sabía que tuvieras un pelo tan bonito… ¿Porqué no te lo dejas suelto?

-          ¿Eh? ¿Dejármelo suelto? ¡Ni hablar! – se negó la chica rotundamente -.

-          ¡Pero si te queda muy bien! – insistió la otra – Con lo sedoso y brillante que lo tienes… ¡No sé por qué te lo coges con trenza!

-          No… Nunca me ha gustado suelto ¿vale? – se defendió ella – Me… me hace parecer muy chica…

-          ¿Y eso que tiene de malo? – preguntó Índiga toda risueña y riéndose débilmente –.

-          ¡Tú no lo entiendes…! Si parezco muy chica, me tomarían por débil… - se excusó Mina - Y yo soy la hija de la terrible Reena Invers… tengo una reputación que mantener…

-          Bueno… - comenzó la otra con aire pensativo - A veces es más importante lo que tú creas que lo que los demás opinen de ti ¿no crees?

 

Esta vez Mina no quiso responder. Sin más, se arrancó de raíz uno de sus rosados cabellos y volvió a recomponerse su trenza. Después, cogió una rama fina de un árbol y ató en su extremo el cabello. Seguidamente recitó un hechizo en voz baja, se puso en posición y lanzó el improvisado sedal al lago.

 

-          ¿No pones cebo? – preguntó Índiga extrañada -.

-          Ah, eso es lo mejor de todo: - respondió Mina guiñándole un ojo - no hace falta cebo de ninguna clase. Ahora verás porqué…

 

Nada más decir aquello, el hilo se agitó en el agua. Y cuando Mina tiró hacia atrás con todas sus fuerzas, resultó que había pescado una gran carpa.

 

-          ¡Vaya! – exclamó la semi-dragona sorprendida - ¿Y todo eso lo consigues poniendo un cabello tuyo de sedal?

-          En realidad – aclaró Mina – vale cualquier tipo de cabello que sea mínimamente largo, incluso funcionaría con un hilo convencional. Lo que realmente importa es pronunciar la “palabras mágicas”… Lo único que he hecho es aplicar un hechizo de pesca al cabello, de manera que los peces se ven inevitablemente atraídos por él… Me lo enseñó mi madre hace un tiempo, cuando era pequeña y es muy fácil de realizar…

-          ¿Puedo probar yo? – preguntó Índiga muy ilusionada -.

-          ¡Cómo no! – aceptó la chica y acto seguido rebuscó en su camisa para extraer su libreta de hechizos – Mira, éste es el hechizo, memorízalo bien…

 

La dragona-demonia hizo lo que le dijo y después se alisó un poco su cabellera añil y se arrancó varios cabellos.

 

-          ¡Eh, eh, eh! ¿Qué haces? ¡No hace falta que te arranques tantos!

-          Es que tengo que atar varios y hacer un cordel bien largo…

-          ¿Para qué?

 

Y en un visto y no visto, Mina se vio a sí misma atada al otro extremo del palo con el hilo que se había fabricado Índiga con sus cabellos y suspendida encima de la superficie del lago.

 

-          Pues para usarte de cebo. – respondió ella - ¡Como tienes cara de besugo, seguro que atraerás a peces más grandes! ¡Ja, ja, ja, ja, ja…!

-          ¡¿CARA DE BESUGO?! – exclamó Mina agitándose enfurecida - ¡¡COMO TE COJA TE VAS A ENTERAR DE QUIEN ES EL…!!

 

Pero para su desgracia, Mina no pudo terminar la frase porque justo en ese momento salió un hombre pez y la engulló, arrastrándola con él al fondo del lago. Índiga, que sólo le quería gastar una broma a Mina y no se esperaba aquello, reaccionó rápidamente y cogió la caña, tirando de ella con todas sus fuerzas.

El hilo no me preocupa, pensó para sus adentros. Después de todo el cabello de dragón es muy resistente. Pero como ahora se me rompa la caña…

Y como si el destino quisiera jugarle una mala pasada, en ese instante, el palo se tronchó, desapareciendo a continuación entre las aguas del lago al igual que Mina.

No le quedaba otra alternativa; rápidamente se metió en el agua hasta los tobillos, alzó una mano al cielo y la proyectó después hacia la superficie del lago al tiempo que gritaba:

 

-          ¡SEA BLAST!

 

Funcionó: una ola gigantesca se alzó sacando del lago al hombre pez y a Mina, cuya mitad superior del cuerpo estaba aún metida en la boca de la criatura. Pero por desgracia, el hechizo había tenido un efecto no deseado: ahora humana y hombre pez salían volando, alejándose del lago y sus inmediaciones.

Creo que me he pasado un poco… pensó Índiga con una gota de sudor en la frente antes de echar a volar con un hechizo de levitación para ver desde el aire donde había caído Mina.

 

                                               *           *           *

 

A no poca distancia de allí, una ancianita paseaba tranquilamente entre los árboles del bosque. Llevaba unos ropajes muy humildes, que consistían en una túnica azul celeste y una capa, ambas prendas raídas y gastadas debido al paso del tiempo. Llevaba así mismo un zurrón cruzado en el pecho y la capucha de su capa tapaba parcialmente sus rizados y grisáceos cabellos. El cuadro lo completaba un pequeño bastón de madera en el que se apoyaba para caminar.

