Capítulo 9: Movilización del ejército de liberación

 

-         A ver… ¿Nombre? – preguntó Mina al candidato que estaba frente a ella con tono de cansancio -.

-         Xukrut Krudo, hechicero mercenario famoso en el mundo entero. – respondió el candidato -.

 

Mina miró de arriba a abajo al candidato con cara de escepticismo. Aquel hombre le parecía más un charlatán de feria que un hechicero: cercano a la cuarentena, de constitución oronda y baja estatura, pelo castaño algo canoso, ojos pequeños y oscuros y dentadura de estado francamente lamentable, acentuada por unos labios superiores echados hacia delante. Su atuendo era sencillo, constituido por pantalones bombachos de color verde pantano, camisa de manga corta gris oscura y una capa vieja de color caqui remendada en varios sitios y atada a su cuelo por un nudo. Remataban la faena un sombrero picudo de fieltro gastado y botas de cuero embarradas.

Claro que, vistos los candidatos que habían pasado hasta ahora, aquello no era nada.

 

-         ¿Tiene referencias? – quiso saber Mina -.

-         ¡Desde luego! – afirmó henchido de orgullo – He escoltado a altos dignatarios y diplomáticos de todos los reinos de este lado de la barrera. Pregúnteles a ellos y verá que tengo razón…

-         Ya. – dijo la hechicera sin mucho entusiasmo - ¿Capacidad mágica?

-         Me especializo en magia astral, aunque también sé algo de magia negra…

-         ¿Y su resistencia?

-         Je, je… Aquí donde me ve, señorita – presumió él golpeándose el pecho – soy más duro que una roca.

-         Vamos a comprobarlo… - dijo Mina al tiempo que alzaba su dedo índice -.

 

Nada más hacer aquel gesto, el dedo empezó a brillar con una luz rojiza y al señalar al hechicero, éste quedó envuelto en una gran bola de fuego.

Ni falta hace decir que el candidato quedó completamente carbonizado.

 

-         Lo siento, pero no cumple con las expectativas. – le rechazó Mina al tiempo que tachaba su nombre de la lista - ¡El siguiente!

-         ¡¡Mina!! ¿¡Se puede saber qué haces!? – exclamó Andracis horrorizado - ¡Ya es el quinto candidato que fríes esta mañana!

-         Mira, Andy, si se trata de liberar Sailon, no puedo permitirme el lujo de reclutar a un atajo de incompetentes. – le explicó la joven hechicera con total tranquilidad – Es muy fácil presumir de saber hacer magia, pero – añadió pasando un trocito de algodón por el cuerpo carbonizado de Xukrut y mostrándoselo todo tiznado – sólo la “prueba del algodón” determina quién está capacitado y quien no… ¿Ves? El algodón no engaña.

-         Pero, Mina… - empezó Andracis pero fue interrumpido por su abuelo, el príncipe Phil -.

-         ¡Deja que haga lo que crea oportuno, muchacho! – dijo – Ella tiene razón: la misión de liberar Sailon es extremadamente peligrosa…¡Por eso necesitamos a los guerreros y hechiceros más fuertes, para defender la justicia! – terminó con su característica pose de guerrero justiciero -.

 

Andracis suspiró pesadamente. No es que no estuviese de acuerdo con los ideales justicieros de su abuelo… El problema es que él no parecía darse cuenta de que tenían un grave problema: el único ejército de que disponían eran los 123 soldados fieles a Phil que constituían la guardia sailoniana que había sobrevivido a la destrucción de la ciudad. Para vencer a Sherra necesitarían más hombres… y al paso que iba Mina, no iban a quedar candidatos en la región que quisieran alistarse…

Mientras tanto, la joven hechicera ya había despachado a otros dos candidatos: el primero que decía ser un guerrero que había participado en la destrucción de Estrella Oscura (lo cual Mina sabía que era mentira) y el segundo un anciano no muy sano mentalmente que decía ser la mismísima encarnación de Lei Magnus… Aquella rutina empezaba a matar de aburrimiento a la chica y ni tan siquiera levantó la vista del pergamino donde escribía el nombre de los candidatos rechazados cuando una sombra se acercó a su mesa.

 

-         A ver… Diga qué sabe hacer… - dijo Mina monótonamente -.

-         Soy hechicera, especializada en magia negra, la mejor de este mundo.

-         ¿Tiene referencias?

-         ¿¡Referencias!? – gritó la mujer en tono indignado - ¡La todopoderosa y bella Reena Invers no necesita referencias!

-         ¿Ma…? ¡¡¿¿Mamá??!! – exclamó la chica alzando la vista finalmente y casi cayéndose de la silla, del susto que se llevó -.

 

Y efectivamente, delante de sus ojos tenía a Reena Invers, su madre, vestida con su viejo traje de aventura y con una sonrisa de orgullo en el rostro. Pero no sólo estaba ella: detrás estaba su padre, con su atuendo de guerrero mercenario y su capa raída cubriéndole las hombreras.

 

-         ¡Hola, cariño! – saludó éste amablemente - ¿Qué tal te va tu aventura? ¿Te lo pasas bien?

-         ¿¿¿Pero qué rayos estáis haciendo los dos aquí??? – preguntó Mina totalmente confundida -.

-         Tu padre encontró este cartel. – dijo Reena mostrándole el anuncio que días antes Gaudy había conseguido en la taberna de Luna -.

-         Y decidimos venir para ver si necesitabas ayuda… - añadió el espadachín -.

-         ¡Pues me alegro de que vinieran, Srta. Reena! – dijo Andracis -.

-         ¡Eh, hola Andracis! – saludó Reena al percatarse de la presencia del joven hijo de Zelgadis - ¡Qué gusto volver a verte, muchacho!

-         ¡Lo mismo digo, Reena! – añadió Phil con su sonrisa entusiasta -.

-         ¡Vaya, Phil! – exclamó Reena - ¡Qué sorpresa! Pensé que habíais muerto cuando Sailon fue destruida…

-         Sí… Mi pobre ciudad cayó bajo el yugo del enemigo… - admitió Phil apesadumbrado y de pronto añadió gritando y adoptando poses justicieras - ¡¡Pero ahora que tú estás con nosotros, el puño de la justicia caerá sobre el mal!! Porque no vas a ayudar, ¿verdad? – preguntó un poco desconfiado -.

-         ¡Claro, claro! – afirmó la mata bandidos - ¡por la recompensa hacemos lo que sea!

