ULTIMO VALS
Por Clariss Metallium
Hoy. Un día como cualquier otro, un día más en mi oscuro mundo de maldad. Hoy, pero ayer fue diferente.
Todo comenzó con una fiesta, una fiesta en Saillune a la que todos estábamos invitados. Al principio pensé en no ir, pero cuando supe que ella iría cambie de idea, solo por verla una vez más. Mi ama me dejó, no sospechaba que yo iría para verla a ella, para ver a mi ángel dorado. Me presente en la fiesta, Amelia fue la que nos recibió, ella aun no había llegado. Estaba a punto de irme pensando que no vendría cuando la vi, corriendo hacia la puerta del palacio. Ni los mismos dioses habían podido rivalizar con su belleza, era simplemente maravillosa. Vestía un vestido color oro, sus cabellos adornados con una pequeña corona de flores que bajo la luz brillaban de mil colores. Ella sostenía el vestido entre sus manos, levantándolo un poco para no caerse mientras corría. Era realmente hermosa. Al final llegó a la puerta, donde me encontraba yo, que me quede mirándola como hechizado. Ella me miró, yo pensé que me saludaría como siempre, o sea demostrándome lo poco que me aprecia con su voz enojada, pero se mantuvo dulce.
Philia: hola Xellos.
Xellos: ¿Xellos? que raro que no me llames “Namagomi”.
Philia: tú no me llames “labios de lagartija” y estaremos en paz.
Xellos: como quieras Phi-chan.
Philia: ¿entramos? los demás nos estarán esperando.
Xellos: si.
Los dos entramos en el castillo, los demás ya estaban sentados a la mesa, nosotros nos sentamos con ellos. Algunos bailarines mostraban sus exhibiciones, pero yo la miraba solo a ella, y ella miraba alegremente a los bailarines.
Xellos: “que hermosa es”-pensè.
Los bailarines terminaron su exhibición, la cual no sabría describir, porque no les preste ni la más mínima atención, esa noche toda mi atención era para ella. La cena fue servida en seguida y desde luego, Rina y Gaudy empezaron a comer como si no vieran la comida desde hace días. Amelia no, ella se contenía, al fin y al cavo es la princesa. Philia también empezó a comer, esa noche todo lo que hacia era perfecto, sus movimientos, sus gestos, era simplemente perfecta. Ella estaba sentada a mi lado y aun así no parecía importarle. Tras un tiempo, cuando todos habían terminado la cena, empezó a sonar una alegre melodía. Amelia fue la primera en ser invitada a bailar, sorprendentemente por Zel. También Rina fue invitada por Gaudy y tras algunos minutos intentando convencerla ella aceptó. Todos bailaban, excepto Philia que seguía en su sitio, un chico la invitó a bailar, pero ella le rechazó amablemente, cosa que me sorprendió. Miré hacia las parejas que bailaban, sin darme cuanta que Philia se acercó a mí.
Philia: ¿sabes bailar?
Yo la miré-¿que has dicho?
Philia: te e preguntado si sabes bailar.
Xellos: si, claro.
Philia: ¿te apetece bailar conmigo?
Su pregunta me sorprendió tanto que abrí los ojos mostrándole, sin querer, mi sorpresa. Ella me observó interrogante.
Xellos: claro.
Philia me sonrió dulcemente y yo le devolví la sonrisa. Nos levantamos y nos dirigimos al centro del salón donde todos bailaban. La música era muy animada, pero terminó en cuanto llegamos y otra dulce melodía empezó, un vals. Ella cojio mi mano izquierda y la puso en su cintura, mientras enredaba su otra mano con la mía. Empezamos a bailar, dulces y suaves vueltas. Philia me miraba y aunque mis ojos estaban cerrados parecía como si ella pudiera verlos igualmente, su mirada era dulce, la más dulce que e visto en mi vida. Apoyó su cabeza sobre mi hombro izquierdo y seguimos bailando, no sabría decir el tiempo que pasó, un tiempo maravilloso. Cuando la música terminó nos detuvimos. Yo me dirigía a mi sitio, cuando ella me detuvo y me dijo que la siguiera, me llevó fuera del palacio, a los jardines.
Philia: tenemos que hablar-me dijo.
Xellos: ¿hablar? ¿Hablar de que?
Philia: de ti....de mí....de nosotros.
Xellos: ¿nosotros?-dijo abriendo los ojos.
Philia: si, nosotros, suena raro ¿verdad?
Y o no dije nada porque en realidad no sabia que decir.-“Nosotros” “si solo ella supiera cuantas veces e pensado en nosotros”.
Xellos: Philia.
Philia: no, por favor, déjame hablar a mi primera o ya no tendré fuerzas para hacerlo.
Yo no dije nada más y la deje hablar. Philia me miró a los ojos, en los suyos algunas lágrimas empezaban a asombrarse.
Philia: lo que voy a decirte no me los creo ni yo, pero es verdad.-Ella se acercó más a mí.-Te amo Xellos.
Yo no podía creerme lo que acaba de decaerme, no podía creérmelo. Philia se abrazó fuerte a mí y yo le devolví el abrazo.
Xellos: Philia-le dije dulcemente, ella me miró preocupada por mi respuesta.-Philia-volví a decirle dulcemente para tranquilizarla.–Lo que sientes por mi es lo que yo....-en ese momento me detuve, sentí una presencia, era mi ama, estaba allí. Philia no se dio cuenta de ello, pero yo si, estábamos en grave peligro. Me callé de inmediato.-Es lo que yo jamás sentiré por nadie, porque soy un demonio.
Sus ojos me miraron como si algo en ellos se hubiese roto. Se separó lentamente de mi yo hubiera querido detenerla, abrazarla, pero no pudo, no pude hacerlo, no puedo amarla. Ella se fue y yo me quede allí, la presencia de mi ama desapareció. Yo volví dentro del castillo y la busque, pero no la encontré. Desaparecí, reapareciendo a la salida del castillo justo a tiempo para ver a un dragón con un lazo rosa en la cola alejarse, alejarse para siempre. Me prepuse seguirla, pero la de mi ama volvió y no me moví, la deje, la deje ir, alejarse de mi, la perdí para siempre.
Xellos: “yo también te amo Phi-chan”-dije para mi mismo.
Desaparecí, volví a la isla del lobo, donde es mi lugar. Aparecí en mi habitación y me tumbé en la cama, pensando en lo estupido que había sido en dejarla ir, pero la amo y es por ello que la deje ir, porque no quería que le pasara nada.
A la mañana siguiente me levanté y me presente ante mi ama sin llamada alguna. Aparecí ante ella, la cual estaba en su trono, me arrodille, como de costumbre. En realidad esperaba un reproche por parte de ella, pero no, me dijo que me levantara.
Zellas: ¿que quieres?
Xellos: yo nada, creía que queríais hablarme.
Yo abrí los ojos y la miré, ella me miró, se levantó y vino hacia mi, acercó su boca a mi oído y me dijo-como si nada hubiera pasado.-Yo cerré los ojos y asentí.
Y aquí estoy ahora, pensando en lo que jamás podré olvidar, en mi dulce ángel de dorados cabellos y ojos oceánicos. En mi amor prohibido y en nuestro vals, nuestro ultimo vals.
FIN
Nota de autora: hola de nuevo y aquí estoy con otra de mis tristes historias, espero que os haya gustado. Bueno ya sabéis quejas, bombas, reproches, amenazas de muerte etc... A sawa_metallium@hotmail.it