Y aquella mujer tan vieja y humilde caminaba renqueante mientras disfrutaba de todo lo que había a su alrededor y que la naturaleza parecía haber creado especialmente para ella: los árboles, tan robustos y majestuosos, alzándose imponentes hacia el cielo, las aves que cantaban sus armoniosas melodías de primavera, las flores, tan hermosas y a la vez tan delicadas…

Cual no fue la sorpresa de la anciana al ver que aquella paz tan maravillosa se veía de pronto interrumpida por el grito de alguien que parecía caerse del cielo y que, según la anciana pudo constatar a pesar de su corta vista, tenía el aspecto de un pez humanoide.

 

-          Curioso… - se dijo para sí – Creía que los peces voladores se habían extinguido antes de la guerra de Kouma…

 

Cuando vio que el “objeto volador no identificado” estaba a punto de aterrizar, la anciana se trasladó ligeramente para la derecha, justo a tiempo de ver cómo aquel ser se estampaba brutalmente contra el suelo.

Cuando éste se levantó, la anciana se dio cuenta de que en realidad no era uno sino dos seres los que habían caído del cielo: el primero un hombre pez que se agitaba nerviosamente y la segunda una joven humana que tenía medio cuerpo atrapado dentro de la boca del hombre pez, quien se negaba a soltar a su presa.

 

-          Vaya, vaya, jovencita, parece que tienes un pequeño problema… - le dijo la anciana -.

-          ¿Eh? ¡Ah! Disculpe ¿con quien hablo? – preguntó la chica desde la boca del hombre pez -.

-          Oh, sólo soy una humilde anciana que caminaba tranquilamente por este bosque hasta que os vi a ti y a tu amigo volando por los aires… - respondió la anciana y a continuación preguntó amablemente: - ¿Puedo ayudarte en algo?

-          Ah, sí, lo siento, no la había visto… - se disculpó Mina – Pues sí, verá, señora, si usted supiera alguna forma de que este hombre pez me soltara… Tanta humedad me está empezando a sentar mal…

-          Desde luego. – accedió la otra – No te muevas.

 

Mina hizo lo que la amable anciana le decía. Ésta se acercó al hombre pez y le golpeó con su bastón en las agallas. De ese modo, el hombre pez finalmente soltó a su presa y, aturdido y adolorido, salió corriendo en busca de la fuente de agua más cercana donde refugiarse.

 

-          ¡Puaj! ¡Ya era hora! ¡Qué asco! – maldijo Mina una vez liberada y secándose como podía la saliva del hombre pez de la cara – En fin, creo que le debo una, señora…

-          Llámame Aqua, querida. – le interrumpió la anciana – Y no es necesario que me lo pagues, ha sido un placer ayudarte.

-          Bueno, pues muchas gracias, Aqua. – agradeció Mina una vez más, estrechando la mano a su salvadora – Y perdóneme que sea tan indiscreta, pero… ¿Qué hace sola una anciana como usted en este bosque?

-          Pues haciendo uno de mis paseos matutinos. – respondió Aqua – El bosque está tan bien en esta época del año… Pero no te preocupes por mí, jovencita – añadió – tú sigue tu camino, que yo ya seguiré el mío…

 

Mina vio durante un rato inmóvil como la anciana se alejaba por el sendero con paso renqueante. No era bueno que una anciana de apariencia tan frágil caminase sola por el bosque sin nadie que la ayudara en caso de dificultades. Así que Mina, empujada por su gran sentido del deber, corrió a alcanzar a Aqua y la detuvo.

 

-          Pero señora… digo, Aqua… Usted no puede andar sola por éstos bosques, quién sabe la de fieras que pueden esperar para atacarla… ¡O peor, la de bandidos que habría dispuestos a asaltarla!

-          Eres muy considerada, pero llevo en este bosque mucho tiempo, puedo cuidarme sola… - rechazó amablemente la anciana -.

-          Pues lo siento mucho Aqua, pero me veo en la obligación de insistir. – respondió Mina con voz firme – Venga, súbase a mi espalda, la llevaré a mi campamento con unos amigos míos que seguro ya habrán vuelto de cazar algo para comer…

-          Está bien, si insistes… - accedió finalmente Aqua sonriente y subiéndose a espaldas de la chica – Pero me gustaría saber el nombre de mi montura…

-          Me llamo Mina. – respondió ella -.

-          Pues si te soy sincera, Mina, incluso me viene bien venirme contigo, porque lo cierto es que no tenía nada para comer hoy… - dijo Aqua riendo -.

 

No habían dado ni dos pasos, cuando Mina vio a alguien que volaba sobre sus cabezas y la llamaba por su nombre.

 

-          ¡Mina! – exclamó Índiga aterrizando frente a ella - ¿Dónde estabas? ¡Te he estado buscando un buen rato por todo el…!

 

La dragona-demonia enmudeció de pronto al ver a quien Mina cargaba sobre sus espaldas. Ésta se dio cuenta al cabo de un rato:

 

-          ¡Ah, es cierto no os he presentado! – dijo dándose un poco la vuelta para mostrarle a la anciana que estaba cargando – Índiga, ésta es Aqua, la que me ha librado del hombre pez…

 

No le dio tiempo a seguir con las presentaciones, puesto que en ese momento Índiga se arrodilló al suelo y empezó a hacer reverencias mientras decía, muy respetuosa a ella, dirigiéndose a Aqua:

 

-          ¡Oh, Gran Señora, perdone el indigno comportamiento de mi amiga! ¡No haga caso de las tonterías que haya podido hacer, le pido mil perdones en su nombre…!

