Tengan en cuenta que un drabble puede estar compuesto también por diálogos, lo que pasa es que yo tiendo a esto xD

Título: Tormenta

Autor: Karoru Metallium

Pairing: Zeros/Filia (TEH couple! Jo, estoy pasando demasiado tiempo hablando con Mich xD)

Nº de Palabras: 600, yay!

Tema(s):  #3 Electricidad

Rating: R, hermanitos. Sorry pero ya el smut me sale natural xDDD

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Cada noche era lo mismo, y sin embargo diferente; el sueño y la realidad se confundían, haciéndose uno.

Era un veneno mortal, dulce en su boca y amargo en su estómago. Una energía extraña que se arremolinaba dentro y alrededor de ella, en sus venas y en el aire que respiraba, ese aire enrarecido con una energía que crepitaba como un cielo tormentoso.

Comenzó una noche en la que soñó con manos. Manos suaves, no demasiado grandes y sin embargo fuertes; manos que hubiera tratado de identificar si no hubiera estado más interesada en la forma en que se movían, largos dedos acariciando su garganta y deslizándose por su pecho para luego tirar de sus pezones, resbalar por su estómago tenso y frotar sus muslos. Había despertado sintiéndose asombrada por la claridad de las sensaciones... nunca había soñado en tal detalle; había sido reprimida de tal modo que a esas alturas el sexo era algo en lo que ni siquiera pensaba. Además, si alguna vez había tenido un sueño de esa naturaleza, nunca había sido tan vívido... suponía que eso se debía a la falta de experiencia.

Pero la humedad entre sus piernas sí que era real, y vergonzosa. Tanto, que cada mañana se levantaba de la cama decidida a olvidar esos sueños; pero no lograba huir completamente de ellos, se filtraban en sus pensamientos y brotaban en cada obra terminada que salía de sus manos, en cada palabra que decía, en cada mirada alarmada de Jiras, en cada balbuceo del pequeño Val. Pensamientos pecaminosos que contaminaban todo lo inocente y bueno que había en su vida, pensamientos de los que no podía escapar...

Sueños sin los cuales ya no podía vivir.

Esa noche se estremeció bajo unas palmas suaves que acariciaban su abdomen una y otra vez, como si no pudieran parar, deslizándose finalmente por sus caderas y acunando su trasero en un ajuste perfecto. No podía evitar que sus caderas se elevaran, suplicando, olvidando toda dignidad y vergüenza; y las manos no vacilaron en complacerla, una de ellas buscando y encontrando el lugar entre sus muslos.

¡Se sentía tan bien! Su cuerpo parecía arder y sus caderas se movían impacientes, tratando de contrarrestar los movimientos de esa mano perversa en un contrapunto perfecto.

Y entonces sintió aquella lengua cálida y húmeda trazando el contorno puntiagudo de su oreja, bajando hasta el lóbulo y luego hasta su cuello. Un quejido humillante brotó de su garganta, y volvió la cabeza, buscando desesperadamente el contacto, rozando finalmente unos labios y elevando las manos para tocar al que la tocaba.

Sólo entonces supo quién era el amante de sus sueños, al tocar por fin el cabello sedoso, al reconocer la sonrisa torcida que se presionaba contra su boca. De inmediato la figura se aclaró en el escenario del sueño, aquella faz hermosa de la que siempre había desconfiado, extrañamente teñida por el rojo del rubor, enmarcada por aquellos cabellos que a la luz del día eran de color violeta oscuro. Los ojos purpúreos completamente abiertos y brillando como con fiebre; el cuerpo largo, esbelto y fuerte.

Pronto yacían completamente entrelazados, y dentro de la sacerdotisa la tormenta rugió como nunca, salvaje, cada jadeo un rayo, cada gemido un trueno. Cuando todo terminó, Filia sintió una extraña paz... sabía que debía estar indignada, horrorizada por haber descubierto quién provocaba la tormenta que la agitaba, los sueños que la perturbaban y manchaban, pero no lo estaba.

Su amante permanecería con ella hasta las primeras luces de la mañana, y ella pensaría en él durante el resto del día.

La tormenta finalmente se había calmado.