-         ¡Reena! – le espetó su marido en tono de reproche -.

-         ¡Era broma, era broma! Ja, ja, ja, ja…

-         Es que cuando hay dinero de por medio, nunca se sabe cuando hablas en serio y cuando en broma, Reena… - intervino una voz, que la hechicera reconoció enseguida -.

-         ¡Zel! – exclamó Reena al verle - ¡Vaya, esto sí que es una sorpresa! ¡Me alegro de verte, amigo!

-         ¡Hola Zel! – saludó Gaudy - ¿Qué tal? ¿Sigues con el mismo problema? Ya sabes, lo de ser quimera y todo eso…

 

Zelgadis no pudo reprimir una gotaza de sudor.

 

-         Ay, Gaudy… - suspiró – O te has vuelto ciego, o sigues igual de idiota…

-         ¿Uh? – fue todo lo que acertó a decir Gaudy -.

-         Rectifico… - dijo Zel sudando aún más – No te has vuelto ciego; Te has vuelto más idiota…

-         ¡Reena! – exclamó Amelia entusiasmada  corriendo hacia ella para luego abrazarla efusivamente - ¡Ha pasado tanto tiempo…! ¡Te he echado mucho de menos!

-         ¡Amelia! – exclamó Reena con igual entusiasmo y correspondiendo al abrazo de su antigua compañera y amiga - ¡Qué contenta estoy de verte! Je, je… y al final te casaste con Zel ¿eh, pillina? –añadió en tono burlón y dándole unos cuantos codazos en el costado - ¡Te lo tenías muy escondido!

 

Al verse descubierta, Amelia no `pudo hacer otra cosa que reírse nerviosamente, mientras su marido se ruborizaba fuertemente y miraba para otro lado.

 

-         ¿Ves? – le dijo Gaudy a su mujer - ¡Ya te dije que esos dos acabarían juntos! Y tú que te creíste el cuento de se había casado con una tal Amelia Alset…

-         ¡No me lo creí, cerebro de medusa! – exclamó Reena poniéndose roja de vergüenza – Sólo fingí que me lo creía, eso es todo… ¡Pero eso qué mas da ahora! – añadió cambiando de tema - ¡Lo que importa es que los Slayers se han reunido de nuevo!

-         ¡Eh! ¿Y qué pasa, que yo no cuento? – dijo Xellos apareciendo de repente - ¡Hola, amigos míos! ¡Cuánto tiempo sin vernos!

-         ¡Xellos! ¡Ya te digo, hace años desde la última vez! – exclamó Reena aparentemente entusiasmada, pero de repente agarró a Xellos por el cuello con una de sus famosas llaves y empezó a estrangularle mientras le gritaba: - ¡¡¿¿QUÉ RAYOS HACES AQUÍ, MALDITO SACERDOTE LOCO??!! ¡¡¡¡NO TE BASTA CON USARME A MÍ, QUE ENCIMA TIENES QUE USAR A MI PROPIA HIJA PARA TUS PLANES!!!!

-         Aaaag… pero Reena… si no estaba usando a tu hija, te lo juro… - intentó explicarse Xellos falto de aliento -.

-         ¡Ya, y yo voy y me lo creo! – le espetó Reena con desconfianza. Conocía demasiado bien a Xellos y no iba a dejarse engañar esta vez… -.

-         Es verdad, Srta. Reena, él nos está ayudando. – le explicó Andracis -.

-         Sí, parece que por una vez ese demonio excéntrico se ha puesto de nuestra parte… - corroboró Zelgadis bastante a su pesar -.

-         ¡De hecho, ya no trabaja para su señora Zellas! – añadió Índiga apareciendo de golpe y porrazo y asustando a Reena de tal modo que casi le da un ataque al corazón -.

-         ¿¿Qui… quién rayos eres tú?? – preguntó la hechicera - ¿Uh? Tu aspecto me recuerda un poco a Xellos… ¿No será un clon o algo así?

-         ¡Casi! – respondió la chiquilla - ¡Soy su hija, Índiga Mettalium, para servirla, Srta. Invers! He oído hablar mucho de usted…

-         ¿En serio? – preguntó Reena ilusionada. No pensaba que después de tanto tiempo en inactivo hubiera alguien que todavía se acordara de ella… -.

-         ¡Ya lo creo! – afirmó la semi-dragona – La he oído nombrar de muchas formas: - y empezó a enumerar con los dedos - “Reena Invers, la asesina de ladrones”, “Reena Invers, la Dra-Mata”, “Reena Invers, la enemiga de todo ser viviente”, “Reena Invers…”

-         Vale, vale, ya entendí… - le interrumpió la hechicera con una gotaza asomando por su frente -.

-         ¿Es usted, señorita Reena?

 

La hechicera se giró y vio que quien le había preguntado aquello era un joven alto, de pelo turquesa y ojos ambarinos, que acababa de hacer acto de presencia.

 

-         ¡Val! – la hechicera le reconoció enseguida - ¡Madre mía, lo que has crecido! ¡Si no eras más que un bebé la última vez que nos vimos! ¿Entonces, te acuerdas de tu Tía Reena?

-         ¿”Tía” Reena? – preguntó Gaudy con cara de circunstancias, siendo silenciado en el acto con un codazo que ella le propinó en el estómago -.

-         Sí… - dijo Val respondiendo a la pregunta – Y también de lo que pasó antes…

 

Cara sorprendida por parte de Reena.

 

-         Lo siento, señorita Reena. – continuó el dragón antiguo – Y también les pido disculpas a todos ustedes. – añadió mirando alternativamente a Gaudy, Zelgadis y Amelia – Recientemente recordé lo de Estrella Oscura… y todo los males que les causé… Sé que ya no tiene mucho sentido, pero… aún así créanme que lo siento de verdad – concluyó con una reverencia -.

-         Euh…¡Bueno, bueno, chaval, tranquilo! – le quitó importancia la hechicera – eso ya es agua pasada, así que no te preocupes, que todo está perdonado…

-         ¿Qué está perdonado el qué? – aquella pregunta, como no, había sido formulada por el despistado de Gaudy -.

 

La pelirroja estuvo a punto de darle una bien merecida paliza, cuando…

 

-         ¡Eh! ¡Oigan! – llamó de repente la atención uno de los candidatos, que llevaban esperando su turno desde que Reena y Gaudy llegaran - ¿Quieren atendernos de una vez? ¡Llevamos horas esperando y ustedes se ponen a charlar!