-          ¡Bueno, Índiga, para ya! – le intentó tranquilizar la otra al tiempo que dejaba a Aqua un momento en el suelo – Ni que esta anciana fuera una diosa…

-          ¡ES QUE ES UNA DIOSA, IDIOTAAAAAA! – le gritó Índiga al tiempo que le daba un soberano capón -.

-          ¿Qué? ¿De qué estás hablando? – preguntó Mina confusa mientras se frotaba el gran chichón que le había salido en la cabeza -.

-          ¿Es que no te has dado cuenta – le espetó la otra señalando a Aqua – que esta anciana es ni más ni menos que la Diosa Dragón del agua Ragardia?

-          ¿¿Ragardia?? – preguntó Mina incrédula mirando a la anciana con ojos de sapo - ¿¿Te… te refieres a la misma Ragardia de cuya memoria proviene la Biblia Clair??

-          Bueno, en realidad no soy más que una parte de lo que quedó de ella… - respondió la anciana humildemente – Una ínfima parte de su poder materializada en un cuerpo si lo prefieres…

-          ¡Perdón, Señora Ragardia, ella no sabía que era usted, si la ha molestado algo que ha dicho o hecho, lo siento de verdad, perdón, perdón, perdón, perdón…! – volvió a disculparse la dragona al tiempo que obligaba a Mina a hacer reverencias con ella -.

-          Venga, venga, niñas, no tenéis que disculparos de nada… - las tranquilizó Aqua con una pequeña gota de sudor en la frente – No habéis hecho nada malo… Además, Mina ha sido muy amable conmigo por invitarme a comer con vosotras…

-          ¡Sí, sí, desde luego! – afirmó Mina - ¡Puede usted comer todo lo que quiera, no se preocupe!

-          Pst, pst… Mina-san… – le llamó la atención Índiga y a continuación le dijo al oído – Que nosotras no hemos pescado nada, a ver si luego no va a haber suficiente…

-          Sí, lo sé, lo sé… - le respondió la chica en vos baja – Confío en que los chicos hayan cazado lo suficiente… - y añadió cordialmente dirigiéndose nuevamente a Aqua: - ¿Quiere que la lleve de nuevo en mi espalda, Tía Aqua?

 

                                               *           *           *

 

Mientras, en el campamento, hacía rato que los chicos esperaban a que las chicas volvieran de la pesca, al tiempo que asaban la caza del día en una pequeña fogata que habían montado. Al contrario que ellas, Andracis y Valteria habían tenido suerte: no sólo habían conseguido cazar a un gamo joven, sino también a tres conejos, cinco perdices y una liebre.

 

-          Confío en que Mina haya tenido buena pesca – dijo Val – porque si no, con su apetito y el tuyo no va a quedar mucho para los demás, por mucho que hayamos cazado..

-          Oye, que yo solo como así por Mina ¿eh? – dijo Andracis ofendido – Que ya me gustaría haberte visto a ti sobrevivir sin al menos intentar quitarle algo de la comida que se intenta zampar, que no es poca…

-          Y hablando de la reina de Roma – les anunció Xellos desde su puesto privilegiado de vigilancia en lo alto de un árbol – por allí asoma…

 

Y en efecto, Mina e Índiga no tardaron en aparecer en el claro donde habían montado el campamento. Aunque eso sí, sin pesca, pero con una nueva acompañante.

 

-          ¿Y la pesca? – fue lo primero que preguntó Andracis -.

-          Esteee… Bueno, verás… - empezó Mina – empezamos muy bien, pero tuvimos unos pequeños problemillas técnicos y…

-          No habéis conseguido pescar nada. – Andracis ya se imaginaba el resto de la historia -.

-          Me temo que no. – admitió Mina suspirando resignada -.

-          Lo sabía… - murmuró el hechicero al tiempo que una gota emanaba de su frente -.

-          ¿Y bien, Mina? ¿No nos presentas a tu amiga? – interrogó Valteria refiriéndose a la anciana -.

-          ¿Eh? ¡Ah, sí! – calló en la cuenta ella - Chicos, os presentó a Aqua. Tratadla bien, me ha hecho un gran favor esta mañana…

-          ¡Cómo no! – asintió Andracis y dirigiéndose a Aqua preguntó: - ¿Le apetece un trozo de gamo? ¡Está recién hecho!

-          Ay, muchas gracias hijo, pero no me conviene. – rechazó amablemente la ancianita – El médico me dijo la última vez que la grasa de la carne animal no era muy recomendable para mi colesterol, y tengo que cuidarme…

-          ¡Pues cualquiera lo diría! – intervino Xellos de improviso, teletransportándose frente a Aqua - ¡Te conservas muy bien, para haber pasado tanto tiempo, Lady Ragardia!

-          ¡Vaya, Xellos Mettalium! – exclamó la anciana al verle – Siempre es un placer reencontrarse con viejos conocidos…

-          ¿¿¿Eeeeeeh??? ¡Un momento, un momento! – pidió Mina totalmente confundida - ¿¿Vosotros dos os conocíais de antes??

-          ¿¿Quieres decir que esta ancianita es la mismísima Ragardia, la diosa de cuya esencia emana la Biblia Clair?? – preguntó un no menos confundido Andracis -.

-          ¿No me digas que no lo habías notado? – dijo Val como si aquello fuera lo más evidente del mundo -.

-          ¡Pues claro que no! – exclamó Andracis fastidiado y perdiendo los estribos - ¡Te recuerdo que los humanos no tenemos ese sexto sentido tan desarrollado que tenéis los dragones!

 

Xellos no hizo caso de la discusión entre los dos adolescentes y siguió hablando con Aqua.

 

-          A propósito, Lady Ragardia, me extraña veros de nuevo, - dijo - más teniendo en cuenta que la última vez que nos vimos creí que habíais perecido a manos de Gaarv…

-          Bueno, en realidad así fue – se explicó ella - ¡Pero Ragardia la Sabia supo distribuir bien su poder por el mundo, y no soy la única “Aqua” que mantiene el mundo vigilado, por si a los mazoku se os ocurre armar otra buena!

 

Y mientras la vieja reía, Xellos empezó a sudar, no se sabe si de vergüenza ajena o sólo de pensar en la idea de tener a varias “Kopii Aqua” vigilando cada uno de sus movimientos…

 

-          Entonces ¿se quedará a comer con nosotros o no, señora? – preguntó Val cambiando de tema – Si no le apetece gamo, le podemos dar conejo o perdiz…

-          ¡Oh, desde luego, que me quedo! – accedió Aqua – Pero el conejo, que sea poco hecho, vuelta y vuelta…

 

                                               *           *           *

 

La comida fue bastante animada, sobretodo cuando la anciana Aqua se puso a contar a Mina y compañía lo que ella presenció de las aventuras del grupo de aventureros liderados por Reena Invers: de su llegada al Desierto de la Destrucción, en busca de las tablillas de la Biblia Clair, sus enfrentamientos con Gaarv, y otros detalles interesantes…

 

-          ¿Así que mis padres casi se declararon en El Desierto de la Destrucción? – a Mina le entró la risa floja sólo de imaginarse la cara de su madre cuando su padre le dijo que la protegería “hasta que la muerte les separase” - ¡La próxima vez que mi madre me quiera castigar, se lo recordaré a ver si me libro!

-          Conociendo a Reena, me temo que más bien conseguirías el efecto contrario… - le advirtió Xellos -.

-          Por lo menos tus padres se conocieron yendo de aventuras. – dijo Andracis dirigiéndose a Mina – El modo en que se conocieron mis padres no fue tan emocionante: simplemente mi padre, mientras seguía buscando la Biblia Clair, llegó a Erimor (mi villa natal), donde conoció a mi madre, se enamoraron y se casaron… ¡Vamos, que ni punto de comparación!

 

Aqua frunció el ceño al darse cuenta de un detalle en el que no había caído antes:

 

-          Dime, muchacho – le preguntó a Andracis – ese broche que llevas allí… ¿De dónde lo sacaste?

 

Por segunda vez, Mina se fijó en la joya azul con un dibujo de una estrella de cinco puntas que el joven hechicero llevaba colgado en su pecho y no pudo evitar preguntarse lo mismo que Aqua. Después de todo, Groom, el goblin que se encontraron de camino a Darien, había dicho que aquella era una joya de gran valor. Sin embargo, Andracis muchas veces había dicho que su familia era más bien humilde… ¿Cómo se explicaba entonces que alguien como Andracis llevara una joya como aquella?

 

-          Verá, señora, este broche… era de mi madre… - respondió Andracis con algo de tristeza en su tono de voz – Me lo regaló cuando cumplí cinco años. Solía decir que le recordaba mucho su ciudad natal…

-          ¿Puedo preguntar de dónde era, si no soy muy indiscreta? – interrogó Aqua -.

-          Pues… me dijo que había nacido en Sailon, pero que había vivido casi toda su vida en Erimor… ¿porqué?

-          ¡No, por nada, simple curiosidad! – se apresuró a responder Aqua -.

 

Mina se dio por satisfecha con la respuesta y el resto de la velada transcurrió sin mayores consecuencias… si exceptuamos un par de peleas entre Andracis y Mina por una de las perdices… Sin embargo los cuatro adolescentes, dos de ellos demasiado ocupados en sus riñas, los otros dos tratando de apaciguar a los primeros sin demasiado éxito, no se percataron de la mirada de complicidad que la anciana dirigió a Xellos… así como tampoco apreciaron la media sonrisa que se formó en los labios del demonio, como transmitiéndole a Aqua que él también se había fijado en lo mismo que ella…

 

                                               *           *           *

 

Como se aquel lugar era muy tranquilo, y no parecía que Sherra les estuviera siguiendo, Mina decidió que lo mejor era que, por hoy, el grupo se quedara a descansar y que partirían a la mañana siguiente, pese a las protestas de Xellos y a las observaciones por parte de Andracis (el primero dijo que no era prudente tomarse tantos descansos estando Sherra tras su pista, aunque ésta todavía no se hubiera mostrado de nuevo, y que además tenían que llevar a Índiga cuanto antes con su madre; el segundo dijo que lo único que pasaba es que Mina estaba vaga, tras lo cual recibió una soberana paliza de la aludida) Llegó la noche y todos se dispusieron a cenar alrededor de la fogata, exceptuando Valteria, que se fue al lago, alegando que quería estar un rato a solas.