 

Tras oír aquello, Reena se volvió hacia la cola de candidatos con una sonrisa sádica en el rostro que hizo que el que había hablado antes empezara a desear que se lo tragara la tierra.

 

-         Conque quieres empezar ya ¿eh? – dijo en tono peligroso -.

-         Euh… Bueno, yo… - balbució el hombre todo pálido -.

-         ¡Pues allá va! – exclamó Reena conjurando un hechizo - ¡FLECHA DE FUEGO!

 

La flecha de fuego atravesó toda la cola de gente. La mayoría de los que allí estaban se apartaron a su paso para evitar salir heridos.

Todos menos un hombre de túnica oscura que había al final de la fila.

Aquel hombre, que tenía la cabeza cubierta por la capucha de su túnica, abrió inconmensurablemente los ojos haciendo aparecer a su alrededor un aura en forma de ondas, que, para sorpresa de los allí presentes, paró el hechizo cuando estaba a tan sólo unos centímetros de su pecho.

Reena, lejos de enfadarse, miró a aquel tipo con sumo interés.

 

-         Vaya… Buena parada. – reconoció Reena ante el extraño -.

-         Muchas gracias. – agradeció éste sonriendo satisfecho -.

-         ¿Cuál es tu nombre? – preguntó a continuación la hechicera -.

-         Hace tiempo que mi verdadero nombre se perdió en el olvido. – dijo el extraño – Pero aquellos que me conocen me llaman Shadow.

-         Muy bien… “Shadow”… - dijo la pelirroja – Dime: exactamente… ¿Qué clase de magia usas para haber parado de ese modo mi Flecha de Fuego?

-         Telequinesis. – respondió Shadow, y para probar que no mentía, envolvió la Flecha de Fuego en su aura y guiándola con las manos, empezó a moverla de un lado a otro – Puedo manejar todo tipo de objetos a voluntad… E incluso – añadió dirigiendo la punta de la flecha hacia la hechicera – puedo devolver los ataques de mis enemigos en su contra.

 

Shadow extendió su mano hacia la flecha, haciendo como que la empujaba hacia su objetivo y el hechizo obedeció su orden. De no ser porque Zelgadis se interpuso conjurando un escudo de viento, las consecuencias habrían sido graves.

 

-         Hum… Es bueno. – comentó Zelgadis haciendo desaparecer el escudo cuando el humo se hubo disipado - ¿Qué opinas tú, Reena?

-         ¿Tú qué crees? – le espetó Reena como si fuera evidente lo que iba a decir después: - Tenga la bondad de firmar donde le indique mi compañero, señor Shadow. – dijo señalando a Gaudy, quien le ofreció la pluma al hechicero -.

-         Gracias. – replicó Shadow guiando la pluma telepáticamente sobre el papel para estampar su firma, tras lo cual se retiró discretamente -.

-         Oiga ¿no quiere saber de cuánto va a ser la recompensa? – preguntó Mina por curiosidad, escandalizando a Reena hasta el punto en que le tapó la boca riéndose nerviosamente, confiando en que su interlocutor no la hubiera oído -.

-         Yo no soy de los que cobran por adelantado. – respondió Shadow – Cuando haya terminado el trabajo, hablaremos de dinero – y sin decir más, siguió alejándose -.

-         Hum… Definitivamente un buen negocio – murmuró Reena sin perder de vista a Shadow con una sonrisa en los labios -.

 

                                      *        *        *

 

Durante toda la mañana, Reena Gaudy y Zelgadis echaron una mano a Mina y Andracis con la selección de los candidatos (bueno, más bien Gaudy anotaba, Reena probaba a los candidatos y Zelgadis vigilaba para que nadie resultara herido). La presencia de la temida Reena Invers parecía haber espantado definitivamente a los curiosos, moscones, aprovechados y demás gentuza, haciendo que tan sólo aquellos que a juicio de los tres amigos daban la talla pudieran añadirse a las filas del ejército de liberación.

El mayor problema ahora era que el método funcionaba demasiado bien…

 

-         ¡Aaaaargh, esto es insoportable! – exclamó Mina impaciente - ¡Antes había demasiados candidatos y ahora hace horas que no viene ninguno!

-         Claro, si es que entre tú antes y tu madre ahora, habéis espantado a todos los candidatos de la región… - comentó Andracis, llevándose como respuesta sendos capones de las dos aludidas -.

-         Te voy a dar un consejo, hijo: - le dijo Zelgadis sin dejar de sorber el café de su taza – Por tu propio bien, nunca hagas enfadar a una Invers.

-         ¡Podrías habérmelo dicho hace tiempo! – lloriqueó Andracis frotándose uno de los dos chichones que las Invers le habían dejado de recuerdo -.

-         De todas maneras – comentó Gaudy – no creo que tus advertencias sirvan de mucho, Zel. Mi mujer y mi hija, por desgracia, son bastante susceptibles…

-         ¡¡¡¿¿¿QUÉ DIJISTE???!!! – exclamaron madre e hija al unísono, agarrando cada una de ellas un moflete y tirando de él con todas sus fuerzas -.

-         Je, je… Está claro que no habéis cambiado nada, pareja… - rió una voz desde el quicio de la puerta de la posada -.

-         ¿Eh? – dijo Reena sorprendida al ver al hombre que había dicho eso -.

-         Pero si es… - empezó a decir Gaudy igualmente sorprendido -.

-         ¡LÉON! – exclamaron los dos al tiempo -.

-         ¿Quién es ese? – preguntó Mina dirigiendo una mirada confundida a Zelgadis, quien le respondió con otra que parecía decir: “A mí no me mires, yo tampoco le conozco” -.

-         Es Léon, un mercenario como yo… y un viejo amigo. – dijo Gaudy -.

-         Sí – confirmó Reena - Nos conocimos en una de nuestras aventuras, cuando fuimos a probar el plato de Milser* ¿Te acuerdas, Gaudy?… Bueno, en realidad, él ya lo conocía antes que yo…

-         Y… ¿Es bueno? – preguntó Zelgadis observando detenidamente al sujeto -.