Lo cierto es que el dragón antiguo tenía mucho en lo que pensar. Lo que había descubierto gracias a Sherra le tenía inquieto. ¿Qué pasaría ahora? ¿Volvería, tarde o temprano, a adoptar su antigua personalidad, la de un mazoku sediento de sangre y destrucción?

 

-          ¿Ocurre algo, muchacho?

 

Val se giró bruscamente al oír aquella voz y respiró tranquilo cuando vio que sólo era la anciana Aqua.

 

-          Ah… ¡No, estoy bien, de verdad! – respondió – Sólo meditaba, nada más…

-          Mientes. – sentenció la vieja – Podrás engañar a tus compañeros, joven Valteria, pero para una diosa como yo tu mente es como un libro abierto: hay algo que te preocupa, referente a tu pasado… a lo que fuiste una vez… tienes miedo de volver a convertirte en Valgaarv, el siervo de Gaarv…

-          ¿Cómo sabe usted…? – se sorprendió Val -.

-          Ya te dije que tu mente para mí es como un libro abierto… - respondió ella – Y además, sé lo que ocurrió hace 18 años en el Nuevo Continente, todo lo referente al asunto de Estrella Oscura… nada de lo que ocurra en este mundo escapa de mi atención…

 

Durante unos minutos se hizo un silencio sepulcral.

 

-          Estooo… - dijo Val al fin - ¿Puedo preguntaros algo?

-          Adelante. – concedió Aqua -.

-          Hay algo que todavía sigo sin entender… ¿Porqué un demonio como Gaarv tomó a su servicio a un dragón antiguo como yo? Aunque fuerais su enemigo, vos le debíais conocer mejor que yo y… esperaba que me dierais una respuesta…

-          Hum… Comprendo que eso te extrañe, muchacho, y lamentablemente tampoco yo me lo explico… Además, todo eso sucedió después de que Gaarv me destruyera… aunque…

-          ¿Aunque?

-          … Supongo que lo hizo por compasión.

-          ¿Por compasión? – se extrañó el dragón antiguo – Lo dudo… los demonios jamás sienten compasión, y mucho menos por sus enemigos naturales…

-          ¿Sabes una cosa, muchacho? – le dijo la anciana - Cuando uno pasa al mundo de los espíritus, se da cuenta de muchas cosas… Con el tiempo, he aprendido que los demonios y los dragones no somos tan distintos como pensamos… Incluso en la oscuridad más inmensa hay siempre algo de luz.

-          Disclupadme, pero no comprendo…

-          Aunque los demonios fueran creados con el fin de destruir – le interrumpió Aqua – ello no significa que no puedan manifestar ciertos sentimientos… digamos, más “humanos”… Tu situación y la de Gaarv en aquel tiempo se asemejaban mucho. Él era un proscrito, perseguido por sus hermanos demonios por el mero hecho de ser diferente, de pensar de modo diferente… Después de destruirme y de resucitar bajo un cuerpo humano, el alma de Gaarv se fusionó con el alma humana y ya no quiso destruir, sólo conquistar, dominar… Se reveló contra Sabraanigudú y el resto de los Dark Lords, que desde luego no podían tolerar semejante acto de rebeldía, pusieron precio a su cabeza. Por tu parte, la raza de los dragones antiguos fue masacrada por los dragones dorados, quienes te persiguieron a ti, el único superviviente, durante mucho tiempo. Es por eso que probablemente Gaarv se sintió identificado contigo y decidió ayudarte. Mostró compasión hacia ti… igual que Xellos muestra amor paternal para con su hija…

-          ¡No compares mi situación a la de ese maldito namagomi! – exclamó bruscamente Val al tiempo que se ponía en pie – Dudo mucho que su relación con Índiga sea algo más que un simple interés por preservar sus genes… - y dicho lo cual, se alejó del lago -.

-          Creo que ya sé cuál es tu verdadero problema. – dijo Aqua, haciendo que Valteria se detuviera momentáneamente – Temes que si te transformas en demonio acabes pareciéndote a Xellos…

 

Minutos de silencio.

 

-          Así es. – confirmó el joven dragón finalmente – No pienso parecerme a ese demonio que abandonó a su amante y la separó de su hija en cuanto tubo oportunidad… Perdonad que no me quede, pero debo volver con los demás…

 

Y tras decir aquello, se marchó definitivamente, dejando a Aqua preocupada, sentada a orillas del lago, contemplando el reflejo de la luna en sus aguas.

 

-          No os angustiéis, Lady Ragardia. – dijo una voz proveniente del plano astral. Al cabo de unos segundo, vio el reflejo en el lago de Xellos materializándose tras de sí – Es fácil comprender el rencor que Val-chan siente hacia mí…

-          Es un joven muy obstinado. – sentenció la anciana -.

-          Lo sé. Es algo que ha sacado de su madre adoptiva. – respondió Xellos sonriendo melancólicamente – Es demasiado orgulloso como para darse cuenta de que lo hice para protegerles…

 

                                               *           *           *

 

Cayó la noche en aquel bosque y Mina y su grupo no tardaron en sucumbir al sueño, con Xellos velando y vigilando los alrededores.

Claro que, en realidad, Mina ya no estaba allí, sino en un lugar mucho más lejano… Concretamente en un reino donde había un terrible dragón arrasándolo todo con su aliento de fuego. El rey había huido cobardemente y ahora todos los aldeanos suplicaban su ayuda. Ella, claro está, accedió y destruyó al malvado dragón con un Matadragones. Los aldeanos le estaban tan y tan agradecidos que la nombraron su reina y no le faltaba de nada: tenía todo el dinero que quisiera tener, todas las joyas y vestidos que quisiera llevar y toda la comida que pudiera comer.

Pero había algo que faltaba a su vida para ser perfecta: al ser amado a su lado. Y hete aquí que de pronto se presenta Val en su palacio, con las alas desplegadas, majestuoso, y le pide su mano en matrimonio. Lógicamente ella aceptó y se casaron al día siguiente. Fue una ceremonia muy bonita, pero lo mejor estaba por llegar: la noche de bodas, ellos dos solos en una habitación tranquila de palacio, besándose con pasión. Ella sobre él, abrazados y aún vestidos… aunque eso no duraría mucho tiempo…

Pronto Val se deshizo de la camisa, mostrando sus bien formados pectorales. Mina los acarició con pasión y maestría, besando, lamiendo y mordisqueando los puntos sensibles del dragón. Podía oírle jadear, llamándola entre suspiros: “Mina… Mina… Mina…”

¿Pero porqué rayos sonaba como si fuera voz de chica?

 

-          Mina… Mina… ¡Mina! – Índiga llamaba a su amiga y la agitaba para despertarla sin éxito alguno; parecía como si la chica estuviera en medio de un profundo sueño - ¡Venga, Mina, por favor despierta…!

 

La semi-dragona se vio interrumpida cuando súbitamente Mina se despertó con cara de mala uva y agarrándola de la capa le dijo en tono de advertencia:

 

-          Estaba en medio de un bonito sueño. Más te vale que sea importante.

-          Es que… - empezó la otra - Mina-san necesito ir a… Bueno, ya sabes, a hacer mis cosas y…

-          ¡¿Y PARA ESO ME DESPIERTAS?! – gritó Mina zarandeándola, pero moderó el tono cuando reparó en el saco de dormir donde se revolvía Valteria - ¿Porqué no vas tú sola?

-          Es que el bosque está oscuro y me da mal rollo… - se excusó Índiga, con la consecuente gota de sudor por parte de Mina – Acompáñame, porfa…

-          Ay… está bien… - suspiró la hechicera resignada – pero que sea la última vez ¿entendido?

-          ¡Hai, Mina-san! – accedió Índiga con entusiasmo -.

 

Mina se deshizo de su saco de dormir de mala gana y cuando se hubo puesto las botas, se internó en el bosque junto con Índiga. Valteria, que se había despertado por los gritos de Mina, les vio marcharse sin que se percataran, aún embutido en su saco de dormir.

 

-          Siempre me he preguntado porqué las mujeres van al baño en parejas. – pensó el dragón antiguo en voz alta - ¿Tú no, Andy? – no hubo respuesta - ¿Andy? – silencio total - ¿Andy, me estas escu…?

 

Sin embargo, Val no pudo terminar la frase, pues se dio cuenta de que el saco de dormir de Andracis estaba vacío.

Ése también debe haber ido al baño. Razonó Val O a espiar a las chicas… En cualquiera de los dos casos, esto no me incumbe… Y sin más, volvió a meterse en su saco de dormir.

 

                                               *           *           *

 

-          ¿Qué? ¿Has terminado ya? – preguntó Mina impaciente -.

-          Un momento, en seguida salgo… - respondió la voz de Índiga desde detrás de unos matorrales -.

 

Mina tamborileó los dedos en el tronco del árbol al lado del cual esperaba que Índiga acabase de hacer sus necesidades. A veces la hechicera pensaba que Índiga era un completo fastidio: siempre había que andar vigilándola a todas horas… además, esa manía suya de llamarla Mina-san…

 

-          Ya terminé, Mina-san. – anunció Índiga -.

 

Suspiro…

 

-          Está bien… Ahora voy yo. Tú sujétame esto. – le ordenó la chica entregándole el cinto, al tiempo que desaparecía entre los matorrales -.

 

Índiga lo cogió y se dio entonces cuenta de que aún estaba allí la vaina de la espada que la hechicera tenía hasta ayer. Aquello la extrañó bastante.

 

-          Oye, Mina-san ¿para qué conservas la vaina? – le preguntó – Si ya no te sirve de nada, la espada fue destruida por Sherra ¿recuerdas?

 

Momentos de silencio. Si no fuera porque aún veía asomar el moño rosa de la hechicera por entre los matorrales, juraría que se la había tragado la tierra.

 

-          Esa espada – respondió Mina al fin – me la regaló mi padre.

-          ¡Ay, Mina-san, perdona, no lo sabía! – se disculpó la semi-dragona al darse cuenta de que había metido la pata - ¡No pretendía…!

-          ¿Sabes? – le interrumpió la hechicera – Aún recuerdo el día en que mi padre me entregó esa espada… Tendría por aquel entonces unos 10 años…

 

(flashback)

 

-          ¿Para mí? – preguntó una todavía muy joven Mina al ver la brillante espada que Gaudy sostenía ante ella -.