 

Era un tipo de más o menos la misma estatura y corpulencia que Gaudy. Su armadura le cubría hombros, pecho, muslos e incluso en parte el cuello. Vestía traje negro casi en su totalidad, excepto las botas y los guantes, de cuero. Su cabellera formaba una maraña de pelos en punta, excepto tres o cuatro que le caían sobre un lado de la cara y su frente estaba adornada por una cinta larga. Lo más extraño eran sus ojos: duros y fríos, pero al mismo tiempo simpáticos y un tanto burlones.

 

-         ¡Ya lo creo que es bueno! – respondió Reena a la pregunta - ¡Podría incluso compararse a Gaudy!

-         Oye, oye, ahora no me vayas a desacreditar delante de otros ¿eh? – le dijo su marido en tono molesto -.

-         Entonces ¿viene para inscribirse? – le preguntó amablemente Mina -.

-         Sí, bueno… - respondió Léon – Más que nada vengo por lo de la recompensa… personalmente no espero mucha cosa, teniendo en cuenta que se trata de recuperar un terreno baldío… pero para un mercenario que está en inactivo desde hace demasiado tiempo, resulta tentador. Además – añadió depositando una mano en la cabeza de la chica con una sonrisa cariñosa en los labios – al llegar a la ciudad oí rumores sobre que una tal Mina Gabriev era la que seleccionaba a los candidatos y decidí acercarme a ver si tenía algo que ver con mi viejo amigo Gaudy… Por cierto ¿qué edad tienes?

-         Pues… Quince, señor. – respondió Mina -.

-         Quince ¿eh? – repitió Léon revolviéndole el pelo – Tengo un hijo de más o menos tu edad…

-         Así que tú también caíste ¿eh, Léon? – le dijo Gaudy burlón -.

-         Como todos tarde o temprano. – respondió el mercenario – Aunque yo lo admití mucho antes que vosotros, parejita. – añadió guiñando un ojo a Reena y Gaudy -.

-         ¡¡NO HABLES DE LO QUE NO SABES!! – respondió el matrimonio al unísono, haciendo reír por lo bajo al mercenario bromista -.

-         Ejem. – les llamó la atención una voz, esta vez femenina – Lamento tener que interrumpir tan emotiva conversación, pero venimos por lo del anuncio…

 

Ante Reena y los demás, se presentaron no uno sino dos sujetos. La que había hablado era una muchacha joven, de altura algo superior a Reena, cabello negro lacio y rizado cogido en una coleta alta salvo dos mechones que adornaban su frente, junto a una tiara de oro. Sus ojos también eran negros y fríos, era morena de piel y llevaba adornos dorados por gran parte de su cuerpo: pendientes, brazaletes, cadenitas, incluso un collar que realzaba su fino cuello. Vestía con top, falda y botas de cuero curtido y como arma portaba una enorme guadaña.

Detrás de él, silencioso, permanecía un hombre. O mejor dicho, una suerte de gigante, ya que era alto (mucho más alto que Gaudy) y fornido, mucho más armario perchero de lo que fue en su día Trancos Fermentor, recordó Mina, aunque al contrario que éste último, era bastante rechoncho. Llevaba una armadura de metal sobre el pecho, bajo ésta una túnica corta y pantalones de tela gruesa, conjuntados con botas y capa de piel de algún animal. En su cara cuadrada, que no gruesa, asomaba una barba de pocos días, pero el resto de su rostro quedaban ocultos bajo un casco de metal con dos cuernos.

 

-         Mi nombre es Ileana, de la tribu de las amazonas del sur. – se presentó la chica y añadió señalando al gigante: – Éste es mi compañero Kronck, de los vikingos del norte. Somos mercenarios en busca de trabajo…

-         Kronck tener hambre… - se quejó el gigante con voz profunda y un tanto infantil -.

-         Ahora no, Kronck. – le riñó su compañera, lo que daba claras muestras de quién mandaba en aquella extraña pareja – Disculpad a mi compañero, es de pocas luces…

-         ¡Qué me vas a contar…! – suspiró Reena mirando a Gaudy de reojo, pero el espadachín, como siempre, no se dio por aludido -.

-         En fin, como decía – continuó Ileana – buscamos trabajo y encontramos este anuncio – dijo sacando el famoso cartel publicitario del ejército de liberación - , pero antes de unirnos a esta… “cruzada justiciera”… quisiera discutir el salario por nuestros servicios.

-         ¿Y por cuánto estás dispuesta a unirte? – preguntó Reena con desconfianza -.

-         No trabajaremos por menos de 100 oros. – sentenció la amazona tajante -.

-         ¿¿¿¿¿100 OROS?????

-         Cada uno. – añadió -.

-         ¡Ni hablar del peluquín! – se enfureció Reena; en cuestiones de dinero no estaba dispuesta a ceder – Como mucho podemos ofrecer 10 oros… a los dos.

-         ¿¿¿Quéeeeee??? – exclamó Ileana - ¡Eso es mucho menos de lo que cobramos normalmente por trabajos así!

-         Está bien, está bien… - la apaciguó la hechicera – 15 cada uno…

-         Sigue siendo poco. Por 85 oros aún me lo pensaría…

-         ¡Eso es demasiado! ¡25!

-         ¡75!

-         ¡35!

 

Mientras ambas seguían regateando el precio, sus respectivos compañeros (y por añadidura todos los presentes) se pusieron a sudar de vergüenza ajena.

 

-         Ileana ser muy roñosa… - le comentó Kronck al espadachín -.

-         Pues anda que mi mujer… - le respondió Gaudy -.

-         … ¡Pero también ser muy guapa! – añadió el vikingo sonrojándose ligeramente -.

-         Cierto. – observó Gaudy – Además, tiene buenas tetas, no como la mía, que por más años que pasen sigue igual de plana…

 

Para desgracia del espadachín, el radar auditivo de Reena captó el comentario de su marido y lo mandó a volar con una bola de fuego. El escándalo por el destrozo del techo de la taberna (a través del cual el pobre Gaudy había salido disparado) no pasó desapercibido ni para el dueño de la taberna, ni para Amelia, su padre y Xellos que estaban tan tranquilamente preparando la estrategia de combate en el primer piso de la posada hasta que vieron como el rubio atravesaba la habitación hacia los pisos superiores.

 

-         ¡Nooooo, mi techo! – se llevó las manos a la cabeza el tabernero - ¡Lo acababa de arreglar!

-         ¡Reena! ¿Se puede saber qué ha pasado aquí? – exigió saber la princesa -.