-          Ajá. – confirmó el ex-espadachín de la espada de luz – Creo que tu nivel ya es suficiente como para dejar a un lado las espadas de madera y empezar a entrenar con las armas de verdad… ¿A qué esperas? – le alentó - ¡Cógela!

 

La joven Mina hizo lo que su padre le pedía, cogiendo la espada cuidadosamente entre sus manos por la guarda. No era una espada especialmente elaborada, más bien pecaba de demasiado sencilla: no era más que una espada de hierro ligero, con la guarda de revestimiento dorado, sin joyas ni nada por el estilo. Pero era la primera espada que su padre le había dejado tener y eso ya era más que suficiente para que la chiquilla se quedara embelesada contemplando como la luz del sol se reflejaba en la hoja.

 

-          Pesa un poco. – comentó -.

-          No te preocupes, con el tiempo te acostumbrarás... – le dijo Gaudy, quien a continuación, añadió en tono más serio de lo usual en él: - Pero has de saber, Mina, que una espada hay que ganársela.

 

Y antes de que la pequeña pudiera preguntarle a qué se refería, el rubio espadachín desclavó del suelo una de las espadas que usaba en los entrenamientos y se puso en posición agresiva delante de Mina, sosteniendo firmemente la espada frente a sí. La niña no entendía aquella actitud de su padre, y menos aún el porqué, de pronto, le asestó un mandoble con la espada que ella a duras penas  pudo esquivar.

 

-          ¡Defiéndete! – le ordenó Gaudy al tiempo que seguía repartiendo mandobles, que Mina seguía evitando - ¡Tienes una espada! ¡Úsala como es debido!

 

Por fin Mina reaccionó: puso la espada en posición horizontal, frenando de ese modo la espada de su padre. Y la mantuvo así durante un buen rato hasta que ambos contendientes retrocedieron de un salto, para después volverse a lanzar el uno sobre el otro.

No sabían que Reena les observaba muy de cerca, con suma atención. Sentía curiosidad por saber hasta que punto su hija había progresado…

Después de varios mandobles y desquites por parte de los combatientes, sin que hubiera un claro vencedor, Gaudy decidió zanjar el combate definitivamente. Envainó la espada, cogió carrerilla y corrió hacia su hija, gritando como un bersheck en pie de guerra. Mina no se quedó atrás e imitó a su padre. Cuando estuvieron el uno al alcance del otro, desenvainaron sus espadas al tiempo. Tan sólo los destellos de las hojas se percibieron durante aquella milésima de segundo.

A continuación, Mina cayó al suelo, agarrándose dolorida el hombro, del que empezó a emanar la sangre. Gaudy por su parte, quedó inmutable unos segundos, hasta que por fin una cicatriz y un hilillo de sangre surgieron de su mejilla derecha.

 

-          No está mal. – le dijo el espadachín a su hija tras palparse la herida con la mano - Al final conseguiste alcanzarme; te has ganado la espada con creces. ¿Estás bien? – preguntó a continuación, preocupado por la herida sangrante del hombro de Mina -.

-          Sí… no pasa nada… - respondió ella sonriendo a pesar de que la herida le dolía terriblemente – Intentaba conjurar un hechizo curativo, pero no me sale…

-          Si atendieras a mis clases de hechicería tanto como en las clases de esgrima que te da tu padre, se te daría mejor que ahora. – le espetó Reena mientras se ponía de cuclillas a su lado y examinaba la herida – No te muevas, ya te la curaré yo…

 

Una luz blanquecina surgió de las manos de la hechicera. La pequeña contempló como su herida se cerraba paulatinamente y en poco tiempo ya estaba recuperada. Dirigió la mirada hacia su madre y vio qué ésta la miraba con una sonrisa en los labios, al tiempo que la acariciaba con ternura en la cabeza.

 

(fin del flashback)

 

-          Aquella fue la primera vez que sentía que mi madre estaba orgullosa de mí… Aunque no lo demostraba con palabras, sólo con mirarla a los ojos lo supe… - Mina hizo una pausa para secarse una lágrima que empezaba a emanar de sus ojos azules y no quería que Índiga viera – Y cuando Sherra destruyó la espada, sentí como si también destruyera una parte de mis recuerdos, como si… - no pudo seguir del nudo que se le había formado en la garganta -.

 

Pero no necesitaba decir más. Índiga comprendía cómo se sentía… ¡Por Ceipheid y Sabraanigudú, si su padre le hubiera regalado algo, fuera lo que fuera, lo hubiera conservado con el mismo cariño con que Mina conservaba la funda de su espada, aunque ésta hubiera sido destruida! Estuvo a punto de volverse para consolar a Mina, pero algo que vio fugazmente por el rabillo del ojo llamó poderosamente su atención.