-         Parece que Reena Invers ha vuelto a hacer de las suyas. – comentó divertido Xellos apareciendo al lado de la hechicera - ¿Verdad Reena-san?

-         ¿No deberías estar arriba diseñando una estrategia, señor General? – comentó Reena visiblemente enojada -.

-         Ah, lo haría, querida Reena, - respondió el demonio llevándose una mano a la cabeza – pero resulta que en su vuelo forzado, Gaudy se llevó por delante la mesa, junto con los mapas cartográficos, así que…

 

Antes de que Xellos pudiera seguir añadiendo excusas, se vio de improviso con el filo de la guadaña de la amazona a unos pocos centímetros de su cara. Su dueña le miraba con expresión fría y ojos llenos de odio y rencor.

 

-         Es un demonio ¿verdad? – preguntó a la hechicera pelirroja -.

-         Eeeeh… - pillada por la pregunta, Reena intento disimular como pudo, para evitar que la chica decidiera marcharse si descubría la verdadera identidad de Xellos – Pues verás… ¡Es una historia un poco larga, no creo que te interese saberla, así que, digamos que…!

-         No intentes mentirme. – le advirtió Ileana – Hace 15 años mi tribu fue destruida por los demonios, uno de ellos a punto estuvo de matarme… Lo tuve muy cerca, y reconocería esa aura en cualquier parte… No sé cómo habéis podido permitir que sea vuestro general… - añadió con una mueca de disgusto -.

-         ¡Demonio! – exclamó Kronck encolerizado - ¡Si tú atreverte a herir a Ileana, yo partirte en dos con mi hacha…!

-         Tranquilo, grandullón. – le calmó ella – Esto es algo personal, tengo que solucionarlo yo…

-         Oiga, señorita Ileana… - intercedió Andracis diplomáticamente – Sí que es cierto que él es un demonio, pero es aquí el único con suficiente experiencia… No hay más demonios en nuestras filas, le ruego que no lo tenga en cuenta…

-         … Está bien. – concedió Ileana apartando la guadaña de delante de la cara de Xellos después de pensárselo mucho – Pero les aviso que sólo por eso, el contratarme en vuestras filas os saldrá más caro…

-         50 Oros para usted y su compañero. – dijo Xellos -.

-         ¡Eh, un momento, aquí la única que habla de negocios soy yo! – protestó Reena, pero Xellos la volvió a interrumpir -.

-         Además, no quedará insatisfecha, señorita. – añadió Xellos – Precisamente nuestro objetivo son los demonios comandados por Sherra Garrushera, podrá destruir a cuantos desee…

 

Tal y como el demonio esperaba, aquello captó la atención de la amazona, pues le miró con sumo interés.

 

-         ¿Podré quedarme con algún botín de guerra? – preguntó ella -.

-         Siempre que se trate de alguna pertenencia de los caídos, joyas, armas, escudos… no veo que haya problema.

-         Es un trato. – aceptó finalmente la amazona - ¿Dónde hay que firmar?

-         En el papel que Papá se llevó cuando Mamá lo mandó a volar. – dijo Mina señalando el agujero que Gaudy había hecho en el techo – Pero no pasa nada, pueden firmar en otro pergamino. – añadió entregando la pluma a Ileana – Firme aquí. Y usted también, señor Léon.

-         Yo no tener firma… - objetó Kronck -.

-         No pasa nada, basta con que escribas una X. – le tranquilizó Mina entregándole la pluma -.

-         ¡Bien! – Kronck sostuvo la pluma por encima del papel, mirándolo durante un rato, sin que se decidiera a estampar la tinta, hasta que después de un rato de reflexión preguntó: - ¿Qué ser una X?

 

Lo siguiente que sobrevino fue una caída general de culo que afectó a todos, incluida su compañera Ileana.

 

-         Como si no tuviéramos suficiente con la estupidez de Gaudy – comentó Zelgadis con un gotón de sudor en la frente – aquí viene éste tío para rizar el rizo…

 

                                      *        *        *

 

Cayó la noche y mientras todos estaban durmiendo, Valteria estaba apoyado en el quicio de la puerta, sin poder conciliar el sueño.

Miró arriba, hacia las estrellas, mientras se tomaba tranquilamente un té de hierbas, meditando sobre los últimos acontecimientos. El descubrimiento que había hecho Andracis sobre sus orígenes había dado un giro inesperado a su aventura. Pensar que todo esto había empezado buscando un supuesto manuscrito en las ruinas de Sailon… ¡Y míralo ahora! ¡Formando parte del Ejército de Liberación de Sailon! Caray, sí que habían pasado cosas desde que dejara su pueblo natal…

Había tantas cosas que echaba de menos de su pueblo… parecía mentira, él que tanto se quejaba de su monótona vida en Darien, ahora lo que más deseaba era regresar a su hogar, cuando todo hubiese acabado. Volver a ver a su madre, a Jiras y a Gaubros, a sus amigos… mejor dicho, a los hijos de sus vecinos, ya que él no los consideraba como auténticos “amigos”. Antes sí, cuando era pequeño y jugaba con ellos todos los días por la tarde, después de la escuela… pero luego empezó a cambiar. Se hizo más arisco, más susceptible y cuando perdía del todo la paciencia, se transformaba. Empezó a ser temido, no porque hiciera daño a nadie, cierto que alguna vez había estado a punto, pero siempre se acababa controlando… No, no era por eso que le empezaron a temer, que empezaron a dejarle de lado.

Le abandonaron por el mero hecho de ser diferente.

Quizá fue en parte por eso por lo que estaba tan ansioso por salir del pueblo, por ver nuevos mundos, nuevas gentes con las que conversar, gentes que estuvieran dispuestas a ser sus amigos, sin importar que él no fuera humano.

Y los encontró, vaya que sí.

Andy y Mina habían sido los primeros amigos que tenía en mucho tiempo. Y a ellos se les unió su hermana, con la que no tardó en establecer un vínculo muy estrecho, más allá de una simple camaradería o de la fraternidad que en parte les unía…

Él haría cualquier cosa por defender a su hermanita. Igual que había hecho todos estos años con su madre desde aquel día… desde el día del abandono.

Jamás había perdonado a Xellos por eso.

 

-         Vaya, vaya, - dijo de pronto una voz cantarina - hoy es la noche de los grandes insomnios ¿eh, Val-chan?

 

Hablando del rey de Roma…

 

-         ¿Qué haces aquí, Xellos? – inquirió Val mientras el demonio se apoyaba tranquilamente en la pared a su lado – Creí que estarías durmiendo…

-         A estas alturas deberías saber que los demonios no necesitamos dormir, Val-chan. – le respondió – De vez en cuando podemos hacerlo, como método de ahorro de energía, pero no es una práctica imprescindible como para el resto de seres vivos… Además – añadió mirando al cielo con nostalgia – me gusta contemplar la luna… Me recuerda tanto a tu madre…

 

Valteria dio un resoplido de fastidio.

 

-         ¿No irás ahora a decirme que la echas de menos, verdad? – preguntó con hiriente ironía -.

-         ¿Y qué si es así? – inquirió Xellos sonriente -.

-         ¡Pues que eres un hipócrita! – le soltó el dragón antiguo enfurecido - ¡Mamá nunca te importó realmente, así que no trates de fingir a estas alturas que sí te importa, porque conmigo no cuela!

 

Xellos no dijo nada. La sonrisa había desaparecido de su rostro, siendo reemplazada por una expresión indiferente, cargada de cierto tinte de sorpresa debido a la reacción de Val. De hecho, siguió al joven dragón con la mirada mientras éste daba un par de pasos, alejándose de la puerta y deteniéndose en medio de la calzada sin perder de vista el cielo nocturno.

 

-         Mamá sufrió mucho por tu culpa. – dijo – Llorando siempre todas las noches, desde que la abandonaste… No creas que voy a perdonarte de buenas a primeras sólo porque te hagas el simpático conmigo…

 

Hubo unos minutos de frío silencio.

 

-         Tu madre sabía perfectamente que teníamos que separarnos. – habló por fin Xellos, acercándose a Valteria -.

-         Esa versión de la historia ya la sé… - murmuró el dragón con desinterés -.

-         No me refiero solamente a aquella ocasión en que Zellas nos amenazó. – aclaró el demonio – Tu madre estuvo de acuerdo en que nos separáramos para siempre. No es que le gustara la idea, pero la aceptó…

-         ¡ESO ES MENTIRA…! – gritó Val enfurecido -.

-         Mira, chaval – la expresión de Xellos al hablarle se había vuelto muy seria – aunque tenga 1043 años**, mi memoria está mucho más intacta de lo que cabría esperar en un mortal de mi edad, si es que ha llegado a existir algún humano capaz de vivir tanto tiempo… Y desde luego, recuerdo mucho mejor que tú lo que sucedió esa noche, hace 10 años…

 

[comienza el flashback]

 

La noche era muy fría allá afuera. En Darien eran principios de invierno y afuera empezaban a caer los primeros copos de nieve. Mientras lo contemplaba a través de la ventana cerrada, Filia pensó en lo mucho que Val-chan se alegraría cuando viera todo nevado a la mañana siguiente. Seguro que igual que todos los años, saldría corriendo de casa hacia la plaza, a reunirse con sus amigos para jugar a hacer muñecos de nieve y a tirarse bolas… y como se le olvidarían los guantes y la bufanda, seguro que regresaría a casa con un soberano resfriado. Y entonces le prepararía una sopa bien caliente y le dejaría que durmiera junto a ella para darle calor. Y claro, Jiras y Gaubros, como estarán preocupados por su “Amo Valgaarv” también se apuntarían.

Todos juntos, en familia, como cada año.

Sólo que este año, igual que los cuatro anteriores, la familia estaría incompleta. Sí, incompleta, porque faltarían todavía dos miembros: su hijo y el padre.

Xellos…

Cuantísimo le echaba en falta…

Triste, pero resignada, se volvió para meterse en su cama, pero se detuvo de pronto cuando notó que la ventana se había abierto de golpe. Seguramente la corriente de aire frío. Volvió a voltear, para cerrarla de nuevo, cuando vio que un extraño había entrado por ella.

Un sacerdote de pelo púrpura que se sacudía la nieve que había caído sobre su traje verde oscuro.

La dragona abrió inconmensurablemente sus ojos azules, sin poder creérselo.

 

-         Xellos… - murmuró -.

-         ¡Brrr! ¡Madre mía, qué frío hace ahí afuera! – se quejó el demonio mientras se terminaba de quitar los últimos restos de nieve – La verdad, Fi-chan, no sé como soportas vivir en un sitio con un clima tan malo, con lo agradable que se está en el sur…

-         ¡Xellos! – exclamó Filia tirándose a sus brazos y comenzando a llorar de pura felicidad – Xellos… mi amor… Has vuelto…

-         Fi…Filia… - gimió Xellos poniéndose ligeramente pálido – Yo también me alegro de verte, cari,  pero no seas tan empalagosa, que me va a sentar mal…

-         ¡Ay, sí, lo siento! – se disculpó la dragona separándose de él ligeramente para poder contemplar su rostro – No pude evitarlo, es que… te echaba tanto de menos…

-         Y yo, Fi-chan, y yo también… - le dijo él abrazándola – Escucha, he venido a decirte… Tengo noticias…

-         ¿En serio? – preguntó ella ansiosa - ¿Y cómo está? ¿Cómo se encuentra…?

-         Está perfectamente. – le tranquilizó él – Acabo de saberlo… Mientras estaba en Solaria de visita, oí rumores de una partida de exploradores que se habían acercado a las ruinas de Sailon… La mitad de ellos fueron eliminados con un Asher Dist, me dijeron…

-         Un Asher Dist… ¡Cielos…! ¿No sería él, verdad?

-         Ella. – remarcó Xellos – Es una niña.

-         Una niña… - lágrimas de felicidad volvían a asomar nuevamente por los ojos de Filia -.

-         Así es… Pero eso es lo de menos; Lo que importa es que está a salvo y por lo que parece también ha sido bien educada en magia…

-         ¡Es… es maravilloso! – exclamó ella llena de alegría - ¡Xellos, ésta es la mejor noticia que podías haberme dado, yo…!

 

Calló cuando se dio cuenta de que él la miraba serio.

 

-         ¿Qué te ocurre?

-         … - tardó un rato en responder: - Me han estado siguiendo.

-         ¿Quién? – preguntó ella horrorizada -.

-         Los secuaces de Zellas. Me han estado vigilando muy de cerca estos días. He conseguido darles esquinazo, pero no sé por cuanto tiempo… - volvió a guardar silencio por unos minutos – Filia, tenemos que separarnos.

-         ¿Separarnos…?