Entornando la vista, la dragona-demonia pareció percibir, entre los árboles y la oscuridad de la noche, una sombra, como de un tumulario, que ocultaba su rostro en la capucha de su pesada capa negra. El rostro invisible de aquel ser captó la mirada de Índiga y extrajo de sus ropajes una mano huesuda, como la de un cadáver que lleva varios días en descomposición. Una voz profunda pareció surgir de su garganta; una voz que resonaba en su mente y que la llamaba…

«Ven… ven con nosotros…»

Era tal el estado de pavor de la chica que sólo se le ocurrió una cosa: gritar

 

~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ (*)

 

La anciana Aqua velaba a orillas del lago, de donde no se había movido en horas. No parecía concentrarse en otra cosa que no fuera en el reflejo que producía la luz de la luna en la clara superficie del agua, sin embargo, cuando Andracis no se había acercado ni  a dos metros, la viejecita le recibió, diciendo:

 

-          Te estaba esperando.

-          ¿A mí? – preguntó Andracis incrédulo.

-          Sí, así es. – afirmó la anciana – Tenía la impresión de que vendrías a pedirme consejo…

-          Pues… sí, a eso he venido…Verá, es por mi madre. – se explicó el joven hechicero – Ella… bueno, ella enfermó gravemente hace tiempo…

 

Y así, durante unos minutos, Andracis contó con detalle la historia de la enfermedad que aquejaba a su madre y de sus penurias en busca de una cura, mientras Aqua le escuchaba con suma atención.

 

-          …Así que la Srta. Reena nos dijo que debíamos dirigirnos hacia las montañas de Kaatar para encontrar la Biblia Clair original… aunque, claro en el camino, nos acabamos entreteniendo un poco… - concluyó con una gota de sudor – Y yo… Sra. Aqua… ¡Digo Ragardia!… me gustaría pedirle… si no es mucha molestia, claro…

-          No me lo digas. – interrumpió Aqua – Quieres la cura para tu madre ¿verdad? – el muchacho asintió – Está bien… normalmente no suelo hacer este tipo de favores, pero dado que sé que tú tienes buenas intenciones, haré una excepción… - y dicho esto, rebuscó entre los bolsillos de su capa hasta que sacó un frasco pequeño con un líquido de color azul translúcido – Esta pócima es un revitalizante muy potente… bastarán unas pocas gotitas.

-          ¿Esto es todo? – preguntó Andracis cogiendo delicadamente el pequeño frasco y mirándolo de cerca como si no acabase de creérselo -.

-          Eso es todo. Aunque mucho me temo que no será suficiente…

-          Pero… - murmuró al muchacho confundido – si usted me acaba de decir que esto la curaría…

-          No, dije que era una revitalizante potente, no una medicina. – aclaró la anciana – El problema de tu madre es mucho más profundo… yo diría incluso que se trata más bien de un problema emocional…

-          Perdone, pero no comprendo… ¿A qué se refiere? – preguntó aún más confundido que antes -.

 

Aqua le miró sonriente, incluso se podría decir que había un brillo especial en su mirada, como si ella supiese algo que el joven hechicero desconocía.

 

-          La respuesta – dijo al fin – está en tu broche, muchacho.

-          ¿Mi broche? – el muchacho miró su joya azul todavía sin comprender – Ya se lo dije; es un regalo de mi madre.

-          ¿Y nunca te preguntaste – inquirió Aqua – cómo consiguió tu madre esa joya?

-          Pues… - meditó Andracis – no sé, imagino que se la dieron… como ella me la dio a mí…

-          Ay, muchacho ignorante… ¡Piensa un poco con esa cabezota! – le dijo la anciana golpeándole con su bastón en la cabeza - ¿Sabes por lo menos el significado de esa estrella de cinco puntas que tiene dibujada?

-          Pues, claro: es el símbolo de Sailon. – respondió el muchacho, como si aquello fuese una pregunta demasiado fácil – Lo he visto en cientos de libros de historia…

-          Bueno… esa es, y no es la respuesta correcta… En realidad – aclaró ella – el símbolo de la estrella de cinco puntas representa la disposición de la ciudad, acorde con la barrera mágica que la protegía de los demonios… Dicho de otra manera, es un símbolo de índole religioso.

-          Y eso… ¿qué tiene que ver con mi madre?

-          Tonto… ¿Acaso todavía no lo comprendes? – dijo Aqua con sorna – Esta joya ya de por sí es cara y difícil de adquirir para alguien de humilde procedencia como dices que es tu madre… Pero si además añadimos el significado religioso, entonces tenemos que sólo hay dos clases de personas que pueden llevar una joya como ésta: los sacerdotes sagrados de Sailon… y las princesas herederas, que estaban obligadas a convertirse en sumas sacerdotisas antes de poder acceder al trono…

 

Fue entonces y sólo entonces cuando el joven Andracis Greywords ató cabos: si aquella joya no podía haber pasado a manos de su madre más que a través del sacerdocio, entonces su madre no era tan humilde como aparentaba. Más aún, el detalle de que las princesas de Sailon debían convertirse al mismo tiempo en sacerdotisas, le llevaba a la concusión de que tal vez su madre fuera…

Un grito en la oscuridad le sacó de sus cavilaciones.

 

-          ¡Índiga!

 

~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~

 

Valgaarv permanecía inmóvil mientras buscaba con la mirada a su enemigo. No podía haberse movido de la cueva, tendría que estar por allí, en alguna parte, tan sólo tenía que escudriñar cada grieta, cada resquicio hasta dar con él…

Finalmente lo percibió: una variación en el plano astral. A duras penas detectable, pero suficiente para que él reparase en ella. Enarboló la Ragun Mezenguis y con ella asestó un golpe en el aire de arriba a a