-         Para siempre.

 

Al oír aquello Filia sintió como un mazazo en el estómago.

 

-         ¿Pa… Para siempre? ¡¿Pero qué estás diciendo?!

-         Filia ¿es que no lo entiendes? – intentó razonar él cogiéndola de los hombros – Zellas ya no se fía de mí. Le fallé una vez y no quiere que vuelva a cometer el mismo error, por eso está vigilándome tanto. ¡En el momento en que dé un paso en falso y descubran que he estado visitándote, me matarán, y después te matarán a ti y a Val-chan…!

-         ¡¡NO ME IMPORTA!! – gritó ella -.

 

Con fuerza, como si temiera perderle de nuevo, la dragona de aferró al cuello de Xellos, llorando amargamente.

 

-         No me importa morir si puedo estar a tu lado. – le dijo – He estado esperando todos estos años a que volvieras, aunque sólo fuera por un momento… Pero ya no quiero sufrir más… ¡Quiero estar contigo, Xellos!

-         Filia… - el demonio ocultó su mirada bajo su flequillo para no delatar el profundo dolor que sentía – Filia, por favor, no me hagas esto…

-         ¿Y qué quieres? – inquirió Filia dolida - ¿Qué acepte que no pueda volverte a ver nunca más, que me resigne a una vida de angustiosa soledad sin ti? ¡Pues no quiero! – gritó derramando aún más lágrimas - ¡Si me vas a abandonar, Xellos Mettalium, vas a tener que decirme que nunca me quisiste... PORQUE ESA SERÁ LA ÚNICA FORMA DE QUE TE DEJE MARCHAR!

 

Sin dejar de ocultar su mirada Xellos guardó silencio una vez más. Luego cogió delicadamente el rostro de Filia con una mano, mirando a sus profundos ojos azules. La dragona cerró los ojos, esperando ese beso dulce, que pensaba, recibiría de su amante.

Pero se equivocó.

No fue un beso, sino una bofetada lo que recibió. Una bofetada no excesivamente fuerte, pero tan inesperada que ella no opuso ninguna resistencia, dejándose caer al suelo de la habitación.

Y cuando tras sobarse sorprendida la mejilla herida le miró, se encontró con unos ojos crueles y despiadados, fríos y carentes de toda emoción. Unos ojos muy diferentes de aquellos apasionados ojos amatistas que había conocido una vez.

 

-         Por supuesto que nunca te quise, dragona estúpida. – le soltó Xellos en un tono tan despiadado como el que sus ojos desprendían - ¿O qué te creías, que un demonio como yo podría amar alguna vez, sentir algo por alguien y además por uno de sus enemigos naturales? Eres tan ingenua que das asco…

-         Xe…Xellos…

 

La dragona estaba tan sorprendida como confundida. Aquello no podía estar pasando, no podía ser que Xellos, a quien tanto amaba y con quien había compartido los mejores momentos de su vida, le estuviera diciendo aquello en serio.

Y sin embargo, por más que escudriñó en su mirada, no halló nada que le pudiera indicar que el demonio pensaba lo contrario de lo que decía.

 

-         Xe… ¡Xellos…! – trató de detenerle cuando vio que se daba la vuelta para partir, pero todo fue en vano -.

-         Hasta nunca, labios de lagartija. – dijo antes de teletransportarse, aunque en lo más profundo de su mente imploraba: - Lo siento, Filia. Por favor, perdóname…

 

Y así, tal y como había venido, el demonio se fue.

Sin que ella pudiera hacer nada por evitarlo.

Quiso llamarle, pero el nudo que tenía en la garganta era tan grande que le costaba incluso respirar. La dragona, derrotada, se puso a llorar aún más amargamente, en silencio. Maldecía al cruel destino que les había separado, pero sobretodo se maldecía a sí misma por pensar que aquel romance duraría para siempre.

La triste realidad era que no todos los amores eran tan duraderos como en los cuentos de hadas.

 

-         Mamá…

 

Filia abrió los ojos sorprendida para encontrarse con el rostro preocupado de su pequeño Val, que ahora tenía ocho años y no era tan pequeño.

El niño de cabellos turquesa se le acercó lentamente y al llegar junto a ella, secó sus lágrimas con su pequeña mano.

 

-         Mamá… ¿estás bien? – le preguntó el pequeño -.

 

Al oír aquello, Filia no pudo aguantar más y se puso a berrear impotente, abrazando a su hijo como si fuera su tabla de salvación.

Y mientras ella se desahogaba, en los ojos de Val empezaron a aflorar sentimientos que no había experimentado hasta ahora: Pena ante el dolor de su madre; Determinación por querer protegerla de todo mal…

Y sobretodo, rencor.

Un rencor profundo hacia aquel hombre de cabellos púrpuras que un día hacía de su madre la mujer más feliz del mundo y al otro la abandonaba.

Un rencor que tardaría años en desaparecer.

 

[fin del flashback]

 

Tras contar toda la historia, Xellos guardó silencio, esperando la reacción de Valteria.

El dragón antiguo, por su parte, se había quedado sin palabras.

 

-         Yo… no lo sabía. – logró articular finalmente – Yo sólo… sólo oí lo último, cuando le dijiste que no la querías… Pensé…

-         Pensaste que lo había dicho en serio. – terminó la frase por él – Obviamente eso es lo que pretendía, que Filia pensara que era verdad para que no insistiera… No podría imaginar que había otro testigo escuchando tras la puerta…

-         Mamá intentó suicidarse.

 

Xellos le miró con los ojos abiertos de par en par, sorprendido.

 

-         ¿Qué? – preguntó -.

-         Tal y como oyes. – le confirmó el dragón antiguo – Fue al día siguiente, trató de cortarse las venas, aprovechando que estaba sola en casa… Jiras y Gaubros estaban atendiendo la tienda en ese momento y yo estaba fuera, jugando con mis amigos… - hizo una pequeña pausa y continuó: - Pero por fortuna, llegué antes de lo previsto. – rió un poco por lo bajo – ¡Qué ironía…! Yo que había ido a pedirle si me podía quedar en casa de un amigo a dormir y al final fui yo el que decidió quedarse en casa hasta que Mamá se durmiera…

 

Esta vez fue el turno de Xellos de quedarse sin palabras.

 

-         No lo sabía… - admitió –.

-         Ya…

 

Momentos de tenso silencio.

 

-         ¿Sabes una cosa, Val-chan? – rompió el hielo Xellos – Creo que lo nuestro no ha sido más que una cuestión de malentendidos: Tú no sabías que las cosas que le dije a tu madre no eran verdad y yo no sabía que ella se había tomado tan mal nuestra separación…

-         Sí… - corroboró Valteria – En el fondo ambos sólo pretendíamos protegerla… Cada uno a su manera, eso sí, pero sólo queríamos protegerla…

-         Por lo menos – añadió el demonio – me alegro de que fueras tú el que la consolara todo este tiempo… Oye… - le dijo mirándole a los ojos – Siento mucho haber herido así a Filia…

-         Lo sé. – respondió el dragón antiguo mirándole también – Y yo siento haber sido tan duro contigo…

-         ¿Qué me dices? – dijo Xellos extendiendo los brazos - ¿Un abrazo de reconciliación?

-         … ¡Venga, vale! – aceptó Val abrazándole a su vez -.

 

Demonio y dragón antiguo quedaron durante largo rato abrazados. Los odios y malentendidos quedaban finalmente atrás y ambos sintieron que regresaban a aquellos días en el que ambos eran como uña y carne, cuando Val era casi como un hijo para Xellos, cuando Xellos era casi como un padre para Val…

Hasta que un carraspeo les hizo volver a la realidad.

 

-         Ejem… Perdón ¿interrumpo algo? – dijo con sorna el inesperado espectador, que no era otro que Léon -.

 

Un segundo después Xellos y Val se miraban el uno al otro, sonrojados hasta las raíces del cabello. Al segundo siguiente se separaban bruscamente y al tercer segundo estaban exclamando a dúo:

 

-         ¡NO…NO ES LO QUE PARECE!

-         Jeje… Sí, bueno… - rió por lo bajo el mercenario mientras se daba la vuelta – Iba a preguntaros que hacíais despiertos a estas horas, pero ya veo que estáis muy ocupados… ¡parejita!

-         ¡¡QUE NO SOMOS PAREJAAAA!!

-         Jeje…

 

                                      *        *        *

 

Por lo que respecta a las tres jornadas siguientes, no ocurrió nada destacable…si descontamos las típicas rabietas de Reena ante los comentarios de su marido, los toques de cinismo aportados por Zel y las esporádicas apariciones de Xellos para hacer rabiar a alguno de los dos (digo de los dos porque Gaudy era incapaz de caer en el juego del demonio, bien porque era demasiado tonto, bien porque a Gaudy le caía muy bien), todo ello bajo la atónita mirada de Mina y sus camaradas, que todavía no conseguían comprender como semejante pandilla había pasado tanto tiempo juntos sin matarse los unos a los otros…

Pero como decía, el resto de los días de reclutamiento se produjo con total normalidad. Los más de 500 voluntarios y mercenarios reclutados a lo largo de aquellos días se presentaron en el granero de una granja abandonada, que se habilitó para que los numerosos oyentes pudieran enterarse del plan básico de ataque por boca de su general, el demonio Xellos Mettalium, supervisado por los tres miembros vivos de la familia real de Sailon: el príncipe Philionel, la princesa Amelia (que para aquella ocasión vestía sus mejores galas) y el príncipe heredero Andracis.

La velada acabó con una citación de todos los reclutados a las 6 de la mañana del día siguiente a las puertas de la ciudad para iniciar el viaje hacia el reino de Sailon, que llevaría unas dos jornadas, más otra jornada y media hasta que llegaran a las inmediaciones de la antigua capital. Eso sin contar con las semanas que Xellos debía emplear entremedias de aquel tiempo para preparar físicamente para el combate a sus tropas. Iban a ser unas largas semanas de peregrinaje, no exento de peligros hasta el objetivo final.

El Ejército de Liberación ya estaba en marcha.

 

                                      *        *        *

 

-         ¿¿¿QUÉEEEEEEE??? ¡¿ME ESTÁS DICIENDO QUE ESTO ES TODO LO QUE TENEMOS DE RANCHO?! – exclamó Mina disgustada -.

-         Lo siento, Mina, pero las provisiones escasean. – dijo Val secamente mientras le servía el cocido de verduras que a él mismo le había tocado preparar para todo el campamento –.

 

Era ya el cuarto día de marcha hacia la antigua capital de la magia blanca. El Ejército de Liberación estaba ya prácticamente a las puertas de lo que fueron en su día los terrenos cercanos a la ciudad y Xellos había considerado que aquel era el sitio perfecto para montar su provisional “campamento de entrenamiento” como él lo llamaba. A partir de ahora y hasta que el general lo considerara oportuno, las tropas debían prepararse para el ataque definitivo.

Lo malo es que Xellos no estaba acostumbrado a dirigir un ejército compuesto en su totalidad por humanos, así que no había previsto bien las necesidades alimenticias de sus soldados. Entre eso y el voraz apetito de Reena Invers, las provisiones habían sido rápidamente esquilmadas en el transcurso de aquellos pocos días, y ya tan sólo quedaban unos cuantos kilos de verduras. Muchas vitaminas pero muy pocas proteínas para aquel grupo de soldados.

Y con los estómagos vacíos, las primeras escenas de rebelión empiezan a producirse…

 

-         Yo no como esta porquería. – sentenció Ileana apartando su escudilla con una expresión de asco -.

-         ¡Mí no gustar verdura! – corroboró Kronck -.

-         Nadie os dijo que la vida de soldado raso fuera fácil ¿verdad? – replicó el dragón antiguo - ¡Si no os gusta os lo coméis igual!

-         ¡Val trata de ponerte en nuestro lugar! – le suplicó la hechicera pelirrosada con carita de perro apaleado -.

-         Y ya lo hago. Después de todo yo también tendré que comer de mi propio rancho… - dicho lo cual Valteria cogió su cuenco, hundió la cuchara en él y se llevó su contenido a la boca. Nada más hacerlo, empezó a coger una tonalidad azul, luego morada y finalmente verde – Ecs… Demasiada…sal… - pudo articular finalmente -.

 

El resto de los comensales que le rodeaban no estaban mucho mejor. Salvando Shadow, que no había querido probar bocado (“Yo sólo me alimento con el espíritu…” había sentenciado antes de ponerse a meditar sobre una roca cercana.) e Índiga, que todavía no se había metido la cuchara en la boca (y después de contemplar el panorama estaba claro que ya había perdido el